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viernes, 27 de diciembre de 2024

Nomenclatura urbana 19: calle de Paulino Navarro


 El rumbo oriente es hacia el que menos ha crecido la mancha urbana de Autlán. El libramiento carretero todavía funciona como una barrera de contención, que el desarrollo inmobiliario no se anima muy bien a trasponer.

Eso sí, de este lado del libramiento ya prácticamente todo el espacio disponible está urbanizado: abundan aquí las pequeñas colonias o fraccionamientos de los más variados grados de desarrollo. Una de estas colonias se llama Rinconada del Cangrejo, en alusión al arroyo que corre en sus cercanías, y ocupa un terreno relativamente pequeño entre la avenida Revolución y el lecho del mencionado arroyo, algunas decenas de metros al norte de la calle de Jaime Llamas. La única calle de esta colonia lleva el nombre del militar autlense Paulino Navarro.

Vista de la calle Paulino Navarro desde su cruce con Revolución.


Esta calle es de una sola cuadra, que es la misma extensión de la Rinconada del Cangrejo. Arranca en la avenida Revolución, frente a la terminal de Primera Plus, y tiene su otro extremo en el cruce con Jaime Llamas, cerca del puente peatonal que permite a quienes caminan por esta última calle llegar hasta la Escuela Secundaria Técnica #7. Revolución y Jaime Llamas no son calles paralelas, sino que hacen esquina, por lo que para hacer este recorrido, la calle de que hablamos hace una curva de casi 90 grados en su último tramo.

Imagen tomada de Google Maps.


La calle de Paulino Navarro está casi completamente ocupada por fincas dedicadas a los servicios, debido a su cercanía con el Centro Universitario de la Costa Sur, cuya numerosa comunidad demanda constantemente renta de departamentos por temporadas y alimentos. Ya en su cruce con Revolución podemos ver una muestra de esta vocación: en ambas esquinas funcionan negocios de comida, una fonda y un café. Más adelante hay una tortillería, en la acera norte, a la que le siguen algunas casas habitación. Son abundantes, en lo que permite la limitada extensión de la calle, los edificios de departamentos para renta, de hasta tres niveles.

Un edificio de departamentos.


Hacia el final de la calle hay un centro de servicios médicos de especialidades, uno de los varios que ya existen en Autlán y que no dejan de ser un buen pretexto para recordar cómo hace apenas 80 años nuestros antepasados luchaban por tener un hospital que ofreciera a los autlenses no ya un servicio de especialidades sino, al menos, un servicio hospitalario profesional. De esas gestiones nació el hospital de Las Montañas, que oficialmente llevaría el nombre de Paulino Navarro, igual que esta calle.



La calle Paulino Navarro está adoquinada, aunque ya en algunos sitios se ve dispareja y con algunos baches en formación. La mayor parte de la calle cuenta con arbolado sano y bien cuidado, compuesto casi en su totalidad por especies de ornato: palmeras, ficus, algún castaño… en contraste con las fincas que la pueblan, la mayoría de las cuales son de reciente construcción, hay un terreno baldío y descuidado, con pasto, higuerillas y otras especies silvestres muy crecidas. Dijimos que las fincas son recientes y agregamos que son casi todas de arquitectura moderna, utilitaria: líneas rectas, prácticamente sin adornos, con grandes ventanas de cristal y pequeños balcones, aparentemente más de ornato que para permitir ese limitado contacto con la calle para el que deberían servir estos elementos. Eso sí, desde afuera es posible darse cuenta de algunas de las amenidades que ofrecen estos edificios: espacios de convivencia, diseños que permiten la iluminación y ventilación natural, televisión por cable, Internet y otros.




Como toda esta parte de Autlán, la calle Paulino Navarro entra en un como estado de hibernación en las temporadas vacacionales de la Universidad, cuando la mayoría de sus estudiantes regresan a sus lugares de origen y dejan de requerir los servicios que aquí se les ofrecen. Las fechas de nacimiento y defunción del general Paulino Navarro coinciden casi siempre con estos periodos, así que lo más común en estos aniversarios es encontrarse la calle prácticamente vacía.




