martes, 1 de septiembre de 2026

La penúltima jornada del X Festival Áurea Corona 1: una mañana en el Museo Regional

En la presentación de Nació para pintar. De izq. a der.: Hirineo Martínez, Nabor de Niz, Gabriel Lima y Agustín Godoy.

 El sábado 29 de agosto fue el penúltimo de los diez días de actividades del X Festival Áurea Corona y se desarrolló en dos turnos. El de la mañana giró sobre la vida y la obra del pintor José Atanasio Monroy y concluyó con una muestra de los avances de los alumnos de piano de la Fundación Orgullo y Cultura SMG de El Grullo.

A las 10:08 horas y con la asistencia de unas 15 personas, en el salón de usos múltiples del Museo Regional comenzó una sesión que se anunció como la presentación del libro Nació para pintar, de don Gabriel Lima Velásquez, publicado en 2011 y que trata sobre los recuerdos del autor acerca de Atanasio Monroy y el contexto en que vivió este pintor. Pero, en realidad, la mesa se convirtió en la exposición de las propias experiencias, impresiones y recuerdos de los participantes a propósito de Monroy, del libro se habló muy poco.

Participaron en la mesa Hirineo Martínez Barragán, coordinador del Capítulo Costa Sur de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco; Nabor de Niz Domínguez, coordinador honorario vitalicio de ese Capítulo y Gabriel Lima Velásquez, autor del libro, con la moderación de Agustín Godoy Pelayo. Cada uno de ellos tuvo una intervención, de las que compartimos en seguida un apretado resumen:

El moderador presentó a cada uno de los panelistas y destacó que la presentación se realizara dentro de la exposición José Atanasio Monroy. Nacionalismo y tradición, que se encontraba en esa misma sala y reunía algunos de los mejores cuadros de don Atanasio.

Gabriel Lima comenzó con una reflexión acerca de si el artista nace o se hace, concluyendo junto con Pablo de Tarso que el artista lo es gracias a un don con el que nace, pero que debe desarrollar mediante la práctica y el aprendizaje de la técnica. Luego de una serie de consideraciones sobre la situación social y económica de Autlán a inicios de la década de 1930, cuando él nació, debidas a dos años de malos temporales de lluvias y a la Cristiada, y que propiciaron la emigración de muchos autlenses, don Gabriel recordó que la Lotería Nacional reproducía algunos de los cuadros de Atanasio Monroy. Esto y la publicación de uno de los cuadros del pintor autlense en un libro titulado Niños pintores de México eran motivo de orgullo para don Gabriel, que quiso irse a México a estudiar pintura con don Atanasio. Su padre se negó a darle el permiso y tuvo que estudiar una carrera convencional, aunque años después, viviendo en la capital del país, se encontró con Monroy y le pidió que le enseñara algunas técnicas de pintura, aunque lo más que aceptó fue admitirlo de visita en su taller para que lo viera pintar.

Hirineo Martínez recordó el proyecto que hubo hace algunos años en el Centro Universitario de la Costa Sur, del que fue secretario académico, de publicar tres libros de Gabriel Lima en una antología: Nació para pintar, El tigre nunca pierde sus manchas y Aotlitlán. De este proyecto se tiene la revisión por parte del autor y el diseño de la portada, el panelista considera que el proyecto sigue vivo, aunque no se conocen más avances al respecto, luego de más de cuatro años. Leyó la introducción de esta antología, redactada por él mismo, en la que da una semblanza de la producción editorial de don Gabriel y algunos comentarios sobre su estilo: dice que “no oculta en ninguno de los tres casos (se refiere a sus libros) sus emociones”, tampoco sus filias y sus fobias, y recurre a un lenguaje directo, congruente con su forma de ser. Elogió de don Gabriel su enfoque alejado de la corrección política y consideró que la publicación de estas obras, que junto con el resto de la producción de don Gabriel han sido difundidas en ediciones de autor, debe estar respaldada por una institución.

Agustín Godoy recordó que conoce a don Atanasio desde su infancia, debido a que se hablaba siempre de él en su casa por la amistad que llevó con su padre, de quien fue compañero de escuela. Mencionó cinco obras de Atanasio que se mencionan en el libro y algunas de las cuales estuvieron exhibidas en el Museo: la Capilla de las Montañas, donde Monroy se dibujó a él mismo como niño, acompañado de su madre; la Última Cena, el San Francisco, la Sagrada Familia y la Crucifixión, estas dos últimas ubicadas en la sacristía de la parroquia del Divino Salvador; todas las obras mencionadas están consideradas de lo mejor de la producción de Monroy. Nació para pintar, dijo, refleja la esplendidez de don Gabriel para compartir sus conocimientos.

