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| En la presentación de Nació para pintar. De izq. a der.: Hirineo Martínez, Nabor de Niz, Gabriel Lima y Agustín Godoy. |
A las 10:08 horas y con la
asistencia de unas 15 personas, en el salón de usos múltiples del Museo
Regional comenzó una sesión que se anunció como la presentación del libro Nació
para pintar, de don Gabriel Lima Velásquez, publicado en 2011 y que trata sobre
los recuerdos del autor acerca de Atanasio Monroy y el contexto en que vivió este
pintor. Pero, en realidad, la mesa se convirtió en la exposición de las propias
experiencias, impresiones y recuerdos de los participantes a propósito de Monroy,
del libro se habló muy poco.
Participaron en la mesa Hirineo
Martínez Barragán, coordinador del Capítulo Costa Sur de la Benemérita Sociedad
de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco; Nabor de Niz Domínguez,
coordinador honorario vitalicio de ese Capítulo y Gabriel Lima Velásquez, autor
del libro, con la moderación de Agustín Godoy Pelayo. Cada uno de ellos tuvo
una intervención, de las que compartimos en seguida un apretado resumen:
El moderador presentó a cada uno
de los panelistas y destacó que la presentación se realizara dentro de la
exposición José Atanasio Monroy. Nacionalismo y tradición, que se encontraba
en esa misma sala y reunía algunos de los mejores cuadros de don Atanasio.
Gabriel Lima comenzó con una
reflexión acerca de si el artista nace o se hace, concluyendo junto con Pablo
de Tarso que el artista lo es gracias a un don con el que nace, pero que debe
desarrollar mediante la práctica y el aprendizaje de la técnica. Luego de una
serie de consideraciones sobre la situación social y económica de Autlán a
inicios de la década de 1930, cuando él nació, debidas a dos años de malos
temporales de lluvias y a la Cristiada, y que propiciaron la emigración de
muchos autlenses, don Gabriel recordó que la Lotería Nacional reproducía
algunos de los cuadros de Atanasio Monroy. Esto y la publicación de uno de los
cuadros del pintor autlense en un libro titulado Niños pintores de México
eran motivo de orgullo para don Gabriel, que quiso irse a México a estudiar
pintura con don Atanasio. Su padre se negó a darle el permiso y tuvo que
estudiar una carrera convencional, aunque años después, viviendo en la capital del
país, se encontró con Monroy y le pidió que le enseñara algunas técnicas de
pintura, aunque lo más que aceptó fue admitirlo de visita en su taller para que
lo viera pintar.
Hirineo Martínez recordó el
proyecto que hubo hace algunos años en el Centro Universitario de la Costa Sur,
del que fue secretario académico, de publicar tres libros de Gabriel Lima en
una antología: Nació para pintar, El tigre nunca pierde sus manchas y Aotlitlán.
De este proyecto se tiene la revisión por parte del autor y el diseño de la
portada, el panelista considera que el proyecto sigue vivo, aunque no se
conocen más avances al respecto, luego de más de cuatro años. Leyó la
introducción de esta antología, redactada por él mismo, en la que da una
semblanza de la producción editorial de don Gabriel y algunos comentarios sobre
su estilo: dice que “no oculta en ninguno de los tres casos (se refiere a sus
libros) sus emociones”, tampoco sus filias y sus fobias, y recurre a un
lenguaje directo, congruente con su forma de ser. Elogió de don Gabriel su
enfoque alejado de la corrección política y consideró que la publicación de
estas obras, que junto con el resto de la producción de don Gabriel han sido
difundidas en ediciones de autor, debe estar respaldada por una institución.
Agustín Godoy recordó que conoce
a don Atanasio desde su infancia, debido a que se hablaba siempre de él en su
casa por la amistad que llevó con su padre, de quien fue compañero de escuela. Mencionó
cinco obras de Atanasio que se mencionan en el libro y algunas de las cuales
estuvieron exhibidas en el Museo: la Capilla de las Montañas, donde Monroy se
dibujó a él mismo como niño, acompañado de su madre; la Última Cena, el San
Francisco, la Sagrada Familia y la Crucifixión, estas dos últimas ubicadas en
la sacristía de la parroquia del Divino Salvador; todas las obras mencionadas
están consideradas de lo mejor de la producción de Monroy. Nació para pintar,
dijo, refleja la esplendidez de don Gabriel para compartir sus conocimientos.
El doctor Nabor de Niz elogió el
buen tino del autor del libro de abordar a Atanasio Monroy a partir de las
circunstancias en que vivió, le reconoció que pudo hacerlo así gracias a que lo
conoció de cerca y convivió con él. Destacó de la obra de Monroy el hecho de
que en ella se retratan elementos de la identidad de Autlán, con la posibilidad
de reconocer a personas de aquí en los personajes de sus cuadros y murales. Recordó,
por fin, que conoció a don Atanasio mientras éste pintaba su mural La
Mexicanidad y el niño Nabor estudiaba en el Centro Escolar Chapultepec, lo
volvió a encontrar en un homenaje que se le rindió en la Presidencia Municipal
en la década de 1980 y, en los últimos años del pintor, le tocó tratarlo como
médico en su Sanatorio Autlán, donde falleció en 2001. Al doctor Nabor, según él
mismo recordó, le tocó presentar a Monroy con el también pintor Alfonso de Lara
Gallardo, llevándolo a su habitación de la casa de don Carlos Mardueño. Ahí,
los dos artistas platicaron durante varias horas y el doctor Nabor pudo ver
reír a carcajadas, por primera vez, al autlense.
