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jueves, 25 de marzo de 2021

Artes y oficios 12: don Pepe, peluquero


 

Uno de los negocios que más abundan en Autlán es el de las barberías. Caracterizados por los colores oscuros, los dibujos de personajes barbados y los rótulos con letras garigoleadas en sus fachadas, de un par de décadas para acá los locales de barberías han ido tomando el lugar que tenían anteriormente las peluquerías.

Uno de los pocos peluqueros que hay en Autlán actualmente es don Pepe. Su peluquería está ubicada en el barrio de Las Playas, muy cerca de los límites antiguos del pueblo, por la calle Juárez. Nada más llegar se da uno cuenta de las diferencias con una barbería: nos enteramos de que es una peluquería no porque tenga anuncios en inglés en el exterior sino porque desde afuera lucen los dos espléndidos sillones giratorios, tapizados de rojo. En el lugar que ocuparían los posters con ejemplos de cortes de cabello encontramos carteles de toros y fotografías de las Chivas del Guadalajara (de la época del Campeonísimo); en la tele que don Pepe tiene instalada en una esquina se ven noticieros, partidos de futbol o películas y no videos musicales.

Su nombre completo es José de Jesús Medina Vera, aunque su nombre de batalla es simplemente Pepe el Peluquero, con el que es conocido por todo Autlán. Su caso nos recuerda a la forma en que nacieron los apellidos españoles relacionados con oficios, desarrollados a partir de los motes con que se conocía a las personas y que se formalizaron en los documentos legales.

Don Pepe nos contó que comenzó como aprendiz en 1963, a los 13 años de su edad, en la peluquería de Humberto Pérez, apodado la Burra. Estaba en el barrio que entonces era conocido como El Pasajero, en las inmediaciones del cruce de las calles de Constitución y Corregidora. El papel de aprendiz en aquellos años era algo ingrato: el también llamado chícharo era aceptado en el negocio para realizar las tareas tediosas y monótonas, como limpiar el local, hacer los mandados y mantener en orden los implementos de trabajo. El oficial no estaba obligado a enseñarle sus secretos y ni siquiera a pagarle algo por su trabajo, la paga era el aprendizaje que pudiera lograr por sí mismo, observando trabajar a los que sabían. Así, don Pepe se hizo peluquero.

Con la Burra estuvo cinco años, para cambiarse a la peluquería de otra Burra, ésta de apellido Rivera, que estaba en el barrio de Las Montañas y que todavía funciona, ahora atendida por una segunda generación de peluqueros, en la colonia 5 de Mayo. Allá llegó con algún dominio del oficio, que perfeccionó con la práctica y los consejos que el maestro de esta peluquería sí le brindaba. En 1965 comenzó a hacer cortes de pelo por su cuenta y desde entonces se ha dedicado a la peluquería de forma ininterrumpida.

Nuestro entrevistado nos enlistó los estilos de corte que hace y que se han mantenido durante los más de 50 años que ya tiene de carrera, todos para caballero: castaña redonda, castaña cuadrada, abultado, medio abultado, despuntadas y cortes regulares o escolares. Nunca ha hecho cortes “modernos”, como los que implican efectos desvanecidos en secciones de la cabeza o rayas que cruzan una parte del cuero cabelludo a la manera de cicatrices y que han puesto de moda algunos futbolistas. Modas como la ya antigua del corte “de honguito” tampoco salieron de sus tijeras, navajas o máquinas para rasurar.

Cosas que sí han cambiado en su forma de trabajar de medio siglo a la fecha están relacionadas con la higiene: en la década de 1980 los peluqueros tuvieron que comenzar a usar exclusivamente navajas desechables para rasurar, ante la amenaza del VIH. En la visita que le hicimos en este mes de marzo, a un año del inicio de la pandemia por COVID-19, pasamos por el filtro sanitario que fue otro de estos cambios: nos aplicamos gel antibacterial en las manos, desinfectamos las suelas de los zapatos en un tapete y no nos quitamos el cubrebocas en toda la visita.

En la plática don Pepe nos refirió a varios peluqueros autlenses de época, a los que conoció: su padrino el Violón, que trabajó muchos años en la planta baja del hotel Palomar y que popularizó la frase “¡A buscar novia!” que usaba para despedir a cada cliente recién pelado; Morelos, del barrio de la Xóchitl; el Güero Águila; Juan Silva; Jesús Morales; Chema y Crispín Araiza, todos ellos activos en el Autlán de hace 60 años, con menos de la mitad de la población actual. En nuestros días, además de don Pepe, trabajan la ya mencionada segunda generación de las Burras, los hermanos el Güero y Tolín Cisneros, y pocos más. No considera a las barberías y estéticas como una competencia frontal, puesto que los peluqueros tradicionales tienen a su propia clientela.

Don Pepe tuvo pocos aprendices, pero sí hubo quien aprendió el oficio con él. Uno de ellos tiene el oficio de peluquero pero ahora trabaja como profesor en el Centro Universitario de la Costa Sur. Pero no es común que haya jóvenes interesados en aprender el oficio en una peluquería, ahora prefieren inscribirse en una academia de belleza.

Este peluquero de Las Playas cuenta entre las cabezas que ha aliñado en su dilatada carrera a la del general Marcelino García Barragán, a quien iba a pelar a domicilio en la casa en que vivía frente a la Catedral. Con él no hacía mucha plática, el semblante tan adusto y la fama del militar no ayudaban a que hubiera confianza. Sin embargo, recuerda un intercambio de palabras que tuvo con él, el típico para romper el hielo: el general le dijo que prefería el calor al frío, don Pepe se manifestó de acuerdo porque el clima cálido se puede sobrellevar con un buen baño, a lo que el oficial le respondió que el frío también era fácil de combatir, mediante el simple uso de prendas abrigadoras. La incipiente conversación no fue más allá.

