| Hiram Ruvalcaba y Silvestre K'anil. |
La tarde
del viernes 28 de agosto estaba prevista la sesión De cerca con Hiram Ruvalcaba en la terraza de la Casa Universitaria;
sin embargo, la lluvia que cayó desde una hora antes obligó a los
organizadores a trasladar el evento al patio central del recinto. Tras la
reorganización, a las 18:15 horas comenzó el encuentro ante unas 30 personas,
en su mayoría académicos y trabajadores del Centro Universitario de la Costa
Sur, así como integrantes de clubes de lectura independientes y de la
Biblioteca Antonio Alatorre.
La jornada
abrió con un dialogo entre el autor y Silvestre K’anil Díaz, conductor del
programa La borra del café de Radio
Universidad de Guadalajara en Autlán, y encargado de moderar la sesión.
Silvestre presentó a Hiram como un escritor de crónica, cuento y novela que
busca reflejar vivencias cotidianas y
problemáticas sociales en las distintas regiones donde ha radicado, como El
Grullo, Pihuamo, Zapotlán y Zapotiltic, tierras que han dado origen a grandes
referentes de la literatura nacional como Antonio Alatorre, Juan José Arreola y
Juan Rulfo.
Durante la
charla, Ruvalcaba compartió que en gran parte de sus cuentos y en sus dos
novelas aborda la evolución de la violencia, que desde inicios del siglo XXI ha
registrado una escalada significativa. Explicó cómo este fenómeno ha transformado
las dinámicas sociales, la relación con el Ejército y el crimen organizado e
incluso la vida cotidiana, donde la empatía y la paciencia suelen desgastarse.
Para Hiram,
los libros funcionan como puertas, ventanas o espejos capaces de trasladar al
lector a otros mundos y transformar su interior. Reflexionó sobre cómo la
lectura y la escritura cambian la perspectiva respecto a cualquier tema,
permitiendo al autor cerrar etapas de vida o procesar el duelo. Como anécdota,
relató que un amigo le preguntó si la
película argentina La risa (dirigida por Juan Cabral) se había “copiado”
de él al incluir cabinas o teléfonos de viento. El autor aclaró que se trató de
una coincidencia en el uso de esa herramienta terapéutica, la cual fue abordada
en su cuento Teléfono de viento que
pertenece al libro Los niños del agua
(2021).
Al referirse
a Los elefantes mueren de sed comenta
que los animales siempre han tenido presencia en su obra, como algunos cuentos que ha escrito sobre perros, incluso pingüinos. Señaló que los
animales han servido para construir obras históricas, escultóricas así como
literarias, destacando al Bestiario de
Juan José Arreola como uno de sus referentes favoritos.
Respecto al
génesis de su novela, compartió que su amigo Bladimir Ramírez le contó
que los elefantes tienen una memoria privilegiada, ya que recuerdan los ríos de
la infancia. Al envejecer y escasear el agua, regresan en caravana a esos ríos,
pero al llegar, encuentran que éstos están secos debido a la intervención
humana y el cambio climático, por lo que mueren de sed. Esta historia impactó
al autor, quien en ese momento estaba escribiendo una historia sobre amor y
desamor, siendo de esta manera que conecta la metáfora con la trama de un
matrimonio joven con un hijo pequeño, que durante un viaje familiar a Tapalpa descubre
que ya no tiene nada en común. La obra aborda la desconexión emocional y cuestiona
una educación afectiva que priorizaba el compromiso y el “aguantar vara” por
encima de los sentimientos.
Ante la
pregunta de Silvestre sobre las dificultades en las relaciones y el papel de
la memoria al no olvidar una promesa, Hiram señaló que existen heridas del amor
de las que rara vez se habla. En la novela las define como “grietas” que, si se
dejan crecer, terminan devorándolo todo a su alrededor hasta extinguir el
afecto. Reflexionó, además, sobre cómo la mayoría de las relaciones amorosas no
suelen concluir en buenos términos.
En la
segunda parte de la sesión se abrió un diálogo directo con el público, donde se
reflexionó sobre la inseguridad que se vive en el país, los desaparecidos, el
cambio climático, las relaciones de pareja y el papel de la literatura como herramienta de denuncia y motor de
pequeñas transformaciones en el entorno.
Consultado
sobre su proceso creativo, Ruvalcaba explicó que, aunque sus métodos varían,
suele improvisar escribiendo borradores con la misma extensión que tendrá la
obra final o incluso un poco más, para luego pulirlos con calma, una disciplina
que le ha permitido planificar mejor su trabajo. Al finalizar la reunión y en
un ambiente más relajado, el autor firmó a los asistentes ejemplares de su nueva obra y de
títulos anteriores.
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