A este panel siguió inmediatamente
otro, mucho menos nutrido, con un conversatorio sobre la vida y obra de don
Atanasio Monroy. También moderado por Agustín Godoy, en él participaron
Guillermo Tovar Vázquez, cronista de Autlán; Armida Briceida Maldonado Rubio,
pintora y promotora cultural, y Jesús Donaciano Medina García, académico del
CUCSur. Cada uno de los panelistas tuvo dos intervenciones, de un máximo de
cinco minutos, para hablar sobre la vida y la obra de Atanasio Monroy.
Enseguida, un resumen de lo que dijeron:
Armida Maldonado afirmó que
Atanasio Monroy fue un hombre que hizo de la pintura una forma de expresar su
visión del mundo, en cuyas obras hay una historia que habla de nuestra tierra. Destacó
su capacidad de observación y la trascendencia de su obra más allá de la muerte
de su autor. Consideró que detrás de la obra de Monroy hay trabajo, disciplina
y sensibilidad.
Guillermo Tovar describió algunos
lugares de Autlán que fueron importantes en la vida de Atanasio Monroy, antes
de marcharse a la Ciudad de México: la casa que habitó en su primera infancia y
que estaba ubicada justo donde la calle de Abasolo hacía bocacalle con la de
Placeres y que fue demolida cuando se decidió prolongar la primera de ellas
hacia el norte, su segunda casa en la misma calle Placeres, que tampoco existe
más, y la escuela a la que acudió a hacer sus primeros estudios, que se
encontraba en la casa antigua y hoy abandonada frente a la Catedral. Otro lugar
importante en su infancia en Autlán fue el hotel Colón, que estaba donde hoy
hay un estacionamiento en la esquina de la Presidencia Municipal: una vez,
pasando por ahí, el niño Atanasio miró hacia dentro del hotel por una ventana,
encontrándose su mirada con la del bandido Pedro Zamora, imagen que nunca olvidó.
Estas referencias las compartió don Atanasio en una entrevista inédita que le concedió
al profesor Fausto Nava González en la década de 1980. Sobre la obra de Monroy,
el cronista afirmó que es un heraldo de la identidad autlense, con la aparición
de rostros, tipos, frutas y lugares de aquí en muchos de sus cuadros. Ningún otro
artista, dijo, tiene a Autlán tan presente en su obra. Para concluir, compartió
algunos comentarios de Jorge Useta sobre Monroy y su obra, publicados en el
libro Biografía de pintores jaliscienses 1882-1940, de Ixca Farías, en
el que el joven Atanasio, ya radicado en la Ciudad de México, era descrito como
un “espíritu que trabaja con seriedad”, que ya tenía obra suya en casas de
personajes importantes, como el cardiólogo Ignacio Chávez, y sobre sus trabajos,
que “dibujo, vida, carácter, todas estas cualidades se descubren en ellos”.
Jesús Medina no habló tanto de
Monroy como de las actividades que la Universidad de Guadalajara ha realizado
alrededor de su nombre: mostró el oficio fechado el 7 de abril de 2000 con la
firma del rector del CUCSur, Salvador Acosta Romero, proponiendo a Monroy para
el Premio Jalisco en el ámbito de las Artes, comentó el catálogo de su obra
publicado poco después y leyó la esquela funeraria que se imprimió en la invitación
a los servicios fúnebres del pintor.
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| Fundación Orgullo y Cultura SMG. |
Las actividades matutinas
concluyeron con la presentación de los avances de los alumnos de piano del
maestro Mauricio Allera Malo en la Fundación Orgullo y Cultura SMG de El
Grullo. Aunque la mayoría de estos alumnos son niños y adolescentes, hay
también algunos adultos que decidieron emprender el aprendizaje de este
instrumento, actividad que forma parte de las funciones de la Fundación, junto
con otras de carácter cultural, artístico y deportivo.
Los alumnos que se presentaron en
esta ocasión, ante unas 60 personas, fueron los siguientes:
Oliver Matías Naranjo Guevara,
con un arreglo de Para Elisa, de Beethoven, y una pieza del soundtrack
de la película Up.
Neithan Reynoso Salcido, con Minueto
en Sol mayor de Bach y Arabesque, de Burgmüller.
Pablo Robles Jaime, con Vals
de las flores, de Tchaikovski, y Oblivion, de Arenosa.
Mateo Robles Jaime, con Nuvole
bianche, de Ludovico Einaudi.
Martha Patricia Pérez Robles, con
Moon river, de Mancini, y Nessum Dorma, de Puccini.
Esteban Orozco Martínez, con Sonatina
op. 20, de Clementi.
Daniela Saray Cruz, con Danza
húngara no. 5, de Brahms, y Sueño de amor no. 3 de Liszt.