Otro de sus clientes fue el malogrado obispo Everardo López Alcocer. A él sí le cortaba el pelo en la peluquería, cuando trabajaba todavía con la Burra de Las Montañas. A pesar de no ser don Pepe el oficial de esa peluquería, el pastor de la diócesis de Autlán lo buscaba siempre a él y esperaba turno si acaso lo encontraba ocupado. “Hoy es día que no te lavas las manos”, le comentaba zumbón su jefe cuando el obispo salía por la puerta de la peluquería, ya con el cabello corto.

Antiguamente las peluquerías y otros negocios tenían en Autlán una curiosa función extra: al terminar la jornada, cayendo la tarde, eran punto de reunión del maestro y sus amigos, quienes “arreglaban el mundo” discutiendo de política y desmenuzando las últimas noticias, jugaban dominó u otros juegos de mesa o tocaban la guitarra, no pocas veces al calor de bebidas espirituosas. En una tertulia de este tipo, celebrada en el taller de zapatería de don Felipe Uribe, nació la idea de fundar la Sociedad Mutualista de Empleados, Obreros y Artesanos.

En nuestros días las peluquerías tradicionales siguen manteniendo su lugar como punto de reunión del barrio, a la manera de los antiguos mentideros. Además de los detonadores de plática y polémica que son los carteles de futbol y toros que don Pepe tiene en su peluquería, hay fuentes inagotables como la política local y nacional que permiten mantener pláticas fluidas y sabrosas entre el peluquero y sus clientes y, con ellas, un ambiente de cordialidad y camaradería.

Don Pepe considera que, de desaparecer el oficio de peluquero tradicional, Autlán perdería una forma única de convivir en los barrios y nosotros agregamos que se debilitaría también la cohesión social. En otros tiempos los peluqueros eran personajes a los que acudían los vecinos para conseguir algún consejo de cualquier tipo, incluyendo los relativos a la salud o legales.

La clientela de don Pepe actualmente la componen mayormente hombres, mayores de edad, pero también hay señoras que le llevan a sus niños a pelar. Pocos jóvenes vienen a cortarse el pelo, la mayoría va a estéticas o barberías.

lunes, 30 de julio de 2018

Artes y oficios 11: Juan Rubio, talabartero

Juan Rubio junto a FEDJAL. Foto de la cuenta de Facebook Juan Garañones Rubio.

La talabartería es un oficio milenario, consistente en la elaboración de guarniciones y demás artículos de piel necesarios para el manejo del caballo y para otros usos. Ya hay indicios desde las civilizaciones antiguas de la fabricación de equipos básicos para facilitar y hacer más cómodas las actividades a caballo, como sillas más elaboradas, guarniciones para llevar armas, etc.
Es de creerse que en Autlán la talabartería se ha practicado desde la Colonia, debido a la utilización del caballo desde entonces en las faenas agrícolas y al relativo aislamiento de nuestro valle con respecto al resto del país, lo que dificultaba la importación de implementos. Aquí debieron producirse muchas cosas difíciles de traer de otros lugares.
Uno de los exponentes más nuevos de este tradicional oficio en Autlán es Juan Rubio, un joven que tiene su taller, denominado Los Garañones, por la avenida Hidalgo, en un sitio fácil de identificar porque en su fachada está pintado el mural Un regalo para mi Autlán. Esta mañana platicamos con él para conocer su oficio y las innovaciones que en él ha realizado.
Juan nos explicó, sentados a la mesa de trabajo en la que uno de sus ayudantes cortaba una vaqueta, que su familia, desde hace varias generaciones, ha estado cercana al manejo del caballo. Sin embargo, no hay un antecedente en la talabartería, oficio del que él es pionero en su familia. Y su introducción a esta actividad se puede decir que fue circunstancial: teniendo gusto y facilidad por el dibujo desde su niñez, decoró con cuero su primera gorra en los tiempos muertos que le dejaba su trabajo de dependiente de la tienda de artículos para caballos propiedad de su familia y gracias a una fotografía compartida en redes sociales por una de sus amigas, que mostraba una gorra vaquera realizada por un diseñador estadounidense. Esta foto lo inspiró a realizar un trabajo artesanal en talabartería, mismo que realizó con un trozo de piel de desecho sacado de la basura de un talabartero amigo suyo. La gorra quedó bien, la regaló a un amigo y comenzó a recibir pedidos de otros trabajos similares.

Gorras con los nombres de pueblos de la región.

Juan no aprendió a cincelar o pirograbar en algún taller de talabartería o de otro tipo de artesanía. Su aprendizaje fue autodidacta, aunque valiéndose de videos colgados en Internet donde se explicaban algunas técnicas. También tuvo que adaptar su propia herramienta, al no contar con todos los implementos necesarios. De esta forma, con tecnología y tesón, comenzó su andar por el oficio de la talabartería.
Actualmente Juan Rubio fabrica casi cualquier artículo en piel, para el uso de los caballistas pero también para cualquier otra persona: lo mismo tiene gorras decoradas que cinturones, fundas para navajas y lo que él llama su producto estrella: las fundas para celular. Todos los artículos son diseñados, cortados y decorados a mano en su taller bajo el estilo bautizado como Los Garañones, consistente en el uso de una gran variedad de dibujos y de una amplia gama de colores fabricados en el mismo taller, que retratan elementos de la identidad autlense. Un trabajo artesanal en toda forma.

Un toponimio con identidad, exhibido en una sala del Museo y Centro Regional de las Artes.

