Algunos de los participantes en
el Congreso llegamos a San Ignacio desde un día antes, otros lo hicieron
temprano el mismo domingo, pero todos estábamos citados a las 9:00 horas en la
Presidencia Municipal, donde fuimos recibidos por el doctor José Zócimo Orozco Orozco,
cronista municipal, y por la presidente de ese municipio, Teresa Romo González.
Ahí, colocados en el balcón de la Presidencia, fue tomada la fotografía oficial
del Congreso. Luego de este acto protocolario y del registro de los
participantes, fuimos conducidos a la cercana parroquia de san Ignacio de
Loyola, de original fábrica, única en su estilo en los Altos, y de una rica y
bien cuidada ornamentación, donde se nos dio una breve explicación de su origen
y evolución. Se trata de un templo reciente, cuya construcción fue concluida en
el siglo XX, que cuenta con un soberbio órgano tubular traído de California y
que en estos días luce una decoración especial a base de mariposas de plástico
que, según se nos aclaró, representan la alegría de las fiestas.
De aquí nos trasladamos a la Casa
de la Cultura, ubicada a las afueras del pueblo, hacia el poniente. En el
auditorio Cecilia González Gómez de ese lugar, a las 10:30 horas, comenzó la
ceremonia de inauguración del Congreso, con la asistencia de unas 20 personas. En
el presídium estuvieron la presidente municipal Teresa Romo, Verónica Valencia
Salazar, de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades y Comunidades
Mexicanas (ANACCIM); el cronista Zócimo Orozco, el regidor Luis Ronaldo Morales
Barba y Rosa Alicia Delgado, en representación de la presidente municipal de
Encarnación de Díaz, Érika Adriana Cuevas Fuentes. Bajo la conducción de Fátima
Martínez, señorita San Ignacio Cerro Gordo 2025, y de Refugio Morales Torrez,
directora de Cultura municipal, la ceremonia se desarrolló de la siguiente
forma:
La presidente Teresa Romo dio un
mensaje de saludo y bienvenida a los visitantes, en el que afirmó que la
Cristiada es un tema profundo y trascendente y que es invaluable el trabajo de
los cronistas e historiadores para comprender quiénes somos y de dónde venimos.
Dijo que su gobierno está comprometido con las actividades que ayuden a
difundir la historia y el orgullo por lo que somos y que espera que este Congreso
sea un espacio de reflexión.
Luego de este mensaje se rindieron
honores a la Bandera, con la escolta de Seguridad Pública municipal y la banda
de guerra Señor de la Esperanza, dirigida por el profesor Ricardo Lara Murillo.
La ceremonia incluyó un juramento a la Bandera dirigido por el joven Natal
Martínez, alumno del CECYTEJ de Capilla de Guadalupe. Con esto concluyó la
ceremonia de inauguración y los ponentes pasamos a las cuatro salas en que se
distribuyeron las mesas de trabajo temáticas, organizadas de la siguiente
forma:
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| Trabajos en la mesa 1. |
Mesa 1: Narraciones de hechos importantes
de la Revolución Cristera en su lugar de origen, instalada en la sala de Música,
con los siguientes ponentes: Víctor Gil Castañeda, de la Asociación Colimense
de Periodistas y Escritores, quien presentó Narraciones de la Guerra Cristera
en algunos autores regionales y colimenses; Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda,
de la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima, con
el trabajo Cristiada: la educación en conflicto; Sergio Francisco
Chapela Preciado, de Colima, presentó A 100 años de la Revolución Cristera,
¿qué hemos aprendido de ese fenómeno social?; la artista plástica arandense
Hilda Cecilia Navarro Tejeda presentó Antonio Tejeda Ascencio en la Cristera;
José Abelardo Ahumada González, de Colima, propuso Los más remotos
antecedentes de la Cristiada en Colima; Guillermo Tovar Vázquez, cronista
de Autlán, presentó Las necesidades de los valientes soldados de la
libertad. Un intercambio epistolar entre el sacerdote Luis Orozco y el general
Manuel Michel, y Martin Rodrigo López Sevilla, cronista de Manzanillo,
presentó La toma de Manzanillo. Una efímera e increíble batalla.