Paulino Navarro fue un militar autlense, nacido en el rancho El Aguacate cuando éste, junto con todo el territorio del actual municipio de El Grullo, estaban en la jurisdicción de Autlán. De meteórica y brillante carrera, Paulino Navarro fue director del antecedente del CISEN, jefe militar de la Ciudad de México y pionero de la aviación militar en el país. Falleció el 27 de diciembre de 1923 en combate contra los rebeldes delahuertistas; en todo el país hay lugares que llevan su nombre.

Paulino Navarro, desde su cruce con Jaime Llamas.


viernes, 15 de mayo de 2020

Nomenclatura urbana 18: calle de Isidro Michel López


Encaramado en la ladera oriente del antiguo Citlaltepetl, hoy conocido como Cerrito de la Capilla, el barrio de La Quebradilla tiene varios elementos que lo distinguen del resto del pueblo. Entre ellos se encuentran una inigualable vista de Autlán y de buena parte del valle, que sus vecinos tienen como fondo constante de su vida cotidiana, y la nomenclatura de sus calles, que contribuye a mantener en la memoria los nombres de personajes importantes de la Revolución cuyos hechos van quedando en el olvido, opacados por los de otros que, si bien no tienen un mérito mayor, sí lograron alcanzar altas posiciones de poder. Los nombres de estos últimos están, metafóricamente, en calles del centro del pueblo.

Desde La Quebradilla.

Arranque de Isidro Michel, hacia el noreste.

Entre las calles de La Quebradilla está la que lleva el nombre del capitán autlense Isidro Michel López. Áspera y retorcida como todas sus vecinas, la calle de don Isidro arranca separándose de la del senador mártir Serapio Rendón, una de las principales de todo el cerrito. Su inicio desde este cruce lo constituye una rampa que parte hacia la izquierda, pegándose al contorno del cerro. A lo largo de toda la calle, que luce su empedrado y la urbanización toda en regular estado y carente de banquetas, vamos caminando entre lo que parecerían dos mundos distintos: a la izquierda tenemos el paredón del cerro, poblado por completo de casas a las que hay que entrar subiendo escaleras, útiles para librar las pétreas plataformas elevadas mediante las cuales sus constructores solucionaron el problema del declive. Las entradas de estas casas las vemos hacia arriba, en muchos casos antecedidas por bonitas y frescas terrazas. Por este lado de la calle también se encuentran, de vez en vez, callejones con escalones que llevan a las casas construidas más arriba, lejos de la acera. También está por acá el único cruce que tiene esta calle antes de llegar a su otro extremo: la empinada calle de Francisco Field Jurado, otro senador mártir.


Esquina con Francisco Field Jurado.

Un callejón.

Por el lado derecho, el que daría al voladero, vemos las azoteas de algunas de las casas de la otra acera y las fachadas de algunas otras, a las que se ingresa para enseguida bajar a las habitaciones mediante otras escaleras, éstas interiores, que sirvieron también a los constructores de este lado para solucionar el declive de la ladera. Hay que decir que prácticamente todas las construcciones de esta breve calle aparecen macizas, fuertes, bien construidas y mejor cimentadas en la piedra del cerro. En ciertos casos también vemos soluciones arquitectónicas ingeniosas, como un edificio de departamentos, comunicados por un lado de la finca mediante una escalera de cemento, y también casas hechas en terrenos grandes y con extensos espacios abiertos, que le dan un toque de elegancia al barrio.


Cimientos.