Las fuentes principales de inspiración para sus diseños son la cultura y la identidad autlense, misma que plasma en trabajos como Un tiponimio con identidad, pieza exhibida actualmente en el Museo y Centro Regional de las Artes de Autlán, gorras con los nombres de los pueblos de la región y una colección de fundas, aún en proceso, en las que pretende plasmar la flora de la región de Autlán: parota, uña de gato, pitaya… También realiza trabajos personalizados, con los requerimientos que le solicite el cliente. No existen antecedentes en Autlán de trabajos de talabartería con estas características.
Sobre la situación actual de este oficio el entrevistado nos contó que hay suficiente demanda y que ha llegado a exportar a 18 países. Esto es importante porque no se refiere solo a compras hechas por autlenses radicados en otros lugares del mundo, sino de personas que, gracias a las redes sociales, han encontrado imágenes de su trabajo y les ha interesado adquirirlo. También tiene distribuidores en Purificación, Tecolotlán y Mascota, aunque se encuentra en espera de culminar el trámite de registro de su marca para abrir sucursales en forma en más municipios de Jalisco, así como en Colima y Veracruz, donde ya tiene contactos.

Fundas con flora de Autlán.
Cinturones.

Entre las principales dificultades que le ha tocado enfrentar están la competencia desleal y el no haber contado, durante su etapa de aprendizaje, con el apoyo de quienes ya conocían el oficio. Aunque esto, dice, lejos de desmoralizarlo lo impulsó a continuar apasionadamente con su trabajo.
Como artesano tiene la idea, desde hace algunos años, de que sus colegas locales de cualquier disciplina manejen una marca que distinga a la artesanía hecha en Autlán, algo que le dé identidad. Al efecto, él utiliza en todos sus productos la leyenda Hecho en Autlán. En 2018, por segundo año consecutivo, participa en el Galardón Jalisco en la categoría que agrupa a trabajos hechos en vidrio, talabartería, papel y cartonería. En 2017 se inscribió con la ya mencionada pieza Un toponimio con identidad y este año lo hizo con la pieza FEDJAL, donde plasma algunos de los más reconocidos elementos de identidad de Jalisco: el mariachi, el tequila, la Minerva, Vicente Fernández y otros. Aunque el concurso ya está calificado los resultados aún no se conocen. Sin embargo, Juan está citado para la ceremonia de premiación, que se realizará este martes 31 en Guadalajara, por lo que hay esperanzas de que obtenga alguno de los primeros lugares.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Artes y oficios 10: Daniel Vizcarra Ríos, chicharronero



En la colonia Echeverría, exactamente en la esquina de las calles de Rosario Castellanos y Luis G. Urbina, desde antes de las 7 de la mañana de los sábados y domingos, comienza a percibirse mucha actividad, que contrasta con la quietud de la madrugada: es que ya arrancó la preparación de los chicharrones, carnitas, bandera, cachete, tripitas, cueritos y todo lo que se puede aprovechar del cerdo. A esa hora ya hay gente esperando a comprar el desayuno, que se puede acompañar con frijoles, salsas, limón y tortillas.
Ese es el negocio de Daniel Vizcarra Rios, quien junto con su esposa Blanca, sus hijos y los empleados del lugar, siempre de buen humor, atiende a las personas que llegan a comprar el desayuno para ese día, quienes provienen lo mismo de las colonias cercanas que del centro y aun del otro extremo de Autlán. Se puede ver trabajar a Dany en los cazos mientras los clientes escogen el producto, dispuesto en unas vitrinas y separado por tipos: allá las tripitas, más abajo la "bandera", de aquel lado los duros (chicharrón preparado con la piel del cerdo), acá las "zurrapas" (pedazos menudos de chicharrón, ideales para los tacos), del otro lado los chicharrones... todo, desde luego, recién preparado por Daniel.
Daniel inició en el oficio simplemente por gusto: desde niño solía ir al rastro de la ciudad, a ver cómo trabajaban los chicharroneros y cómo se preparaba el cerdo para poderlo cocinar. Así aprendió, de vista al principio y luego en la práctica, técnicas para que la carne estuviera bien cocida: tiempo de precalentamiento del cazo, tiempo de cocción, condimentos, orden en el que deben echarse al cazo las piezas de cada parte del cerdo. Descubrió además una receta (secreta) para que a la gente le gustara el producto y que, a juzgar por la cantidad de clientes que atiende actualmente, funcionó muy bien.


Tiene en el lugar casi 10 años, siempre con buena demanda y, aunque a veces anda un poco apurado, lo hace con cariño. Solo trabaja el fin de semana en la preparación del chicharrón y demás derivados, pero entre semana se encarga de buscar los mejores ingredientes, desde la carne hasta los productos para las salsas, para que el cliente pueda saborear un rico desayuno el sábado o el domingo. En ocasiones lo contratan para eventos privados, donde siempre sigue los protocolos de preparación para que los anfitriones e invitados puedan saborear la mejor comida.
No existe en Autlán una sociedad o asociación de chicharroneros, pero hay un aproximado de 8 practicantes independientes de este oficio, más los que tienen carnicería y aprovechan su negocio para preparar chicharrones. Los que son independientes, como él, le dedican un poco de más tiempo para poder buscar los productos de buena calidad.
Daniel piensa seguir realizando su oficio mientras tenga salud, ya que es algo que le gusta, ver que la gente saborea su producto y que se va satisfecho. Por lo pronto solo los fines de semana se pueden comprar sus productos de 7 de la mañana a 3 de la tarde, aunque últimamente termina temprano, pues la clientela ha crecido. Se le puede contratar para eventos particulares en el teléfono 317-104-8075.


