miércoles, 18 de mayo de 2022

Bitácora de viaje 8: Por los caminos del sur. Crónica de un sábado en el llano en llamas


 

El 16 de mayo de 1917 nació Juan Rulfo. Y todavía a 105 años de distancia sigue encendida la disputa entre Apulco y Sayula sobre el lugar exacto de su llegada a este mundo: los documentos (fuente más sólida para cualquier historiador) dicen claramente que nació en la capital de la provincia de Ávalos, pero la tradición oral (fuente acaso no tan sólida pero con más capacidad de replicarse), reforzada con declaraciones del autor de El Llano en llamas, afirma con toda seguridad que nació en una de las habitaciones de la casa grande de la hacienda de Apulco, propiedad de su abuelo, don Carlos Vizcaíno.

Pero, disputas históricas aparte, estos dos pueblos y el de San Gabriel celebran cada año el aniversario del nacimiento de Rulfo, con distintos recursos pero con el mismo ánimo de no olvidar su relación con este autor, cumbre de las letras hispánicas.

El sábado 14 de mayo estuvimos en Apulco. Para esa mañana, a las 10:00, estaba anunciada la inauguración del programa del 4° Festival Cultural Apulco Cuna de Juan Rulfo, que organiza el Comité de Cultura y Turismo de ese lugar. Unos diez minutos antes de esa hora llegamos al jardín principal del pueblo una comitiva autlense compuesta por los académicos del Centro Universitario de la Costa Sur Jesús Medina y Verónica Guerrero, el productor de Radio Universidad Autlán, Silvestre Díaz, y el cronista de Autlán, Guillermo Tovar. El ambiente en ese momento era profundamente rulfiano: las calles del interior del pueblo ostentaban un silencio y una quietud casi perfectas, con un calorcillo que a esa hora ya comenzaba a anunciar lo que ofrecería un par de horas después. Las viejas paredes de adobe, los portales y las banquetas empedradas parecían estar pobladas de murmullos… era eso o que los lectores de Rulfo a veces ya vamos programados para encontrar esos elementos en los lugares en los que sabemos que estuvo el escritor.

El caso es que hasta varios minutos después de esa hora un vecino del pueblo nos indicó que no era en el jardín sino en el Monasterio de Nuestra Señora de la Paz donde encontraríamos a los organizadores y las respuestas que buscábamos. Y sí, ahí estaban ya las organizadoras junto con los hermanos adoradores perpetuos del Santísimo Sacramento dando los últimos detalles a la ceremonia de inauguración. Al paso de los minutos fueron llegando algunos de los protagonistas de la jornada: el presidente municipal de Tuxcacuesco, Ramón Reynaga Araiza; la maestra de ceremonias, Veiruth Gama Soria; la artista en formación Brenda Guadalupe Vargas Ramírez… todos nos fuimos reuniendo en el atrio de la basílica menor de Apulco, esperando algo que no sabíamos bien qué era.

Ya sobre las 11:00 horas llegó al atrio, caminando, el cineasta Juan Carlos Pérez Rulfo Aparicio, hijo de Juan Rulfo. Un taxi de San Gabriel lo había dejado a la entrada de Apulco, no pudo encontrar otro medio de transporte público que lo llevara. Y era él a quien esperábamos: luego de los saludos y fotografías de rigor se nos invitó a pasar a la entrada principal del monasterio, para comenzar las actividades del día.



El primer momento del programa del día fue el corte del listón en el zaguán del monasterio. Este listón, que simboliza la inauguración de las actividades, fue cortado por Juan Carlos Rulfo y el presidente de Tuxcacuesco. Hecho esto, pasamos al extremo sur del patio del monasterio, donde se realizó una ceremonia de develación de una placa conmemorativa del nacimiento (en Apulco) de Juan Rulfo. La placa fue develada en ese sitio, montada provisionalmente sobre un caballete porque posteriormente se colocará en su sitio definitivo. La placa ostenta la siguiente inscripción:

ANTIGUA HACIENDA DE APULCO,

DE LA FAMILIA DE JUAN RULFO,

RECONOCIDO ESCRITOR

DE “PEDRO PÁRAMO Y EL LLANO EN LLAMAS”.

“Efectivamente, nosotros nacimos en Apulco”

(Rulfo, 1977)

APULCO, JALISCO            14 DE MAYO DE 2022



Fueron Juan Carlos Rulfo y el presidente de Tuxcacuesco quienes retiraron el velo a la placa, ante la mirada de las integrantes del Comité de Cultura y Turismo de Apulco, una regidora del Ayuntamiento de Tonaya, el ingeniero José Guadalupe López Sotomayor, cronista de Apulco, y la comitiva autlense que mencioné antes, además de familiares de Juan Rulfo procedentes de Tonaya y San Gabriel.