Luego de subir serpenteando suavemente hacia el norte varias decenas de metros, la calle de Isidro Michel llega a su cumbre para descender de forma más rápida, haciendo una curva hacia el oriente, hasta su cruce con la calle Quebradilla, donde termina atravesando un puentecillo que libra una de las corrientes de agua que bajan del cerro.
La calle es breve y perfectamente transitable por vehículos motorizados, con la única dificultad de lo empinado de su extremo norte. Es eminentemente habitacional, a excepción de una tienda de abarrotes.




Sus vecinos tienen buen gusto: algunos han habilitado pequeños jardines en los paredones por los que se sube a sus casas, donde han plantado sábilas y plantas florales; también hay quien mantiene árboles en el sitio que ocuparía la banqueta o en sus patios, de especies que van desde la primavera hasta el nim, pasando por camichines, izotes y mezquites.



No faltan quienes han dado en criar animales en sus azoteas, que en realidad dan al nivel de la calle: pude ver, felices de la vida, a parvadas de gallinas “cosechando sin sembrar”, como dijera Pancho Madrigal, lo mismo que a un aburrido y gordo conejo esperando el día del juicio dentro de una jaula. El espíritu guadalupano del cerro está manifestado también en esta calle: en un nicho colocado justo en la curva hacia el oriente que ya mencioné arriba se encuentra una imagen en cantera de la virgen de Guadalupe, unos tres metros arriba del nivel de la calle.


Isidro Michel López nació en Autlán el 15 de mayo de 1870, hace 150 años. Participó en los clubes antirreeleccionistas que funcionaron en la región alrededor del agitado año 1910, creando en 1911 uno, llamado Club Pro Madero, que lo comisionó a viajar a Ciudad Juárez a entrevistarse con Francisco I. Madero, quien le otorgó el nombramiento de Primer Jefe Revolucionario del Sur de Jalisco. El 25 de mayo de 1911, mismo día en que Porfirio Díaz renunciaba a la Presidencia de la República, Isidro Michel tomó la plaza de Autlán con las armas. En los años siguientes, como capitán primero del ejército regular, defendió a los pueblos de la región de las gavillas de bandoleros que permanecieron activas y ayudó al general Rafael Buelna a perseguir y dejar fuera de combate al bandido Pedro Zamora. Falleció el 6 de abril de 1942 en El Grullo, lugar donde se había instalado definitivamente luego de su baja del ejército.

El extremo oriente de la calle de Isidro Michel.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Nomenclatura urbana 17: calle de Alberto Balderas


Al sureste de Autlán, en los alrededores de la Escuela Preparatoria Regional de Autlán, hay una amplia zona que, por lo menos desde los últimos años de la Colonia y hasta el segundo tercio del siglo XX fue conocida como Los Ranchos. Este nombre se debía a que estaba fuera de la parte urbanizada del pueblo pero estaba habitada por personas que vivían precisamente en ranchos: estaba la Ciguiñuela, más o menos por donde actualmente termina la calle de José Antonio Torres; los Colomos, que estaba cerca de la prepa, entre otros. Actualmente ya nadie le llama a esta parte de Autlán Los Ranchos puesto que ya se extendieron hasta acá las calles que vienen desde el centro, como Mariano de la Bárcena, Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada.
Uno de los fraccionamientos más nuevos en lo que antes fue Los Ranchos es Villas Taurinas, una pequeña urbanización ubicada donde termina la calle de Benito Juárez y compuesta por apenas ocho calles, siete de ellas con nombres de toreros mexicanos. La otra calle es Juárez, que debe llevar ese nombre porque es prolongación de la que viene desde la calle Hidalgo. Bueno, pues en Villas Taurinas hay una callecita, por cierto no la más importante del fraccionamiento, que lleva el nombre del matador Alberto Balderas, apodado El Torero de México y que inauguró, junto con Chucho Solórzano, la plaza que hoy lleva su nombre, en Autlán.

Arranque de Alberto Balderas hacia el poniente.