martes, 2 de septiembre de 2014

Artes y oficios 9: Ricardo Zorrero, pintor


Ricardo Zorrero es pintor de caballete, trabajo que realiza a la par del de técnico de sonido de autos. Su interés por la pintura nació gracias al famoso programa televisivo de Bob Ross, en el que pintaba en vivo cuadros con diferentes temas. Así Ricardo comenzó a practicar y a aficionarse por la pintura.
Especializado en la técnica de óleo sobre tela, en sus trabajos utiliza los materiales propios de ésta, como pinceles, lienzos, bastidores y, por supuesto, pinturas al óleo. Hace aproximadamente quince años hizo sus primeros cuadros todavía sin intención de venderlos, pero comenzó a llevárselos a su taller de sonido de autos para darles los últimos detalles y su clientela comenzó a interesarse por ellos, con lo que logró las primeras ventas. Poco después comenzó a trabajar por encargo y llegó a tener algunos cuadros a consignación en una mueblería.
Ante la dificultad para conseguir en Autlán los materiales para pintar de manera profesional, dejó esta actividad durante unos ocho años. Ya en 2008 descubrió que acababa de abrir una tienda especializada en artículos para pintores (Gon Mart), lo que lo animó a retomar la pintura. Precisamente en esta tienda surgió la idea, con Ricardo y otros pintores, de realizar las exposiciones en los portales del centro los domingos en la mañana, con la idea de acercar el arte de la pintura al público. Estas exposiciones le dieron un impulso a su renaciente carrera porque más gente pudo conocer su obra y su manera de trabajar.

La media pila.

Actualmente Ricardo Zorrero trabaja por encargo (principalmente paisajes del pueblo, bodegones con pitayas y temas similares, para los que ya tiene clientes constantes) pero también realiza obras de inspiración propia, siendo su género favorito el surrealismo, porque le permite expresar libremente sus ideas y sentimientos. Se declara admirador de la obra de pintores autlenses como Luis Javier Rubio y Gabriel Lima.
Sobre la situación del mercado del arte de la pintura en Autlán, Ricardo opina que es todavía muy poca la gente que la conoce y está dispuesta a pagar lo que vale. Aunque no existe competencia entre los pintores del pueblo porque cada uno tiene a su clientela y su estilo propio, sí tienen una fuerte competencia con la pintura comercial, como los trípticos que se consiguen en tiendas de artesanías, por lo barato que son.
La falta de público es una de las principales desventajas de los pintores autlenses, junto con la carencia de espacios de exposición dignos. Esta carencia es una de las formas en que se manifiesta el poco interés de las autoridades culturales (municipales y universitarias) por impulsar el arte de la pintura en el pueblo.

Colgando del infinito.

Una de las formas en que se puede motivar a los pintores a mejorar y aumentar el interés de los niños y jóvenes por esta arte, según Ricardo, sería la organización de concursos de pintura a nivel regional, como el desaparecido premio Tradición Taurina, que se celebraba en Carnaval. Otra forma sería revivir los concursos de dibujo que había en las escuelas primarias. Según su opinión la falta de espacios de exposición y el desconocimiento de la gente forman un círculo vicioso que difícilmente se romperá sin la intervención decidida de las autoridades.
No cree que el oficio de pintor mejore en cuanto a demanda y difusión en el futuro a corto plazo a menos que mejoren antes las condiciones de promoción que mencionamos antes. Por lo pronto seguirá trabajando con los trazos y los colores tratando siempre de mejorar y, cada que tenga tiempo, saldrá a exponer los domingos por la mañana a los portales del centro.

martes, 29 de octubre de 2013

Artes y oficios 8: Martha García, fabricante de coronas de muerto


En Autlán, más que los altares de muerto, las catrinas y las calaveritas, la forma tradicional de festejar a los muertos ha sido llevándoles coronas a sus tumbas. Desde hace más de cincuenta años existe la costumbre de fabricar, o comprar ya hechas, estas artesanías confeccionadas sobre una base de carrizo o madera forrada con distintos materiales, en los que se forman figuras de flores o se colocan estampas religiosas.
Los materiales más utilizados para fabricar estas coronas son el papel crepé, el papel de china, la huleva, el celofán, entre otros. Este año Martha García, quien se dedica a trabajar distintos tipos de artesanía, comenzó a fabricar coronas de muerto con hoja de maíz.


Martha nos contó que esta técnica es muy común en Chilapa, Guerrero, y en Autlán tiene tiempo usándose para fabricar figuras decorativas, como muñecas, pero muy poco para hacer coronas de muerto. Ella consigue este material aquí en la región, ya limpio y listo para usarse. Le agrega tintes y el trabajo de formar cada pieza de los adornos que llevará la corona, además del trabajo completo de forrar la base de carrizo y colocarle los agregados. Una corona grande y muy elaborada puede tomarle un día y medio de trabajo, desde la preparación de los materiales hasta tenerla lista para entregarla.


Aunque conseguir la hoja de maíz es fácil, su uso en la elaboración de coronas no se ha extendido. Ella cree que paulatinamente se irán popularizando estas coronas porque, aunque son más caras que las de papel, su terminado es más vistoso y resultan más bonitas. La competencia con otros fabricantes de coronas no es problema, pues considera que en estas fechas hay demanda para la producción de todos. Lo que sí le parece negativo es la falta de unión entre los artesanos autlenses.
Por lo pronto trabaja en hacerse difusión en redes sociales, donde exhibe fotos de sus coronas y del resto de artesanías que produce, como las famosas tejas decoradas. Considera a su oficio como valioso para el pueblo, puesto que ayuda a conservar una de las tradiciones de Autlán.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Artes y oficios 7: Graciela Michel Corona, fabricante de dulces artesanales