Mesa 2: Mártires cristeros y
personas destacadas en la lucha cristera. Participaron en ella Octavio Morales
Padilla, del Centro de Estudios Cristeros Alfredo Hernández Quesada, de
Encarnación de Díaz, con Mártires y héroes cristeros. Encarnación de Díaz,
tierra de cristeros; Armando Quezada Solís, cronista de Vista Hermosa,
Michoacán, con Los mártires de Sahuayo; Emmanuel Hernández Valdivia, de
Capilla de Guadalupe, con Mártir del silencio. Murió por Dios y por la
Patria. José Cecilio Gómez Castellanos (1874-1928); Víctor Manuel Mendoza
Sánchez, cronista de Tuxpan, con Los santos que nacen del pueblo: José
Isabel Vargas, y Andrés Martínez Martínez, historiador y cronista de San
Miguel el Alto, con San Miguel el Alto, Jalisco: Brígido González 1927.
Mesa 3: Participación de la mujer
en la Cristiada, con la artista Hilda Cecilia Navarro Tejeda, de Arandas, presentando
el trabajo Las cristeras; Andrés Martínez Martínez de San Miguel el
Alto, con San Miguel el Alto, Jalisco, crónica de la Cristiada (1926-1929):
extracto del manuscrito redactado por María Concepción Alcalá; Francisco Javier
Sánchez Muñoz, también cronista de San Miguel el Alto, con Las féminas en la
confrontación Iglesia-Gobierno. Su influencia para el sostenimiento de la
reyerta; José Salazar Aviña, cronista de Tecomán, con Suspensión del
culto en Tecomán, Colima; Verónica Valencia Salazar de la ANACCIM con La
mujer alteña: análisis de su desempeño en la Guerra Cristera a través de
relatos, escritos y canciones, y José Luis Márquez Figueroa, de la
Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima, con Mujeres
cristeras del volcán de Colima al Cerro de la Bufa y al Cerro del Cubilete.
Mesa 4: templos, capillas y
monumentos erigidos con motivo de la rebelión cristera. Participaron Marco
Antonio Corral Ramírez, cronista honorario de La Huerta, con dos trabajos: La
“tumba de los cristeros” y “la cueva santa” en Cuautitlán de García Barragán
y Un histórico tamarindo y una calle. Recuerdan en La Huerta la Guerra
Cristera; José Ramón García Lepe, cronista de Mazamitla, presentó El
ataque en el río de los Chilares, un episodio de la Revolución Cristera en Mazamitla;
Juan Ramón Ramírez Andrade, cronista de Atotonilco el Alto, con Atotonilco
el Alto y la Cristera; Silvia Hortencia Gallardo Covarrubias, con Revolución
Cristera en Juchitlán, Jalisco; José Zócimo Orozco Orozco, cronista de San
Ignacio Cerro Gordo, con El Señor de los Imposibles, y J. Guadalupe
Guerrero Márquez, cronista de San Julián, con Más allá de los héroes. Defensores
de la libertad religiosa en San Julián durante la Cristera, 1926-1929.
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| Un aspecto de la exposición Mural Cristero. |
En la mesa 1, que fue en la que
participó este cronista, los trabajos se desarrollaron de la siguiente forma:
Víctor Gil, de Colima, expuso Narraciones
de la Guerra Cristera en algunos autores regionales y colimenses, un
trabajo que aborda a 20 autores en cuya obra aparecen momentos, personajes o
ambientes de la Cristiada, aunque en los 15 minutos que tuvimos cada uno para
presentar nuestro trabajo solo alcanzó a hablar de cinco: Gregorio Macedo,
Genaro Hernández, Crispín Calvario Zamora, Griselda Álvarez y la autlense
Socorro Gómez Vázquez, quienes escribieron novelas, cuentos, poesía y otros
géneros en los que mencionan, en mayor o menor amplitud, este periodo de
nuestra historia. El trabajo del doctor Gil es bastante amplio, analiza los estilos
de los autores que aborda y muestra datos de sus publicaciones y disponibilidad
de sus obras.
Mirtea Acuña, también de Colima,
presentó Cristiada: la educación en conflicto, un trabajo de análisis político
y social de este periodo, en el que propone que se trató de un movimiento
contrarrevolucionario que tuvo como trasfondo una disputa por el control ideológico
entre dos Estados (la Iglesia y el Gobierno) teniendo a la educación como
escenario. La ponente repasó algunos episodios anteriores de esta disputa, como
las reformas borbónicas, la expulsión de los jesuitas y las Leyes de Reforma, argumentando
que se trata de una guerra continua de la que la Cristiada fue un episodio más.