Digo que no es la más importante de Villas Taurinas porque su extensión es de apenas una cuadra y ni siquiera está completamente habitada: la mitad de esta cuadra está compuesta por casas en obra negra, que se mantienen así desde hace años. Algunas de las casas habitadas lucen, eso sí, razonablemente bien cuidadas y hasta con ciertos lujos, como jardines bien mantenidos. Hay uno compuesto por varias matas de sábila y otro con plantas de ornato y árboles de sombra. Otras, sin embargo, muestran verdaderos montes en lo que debería ser su jardín, con zacates crecidos y ya secos. Todas estas casas son de las llamadas “de interés social”, construidas en lotes de 6 por 15 metros.


Las casas están todas sobre la acera norte de la calle. La acera sur está ocupada completamente por un costado del área verde del fraccionamiento, que ocupa el espacio equivalente a toda una cuadra. Esta área verde está bien arbolada, con ejemplares de pingüica, guamúchil, hule, parota, mango, entre otros; es un arbolado joven que, sin embargo, muestra un buen desarrollo y ya forma en algunas partes espacios de sombra muy apropiados para pasar la tarde. El área verde está equipada, además, con algunas bancas metálicas alejadas de la sombra de los árboles y con lámparas de alumbrado público que casi nunca sirven, a causa del vandalismo.



A pesar de su brevedad, la calle de Alberto Balderas alberga un sitio de cierta importancia: en su esquina con Silverio Pérez y dentro del área verde, está construida la instalación del llamado “Punto Verde”, un espacio donde los vecinos podrán acudir a llevar sus desechos orgánicos para ser convertidos en composta. La instalación hace tiempo que está construida pero no se ha echado a andar.

El Punto Verde.

Alberto Balderas Reyes fue un torero mexicano nacido el 8 de octubre de 1910 y muerto el 29 de diciembre de 1940 en la plaza El Toreo de la ciudad de México, cornado por el toro Cobijero de la ganadería de Piedras Negras. Su muerte fue muy sentida por la afición mexicana puesto que a sus 30 años de edad estaba convertido en una verdadera figura de la tauromaquia. En este enlace puede leerse una semblanza de Alberto Balderas.

La calle de Alberto Balderas vista hacia el oriente.

martes, 20 de agosto de 2019

Nomenclatura urbana 16: calle del General Anaya



Una de las calles más cortas de Autlán y acaso la única de vocación completamente comercial es la del General Anaya, que corre de norte a sur desde Venustiano Carranza para convertirse, una cuadra más adelante, en Guadalupe Victoria. Es la calle de las fondas del mercado Juárez y donde se encuentra la parada de cuatro rutas de transporte público.

Vista de General Anaya hacia el sur.

Sede de la casona de las señoritas Michel (las Michelitas) y del magnífico mercado Juárez original, destruido en 1953, en la calle General Anaya podemos ver, aguzando un poco la vista, algunos vestigios de arquitectura tradicional asomándose tímidamente entre rótulos de negocios y carteles pegados, con permiso o sin él, por todas partes: la acera oriente está ocupada completamente por la relativamente nueva arquería del mercado Juárez, con pilares de cantera que pretenden evocar la mejor época de la imagen urbana autlense (aunque medio tapados con los toldos con los que las fondas se defienden del sol), pero lo verdaderamente valioso podemos encontrarlo en la más bien fea acera poniente. Ahí vemos cómo la línea superior de las fachadas tiene líneas continuas, por lo menos en su primera media cuadra, lo que da testimonio de un origen común. Hay también algunas ventanas verticales, con rejas de hierro, que ahora sirven como escaparates de la ropa que ofrece un comerciante; y puertas también verticales, con marcos, bases y escalones tradicionales, que no han podido ser desplazadas por cortinas de acero. Además, se repite la pintura con tonos ocre (a excepción de los colores chillones de una paletería), con guardapolvo, menos en la esquina sur. Todos estos vestigios están medio sepultados bajo toldos para proteger los negocios del sol, anuncios de los negocios, minibuses haciendo su parada y usuarios esperándolos.



