CulturAutlán
Una ventana hacia la identidad autlense.
jueves, 30 de abril de 2026
Una sesión del club de lectura Livre en la Feria Municipal del Libro de Autlán
Un taller de libro cartonero en la Feria Municipal del Libro de Autlán
Cobián, quien es profesor en la
Escuela Preparatoria Regional de El Grullo desde hace más de 30 años y tiene
una trayectoria de cuatro décadas en la escritura y la difusión de las letras,
comenzó su exposición con una plática sobre el nacimiento y desarrollo de la
comunicación escrita, desde las tablillas sumerias hasta los documentos digitales
de la actualidad, con algunos hitos como la imprenta y el desarrollo de otros
materiales que, a lo largo de la historia, han permitido facilitar la escritura
y su difusión entre más personas.
Explicó que, desde la década de
1980, cuando regresó a Autlán luego de haber salido de aquí para estudiar Medicina,
formó un grupo literario con antiguos compañeros de la prepa: Arnulfo Álvarez,
Joaquín Cuéllar y Francisco Javier Benavides. Con este grupo, entre otras
actividades culturales, comenzó a publicar de manera artesanal los cuentos que
ellos mismos escribían, con lo que fue desarrollando una técnica de impresión y
encuadernación de lo que hoy se conoce como edición cartonera.
Al paso de su plática, fue
sacando de una bolsa distintos implementos y materiales para la fabricación de
un libro, como piezas de cartón usado, un picahielo, pinzas, una aguja estambrera
y pintura. Lo primero que hizo fue crear la portada con un trozo de cartón, al
que le aplicó pintura y unas calcas con el título del libro y de la editorial,
luego sacó las hojas del libro, que imprimió en su casa, las colocó sobre un
artefacto creado por él con cartones y que le sirve para perforar adecuadamente
el lomo de las hojas ya dobladas, por donde pasará el hilo que las mantendrá
unidas a la portada. Todo este proceso lo fue explicando junto con el origen de
cada pieza y cómo fue desarrollando esta técnica, que permite dar una segunda
oportunidad a materiales de desecho y evita que lleguen al basurero, mientras
se abre una posibilidad de dar a conocer la obra de quienes escriben pero no
tienen acceso a editoriales.
miércoles, 29 de abril de 2026
La revista Brevaria estuvo presente en la Feria Municipal del Libro de Autlán
Andrea Reynoso Gutiérrez, fundadora
de la revista, recordó que ésta comenzó a circular en septiembre de 2025 y
nació como una necesidad personal, de dejar constancia de lo que está ocurriendo
en Autlán en el ámbito cultural. A la fecha se han publicado seis números, cada
uno de ellos fue comentado por Andrea y Susana: quién es el personaje que
aparece en la portada y cómo fue elegido, quiénes aportan textos en cada número
y qué temas se abordan en ellos: ha habido artículos sobre cine, artes
plásticas, música, historia, literatura y otros temas, de autores como Carmen
Dom, Guillermo Tovar, Susana Rodríguez, Raúl Lizaola, entre otros. También habló
de otros proyectos paralelos a Brevaria, como el programa de entrevistas
Mientras el café se enfría, que se publica en Facebook y en el que han
participado Miriam Vaca, Pepe Uribe, Álvaro Díaz y otros actores culturales de
Autlán y la región.
Susana Rodríguez, originaria de
Lagos de Moreno y avecindada en Autlán desde hace algunos años, quien es periodista
y colaboradora de Brevaria, compartió algunas consideraciones sobre la
importancia de las revistas culturales impresas, tanto como un espacio de
expresión para los artistas y otros factores culturales como para dejar documentada
la actividad cultural en el lugar en que se publican, así como los temas de los
que se está escribiendo y están en la discusión pública. Esta importancia trasciende
la época en que las revistas son publicadas y llega hasta las generaciones
futuras.
Para financiar el proceso de
publicación de una revista como Brevaria, según Susana Rodríguez, son
fundamentales los lectores que la compran y la leen, así como los
patrocinadores que se involucran en ella. También mencionó que, a pesar de los
vaticinios que se han difundido, las revistas y los libros impresos no están
cerca de desaparecer.
A la presentación fueron
invitados dos de los autores que han publicado recientemente en Brevaria. El primero
fue el diseñador de modas Álvaro Uribe, quien además tiene una obra de dibujo
artístico de tema homoerótico que fue el tema con el que apareció por primera
vez en la revista; sobre su experiencia publicando en ella dijo que le resultó
sorpresiva la invitación pero agradece el interés en su obra y le parece
importante que exista esta plataforma para los artistas locales. En el número 6
de la revista publica el poema Amante estoico, mismo que leyó en voz
alta para concluir su intervención.
Otro invitado fue el profesor
Raúl Enríquez Lizaola, quien tiene en su haber la publicación de tres poemarios
y ha publicado algunos de sus textos en Brevaria. Dijo que es una oportunidad
especial estar a la vista de todos en una publicación de este tipo, a la que
comparó con un vehículo nuevo en el que puede trasladarse a otros lugares. Para
terminar, leyó su poema Vagabundo de cristal.
Algunos de los asistentes
hicieron preguntas a las presentadoras, de cuyas respuestas pudimos conocer que
el nombre de Brevaria hace referencia a la brevedad temporal pero también de
cercanía, el concepto nació en un café de la ciudad de Tepic cuando Andrea
estudiaba en la Universidad Autónoma de Nayarit y, junto con algunos compañeros,
idearon publicar una revista cultural, que solo tuvo un número. El proyecto
renació en Autlán, de donde Andrea es originaria, y esperan que siga mucho
tiempo más.
Presentó Luis Gómez su libro Luces en el lago
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| Luis Gómez (izq.) y Esdras López. |
Para comenzar con la presentación,
el director de Cultura del municipio de Autlán, Esdras López Mundo, leyó una
semblanza del autor, quien es psicólogo de formación y participante en los
talleres literarios de la Sociedad General de Escritores de México. Enseguida,
Luis Gómez recordó un momento de su vida que lo orientó hacia la literatura: en
una ocasión escuchó en el teatro Degollado al escritor Juan Rulfo leyendo en
voz alta su cuento No oyes ladrar los perros, causándole una profunda
impresión al oír las inflexiones e intención que le daba a la lectura el mismo
autor del cuento, lo que le hizo nacer el deseo de alguna vez leer un texto
suyo para un público, como lo ha hecho en las presentaciones de Luces en el lago.