Esta tarde visité a la señora Graciela Michel Corona en el puesto que esta atendiendo en el jardín Constitución de Autlán, dentro de la muestra artesanal que se instaló aquí con motivo de las Fiestas Patrias. En su puesto vende dulces artesanales, los cuales aprendió a hacer desde pequeña, pues su mamá les hacía a ella y sus hermanos pepitones, elaborados con miel de piloncillo y semilla de calabaza, o gorditas con piloncillo o algún dulce artesanal, es por eso que ella los elabora para que la gente conozca y pueda disfrutar de estos dulces, que actualmente se ven poco debido a la gran variedad de dulces comerciales que existen en todas las tiendas.
Doña Chela, como mucha gente de Autlán la conocemos, comenta que es una actividad que le gusta hacer, pues cuenta con recetas que fueron legadas de generación en generación: su tatarabuela, de origen francés, le paso sus secretos a su hija Anselma Bordes Viñoe, quien después de un viaje de negocios de su papá llegó a Autlán a finales del siglo XIX,  en la que se quedaron a vivir una pequeña temporada, tiempo en el cual su bisabuela se casó con un autlense y solo ella se quedó a vivir aquí formando una gran familia. Desde esa época se elaboran dulces artesanales, con lo que se comenzó a hacer un recetario que fue heredado de hija a hija hasta llegar a sus manos.
Doña Chela prepara sola los dulces y le gusta enseñar a hacerlos, pues no quiere que se perdiera esta tradición. Comenta que no es difícil encontrar la materia prima para prepararlos, pues puede hacer dulces de cualquier fruta o semilla, como el piloncillo, azúcar, cacahuates, amaranto, guayaba, leche, tamarindo, jamoncillo y un sin fin de materiales con los que puede hacer mazapanes, duces de guayaba, garapiñados, bolitas de menta, bolitas de tamarindo, trufas, gorditas de piloncillo, alegrías de amaranto y muchos dulces más.
De manera normal la demanda no es muy buena, pues por desgracia los niños prefieren los dulces de las tienditas, los que por la publicidad son atrayentes para ellos. Son los adultos los que más consumen sus productos y, aunque las ventas no son muy buenas, para ella la mejor satisfacción es que a la gente que prueba sus dulces, sí les gustan y los disfrutan y regresan por más, para probar otro tipo de dulces. Para ella ese es el mejor pago, pues más que por negocio lo hace porque le gusta trabajar, y lo hace por amor al arte y con mucho amor, pues como dice ella, las cosas que se hacen con amor, son más ricas.
Dice que ya no hay muchas personas que realicen este tipo de dulces, pero espera que la gente se interese y busque la manera de prepararlos, pues sería una pena que desaparecieran.

lunes, 3 de junio de 2013

Artes y oficios 6: José Manuel Meza, nevero


En esta época en la que el calor nos hace delirar, no hay nada mejor que tomar algo refrescante. Una nieve puede ser uno de los mejores remedios, y qué mejor si nos la llevan, literalmente, a la puerta de la casa.
Don José Manuel Meza Araiza, originario de La Huerta, Jalisco, quien desde hace 25 años vive en Autlán, se dedica a preparar y vender nieves por las calles de nuestra ciudad. Comenzó hace 20 años como empleado y ahí fue donde aprendió a realizar el preparado, aunque las que conoció al principio fueron nieves de leche o helados, como también se les conoce, así como nieve de agua, no eran preparadas de manera artesanal y siempre se utilizaban colorantes y saborizantes artificiales. Se puso a investigar y cuando pensó en poner su propio negocio, hace 10 años, quiso prepararlas de manera diferente, y conoció la nieve de garrafa, la artesanal.
La nieve la prepara él mismo utilizando, entre otros ingredientes, "maicena" natural, leche entera de vaca, azúcar y fruta de temporada, de la que compra en el mercado. Para prepararla se levanta temprano para ir a comprar los ingredientes de lo que será la venta del día, como ayer domingo, que los sabores fueron: fresa, mamey, guayaba, limón, plátano, vainilla, galleta de chocolate y pitaya.
El tiempo de preparación de cada galón no es mucho, para 10 litros puede tardar 40 a 45 minutos, así que puede preparar hasta 8 o 9 galones para llevar a sus clientes diferentes sabores. Solo cuando es temporada baja, cuando hace frío, la nieve la prepara máximo cada 2 días, no más, por que pierde su sabor natural y se convertiría en mero hielo con color.
Sus principales clientes son los niños pero, la mayoría de las veces, los papás aprovechan para comprarse una nieve y disfrutar junto a los pequeños los sabores.
Don José Manuel dice que la competencia no existe, pues al igual hoy a sus clientes se les antoja otra bebida refrescante, como se le puede antojar una nieve, y mientras haya trabajo para todos no hay problema, pues todos tenemos necesidades y él se siente contento y agradecido con sus clientes, pues nunca le han dejado solo y siempre han consumido su producto.
Pero don José no se quiere quedar solo con su puesto ambulante, quiere progresar y espera poder abrir en algunos días una nevería, en forma, en un localito pequeño, pero al que la gente pueda ir y tomarse una nieve ahí, y con la ayuda de su familia lo va a lograr.
A don José se le puede encontrar todos los días por toda la ciudad, con su característico sonido que anuncia la "Nieve de Garrafa Cony, 100% natural".