Algunos detalles de arquitectura tradicional.

Al ser una calle tan céntrica y comercial, la de General Anaya es profusamente transitada por toda clase de vehículos, muchos de ellos además se estacionan aquí: camiones de proveedores de toda clase de mercancías se detienen “un ratito” para surtir a las paleterías, taquerías, tiendas de ropa, dulcerías y otros negocios que se encuentran sobre esta calle o las aledañas. También hay un par de pescaderías, una carnicería, una mercería, entre otros giros. Hasta hace pocas semanas funcionó una de las últimas tortillerías de las de antes, donde uno hacía fila para comprar las tortillas recién salidas de la máquina. Ahora está cerrada, como la mayoría de sus hermanas, y no sabemos qué uso tendrá su local.
Como ya dije antes, la acera oriente está ocupada por el área de fondas del mercado, por donde es casi imposible caminar entre 8:00 y 16:00 horas sin que las empleadas de estos negocios le ofrezcan a uno amablemente de desayunar o de comer, con largas letanías que le evitan a uno la molestia de responderles, por falta de tiempo: “Buenos días, joven, ¿va a comer? Tenemos chilaquiles, carne de res, huevos al gusto, menudo, jugo de naranja, café de olla…”. Para cuando terminan, uno ya caminó diez metros más allá de la fonda y se encuentra escuchando a la trabajadora del puesto siguiente. En este lado de la calle está un estacionamiento de motocicletas, caótico y saturado casi siempre.

El área de fondas del mercado.

El estacionamiento de motos.

Mientras espero el minibús en esta calle, a veces me da por imaginar cómo se vería la plaza de toros de madera y petates que se montaba en el sitio que ahora ocupa el mercado, por allá en el siglo XIX: cómo trabajarían los hombres que la armaban, las filas de aficionados esperando a entrar al festejo taurino, las notas de la banda durante la corrida, la llegada del ganado. Ahora, el único detalle taurino lo ofrece la fachada de la carnicería La Verónica.


Pedro María Anaya, el personaje cuyo nombre abreviado lleva esta calle, fue un general mexicano, defensor de la República durante la invasión estadounidense. A él le tocó hacerle frente al invasor en la Batalla de Churubusco, el 20 de agosto de 1847, y rendirle la plaza al verse sin existencia del parque adecuado para los fusiles que portaba su tropa; al serle requerido el armamento por el general estadounidense David Emmanuel Twiggs, Anaya le espetó: “Si hubiera parque, no estaría usted aquí”. Pedro María Anaya también fue presidente sustituto de la República en un par de periodos, entre 1847 y 1848.

Vista de General Anaya hacia el norte.

jueves, 20 de junio de 2019

Nomenclatura urbana 15: calle de Ignacio Aldama


En el breve espacio de dos cuadras la calle de Ignacio Aldama conecta dos de los barrios más tradicionales de Autlán y nos lleva de una zona netamente comercial y sumamente transitada a otra habitacional y tranquila. Nos muestra además, debidamente modernizados, algunos de los elementos urbanísticos característicos de nuestro pueblo.

Arranque de Ignacio Aldama hacia el oriente.

La calle de Aldama arranca en un irregular cruce con la calle de Antonio Borbón. Digo irregular porque Borbón hace una bocacalle en Aldama para reanudar, unos metros más al oriente, su camino hacia la sierra de Cacoma. Es en este cruce, en que la calle de Encarnación Rosas se convierte en Ignacio Aldama, donde se asienta uno de los centros comerciales (no en el sentido de mall sino en el menos glamoroso de lugar donde se efectúan operaciones comerciales) más tradicionales de Autlán: solo sobre la calle de Aldama hay siete negocios diferentes, entre ellos una bien surtida tienda de abarrotes, una florería, una lonchería y otros. El jardín de Las Montañas, cuyo lado sur forma parte del arranque de la calle de Aldama, es el punto de reunión de los habitantes de las poblaciones del norte del municipio que vienen a comprar "el mandado" en estos negocios o en otros ubicados más al centro. Estos viajes a Autlán para surtir la despensa son una costumbre de décadas; a mediados del siglo XX se hacían a caballo (ahora en camionetas pick up) y los practicaban los residentes de todos los pueblos de los alrededores.
El lugar que describimos se puede decir que está justo en el corazón del barrio de Las Montañas, el más antiguo de Autlán.