El autor explicó que en Luces
en el lago se incluyen 26 cuentos, cuyos protagonistas se enfrentan a
sentimientos encontrados y situaciones sorpresivas, como ocurre en la vida de
cualquier persona. Los textos están organizados dentro del libro por temas:
suspenso y misterio, fantasía y simbolismo, realismo existencial, drama
psicológico, narrativa introspectiva y lírica y realismo social; define a su
publicación como un proyecto familiar, en el que su esposa participa también
con la pintura El árbol de la lira, que aparece en la portada. Esta referencia
a un símbolo de la región de Tenamaxtlán, como es el árbol de la lira, no es
fortuito: en los cuentos que integran el libro se reúnen consejas populares,
historias reales que impactaron a los vecinos, creencias, entre otros elementos.
Homenaje póstumo al doctor Gregorio Rivera Morán
El primer momento de la velada
fue una intervención musical de un trío conformado con integrantes del grupo
Los Imprudentes, quienes interpretaron con dos guitarras, trombón y voz las
canciones Lagunas, Corazón partío y San Lucas. Este breve
concierto estuvo a cargo de los guitarristas Emilio Velasco y Paúl Mendoza y Esdras
López Mundo al trombón y voz.
Enseguida, el profesor Carlos
Efrén Rangel, de la UPN, leyó una semblanza biográfica y profesional del
homenajeado, con la que supimos que el doctor Gregorio nació el 14 de
septiembre de 1945 en Autlán, donde estudió hasta el bachillerato. Como otros
jóvenes de su generación, tuvo que salir del pueblo para formarse
académicamente, consiguiendo la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración
Pública en la UNAM y posgrados en esa misma casa de estudios, en la Universidad
de Guadalajara y en el CIESAS. Según esta semblanza, Gregorio Rivera dedicó más
de cinco décadas de su vida a la docencia: desde 1972, cuando comenzó a dar
clases en un Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM hasta 2025, año de su
fallecimiento, dedicando buena parte de este periodo a la UPN de Autlán, donde
además de dar clases emprendió investigaciones en el ámbito de la educación, de
las que se mencionaron algunos títulos. Vivió en la Ciudad de México desde su
época de estudiante, cuando le tocó vivir en carne propia el movimiento del 68,
y allá formó su familia, con la que se mudó a Autlán luego del terremoto de
1985.
La coordinadora de Posgrados de
la UPN Autlán, Martha Leticia Rangel Zamora, dio un emotivo mensaje sobre la
personalidad del doctor Gregorio Rivera, con quien trabajó durante más de 15
años. Lo definió como un hombre culto y generoso que transmitía paz, cuyas
pláticas eran tan ricas que daban ganas de grabarlas para escucharlas de nuevo;
entre las virtudes del doctor Rivera mencionó su claridad de ideas y su
inteligencia, acrisolada en una formación sólida, con el añadido de que no fue
alguien que estuviera persiguiendo el protagonismo.
A nombre de la familia, el ex
presidente municipal de Autlán Fernando Morán Guzmán, primo hermano del doctor
Gregorio, agradeció a los organizadores del homenaje, que consideró muy
adecuado dentro de la Feria al tratarse de un hombre dedicado a las letras,
quien poseyó la que él considera la biblioteca particular más grande de Autlán,
con alrededor de 50 mil volúmenes. Dijo que el homenajeado no solo leyó y
entendió la historia sino que le tocó vivirla, en referencia al movimiento del
68; fue un hombre comprometido con la educación, actividad que fue su misión de
vida.
martes, 28 de abril de 2026
Se presentó “El Libro Rojo” de Paulina Velázquez en la Feria Municipal del Libro Autlán 2026
En la Feria Municipal del Libro de Autlán se presentó Sayula, Vargas
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| Guillermo Tovar (izq.) y Ricardo Cortez. |
Dentro del programa de la Feria
Municipal del Libro de Autlán fue presentado la noche del sábado 25 de abril el
libro Sayula, Vargas del investigador Ricardo Cortez Guzmán. Con la asistencia
de unas 20 personas, la presentación comenzó a las 19:15 horas.
El cronista de Autlán, Guillermo
Tovar Vázquez, abrió la presentación con la lectura de un texto preparado para
esta ocasión, en el que mencionó las referencias más generales de la loza de Sayula
y de Epigmenio Vargas, que son las que la mayoría conoce y que diversos autores
han repetido en sucesivas publicaciones, así como de la muy poca difusión que
se ha hecho de ella. Sin embargo, con la investigación de Ricardo Cortez, de la
que este libro es apenas un producto, hemos podido darnos cuenta de la falsedad
de muchas afirmaciones sobre esta artesanía y del verdadero valor artístico que
tiene, así como de los motivos para su desaparición, entre el siglo XIX y el
XX. Explicó también cómo este volumen, a diferencia de su antecesor, titulado Loza
de Sayula, está más dedicado a la información histórica de las familias
loceras que trabajaron en Sayula en el siglo XIX, cuya figura más conocida es
Epigmenio Vargas; habló de la manera en que la información está organizada y
cómo entre cada capítulo, a manera de transición, el autor agregó imágenes de
piezas de esta cerámica que están en colecciones particulares o que él mismo ha
rescatado. El texto completo se puede leer en este enlace.
Ricardo Cortez, quien se definió
como “un servidor de la loza de Sayula”, habló del alcance de su investigación,
que ha implicado diez años de revisión de documentos, vínculos familiares e
indicios de la loza sayulense que se han generado durante siglos. Recordó la presentación
de su primer libro en agosto de 2022 en el Museo y Centro Regional de las Artes
de Autlán, a la que trajo también algunos ejemplos de esta cerámica,
recolectados bajo la premisa de su maestro Otto Schondube de que la arqueología
se hace con los pies, indagando en casonas sayulenses la existencia de cacharros.