Sergio Chapela, colimense
también, presentó A 100 años de la Revolución Cristera, ¿qué hemos aprendido
de ese fenómeno social?, en el que comenta el proceso con el que la Iglesia
se convirtió en un poder hegemónico, desde su imposición en la Conquista. La Cristiada,
según este ponente, parte de un proceso de reacción a la pérdida de poder de la
Iglesia a partir de las Leyes de Reforma; señala a la Iglesia como iniciadora
del conflicto que inició en 1926, tergiversando el objetivo de la Ley Calles, aunque
sigue presentándose como víctima. Afirmó, para concluir, que ninguna religión
debe intervenir en asuntos públicos.
Abelardo Ahumada, otro colimense,
expuso Los más remotos antecedentes de la Cristiada en Colima, una crónica
del nacimiento y desarrollo de Colima, primero como territorio federal y luego
como Estado de la Federación, y los conflictos por la organización política del
país en el siglo XIX; en este contexto, el primer gobernador del nuevo Estado,
Manuel Álvarez, se vio en la disyuntiva de jurar, por obligación, la Constitución
de 1857, junto con todos los empleados públicos civiles y militares. Esta obligación
se contraponía con la prohibición emitida por el arzobispo de México a todos
los católicos de jurar la Constitución, por lo que hubo un conflicto de
conciencia en quienes eran creyentes, mismo que escaló a un conflicto social que
desembocó en la muerte de Álvarez y en el desencadenamiento de la guerra cristera
del siglo XIX, de la que poco se habla.
Hilda Navarro, pintora de Arandas,
narró el episodio de la muerte de Antonio Tejeda Ascencio en la localidad de
Cerro Blanco, en ese municipio, previa tortura, por servir como mensajero de
los cristeros, situación que fue vista por su hijo desde lejos. Esta historia
le fue contada por su abuelo desde su infancia e inspiró en ella la idea de
crear una serie de pinturas que sirvieran como crónica visual de esos
acontecimientos, en la que participan varios pintores y que ya ha sido llevada
a varios espacios, bajo el título de Mural Cristero. Esta exposición estuvo
disponible en los pasillos de la Casa de la Cultura durante el Congreso.
Guillermo Tovar, cronista de
Autlán, expuso Las necesidades de los valientes soldados de la libertad. Un intercambio
epistolar entre el sacerdote Luis Orozco y el general Manuel Michel, un
análisis de un par de cartas, cuyos originales se encuentran en el Museo Cristero
de Encarnación de Díaz, que se intercambiaron estos personajes, el primero
capellán de Las Montañas, en Autlán, y el segundo jefe del sector de San
Gabriel en el ejército cristero. En ellas se habla de exigir a los ricos de
Autlán una aportación económica para la causa, el sacerdote aboga por dos de
ellos que ya han aportado mucho y sugiere que se exija aportación a otros ricos
que nunca han hecho algún pago. El ponente propone, a partir de este caso,
enfocar el conflicto hacia la sociedad civil, que terminó perdiendo su
patrimonio y su tranquilidad durante esta guerra y las demás que ha vivido
nuestro país.
Rodrigo López, cronista de
Manzanillo, presentó una completa crónica de la toma de Manzanillo por los
cristeros, con profusión de datos sobre el desarrollo de la batalla, sus participantes
y una reflexión sobre cómo este conflicto entre hermanos nunca debió suceder.
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| Mesa de presídium durante la clausura. Al centro, Zócimo Orozco. |
Al terminar los trabajos, los
organizadores ofrecieron una comida en el patio de la Casa de la Cultura,
consistente en birria, arroz y frijoles, con tortillas torteadas y agua fresca
de jamaica, que tomamos con gusto antes de pasar de nuevo al auditorio para
participar en la ceremonia de clausura, presidida por el cronista Zócimo Orozco
y donde se entregaron reconocimientos a los participantes junto con un obsequio
consistente en una botella de tequila Campanario, producido en San Ignacio.
Aunque el Congreso se desarrolló
sin contratiempos y con trabajos interesantes, los ponentes y los organizadores
no pudimos evitar un sentimiento de incertidumbre ante los acontecimientos
violentos que se desarrollaban en diversos puntos de Jalisco en esas horas: si bien
estábamos presentes y participando de las actividades, también buscábamos
enterarnos cómo estaban nuestras familias en nuestros municipios de origen y si
habría las condiciones para que regresáramos con seguridad.















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