El doctor Nabor de Niz elogió el buen tino del autor del libro de abordar a Atanasio Monroy a partir de las circunstancias en que vivió, le reconoció que pudo hacerlo así gracias a que lo conoció de cerca y convivió con él. Destacó de la obra de Monroy el hecho de que en ella se retratan elementos de la identidad de Autlán, con la posibilidad de reconocer a personas de aquí en los personajes de sus cuadros y murales. Recordó, por fin, que conoció a don Atanasio mientras éste pintaba su mural La Mexicanidad y el niño Nabor estudiaba en el Centro Escolar Chapultepec, lo volvió a encontrar en un homenaje que se le rindió en la Presidencia Municipal en la década de 1980 y, en los últimos años del pintor, le tocó tratarlo como médico en su Sanatorio Autlán, donde falleció en 2001. Al doctor Nabor, según él mismo recordó, le tocó presentar a Monroy con el también pintor Alfonso de Lara Gallardo, llevándolo a su habitación de la casa de don Carlos Mardueño. Ahí, los dos artistas platicaron durante varias horas y el doctor Nabor pudo ver reír a carcajadas, por primera vez, al autlense.

A este panel siguió inmediatamente otro, mucho menos nutrido, con un conversatorio sobre la vida y obra de don Atanasio Monroy. También moderado por Agustín Godoy, en él participaron Guillermo Tovar Vázquez, cronista de Autlán; Armida Briceida Maldonado Rubio, pintora y promotora cultural, y Jesús Donaciano Medina García, académico del CUCSur. Cada uno de los panelistas tuvo dos intervenciones, de un máximo de cinco minutos, para hablar sobre la vida y la obra de Atanasio Monroy. Enseguida, un resumen de lo que dijeron:

Armida Maldonado afirmó que Atanasio Monroy fue un hombre que hizo de la pintura una forma de expresar su visión del mundo, en cuyas obras hay una historia que habla de nuestra tierra. Destacó su capacidad de observación y la trascendencia de su obra más allá de la muerte de su autor. Consideró que detrás de la obra de Monroy hay trabajo, disciplina y sensibilidad.

Guillermo Tovar describió algunos lugares de Autlán que fueron importantes en la vida de Atanasio Monroy, antes de marcharse a la Ciudad de México: la casa que habitó en su primera infancia y que estaba ubicada justo donde la calle de Abasolo hacía bocacalle con la de Placeres y que fue demolida cuando se decidió prolongar la primera de ellas hacia el norte, su segunda casa en la misma calle Placeres, que tampoco existe más, y la escuela a la que acudió a hacer sus primeros estudios, que se encontraba en la casa antigua y hoy abandonada frente a la Catedral. Otro lugar importante en su infancia en Autlán fue el hotel Colón, que estaba donde hoy hay un estacionamiento en la esquina de la Presidencia Municipal: una vez, pasando por ahí, el niño Atanasio miró hacia dentro del hotel por una ventana, encontrándose su mirada con la del bandido Pedro Zamora, imagen que nunca olvidó. Estas referencias las compartió don Atanasio en una entrevista inédita que le concedió al profesor Fausto Nava González en la década de 1980. Sobre la obra de Monroy, el cronista afirmó que es un heraldo de la identidad autlense, con la aparición de rostros, tipos, frutas y lugares de aquí en muchos de sus cuadros. Ningún otro artista, dijo, tiene a Autlán tan presente en su obra. Para concluir, compartió algunos comentarios de Jorge Useta sobre Monroy y su obra, publicados en el libro Biografía de pintores jaliscienses 1882-1940, de Ixca Farías, en el que el joven Atanasio, ya radicado en la Ciudad de México, era descrito como un “espíritu que trabaja con seriedad”, que ya tenía obra suya en casas de personajes importantes, como el cardiólogo Ignacio Chávez, y sobre sus trabajos, que “dibujo, vida, carácter, todas estas cualidades se descubren en ellos”.

Jesús Medina no habló tanto de Monroy como de las actividades que la Universidad de Guadalajara ha realizado alrededor de su nombre: mostró el oficio fechado el 7 de abril de 2000 con la firma del rector del CUCSur, Salvador Acosta Romero, proponiendo a Monroy para el Premio Jalisco en el ámbito de las Artes, comentó el catálogo de su obra publicado poco después y leyó la esquela funeraria que se imprimió en la invitación a los servicios fúnebres del pintor.

Fundación Orgullo y Cultura SMG.


Las actividades matutinas concluyeron con la presentación de los avances de los alumnos de piano del maestro Mauricio Allera Malo en la Fundación Orgullo y Cultura SMG de El Grullo. Aunque la mayoría de estos alumnos son niños y adolescentes, hay también algunos adultos que decidieron emprender el aprendizaje de este instrumento, actividad que forma parte de las funciones de la Fundación, junto con otras de carácter cultural, artístico y deportivo.

Los alumnos que se presentaron en esta ocasión, ante unas 60 personas, fueron los siguientes:

Oliver Matías Naranjo Guevara, con un arreglo de Para Elisa, de Beethoven, y una pieza del soundtrack de la película Up.

Neithan Reynoso Salcido, con Minueto en Sol mayor de Bach y Arabesque, de Burgmüller.

Pablo Robles Jaime, con Vals de las flores, de Tchaikovski, y Oblivion, de Arenosa.

Mateo Robles Jaime, con Nuvole bianche, de Ludovico Einaudi.