Juan Carlos Rulfo dio un mensaje al terminar la develación, en el que dejó ver la importancia de Apulco en la vida de su padre pero también la necesidad de que se emprendan acciones que permitan su desarrollo; afirmó que hay mucho trabajo por hacer en la región pero es necesario que la figura de Rulfo será como un ejemplo de pertenencia para todos sus habitantes. “Apulco está profundamente metido en el corazón, tan profundamente que cuesta trabajo llegar”, dijo.



Del asoleado patio central pasamos a la sala capitular del monasterio, donde Juan Carlos, el presidente municipal y el delegado de Apulco, Paulino Acevedo, firmaron un acta oficial de la develación de la placa, junto con el Comité de Cultura y Turismo. Luego de esta ceremonia se ofreció un refrigerio en los pasillos del monasterio a los asistentes, mientras que Juan Carlos Rulfo y los monjes adoradores pasaban a una de las salas, que fue previamente acondicionada por ellos con objetos de uso común de Juan Rulfo prestados por la familia de Tonaya. En ese sitio le entregaron a Juan Carlos un regalo, consistente en un cuadro en punto de cruz con el retrato del autor de Pedro Páramo con la leyenda Apulco Cuna de Juan Rulfo. El cineasta se comprometió a traer fotografías originales de Juan Rulfo, con la intención de crear una galería en Apulco, y mencionó algunas ideas para lograr que el pueblo tenga mayor presencia de Rulfo.

Un regalo para Juan Carlos Rulfo.


Según el programa, a este emotivo momento seguiría un recorrido guiado por las instalaciones del monasterio. Pero, a solicitud de Juan Carlos Rulfo y previo permiso del hermano Bruno Martínez, regresamos todos a la sala capitular para celebrar una reunión de trabajo, sin planeación o algo parecido, para establecer acciones efectivas para el desarrollo material y social de Apulco y sus alrededores. Juan Carlos planteó la necesidad de que los habitantes de Apulco y la región generen desarrollo a partir de su patrimonio cultural, que incluye a Rulfo y su obra pero no se limita a eso. Orgullo por la tierra, homenaje a los habitantes de Apulco, rescate de la memoria y la gestión de un fideicomiso fueron algunas de las ideas vertidas por el cineasta, complementadas por las de los demás participantes y que se madurarán en próximas sesiones en las que también participará el hijo de Juan Rulfo.

En una de las etapas del recorrido. La sala con objetos utilizados por Rulfo.


Después de casi una hora de reunión se realizó el recorrido programado, bajo la guía de Raquel Enciso, del Comité de Apulco: inició con la exhibición de un video promocional de Apulco en una de las salas del monasterio, producido por Aline Alexandra Barragán. De ahí pasamos a los distintos espacios del monasterio, donde escuchamos la explicación de su historia y su relación con la familia Rulfo, así como del proceso de restauración de la finca, que anteriormente fue el casco de la hacienda de Apulco, respetando en lo posible su estilo y los materiales originales.

Brenda Vargas en la inauguración.


Al terminar el recorrido pasamos a la pizzería que regentan los monjes, para asistir a la inauguración de la exposición Apulco en los colores del silencio, de la joven pintora en formación Brenda Vargas, alumna de la licenciatura en Artes del Centro Universitario de la Costa Sur. Se trata de doce pinturas entre las que hay acuarelas, acrílicos y otras técnicas; cada una está basada en una fotografía distinta de Apulco, a la que la autora agrega elementos que le sirven para expresar algo de la vida del pueblo: el silencio, la quietud, la nostalgia… “aquí se respira ese silencio”, dijo Brenda Vargas para explicar el título de su exposición, que estuvo disponible tres días.

Luego de tomar un raspado de ciruela en la casa frontera a la pizzería, cortesía del Comité de Cultura y Turismo de Apulco, regresamos a Autlán con la esperanza de aportar en las acciones que se emprendan para el desarrollo del llano rulfiano, pero evitando que pierda su esencia.

Apulco en los colores del silencio.


2 comentarios:

Gilberto dijo...

Recordemos que el autor escribió bajo el seudónimo de Juan Rulfo, sin embargo, su verdadero nombre de pila es Juan Carlos Nepomuceno Pérez Vizcaíno y registrado civilmente como Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno, le quitaron el Carlos - en referencia al abuelo materno y yo digo: estaban en Sayula, en casa de los abuelos paternos (y aquí noto algo de clasisismo: "A los Pérez Rulfo sayulenses, en San Gabriel se les veía con respeto por ser gente culta y de sociedad, contrario a los Vizcaíno, gente de campo, con menos educación y reservados. Para Rodrigo Sánchez es claro que su afición por la lectura viene de la familia de Sayula."
Y yo digo que su inspiración viene de Apulco. El Llano, hacienda cerca de Tonaya y no distante de Apulco propiedad de sus parientes Vizcaíno. ¿Coincidencia?

Gilberto dijo...

. . ."declaraciones del autor de El Llano en llamas, afirma con toda seguridad que nació en una de las habitaciones de la casa grande de la hacienda de Apulco, propiedad de su abuelo, don Carlos Vizcaíno." Me inclino a creer que ésto lo habra oído de parte de su madre.