Ricardo también refirió los mitos alrededor de la loza de Sayula que, junto con
el desconocimiento de ella y de quienes la fabricaban, fue la idea detonante del
inicio de su investigación.
Según mencionó el autor del
libro, en un homenaje a Epigmenio Vargas realizado en Sayula en 2023, se dio
cuenta del abismo de desconocimiento que había sobre la loza de Sayula, sus
estilos, fórmulas y creadores. En este contexto, Ricardo tuvo un sueño en el
que alguien le mostraba, en el santuario guadalupano de Sayula, un retrato de
la mamá de Epigmenio Vargas, lo que lo animó a hacer una nueva investigación
para conocer el origen de esa familia, cuya genealogía forma parte de Sayula,
Vargas. En esta investigación desmontó mitos como el supuesto origen español
de Epigmenio y el de que era hijo único. Al tener la información de la familia Vargas,
emprendió la búsqueda de la información de otras familias, como los Quintero y
los De la Cruz, que también se dedicaban a la fabricación de loza en Sayula, de
las que también estableció sus enlaces y orígenes.
El autor dijo también que no era
raro que en Autlán se comercializara loza de Sayula, al haber comprobado la existencia
de lazos familiares entre los Quintero y personas de Autlán, lo que podría explicar
el origen del Viacrucis que, según don Rubén Villaseñor Bordes, existió en el
atrio del templo de Las Montañas. En el libro Sayula, Vargas no solo se
transcriben documentos sino que se da un contexto histórico del siglo XIX en
esa ciudad y sus alrededores, tratando de explicar las condiciones en que
trabajaron los loceros. Ellos vivieron, cuando la demanda de su producción vino
a menos, dificultades económicas serias, por lo que abandonaron este oficio
paulatinamente y, en el caso de Epigmenio, murió en la pobreza el 7 de
septiembre de 1904, siendo sepultado en fosa común.
En la exposición de Ricardo se asoma
el dominio del tema, obtenido en años de estudio pero también de práctica: explica
la composición química de los elementos que se utilizaban en la loza de Sayula,
los enlaces familiares entre sus productores, los sitios en que ejemplares de
esta loza se han podido encontrar y cómo fue que llegaron ahí, los usos de la
loza de Sayula y el valor cultural que tiene en la identidad jalisciense. Por cierto,
el título de Sayula, Vargas viene de que Epigmenio Vargas es “la llave
generosa” que permite conocer a las demás familias loceras de Sayula.
Escritores cihuatlenses en la Feria Municipal del Libro de Autlán
Luego de un mensaje de bienvenida
por la regidora Myriam Luján Espinoza, el jefe del Archivo Histórico de Cihuatlán
y director de Galeón Editores, Edgar Ernesto García de León, presentó a los
escritores que vinieron a mostrar su obra en Autlán, un total de siete autores
de poesía, cuento, ensayo, novela y hasta textos técnicos de finanzas. A lo
largo de las siguientes horas, cada uno de ellos subió al estrado para comentar
su obra, leer algunos pasajes de ella y responder preguntas del público, en el
siguiente orden:
El narrador Ulises Mar, acompañado
por el poeta Alejandro Robalo y el ilustrador Julio Vázquez, presentó su primer
libro publicado en solitario, ¿Qué pensará Dios?, en el que incluye
cuentos, crónicas y retratos, estos últimos son perfiles o semblanzas de
personas que se han cruzado en la vida de Ulises en determinados momentos, con
alguna característica que los hace distintos y dignos de recuerdo. El autor
comentó algunos de sus textos, su origen y tema y cómo fue que decidió escribir
sobre ellos y, sobre todo, darlos a conocer al mundo en papel: así conocimos
algunas consideraciones sobre la divinidad, la historia de un taxista enamorado
y las sentencias filosóficas de un taquero guzmanense. Sobre esta “miscelánea
de textos”, Robalo dijo que es una literatura difícil, de un humor sutil que ya
se escribe poco y que debe leerse con atención. El autor, para concluir, leyó
su cuento El búho y un fragmento del retador ¿Qué pensará Dios?
Juventino Chávez Figueroa es guía
de turistas y vino a presentar su libro Apuntes de aquí y de allá, del
que dijo que nació del bullying que sufre por compañeros de trabajo debido
a las vivencias que le ha tocado afrontar en su vida, algunas de las cuales parecen
increíbles. Aún con esas burlas, lo animaron a escribir y dar a conocer estas
historias, que además de entretener buscan plantear al lector problemas
filosóficos. Así lo supimos al escuchar su lectura del texto Dinero de la
nada.
La poeta Flor Estrella Martínez
Roque, a quien conocimos en Autlán en el pasado Festival de Poesía Antonio
Alatorre, presentó la antología La sangre que nos une, en el que se incluye
obra de siete mujeres que escriben poesía en la actualidad, algunas de la
cuales ya son reconocidas y han ganado premios: Silvia Madero, Fátima Lupián,
Andrea Ramos, Paulina Velázquez, la misma Flor Estrella, Michelle Pizano y Sam
Torres. Explicó que los textos abordan temas como el linaje, la maternidad y
situaciones familiares, temas divinos, sociales y políticos y, en la parte
final, titulada Perfiles, una autodescripción realizada por cada una de las
autoras. La presentación de Flor Estrella incluyó una dinámica en la que los
asistentes leyeron algunos de los poemas del libro, desde un ejemplar que
estuvo circulando entre ellos. Este es un libro hecho de manera artesanal en la
editorial Libro de Arena y está ilustrado por Yadeli Arroyo, con prólogo de
Anaclara Muro.
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| Algunos libros cihuatlenses. |
María Isabel Cabrera Cervantes,
originaria de Melaque, es un caso de una escritora que tuvo hasta su edad
adulta las condiciones para dedicarse a escribir y publicar. Aunque desde joven
escribía, fue cuando falleció su madre que se decidió a escribir pasajes de su
vida, pensando en que sus hijos los leyeran y, a través de ellos, la
conocieran, luego de reflexionar que ella no conoció a su mamá a cabalidad. Su primer
libro tuvo un tiraje muy limitado porque estaba pensado para circular solo
entre su familia, aunque luego vendrían más impresiones y más libros: a la
fecha lleva siete publicaciones, entre las que hay cuentos, novelas y poesía,
con títulos como Odiseas de María Isabel, El columpio y el guamúchil, La cereza
de mi pastel. Para cerrar su presentación, leyó el poema Miradas.