lunes, 18 de marzo de 2013

Artes y oficios 5: Alejandro Lázaro, churrero



Desde hace muchos años, sobretodo cuando era niña y que dábamos un paseo por los jardines del centro de Autlán las tardes de domingo, era común ir a comprar unos ricos churros y disfrutarlos sentados en alguna de las bancas. Siempre era con el mismo señor, siempre eran del mismo lugar y casi siempre teníamos que hacer una pequeña fila para poder comprar y disfrutar los churros con azúcar. El día de hoy fui a platicar con don Alejandro Lázaro Segura, el señor de los churros del portal Guerrero.
Don Alejandro es originario de Irapuato, Guanajuato, y tiene en el oficio de preparar churros desde hace 36 años. Dice que por azares del destino y por ayudar a unos amigos fue que aprendió la preparación de este postre mexicano. Esto fue en Manzanillo y ahí se quedó trabajando 6 años, hasta que por invitación de uno de sus amigos, hace más o menos 30 años, vino a Autlán a vender churros por primera vez y ya no se fue, le gustó tanto el pueblo que decidió quedarse aquí.
Su negocio es familiar, pues con él trabajan su esposa María Teresa, su hija y su yerno. Por las mañanas es tranquilo su trabajo en casa, se dedica a comprar las cosas que le pueden hacer falta para la preparación de la masa, la que comienza a trabajar desde medio día. Su receta es secreta, dice que solo quienes trabajan con él son quienes pueden saberla, para que sigan haciendo churros hasta que ellos quieran, pero el secreto se quedará en la familia.
La venta en general es buena, aunque hay días un poco malos y otros en los que les va mejor. Dependiendo del día es como se preparan para la venta, cuando llueve es cuando menos se vende, aunque también depende de la hora de la lluvia, si es antes de las 4 de la tarde la venta puede ser buena, si no, pues es mejor no salir, porque todo mundo esta resguardándose en su casa.


Su clientela es muy variada, pues a todos se les puede antojar comer un churro. Ha tenido gran variedad de visitantes famosos en su negocio, como Carlos Santana, Emilio González Márquez, Aristoteles Sandoval, Alberto Cárdenas, el obispo de Autlán Gonzálo Galván y muchos turistas, quienes disfrutan de sus productos.
Dice don Alejandro que para él la competencia no es tan importante, pues para todos los gustos hay comida, ya sea pan, tamales, tacos, paletas y a quienes les gustan los churros van y los compran con él. Siente que en general le ha ido bien, y que va a seguir preparando los churros hasta que pueda trabajar, y lo mejor es que ha dejado su legado a su hija y a su yerno para que la gente los siga disfrutando. 
Su horario habitual de trabajo es de 6 de la tarde hasta 9 o 10 de la noche, dependiendo de cómo vaya la venta, y lo pueden encontrar en el portal Guerrero, donde pueden disfrutar unos ricos churros y por la compra pueden disfrutar gratis un delicioso y aromático café de olla, que él mismo prepara.
Y como dice don Alejandro: "No fui el primer churrero de Autlán, pero sí el que primero les dio un cafecito para que disfrutaran sus churros".


martes, 18 de diciembre de 2012

Artes y oficios 4: Alicia Simón, diseñadora con recortes

Trabajar con recortes de papel puede parecer una actividad para niños de preescolar, pero hay para quienes esto puede convertirse en un arte. Scrap design puede traducirse como diseño con recortes, aunque el nombre original de esta actividad es scrap book, la cual en Estados Unidos lleva más de medio siglo trabajándose, pero en México no hace más de 8 años. En Autlán no hay un antecedente de este tipo de diseño, que consiste en crear objetos decorativos mediante el recorte y armado de piezas de papel.
Alicia Simón Domínguez, originaria de Tampico, Tamaulipas, pero que desde pequeña vive en Autlán, es quien trabaja este tipo de manualidades, cuyo principal material es el papel, ya sea de colores, impreso, o el que puede comprar en tiendas especializadas que ya ha ubicado en la ciudad de Guadalajara. Cualquier tipo de papel es útil para este trabajo, incluso el reutilizado. Los recortes los puede hacer de manera manual o con una máquina especial, perforadoras o tijeras especiales, todo para poder crear desde un copo de nieve para una pequeña tarjeta de navidad hasta una letra gigante para decorar alguna pared.
En sus diseños Alicia siempre busca cosas nuevas y diferentes, además que nunca repite los trabajos, salvo que sean bolos para fiestas infantiles o especiales como en esta temporada de navidad, pero aún así cada pieza tiene un sello único. En todos los diseños que realiza busca la innovación. Los trabajos que más le solicitan son invitaciones para eventos sociales, pero el trabajo en scrap se está dando a conocer en Autlán y poco a poco va creciendo la variedad de la demanda, pues la gente que va conociendo y le gusta, va recomendando el trabajo que realiza Alicia.

Con una experiencia de 20 años como diseñadora y desde hace 5 años trabajando y especializándose en el scrap, Alicia dice que quiere seguir trabajando y presentándole a las personas que acudan a su tienda los trabajos que realiza, pues es una actividad que le gusta mucho, le relaja y disfruta al máximo y que le ha dado gratas experiencias, pues no hay nada mejor que ver a un cliente satisfecho llevarse uno de los productos que son creados con imaginación, cariño y entusiasmo.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Artes y oficios 3: Jorge Ramos, tejuinero



El tejuino es una bebida refrescante hecha a base de maíz, muy apreciada en Autlán y otros pueblos de la región debido a su clima caluroso. Por eso los tejuineros suelen ser personajes muy bien vistos. Jorge Ramos es uno de ellos, con quince años de experiencia en la preparación y la venta de este antiguo y tonificante brebaje.
Jorge ya tiene muchos años vendiendo tejuino junto a la Plaza Cívica, en la entrada del callejón que comunica este espacio con la calle Clemente Amaya. Ahí es posible encontrarlo diario a partir de las 11 de la mañana y hasta más o menos las 4 de la tarde. Aunque de hecho su jornada comienza mucho antes: se levanta siempre muy temprano para preparar la masa de maíz pura, sin otros ingredientes (como maseca), misma que pone a cocer en una olla vaporera para preparar la base del tejuino. En este proceso utiliza otros ingredientes, como azúcar, piloncillo y agua, con lo que queda listo el tejuino "del día", sin más fermentación que la del transcurso de la mañana y la que le da el fuego. Pero no es todo lo que Jorge prepara temprano. También dice que se prepara mentalmente para darle una buena cara y servicio a sus clientes y amigos.