Una vista de la acera del jardín Atanasio Monroy o de Las Montañas.


Algunos de los negocios del barrio.
Abandonamos este lugar y caminamos hacia el oriente para encontrar, en la acera norte, la entrada de ambulancias del hospital de Las Montañas, espacio dedicado a esta actividad desde los primeros años del Virreinato. Hacia el sur podemos ver la secundaria Autlán, antiguamente llamada secundaria Morelos, una de las que cuentan con mejor prestigio en el municipio.



Al avanzar hallamos, sobre la primera cuadra de esta calle, casas construidas según la tradición regional, con techos de teja, muros gruesos y de adobe y ventanas amplias. Casi ninguna cuenta con cochera, el único espacio para los automóviles es el estacionamiento del edificio de departamentos que se encuentra al lado de la secundaria y otro, brevísimo, de la finca que originalmente fue una placita comercial, llamada La Doña, y que luego fue arrendada por el Ayuntamiento de Cihuatlán para poner a funcionar ahí la casa del estudiante de ese municipio, dedicada a ofrecer alojamiento a jóvenes cihuatlenses que vienen a estudiar a Autlán. Poco más adelante está otra bocacalle, esta vez marcando el arranque hacia el sur de la calle de Ignacio Zaragoza, justo en el antiguo barrio de Las 3 Piedras.


Al acercarnos al cruce con la calle de Mariano Abasolo nos percatamos de un fenómeno peculiar: la calle de Aldama va descendiendo de nivel, como si estuviéramos bajando hacia un río. Esto porque la calle de Abasolo, una de las antiguas "calles hondas", constituye una salida natural del agua de lluvia del norte del pueblo hacia el Coajinque. Desde donde alcanza la memoria colectiva, la calle de Abasolo ha cumplido con esta función y la infraestructura urbana está adaptada a ello.

En la esquina de la calle Honda.

El desnivel de la calle de Aldama visto desde el fondo de Abasolo.

La última cuadra de Aldama es muy breve y netamente habitacional. Aunque acá la arquitectura ya es moderna: abundan, ahora sí, las cocheras con sus portones automáticos y los segundos pisos, las puertas y ventanas metálicas y los techos de bóveda. En unos cuantos pasos estamos en la bocacalle (una más) con Antonio Rosales, que marca el término de nuestra calle y su entrada al tradicional barrio 8 de Julio.

Arranque de Ignacio Aldama hacia el poniente.
Don Ignacio Aldama fue uno de los iniciadores de la guerra de Independencia de México. Vecino de San Miguel, ahora de Allende, se unió al movimiento encabezado por Miguel Hidalgo desde el primer momento, sirviendo en varias tareas, la última de ellas como embajador en los Estados Unidos. Fue en el viaje a aquel joven país cuando fue capturado, en el actual territorio de Texas, y remitido a Monclova, donde fue fusilado el 20 de junio de 1811.

viernes, 24 de mayo de 2019

Nomenclatura urbana 14: calle de Amado Nervo


A pesar de su más bien prosaico nombre, la colonia Echeverría se caracteriza por el hecho de que la totalidad de sus calles llevan nombres de escritores mexicanos. Ahí donde otras colonias o fraccionamientos han aprovechado para colocar nombres de árboles, de municipios jaliscienses y aún de lugares inexistentes (como algunos “valles” de la colonia Valle del Vergel), en la ya antigua colonia Echeverría se mantiene en la memoria colectiva por lo menos el nombre de algunas de las figuras más relevantes de las letras hispánicas.