Enseguida, José Antonio Rivera Orozco,
originario de Ocotlán pero avecindado en Melaque desde su infancia, comentó los
libros colectivos La importancia de las finanzas en las PYMES de México, Cuentos
e historias fantásticas de Cihuatlán y Poemario cihualteco, en los
que él aporta textos de distinta índole: historias como la del árbol de la
bruja y la de san Camillo, poemas sobre las virtudes y el amor y sobre
herramientas de estructura financiera.
Alejandro Robalo volvió al
escenario para presentar su primer poemario, La poesía de Enrique Lacalle,
al que definió como un libro cihualteco desde el dibujo, la editorial y los
textos. En él, su autor retoma la tradición quijotesca de inventar un personaje
a quien se atribuyen los textos publicados, en este caso un hombre desconocido
que al morir deja en su casa unos papeles en los que escribió una historia
relacionada con el mar y el viaje constante, que son los poemas que integran el
libro.
Para concluir la sesión, el
editor Eder Galeón (Edgar Ernesto García de León), explicó que en su editorial
Galeón Editores ha publicado 48 libros de autores de Cihuatlán y la región, sin
costo para ellos pero con la exigencia de concluir sus proyectos de publicación.
En este sentido, invitó a los presentes a buscar la trascendencia por medio de
la escritura, dejando escritas sus memorias, opiniones y sentimientos. Presentó
también el libro Álbum fotográfico. Historia de Barra de Navidad, integrado
con fotografías de ese sitio de la Costa de Jalisco tomadas entre 1940 y 1970,
con la intención de mostrar los cambios que han ocurrido ahí, para bien y para
mal, y las consecuencias que han sufrido sus habitantes por no levantar la voz
oportunamente.
lunes, 27 de abril de 2026
Presentación del Mosaico Literario del Sur de Jalisco en la Feria Municipal del Libro de Autlán
Guillermo Tovar abrió la presentación
recordando al escritor tonayense José Trinidad Lepe Preciado, quien ese viernes
cumplió 24 años de su fallecimiento. Dentro de su comentario, leyó el poema Qué
alto era mi padre, del también autor de Pedro Zamora. La voz del viento.
Enseguida, Andrea Reynoso explicó
que el origen de la idea de conformar estos Mosaicos fue en la Casa Taller
Literario Juan José Arreola el 5 de septiembre de 2024, luego de la presentación
en ese lugar del libro Cien años de Antonio Alatorre, en una
conversación con Ricardo Sigala sobre lo interesante que sería escuchar a los grandes
escritores de la región hablar sobre sus pueblos. Ante la imposibilidad de esa
conversación, se emprendió la investigación sobre los indicios de estos escritores
en los pueblos en que vivieron. Enseguida, habló del poeta autlense Salvador
Cortés, que ella aborda en el segundo volumen, un personaje que dejó una
importante obra literaria que en su mayor parte no se publicó y está desperdigada,
en la que plasmó “una esencia que nunca se quebró”, retratando escenas de la
vida cotidiana del pueblo y los cambios que ocurrían aquí en las primeras décadas
del siglo XX. Cortés no solo escribió poesía, sino también ensayos históricos y
otros textos, que en opinión de Andrea deberían ser antologados y su autor
reconocido en todo su valor. Ella leyó también el texto que sirve de
introducción a su ensayo y el poema de Salvador Cortés A mi progenitor.
Agradeció a la señora Nena Cortés, hija de don Salvador, por compartirle los textos
que ella conserva y que sirvieron para publicar una plaqueta en el año 2024,
cuando se le rindió un homenaje a don Salvador en el Festival de Poesía Antonio
Alatorre de ese año.
Guillermo Tovar inició su
intervención con un comentario sobre el centralismo, repudiado en Guadalajara
como un mal que ocasiona que sea en la capital del país donde se tomen las
decisiones y se concentren los recursos de todo el país, aunque en Jalisco esta
situación se reproduce concentrando en Guadalajara la mayor parte de la
atención de las instancias públicas. En este sentido, el trabajo que fructificó
en estos dos volúmenes del Mosaico Literario es un esfuerzo en el sentido de
eliminar el mal del centralismo, puesto que se está haciendo investigación en
las regiones que tienen mayor tradición literaria, por investigadores de esas
mismas regiones y abordando a autores de ahí mismo. Sobre el sur de Jalisco,
recordó que aunque de aquí son originarios algunos de los escritores más
celebrados, hay también una cantidad importante de escritores que, teniendo una
producción variada y de calidad, no han tenido la misma difusión que las
grandes figuras de las letras. A esta difusión es que están dedicados estos
Mosaicos.
domingo, 26 de abril de 2026
Fue presentado el libro “La cicatriz de un sueño”, de Roberto Miranda
Marcela García Rojas, de la biblioteca
Antonio Alatorre del CUCSur, abrió la presentación con una breve semblanza del
autor y la lectura de un ensayo que preparó para esta ocasión, donde hace
algunas consideraciones sobre la experiencia de leer a Roberto Miranda y sobre
la tradición del cuento latinoamericano, género caracterizado por su intensidad
y brevedad que se ha considerado por algunas personas como un texto menor en
relación a la novela, aunque existen momentos importantes que lo han
reivindicado, como la reciente obtención del nuevo premio Aena de Narrativa Hispanoamericana,
dotado con un millón de euros, que fue otorgado a la cuentista Samanta
Shweblin. La comentarista afirmó que los cuentos de Roberto Miranda se
inscriben en la tradición de lo especulativo y dialogan con la tradición del
cuento moderno; sin embargo, la experiencia depende de cada lector, recordando
que leer es exponerse a una historia.
