jueves, 23 de noviembre de 2023
Programa de la Feria Municipal del Libro Autlán 2023
sábado, 11 de noviembre de 2023
Fue inaugurada la exposición Cuerpos en el Museo Regional
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| El ángel de las aves, de Armida Maldonado. |
Luego de algunos minutos para que
los asistentes vieran la obra expuesta, se desarrolló en el salón de usos múltiples
un conversatorio entre los artistas y el público. Arturo Valdez explicó en este
momento que los originales de estas obras se expusieron en septiembre pasado en
el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, Colombia, en cuya exposición
participaron como curadores él y la artista venezolana Mari Menez. El tema
central, dijo, es el cuerpo humano desde todas sus concepciones, a partir de
esta premisa cada artista tuvo libertad para plasmar lo que quisiera: erotismo,
belleza, violencia…
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| De izq. a der.: Esdras López, Armida Maldonado, Arturo Valdez, Garry Musgrave. |
Armida Maldonado habló de la obra
con la que participa, titulada El ángel de las aves, un óleo en el que
el ave Fénix protege a la naturaleza. Con un español no muy fluido, Garry
Musgrave, canadiense radicado en Chapala, dijo que su obra, Cuerpos de
raíces comunes, es la expresión de las raíces culturales comunes a México y
Colombia, fue hecho con pinceles digitales simulando pintura acrílica y,
enfatizó, sin usar inteligencia artificial.
A partir de aquí se desarrolló
una sesión de preguntas y comentarios en la que, entre otras cosas, se aclaró
que esta exposición está integrada por la impresión en tela, mediante
sublimación, de fotografías en alta resolución de las obras originales, que se
encuentran todavía en Colombia y que, posiblemente, sean expuestas pronto en
Bogotá. Esas obras son de técnicas muy diversas, que van desde la fotografía digital
hasta el óleo, pasando por el acrílico, el collage, pastel graso sobre
papel y técnicas mixtas. Es una propuesta tendiente a mostrar otra faceta del
cuerpo humano y la visión que se tiene de él.
La lista de expositores es la
siguiente:
Artistas que viven en México:
Arturo Valdez, Un vistazo
desde el interior.
Louis Cotto, Pasión dominicana.
Luis Zoltero, Reacciones.
Mónica Rodríguez Portugal, Una
historia sin contar.
Lola Pelayo, Esto no es un
cuento.
Adriana Andrade, Boceto a
María.
Samuel González, Suplicando
perdón.
Garry Musgrave, Cuerpos de
raíces comunes.
Irma L. Casarín, Maltratada.
Rosalía Torres Aquino, Intuición.
Eugene Maysonet, Reconstrucción.
Melina Karina Ayala, Espectador.
Armida Maldonado, El ángel de las
aves.
Artistas que viven en Colombia:
Ángela Reyes, Crisis.
Irina Rodríguez, Provocación.
Sharon Padilla, Busco a un
tiempo lo eterno, lo efímero.
Mari Menez, Dualidad.
Jessica Zamora, Sin título
Iván Rincón, Le Corpus Christi
della Donna Sorella.
Ana María Ruiz Rodgers, Mujer.
Guillermo Romero, Gratitud.
Fabiola Alarcón, ¿Quién mira
al que mira?
Freddy Bernal, Colombia,
Huellas
Linda Philips, Mujer caída
María Cristina Noriega, Las
piernas cerradas
Eyael Jorge Triana, La fiesta
de los cuerpos
lunes, 6 de noviembre de 2023
Un panorama de la cultura de Chiquihuitlán en la sesión mensual del Capítulo Costa Sur BSGEEJ
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| Foto de Maricela Páez. |
En su exposición, el cronista comenzó
explicando la etimología del nombre de Chiquihuitlán, compuesto de las raíces
nahuas chiqihuitl, que significa cesta o canasta, y -tlan, una
partícula que denota lugar en o entre. Para continuar con las definiciones, mencionó
datos duros de la ubicación y las figuras jurídicas de agencia municipal, comunidad
indígena y ejido que confluyen en este lugar, ubicado en el extremo poniente
del valle de Autlán y que cuenta con casi 14,000 hectáreas de territorio, casi
todo montañoso.
El ponente mostró enseguida
algunos ejemplos de vestigios arqueológicos que se encuentran en Chiquihuitlán:
figuras de barro complejas, que presentan técnicas como ojo inciso y
aplicaciones en pastillaje, que los comuneros han encontrado en sus tierras de
cultivo, pero también piedras con petrograbados que ya han sido estudiadas por
arqueólogos y, en el caso de una de ellas, ha sido tema de un artículo
publicado en la revista especializada Cuadernos de arte prehistórico. Las
menciones de Chiquihuitlán en documentos históricos también fueron abordados en
este trabajo: la venta de tierras en el sitio denominado Pectidam, “hasta
las faldas y lomas que llaman Chyquihuitlán, cuyas cumbres miran puestas en lo
alto al valle de Puchimilco”, del indígena Francisco Melchor al español Antonio
de Aguayo; una descripción de la parroquia de Autlán en 1777 y las primeras
estadísticas levantadas en el naciente Estado de Jalisco en 1825, donde se
menciona a Chiquihuitlán como un rancho perteneciente al departamento de Autlán,
donde se produce maíz y frijol.