Martha Patricia Pérez Robles, con Moon river, de Mancini, y Nessum Dorma, de Puccini.

Esteban Orozco Martínez, con Sonatina op. 20, de Clementi.

Daniela Saray Cruz, con Danza húngara no. 5, de Brahms, y Sueño de amor no. 3 de Liszt.

Carlos Enrique Peredo Arena, con Vals en La menor y Vals en Si menor de Chopin.

Los elefantes mueren de sed. De cerca con Hiram Ruvalcaba.

 

Hiram Ruvalcaba y Silvestre K'anil.

La tarde del viernes 28 de agosto estaba prevista la sesión De cerca con Hiram Ruvalcaba en la terraza de la Casa Universitaria; sin embargo, la lluvia que cayó desde una hora antes obligó a los organizadores a trasladar el evento al patio central del recinto. Tras la reorganización, a las 18:15 horas comenzó el encuentro ante unas 30 personas, en su mayoría académicos y trabajadores del Centro Universitario de la Costa Sur, así como integrantes de clubes de lectura independientes y de la Biblioteca Antonio Alatorre.

La jornada abrió con un dialogo entre el autor y Silvestre K’anil Díaz, conductor del programa La borra del café de Radio Universidad de Guadalajara en Autlán, y encargado de moderar la sesión. Silvestre presentó a Hiram como un escritor de crónica, cuento y novela que busca  reflejar vivencias cotidianas y problemáticas sociales en las distintas regiones donde ha radicado, como El Grullo, Pihuamo, Zapotlán y Zapotiltic, tierras que han dado origen a grandes referentes de la literatura nacional como Antonio Alatorre, Juan José Arreola y Juan Rulfo.

Durante la charla, Ruvalcaba compartió que en gran parte de sus cuentos y en sus dos novelas aborda la evolución de la violencia, que desde inicios del siglo XXI ha registrado una escalada significativa. Explicó cómo este fenómeno ha transformado las dinámicas sociales, la relación con el Ejército y el crimen organizado e incluso la vida cotidiana, donde la empatía y la paciencia suelen desgastarse.

Para Hiram, los libros funcionan como puertas, ventanas o espejos capaces de trasladar al lector a otros mundos y transformar su interior. Reflexionó sobre cómo la lectura y la escritura cambian la perspectiva respecto a cualquier tema, permitiendo al autor cerrar etapas de vida o procesar el duelo. Como anécdota, relató que un amigo le preguntó si la película argentina La risa  (dirigida por Juan Cabral) se había “copiado” de él al incluir cabinas o teléfonos de viento. El autor aclaró que se trató de una coincidencia en el uso de esa herramienta terapéutica, la cual fue abordada en su cuento Teléfono de viento que pertenece al libro Los niños del agua (2021).

Al referirse a Los elefantes mueren de sed comenta que los animales siempre han tenido presencia en su obra, como algunos cuentos que ha escrito sobre perros, incluso pingüinos. Señaló que los animales han servido para construir obras históricas, escultóricas así como literarias, destacando al Bestiario de Juan José Arreola como uno de sus referentes favoritos.

Respecto al génesis de su novela, compartió que su amigo Bladimir Ramírez le contó que los elefantes tienen una memoria privilegiada, ya que recuerdan los ríos de la infancia. Al envejecer y escasear el agua, regresan en caravana a esos ríos, pero al llegar, encuentran que éstos están secos debido a la intervención humana y el cambio climático, por lo que mueren de sed. Esta historia impactó al autor, quien en ese momento estaba escribiendo una historia sobre amor y desamor, siendo de esta manera que conecta la metáfora con la trama de un matrimonio joven con un hijo pequeño, que durante un viaje familiar a Tapalpa descubre que ya no tiene nada en común. La obra aborda la desconexión emocional y cuestiona una educación afectiva que priorizaba el compromiso y el “aguantar vara” por encima de los sentimientos.

Ante la pregunta de Silvestre sobre las dificultades en las relaciones y el papel de la memoria al no olvidar una promesa, Hiram señaló que existen heridas del amor de las que rara vez se habla. En la novela las define como “grietas” que, si se dejan crecer, terminan devorándolo todo a su alrededor hasta extinguir el afecto. Reflexionó, además, sobre cómo la mayoría de las relaciones amorosas no suelen concluir en buenos términos.

En la segunda parte de la sesión se abrió un diálogo directo con el público, donde se reflexionó sobre la inseguridad que se vive en el país, los desaparecidos, el cambio climático, las relaciones de pareja y el papel de la literatura como herramienta de denuncia y motor de pequeñas transformaciones en el entorno.  

Consultado sobre su proceso creativo, Ruvalcaba explicó que, aunque sus métodos varían, suele improvisar escribiendo borradores con la misma extensión que tendrá la obra final o incluso un poco más, para luego pulirlos con calma, una disciplina que le ha permitido planificar mejor su trabajo. Al finalizar la reunión y en un ambiente más relajado, el autor firmó a los asistentes ejemplares de su nueva obra y de títulos anteriores.