Ya con sus ingredientes listos, empuja su pulcro carrito de madera hasta la Plaza Cívica, a tiempo para ofrecer tejuino a los estudiantes que salen del CUCSur y del Centro Escolar Chapultepec a mediodía. En este lugar ya es el único tejuinero, de varios que había hace unos años, debido a la baja de la demanda que desencadenó la mudanza de la prepa a sus nuevas instalaciones. No obstante, Jorge es optimista, no siente que las populares neverías y expendios de aguas frescas sean competencia para él y su proudcto, que "es único" y "forma parte de la cultura del pueblo y no dejará de venderse", como comenta demostrando el conocimiento de su negocio.
Jorge Ramos se siente contento con su oficio, que considera digno y apreciado por los autlenses, cosa que nota en el hecho de tener clientes que mantiene desde que fueron niños hasta ahora que ya son papás. Él se siente útil, que aprovecha un don que le dio Dios para dar el servicio de refrescar a la gente en el, a veces, inclemente clima de Autlán.
En sus 15 años de carrera solamente recuerda un incidente negativo, que fue cuando una directora del Centro Escolar pidió al Ayuntamiento retirar a los vendedores instalados en la plaza, aunque esta situación fue pasajera porque Jorge cuenta con la licencia y el permiso correspondiente para vender tejuino en ese lugar. En cambio, lleva una excelente relación con los estudiantes de la zona (sus principales clientes) y con los papás de estos, que incluso utilizan su carrito como punto de referencia para encontrarse con sus hijos.
Jorge dice que les vendía tejuinos a personajes como la Güera Oregel o altos funcionarios del Ayuntamiento de Autlán cuando eran estudiantes y que de vez en cuando regresan a hacerle consumo. Jorge Ramos no es solamente un comerciante, es depositario de un conocimiento ancestral y de parte importante de la cultura autlense, además de proveedor de una de las mayores delicias de nuestra gastronomía.


jueves, 30 de agosto de 2012

Artes y oficios 2: Francisco Vargas, ceramista



En una viejísima casa de la calle Santos Degollado está el taller de Francisco Tito Vargas, el único ceramista de la región especializado en reproducir figuras prehispánicas en barro.
Tito comenzó ya hace más de veinte años en el oficio de ceramista, específicamente diseñando y fabricando figuras de porcelana, el material más caro y difícil de trabajar dentro de la cerámica, aunque tuvo que dejarlo ante la poca demanda y la dificultad de integrarse de forma competitiva en un mercado tan elitista. El siguiente paso fue el trabajo en barro, que todavía desarrolla.
Aunque es capaz de hacer cualquier trabajo con este material, decidió especializarse en la reproducción de figuras prehispánicas de las culturas de Occidente, con la intención de difundir el arte de estas civilizaciones, que son de las menos conocidas entre todas las culturas mesoamericanas. Con su respectivo permiso del INAH para reproducir estas piezas (que no incluye el proceso llamado de oxidación, que hace que las piezas parezcan antiguas), siempre que tiene acceso a una figura prehispánica original la analiza en todos sus elementos para hacer su copia.

Figura de la tradición Ameca

Tito es un artesano en todo el sentido de la palabra: él mismo prepara sus materias primas y herramientas de trabajo y conoce todo sobre ellas: lo mismo sabe la composición química de cada uno de los doce barros que utiliza que la manera de construir una herramienta para cada nuevo terminado. Las piezas que fabrica tienen su origen en los cerros del municipio, donde Tito recolecta el barro en lugares específicos que ya tiene reconocidos. Ahí recoge la "piedra" de barro y la lleva a su taller, donde la muele, la cuela y la depura, es decir, elimina todos los elementos extraños (piedras, arena, basura) y lo deja listo para modelarlo. Usando moldes o, en el caso de las figuras prehispánicas, el modelado directo, puede producir decenas de figuras cada día, pasándolas por el horno eléctrico o por los hornos de carbón o gas que tiene disponibles.
Aunque tiene herramienta de fábrica, la mayoría de sus implementos son hechos por él con materiales reciclados, como clavos, tubos de aluminio, palitos de madera, cepillos de dientes... según la necesidad que tenga al realizar una nueva pieza (hacerle un dibujo, bruñir una pieza con poco espacio) improvisa una nueva herramienta.
Su trabajo, a diferencia del que se puede encontrar en sitios populares como Teotihuacan, no incluye materiales como resinas o piedras, sino que es una reproducción fiel de las figuras originales.
Sus piezas, entre las que se encuentran los popularísimos silbatos, las vende casi todas en ferias artesanales de diferentes lugares del Estado y sus alrededores, preferentemente en las de Chapala, Guadalajara, Puerto Vallarta y la ciudad de Colima y Manzanillo. Ahí es donde tiene contacto con sus mejores clientes, que son los turistas extranjeros, sobre todo los europeos, que saben reconocer una copia fiel de las figuras prehispánicas originales, que muchas veces conocen mejor que los mismos mexicanos. Ya tiene clientes que se han convertido en coleccionistas de su trabajo y que cada año lo buscan para comprar sus novedades. En Autlán hay un solo negocio, ubicado en la calle Guadalupe Victoria, donde se puede conseguir su producción (aunque solamente se encuentran los collares y silbatos), además del puesto que instala en cada Carnaval.
Sobre esta forma de vender tiene una anécdota: en una exposición artesanal que hubo en Autlán en 2009, donde además se presentó el folclorista Pancho Madrigal con su grupo El Borlote, llegaron estos músicos a curiosear lo que él ofrecía, sin que Tito los reconociera. Cuando comprobaron el sonido de los silbatos les sorprendió lo bien que se oían, por lo que le dijeron que estaban "muy bien afinados". Sin saber Tito nada de música, les explicó que el sonido se debía a ser copias fieles de las piezas originales, lo que convenció a los borloteros de comprarle varios silbatos.