El autor del libro afirmó que le
fue difícil comenzar a escribir este tipo de textos, al venir de una vida
dedicada a la investigación científica. Contó la anécdota del taller literario
de Patricia Medina, en el que comenzó a trabajar hacia 2014, cuando la
escritora les encargó escribir un texto a partir de un pie poético que ella les
propuso y que Miranda no pudo realizar, por lo que le fue recomendado dejar
atrás la lógica aristotélica. Dijo también que busca que sus cuentos sean sobre
situaciones probables, aunque sean ficción, y confía en que el avance de la
ciencia siga dando respuestas y abriendo el horizonte del conocimiento. Sobre esto
último puso como ejemplo el conocimiento del átomo: en los años en que estudió
la educación básica se enseñaba como una verdad absoluta que el átomo era una
partícula indivisible y actualmente se conocen varias subdivisiones del átomo.
La presentación se complementó
con un diálogo entre ambos participantes sobre ciencia ficción y avances tecnológicos,
temas que están presentes en los cuentos de La cicatriz de un sueño. Para
demostrarlo, el autor leyó Epifanía y Mulegé, en los que los
protagonistas experimentan situaciones paranormales y de contacto con seres de
otras dimensiones.
Celebró Radio UdeG Autlán 25 años de vida
Elia Guadalupe Macías Vargas,
subdirectora de Radio UdeG en Autlán, dio un mensaje de bienvenida en el que
afirmó que la radio es un medio que busca adaptarse a los ambientes digitales y
a otras plataformas, del mural dijo que es una inspiración para las nuevas
generaciones. Martín Plascencia reconoció el esfuerzo de tantos años para
mantener las transmisiones de Radio Universidad en Autlán con los mejores estándares
de calidad y destacó que esta emisora fue la primera de Radio Universidad fuera
de la Zona Metropolitana de Guadalajara.
Jorge Villaseñor se dijo impresionado
por el talento de los autores del mural, que son alumnos de la prepa, y
contento por el vínculo de esa escuela con el CUCSur y Radio UdeG. Por último,
Manuel Hernández afirmó que este es un momento de festejo y de reflexión y habló
de la importancia de la radio universitaria como un medio para difundir el arte
y la cultura, integrando contenidos que la radio comercial no difunde. Llamó a
seguir pintando muros legalmente, como hicieron los autores del mural, y
agradeció por la oportunidad de acercarnos al conocimiento, a la ciencia y el
arte.
Enseguida la joven Shenoa Ortega,
una de los autores del mural, dio un mensaje en el que agradeció a Radio Universidad
por el espacio para difundir su obra, que es el resultado del compromiso y el
trabajo colectivo. Pasó entonces a explicar cada uno de los elementos de este mural:
el búho y el micrófono que aparecen en el lado izquierdo representan la
sabiduría y el conocimiento que se transmite; la antena es la conexión entre la
radio y el mundo exterior; las manos sosteniendo una grabadora sintonizada en
el 102.3 representan el soporte de la Universidad; el mundo es una ilustración
del alcance global que se logra en la emisora a través de Internet; las ondas
de frecuencia son el enlace con la audiencia, los rayos y notas musicales son
una representación de la energía y el entretenimiento, mientras que el número
25 es una referencia al aniversario que festeja la emisora de Autlán. A nombre
de sus compañeros, Shenoa se dijo orgullosa del resultado y comprometida con la
difusión de la cultura.
Los autores del mural son
Carolina Trinidad Orozco, Evelyn Estefanía Zamora Flores, Daniela Ortiz Zamora,
Irma Shenoa González López, Axel Fernando Álvarez Zavalza, Ramón Uriel García
Viramontes, Daniel Alejandro Meléndez Vázquez, María José Hernández Flores,
Yuridia Natalí Hernández Baltasar, Daniela Aremí Hernández Nuño, Daniel Alexander
Campos Ochoa y Daniel Alejandro Ochoa Quintero, quienes recibieron un reconocimiento
y un presente, que consistió en una reproducción en miniatura del mural, para
dar paso a la inauguración del mural, mediante el corte de un listón por los
invitados especiales.
Para la presentación de Sayula, Vargas
Texto leído por Guillermo Tovar Vázquez en la presentación del libro Sayula, Vargas, en la Feria Municipal del Libro de Autlán, el sábado 25 de abril de 2026
La primera noticia que tuve de la
loza de Vargas como una de las artesanías jaliscienses de mayor valía me llegó
en el libro Tradiciones y artesanías de Jalisco, de Luis Sandoval Godoy.
Su texto titulado simplemente Loza de Vargas describe, con un lenguaje
que raya en lo poético y con mucha imaginación, los “cacharros” salidos del
taller de Epigmenio Vargas y sus principales características, como son el
vidriado, los dibujos y caligrafía que se les aplicaban y los diseños de los
terminados.
La segunda noticia sobre la loza
de Sayula la leí en el libro Autlán, del doctor Rubén Villaseñor Bordes,
quien refiere la existencia en el templo de Las Montañas de un viacrucis
elaborado en Sayula, “por sus celebrados alfareros”, en los muros del atrio que
fueron demolidos en la década de 1940, acaso durante la construcción del
hospital de Las Montañas. Este autor no explica más sobre la loza de Sayula,
pero nos hace intuir su valor cuando se lamenta de que el patrimonio cultural
mexicano esté tan a la mano del vandalismo yanqui: estos mosaicos, junto con
otras piezas de loza sayulense que había en casas de Autlán, fueron
recolectados por la antropóloga Isabel Kelly, quien se los llevó, según
Villaseñor, a su casa de la Ciudad de México, yendo a parar después a la
Fundación Fomento Cultural Banamex.
Isabel Kelly aparece también en
el texto de Luis Sandoval Godoy, también como extractora de piezas de loza de
Sayula, aunque referida con palabras más suaves. De lo que nos dicen estos
autores, logré formarme una idea muy difusa de lo que era la loza de Sayula:
que era producto de una técnica novedosa desarrollada por un artesano local, de
un alto valor artístico, pero que se perdió a su muerte debido a que no quiso
enseñar a nadie la dicha técnica. Con el tiempo, conocería otros datos sobre la
loza de Sayula, de autores como Federico Munguía Cárdenas y de la información
que ha publicado la Fundación Banamex, pero no había logrado en realidad un
avance importante en la concepción que tenía de este trabajo artesanal, puesto
que estos datos, a más de parcos, son más bien repetitivos y poco explicados.