Arranque de Amado Nervo hacia el norte.

Una de estas figuras, y no la más discreta, es Amado Nervo. Podemos hacer un recorrido por su calle autlense arrancando en la orilla del Coajinque, muy cerca de donde inicia la nueva carretera a Purificación y entre los dos grandes puentes que cruzan este arroyo y sirven de ingreso a la colonia desde el centro de Autlán. En este punto se pueden notar la anchura y rectitud de la calle, así como su pobre urbanización: con un empedrado en muy mal estado y tramos de banqueta inexistentes, en esta primera cuadra abundan los lotes baldíos, uno de ellos habitado por una manada de borregos. A excepción de un negocio de materiales para construcción que se encuentra justo en la esquina donde comienza nuestro recorrido y un local comercial que se ofrece en renta una cuadra más adelante, las dos primeras cuadras de esta calle son netamente habitacionales, con casas de reciente construcción, de arquitectura sencilla y que presentan, casi todas, los típicos barandales de herrería.

Vista de la plaza Carlos Santana.

La tercera cuadra está ocupada, en su costado oriente, por la plaza Carlos Santana, sitio de reunión preferido, junto con el Paseo del Coajinque, por los vecinos de la colonia y de más allá del arroyo. En una tarde típica aquí podemos ver a grupos pequeños de niños jugando futbol, a adultos caminando alrededor del parque y a personas de cualquier edad ocupando algunas de las bancas, a la sombra de los umbrosos árboles el parque, consumiendo alguna de las botanas que se venden tanto en la plaza como en las casas frente a ella: duros con pepino, hielitos de sabores, nieve, refrescos, papas fritas, elotes cocidos, palomitas, raspados… de hecho, las casas de esta tercera cuadra se diferencian de las dos anteriores especialmente en la abundancia de puestecitos vespertinos de este tipo de viandas. En esta parte de la plaza Carlos Santana, por cierto, se encuentra una estación del sitio de taxis Francisco I. Madero, aunque no siempre hay carros disponibles.


La última cuadra de esta calle, antes de llegar a su cruce con Fresno y convertirse en División del Norte, es mucho más activa desde el punto de vista comercial: aquí está el supercito (tienda departamental en pequeño, aunque no tanto como una tienda de abarrotes) más grande de la colonia, una bien establecida carnicería, una panadería, una veterinaria, un autolavado, entre otros negocios menores. Aquí también se puede observar una actividad social más o menos intensa en las horas en que terminan las misas dominicales que se dicen en el templo parroquial de San Juan Diego, uno de los más nuevos de la diócesis y que se encuentra aún en construcción casi al final de la calle. Al salir de misa los feligreses encuentran siempre algún motivo para quedarse un rato platicando sobre la banqueta.

El templo parroquial de San Juan Diego en construcción.

Frente al templo hay un lote que, si bien no contiene alguna construcción, no puede considerarse baldío: dentro de él hay una variedad de bien cuidadas plantas, presididas por mezquites y guamúchiles de buen tamaño que constituyen un oasis para las calurosas tardes veraniegas.



Flores de mayo

Amado Nervo fue un poeta mexicano, considerado pilar del movimiento modernista, nacido en Tepic en 1870. También tuvo una carrera diplomática que arrancó a finales del porfiriato y que lo llevó a representar a México en distintos países de Europa y Sudamérica. Falleció el 24 de mayo de 1919, hoy hace 100 años, en Montevideo, donde se le celebraron funerales de Estado y de donde, cuatro meses después, zarpó la corbeta Uruguay con sus restos hacia México. En el trayecto, que duró dos meses más, le fueron rendidos homenajes a Amado Nervo en Brasil, Venezuela, República Dominicana y Cuba. El 14 de noviembre su cadáver fue inhumado en la Rotonda de los Hombres Ilustres de la ciudad de México.

La calle de Amado Nervo desde su extremo norte.