Silbato

Además de las reproducciones de piezas prehispánicas, Tito Vargas también hace collares, ollas, lámparas y una infinidad de figuras en barro. Tiene también artesanías en concha y hueso y piensa experimentar con la madera. Estos son algunos de sus trabajos:

Collar de dientes

Aretes de hueso


En Autlán, donde no hay ningún antecedente de este tipo de artesanía, el interés de la gente hacia ella es muy pobre, por lo que tampoco hay gran demanda. Esto lo atribuye Tito al bajo nivel cultural del pueblo, que no le permite conocer ni apreciar su pasado indígena.
Para él, el principal beneficio que le da a la sociedad con si oficio es la difusión de la artesanía prehispánica. Aunque dice tener la capacidad instalada para producir hasta el equivalente de 1,500 pesos diarios, trabajando solo, él prefiere trabajar al ritmo que lo hace actualmente, satisfaciendo la demanda que tiene y difundiendo entre las personas que se interesan la cultura mexicana. Duda que este oficio se popularice y perfeccione a mediano plazo en México.
La próxima vez que veamos a un artesano en una feria hay que platicar con él para conocer su trabajo y, si nos gusta, pagarle el precio justo por lo que vende. Como podemos ver, no todos venden piezas chinas o reproducidas en serie.

martes, 24 de julio de 2012

Artes y oficios 1: Chore Gómez, tatuador


De los oficios que practicamos los más de 50,000 habitantes de Autlán, uno de los menos comunes es, sin duda, el de tatuador. Si es difícil encontrar un tatuador, todavía más difícil es que además haga sus propios diseños, tenga todo el equipo necesario para hacer un tatuaje y además cumpla con todas las medidas de higiene. De hecho, nada más hay uno: Emmanuel Chore Gómez.
El Chore apenas cursaba la prepa, hace ocho años, cuando comenzó a practicar con máquinas de tatuar, hechizas. Al darse cuenta de que la calidad de sus dibujos "no era tan mala", decidió tomar el riesgo de adquirir una máquina profesional, con un crédito bancario. Así ínició su carrera, donde refiere no haber dejado de aprender técnicas y adquirir recursos para mejorar sus diseños. Eso sí, como requisito previo, sin el que no hubiera podido dedicarse a tatuar, está la facilidad y el gusto por el dibujo, habilidad que tiene desde niño.
Los antecedentes de personas que se dediquen a hacer tatuajes en Autlán no van muy lejos: apenas un par de personas lo hicieron antes, aunque siempre de manera artesanal, sin equipo profesional ni medidas de higiene.
Actualmente, en su establecimiento ubicado en la calle Carrillo Puerto, muy cerca de la unidad deportiva Chapultepec, el Chore ofrece el servicio de tatuajes y perforaciones. Allí dibuja en la piel de sus clientes los diseños que ellos mismos le llevan o los tatuajes que, a partir de una idea vaga, le piden que diseñe. También puede asesorarlos para mejorar o terminar de plasmar en un dibujo lo que la gente quiere expresar.
Con una demanda creciente, actualmente atiende a un promedio de cinco personas con ganas de tatuarse cada semana. El Chore refiere que, aunque parezca extraño, el rango de edad de su clientela es bastante amplio: desde adolescentes, muchas veces acompañados de sus papás, hasta personas mayores de 50 años, aunque la mayoría de quienes desean tatuarse tienen entre 20 y 35 años. En estos días lo que más pide la gente son los caracteres árabes o del lejano Oriente, además del clásico tribal, que no pasa de moda. Aunque hay muchos que desean tatuarse para expresar alguna idea o creencia (nombres, imágenes religiosas, alegorías), también abundan quienes solamente persiguen una intención estética, es decir, algo que los haga verse mejor.
Todo el material que utiliza (guantes, agujas, cubrebocas), que tiene que conseguir en tiendas especializadas de Guadalajara, es desechable y su equipo se esteriliza de forma profesional periódicamente. El material desechable, además, es colocado en un contenedor especial y tiene el mismo destino que los desechos de los hospitales y centros de salud.



El Chore cuenta que en Autlán todavía existe el prejuicio de calificar a quienes ostentan un tatuaje como malvivientes o malandrines. Sin embargo, nota que esta idea va desapareciendo, conforme la gente se acostumbra a ver a más personas tatuadas convivir en armonía con los demás y a apreciar tatuajes bien diseñados y bien dibujados. Dice que hay gente que, aunque no le guste la idea de hacerse tatuajes, sabe apreciar uno bien realizado. Cree que esto hará que el negocio vaya creciendo y que surjan más tatuadores en el futuro.
El establecimiento de Chore Gómez es un lugar especializado en la cultura alternativa: además de  hacer tatuajes y perforaciones, también vende ropa, accesorios, joyería y música de artistas alternativos regionales, además de organizar eventos como el festival La Pachanga.
Con la premisa de nunca chafear y ser congruente siempre con sus gustos y forma de vida, el Chore trabaja bajo el lema de que "si te gusta tu trabajo, nunca tendrás que trabajar".



En esta liga puede verse una muestra del trabajo de Chore Gómez.