Y no es que importe demasiado el
conocimiento que yo tuviera sobre la loza de Sayula antes de conocer la obra de
Ricardo Cortez. Lo comparto porque creo que a la mayoría de nosotros nos pasa
más o menos lo mismo: conocemos el nombre de Epigmenio Vargas y de Isabel
Kelly, tenemos una noción del valor de la loza de Sayula y una idea errónea sobre
la desaparición de este oficio. Y es una pena que los jaliscienses no tengamos
una idea clara de lo que vale esta artesanía y sigamos, la mayoría, anclados en
el tequila y el mariachi como divisas de nuestra identidad, ignorando otras
manifestaciones, al menos tan valiosas como aquellas.
Es aquí donde entra el aporte a
la cultura jalisciense de Ricardo Cortez Guzmán, cuya acuciosa investigación se
ha manifestado a la fecha en dos libros, en exposiciones de piezas de loza de
Sayula y en el aprendizaje del oficio de alfarero, en el que ya ha producido
piezas artísticas. Esta noche presentamos Sayula, Vargas, el segundo de
los libros en los que Ricardo nos da a conocer, con fundamentos sólidos, todo
lo relacionado a la loza de Sayula. El primer libro, titulado Loza de Sayula,
lo presentamos en el Museo y Centro Regional de las Artes en agosto de 2022.
Es Sayula, Vargas un
complemento de Loza de Sayula, dedicado más a la información histórica
que su antecesor. Si en el primer libro hallamos las explicaciones, los
detalles y las características que nos permiten conocer a detalle el valor de
este arte cerámico, en Sayula, Vargas nos enteramos del devenir de la
familia de la que descendía Epigmenio Vargas, llegada del sur de Zacatecas, de
la biografía del mismo Epigmenio y hasta de lo que pudo ser el ambiente y la
convivencia dentro de un taller de loza y las relaciones entre los distintos
talleres que funcionaron en Sayula en el siglo XIX, su época de esplendor, pero
también conocemos la obra y parte de la historia de otros loceros de ese ámbito
terreno y temporal, como Carlos de la Cruz y los Quintero.
Son trece los capítulos en los
que está organizado el libro. En Epigmenio Vargas, el hombre y el mito
nos queda clara la falsedad de la afirmación de que se trataba de un hombre
celoso de su saber, que no quiso enseñar a otros a trabajar su técnica, lo que
lo exonera de la culpa por la pérdida del oficio.
Loza de Sayula, historia y
técnica, nos habla del origen del oficio y el desarrollo que tuvo en
diferentes momentos y regiones de México; en Chrestobal de Vargas, los
ancestros del Teúl, Zacatecas conocemos el origen de la familia Vargas; La
familia Vargas Madrigal trata del nacimiento de esta familia en Sayula, a
la que perteneció Epigmenio; El taller del maestro, el oficio del barro
nos ofrece una posible versión de los ambientes de los talleres loceros; La
familia Quintero, la rosa de Jalisco, es sobre la obra de los loceros de
esta familia, que tuvo su propio sello; Azulejos de Sayula, el rostro
público de Jalisco trata de la época de mayor gloria del oficio, cuando las
piezas producidas en Sayula comenzaron a aparecer en sitios patrimoniales de
Jalisco (probablemente fue cuando llegaron las piezas del Viacrucis al templo
de Las Montañas); Retrato de lo íntimo: mesa, mujer y mayólica decimonónica
nos habla de las piezas dedicadas a personas identificables y del papel de las
mujeres en la transmisión de la cultura; Las exposiciones de fin de siglo,
el reconocimiento público de Epigmenio nos habla de los breves años en que
la obra de Vargas comienza a tener un reconocimiento en espacios públicos; Las
modas cambian, el declive de la Loza de Sayula explica las causas de la
decadencia del oficio; En fosa común por insolvencia, el fin de una era,
nos habla el triste final de Epigmenio, olvidado y en la pobreza; Carlos de
la Cruz, el último de los loceros sayulenses es sobre los últimos años de
este oficio en Sayula, ya en el siglo XX, y El legado de Epigmenio Vargas
es una disertación sobre el valor de su obra en la actualidad.
A modo de transición entre cada
capítulo, el autor nos ofrece una serie de fotografías de todo tipo de piezas
de loza de Sayula que se conservan en distintos repositorios, desde museos
hasta colecciones particulares. Este elemento contribuye a lograr un producto
no solo valioso en cuanto a la información que ofrece sino también como
catálogo, con una muy alta calidad visual.
En la historia de Sayula y de
Autlán hay muchos elementos que vinculan a estas ciudades. En Sayula, Vargas
encontramos algunos de estos elementos, acaso insospechados hasta antes de la
investigación de Ricardo. Por ejemplo, el presidente municipal de Sayula,
encargado del Registro Civil el 5 de octubre de 1957 era Miguel Michel
Victoria, hermano de Severiano, quien donaría pocos años después el terreno
para la construcción del Seminario Diocesano de Autlán, y de Luis, presidente y
promotor del desarrollo de la delegación Autlán de la Cruz Roja. Ambos,
reconocidos benefactores de Autlán. En una de las páginas del libro aparece,
además, una foto del mosaico de la primera estación de un Viacrucis, que
pudiera ser el que estuvo en el templo de Las Montañas.
Epigmenio Vargas, por cierto, fue
bautizado nada menos que por Salvador Apodaca y Loreto, cura párroco de Sayula,
quien años después fue obispo de Linares, Nuevo León, cuyo apellido le fue
impuesto a la antigua hacienda de San Francisco, en aquella entidad, naciendo
la importante ciudad de Apodaca, Nuevo León.
Quiero concluir con una cita de
Luis Sandoval Godoy, del texto sobre la loza de Vargas que mencioné al
principio, que creo que prefigura el trabajo que realiza Ricardo Cortez:
“Tendrá que despertarse en el
ánimo de esos jóvenes el ensueño y la pasión artística, tendrá que alumbrarse
su espíritu con las creaciones de los grandes genios, no importa que sean
nombres desconocidos, como los de aquellos lejanos artistas orientales que
fabricaban porcelanas y sedas, tallas y figuras que luego venían a emocionar
tan profundamente a los habitantes de estas tierras, cuando la Nao de China
llegaba a vaciar a nuestras playas los primores que habían traído desde allá.
Un ensueño, y una ilusión, un emocionado deliquio espiritual, y volveremos a tener artesanos y alfareros que, como Epigmenio Vargas, sepan hacer de un puñado de barro una pieza para estremecer de gozo estético a otras almas, un puñado de barro más duradero que el bronce, un puñado de barro que hienda, tras-hienda el tiempo”.
viernes, 24 de abril de 2026
Concluyó el programa literario del Festival Cultural Cihuatl 2026
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| Libros cihuatlenses. |
Sobre el escenario del auditorio
se presentaron cuatro autores, de diversos géneros y estilos, quienes presentaron
parte de su obra. El primer turno fue para el poeta Mauricio Alejandro Robalo Vázquez,
originario de Melaque aunque con algunos años viviendo en Ciudad Guzmán. De hecho,
tres de los autores comparten este origen cihuatlense y un paso por Zapotlán el
Grande, donde entraron en contacto con talleres literarios y comenzaron su
formación en esta disciplina. Mauricio presentó su libro Los poemas de
Enrique Lacalle, su primer poemario “grande”, al que describió como
experimental en cuanto al uso de la puntuación, con el uso de puntos
representando el golpeteo de las olas, dejando de lado las comas; su
literatura, dijo, está influenciada por el mar y lo salvaje. Afirmó que esta
innovación en la puntuación lo deja fuera de la posibilidad de ganar premios, aunque
la publicación de este libro le permite volver a casa, donde puede comunicar
algo con su estilo de escribir. Sobre el título del libro, dijo que Enrique Lacalle
es inventado por él para protagonizar la historia que narran sus poemas, de los
que leyó un par, además de responder preguntas sobre el origen de su afición
por escribir, que se remonta a sus años de la secundaria y donde aparecen como
primeras influencias las letras de las canciones de Caifanes y la novela Pedro
Páramo.
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| Ulises Moreno. |
Fernando Ulises Moreno Araiza, de
Cihuatlán, presentó su primer libro, titulado ¿Qué pensará Dios?,
publicado por la editorial cihuatlense Galeón Editores y donde recopila textos
escritos en diferentes épocas, algunos con más de 15 años de antigüedad, a veces
ya publicados en antologías y en publicaciones periódicas. De su libro, leyó una
narración ambientada en la Cristiada, El día del huracán, realizada a
partir de historias de un bandido cristero llamado Domingo Rojas y de la biografía
de un ex presidente municipal de Cihuatlán del mismo nombre, personajes muy
distintos entre sí que solo comparten esta característica, y un fragmento del
texto que le da título al libro, una serie de consideraciones sobre el libre
albedrío. También habló, a preguntas del público, sobre el origen de su
relación con las letras, que comenzó en el mismo periodo del que habló Robalo,
aunque refirió como influencias al narrador Bruno Traven y al poeta Rodolfo
Naró.
Guillermo Tovar Vázquez, cronista
de Autlán, presentó enseguida el libro Mosaico Literario del Sur de Jalisco,
vol. 2, una recopilación de diez ensayos realizados por investigadores y
cronistas de la región sur del Estado, en los que abordan la vida, la obra y el
vínculo con su tierra de igual número de escritores de esta región. Explicó el
contexto en que nació este proyecto, con la intención de reconstruir la presencia
de escritores del sur de Jalisco en los pueblos en que vivieron, y refirió
algunos datos de los autores de los diez textos de este segundo volumen y del
tema que abordan en ellos, deteniéndose un poco más en su propio texto, en el
que habla del poeta autlense Jesús Nava Guevara. Dijo que el principal aporte
de esta obra es visibilizar la tradición literaria de esta región, más allá de
las grandes figuras como Arreola, Rulfo y Alatorre, como un primer acercamiento
a sus obras y como un estímulo para que nuevos investigadores profundicen más
en ellos. A pregunta del público sobre cómo Cihuatlán podría tener un ambiente
literario más activo, mencionó que un primer paso podría ser la exposición
constante: mientras existan bibliotecas, presentaciones de libros, lecturas
colectivas y talleres literarios, los cihuatlenses se irán acostumbrando poco a
poco a esta actividad y la demandarán cada vez más.
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| Jordán Chávez. |
Por último, el poeta Jaime Jordán
Chávez Ordóñez, de Cihuatlán, llegó desde Ciudad Guzmán con su libro Las
tijeras son tabú. A él ya le tocó hablarle también a los alumnos del
CECYTEJ de Jaluco que llegaron casi al iniciar su presentación, diciéndoles que
busca mostrar que existe la posibilidad de que la poesía sea una actividad
remunerada y de la que se pueda vivir, además de una catarsis que puede ayudar a
encontrar luz en los momentos más oscuros. Leyó algunos de sus poemas, comenzando
con Jardín de huesos, sobre la
violencia y la muerte que campean en nuestro país, y siguiendo con otros de
corte futurista y de ciencia ficción: Principio del fin, La batalla del
milenio, Eres un alien y La nostálgica historia de Jimbo, para
concluir su intervención haciendo subir al escenario a cuatro alumnos, con
quienes realizó una dinámica de creación literaria, consistente en que cada uno
debía mencionar una palabra, que debía ser complementada por sus compañeros
para construir una frase. A ellos les regaló un ejemplar de su libro.
Al final, Edgar Ernesto García de
León, jefe del Archivo Histórico de Cihuatlán y principal promotor de este
programa literario, agradeció a los regidores, patrocinadores y asistentes que
hicieron posibles las actividades y entregó al CECYTEJ un paquete de libros de
los escritores participantes en la semana, que quedarán a disposición en la
biblioteca del plantel. También invitó a todas las personas a escribir por amor
a los demás, regalando a nuestras familias nuestras memorias, aunque no se piense
en venderlas, ofreciendo su publicación sin costo en la editorial Galeón. Eran las
12:15 horas cuando concluyó el programa, en el que estuvieron presentes los regidores
del Ayuntamiento de Cihuatlán Salvador Santana e Israel Ortiz.
martes, 21 de abril de 2026
Con un concierto de Punto y Aparte, comenzaron las serenatas en el kiosco de 2026
Punto y Aparte se define como un
grupo de pop acústico y se especializa en canciones de las llamadas románticas,
aunque con más ritmo que las versiones originales. Está integrado por Víctor
Rafael Ambriz Morán en el violín, Osvaldo Ambriz Morán en el saxofón, Osvaldo David
Chagollán Jiménez en la guitarra y voz y el cantante y percusionista Alí Sosa
Peralta. Con esta alineación interpretaron música de compositores como Leo Dan,
Marco Antonio Solís y José José y versiones propias de canciones como la versión
en español de Cotton fields, Agujetas de color de rosa, Mil horas, Moliendo
café y la decadente (al más puro estilo de José José), Mi vida.
Casi al terminar el concierto
hubo un breve intermedio en el que los organizadores agradecieron a los músicos
y al público y el cronista de Autlán, Guillermo Tovar, dio un mensaje en
memoria del profesor Jaime Gómez Vázquez, quien fuera director de la Banda
Autlán y de quien se habían cumplido 110 años de su nacimiento el sábado 18.
Fue inaugurada la exposición José Atanasio Monroy. Nacionalismo y tradición
El primer momento de la ceremonia
fue un breve concierto del grupo Luz de Luna (bajo, guitarra, percusiones, saxofón,
acordeón, violín y voces), que dirige el profesor Carlos Guadalupe Morán, con
las piezas Las hojas muertas, La vida en rosa y Czardas, todas muy
aplaudidas. La muestra de arte local terminó con una presentación de la
bailarina Karla Monserrat Esquivez Ibarra, integrante del grupo Sacromonte, quien
sobre una tarima ejecutó una pieza de baile flamenco.
Enseguida, el director de Cultura
de Autlán, Esdras López Mundo, dio un mensaje en el que agradeció a todo el
equipo de la dirección y del Museo, quienes trabajaron durante semanas para
lograr esta exposición. El secretario de Cultura, Gerardo Ascencio, hizo
después algunos comentarios sobre Atanasio Monroy, a quien definió como un “artista
fundamental para la construcción de la identidad de nuestro país”.
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| Juan José Doñán al habla. |
Aunque no estaba considerado en
el programa, Juan José Doñán improvisó un breve discurso en el que recordó que
la primera obra pictórica que conoció fueron los murales de Monroy en la
Escuela Vocacional, hoy CUCEI, una experiencia de la que todavía habla a sus
alumnos con la premisa de que “el arte plástico es presencial o no es”. Refirió
que, tiempo después, conoció al autor de esos murales, pero también a la
profesora Áurea Corona, al organista de la Catedral de Guadalajara Hermilio
Hernández, al filólogo Antonio Alatorre, todos ellos autlenses, lo que le
indicó la cantidad de talento que existe aquí, lo mismo que en todas las
regiones del Estado, a veces objeto de un “centralismo interno o ninguneo” por
parte de los habitantes de la capital de Jalisco y de las autoridades
estatales. De Monroy dijo que realizó también una obra de caballete muy numerosa,
“que apenas empezamos a conocer”.
Agustín Godoy Pelayo, del Capítulo
Costa Sur de la BSGEEJ y promotor de esta exposición, habló de la “experiencia
extraordinaria” que fue su organización, en la que vieron más de 150 obras de
45 coleccionistas, pero se debió hacer una selección con base en un hilo
conductor. Explicó las características de algunas de las piezas expuestas,
especialmente de las de arte sacro: una Última Cena en la que el espectador
siente estar dentro de la escena y que cuenta con una iluminación distinta a la
tradicional, y un San Francisco de Asís en actitud de tener una revelación mística,
pero nada menos que en el autlense Cerro de la Capilla.
El presidente Gustavo Robles
recordó que en 2022 el Museo estuvo cerrado durante algún tiempo, pero que se
realizaron las gestiones para que volviera a la actividad, agradeció a quienes
gestionaron su reapertura y llamó a que todos seamos agentes divulgadores del
patrimonio artístico de Autlán, pensando en que surjan nuevos personajes de la
trascendencia de los que mencionó en su oportunidad Juan José Doñán.
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| San Francisco de Asís. Óleo sobre tela, 1955. |
Dicho todo esto, se procedió al
corte del listón en el ingreso al salón de usos múltiples, a cargo de las
autoridades presentes. Con esto, pudimos pasar a apreciar la muestra, aunque
con los inconvenientes de hacerlo con tal cantidad de personas presentes. Está integrada
por 24 piezas, realizadas en un periodo que va de la juventud de don Atanasio
hasta su vejez, ya de regreso en Autlán. La selección de la obra fue hecha por
Agustín Godoy Pelayo y el guion y los textos curatoriales por Fernanda Matos
Moctezuma y la obra está organizada en cuatro núcleos temáticos, en atención a
los géneros pictóricos que Monroy cultivó: naturalezas muertas, escenas costumbristas,
retratos e imágenes religiosas. La mayoría procede de colecciones particulares
y el resto de la colección del gobierno de Autlán, algunos habían estado
exhibidos antes en la sala del Museo dedicada a Atanasio Monroy y en
exposiciones temporales en diversos recintos.
La exposición estará disponible
hasta el 30 de agosto, tiempo suficiente para visitarla varias veces y dedicarle
el tiempo necesario a cada pieza: descubriremos particularidades del trazo de
don Atanasio en sus distintas etapas vitales, los elementos de la vida
cotidiana de Autlán que colocaba en sus obras, su manejo preciso del dibujo y de
la luz y la influencia de los grandes maestros que lo influyeron, como Saturnino
Herrán.



