En el ámbito de la economía
se mencionan la recolección y venta de pitayas, que constituye el principal
ingreso para las familias chiquihuitlecas, y otros negocios que ya van en vías
de desaparecer, como la elaboración de productos de palma y de carbón. También se
explicaron sus fiestas religiosas, la más importante de las cuales es la visita
de la virgen de Ixtlahuacán de Santiago, en agosto de cada año, una tradición
que podría tener más de 150 años y que implica una organización comunal, fiesta
y peregrinaciones. En este punto, se explicó la existencia de danzas de
conquista para estas peregrinaciones, que reproducían los comuneros de Chiquihuitlán
pero que habrían desaparecido a mediados del siglo XX.
Un punto importante en la
descripción de Chiquihuitlán es el que tiene que ver con la conservación
ambiental: esta comunidad participa con mil hectáreas en el programa Fondo Patrimonial de
Biodiversidad, en el que se comprometen a conservar sus recursos naturales. Esto
es importante dados los servicios ambientales que Chiquihuitlán presta a la
ciudad de Autlán, el más importante de los cuales es el abasto de agua: en sus
terrenos se filtra el agua de lluvia a los mantos freáticos, de donde los
autlenses nos surtimos de agua potable.
La exposición concluyó con una relación de las manifestaciones
culturales modernas: la Real Feria de la Pitaya, con festejos taurinos y
bailes, y la importancia de las pitayas en la identidad de este lugar. Este fruto
y el arroyo El Coajinque son, además, elementos importantes en la identidad
autlense.
Representación de la obra “¿Morir?” en el Palacio del Arte
La obra consiste en una serie de
monólogos, pronunciados por personajes anónimos encapuchados, que narran
distintos tipos de muertes: la muerte física, la muerte emocional, la prematura
de un bebé abortado o la de un ecosistema contaminado. Encadenando estos monólogos
se conforma una fuerte crítica a los males de nuestro tiempo: los evidentes
como la contaminación ambiental o la violencia intrafamiliar pero también los
subyacentes a nuestra vida cotidiana, como la despersonalización, la falta de
interés por el bienestar de otras personas, la ambición de tener sin medida… la
obra es representada por un grupo de alumnos de la Ingeniería en Procesos y
Comercio Internacional del Centro Universitario de la Costa Sur, y por la misma
directora.
Con una obra de teatro de cabaret concluyó el Festival de Día de Muertos 2023
La obra consiste en el constante
conflicto entre siete catrinas, cada una representando a uno de los pecados
capitales, que luchan entre sí para llevarse a la mayor cantidad de almas,
dirigidas todas por la ira, al parecer la de mayor jerarquía, y por la
representación de La Llorona. El conflicto, en el que se mezclan el humor, el
sarcasmo y la crítica social y política, no solo transcurre sobre el escenario
sino, en mayor medida, en el espacio entre éste y el público y aún entre las
sillas: las catrinas, como es una característica del teatro de cabaret,
interactúan constantemente con el público, sacando a bailar a los espectadores,
dialogando y aun peleando con ellos.
Recital de chelo y poesía para el 5° aniversario del Palacio del Arte
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| Alfredo Mardueño. |
El primer número de la noche fue
el recital de chelo que estuvo a cargo del joven músico Alfredo Mardueño
Guzmán, técnico en música y estudiante de la licenciatura en Artes del Centro
Universitario de la Costa Sur, además de ex integrante de orquestas como la
Típica de Autlán, la Sinfónica Juvenil de El Grullo y la José Pablo Moncayo. Apoyado
en una pista grabada con los instrumentos de acompañamiento, Alfredo interpretó
al chelo el siguiente programa:
Oblivion, de Astor Piazzolla.
Por una cabeza, de Carlos
Gardel.
Romanza para cuerdas, de
Rachmaninoff.
Canción de un jardín secreto,
de Rolf Lovland.
Lencha, de Clemente Amaya.
La llorona
La bruja
Dos exposiciones fotográficas de naturaleza en la Casa Universitaria
La primera de estas exposiciones,
que ocupa las dos primeras salas, se llama Nuestros vecinos invisibles y
es obra del investigador del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur) Carlos
Palomera. Se compone de 25 fotos, en tamaño mediano, de los insectos que
conocemos comúnmente como polillas, esas mariposas nocturnas que, a veces, protagonizan
mitos y leyendas. Cada foto está acompañada de una ficha en la que se da el nombre
científico y el nombre común del ejemplar que aparece retratado, además de un
código de barras que lleva a un texto descriptivo de cada especie. Según se
aclara en un texto curatorial que se encuentra a la entrada de la casa, la
mayoría de las fotos fueron tomadas en las instalaciones del CUCSur.
martes, 31 de octubre de 2023
Con un concierto de la Orquesta Sinfónica ECOS Autlán terminó la XVII Semana Cultural del BTA
Bajo la dirección del profesor
Armando Emmanuel Pedraza Guerra, la orquesta ofreció un repertorio variado, con
composiciones derivadas del folclor de algunas regiones de Europa, piezas de
óperas y arreglos del mismo director a composiciones de otros autores y aún una
pieza compuesta por él mismo. También escuchamos, en la segunda parte del
concierto, música de compositores latinoamericanos, para cerrar con el himno de
la identidad autlense.
El programa del concierto fue el
siguiente:
Canción del botero del Volga,
del folclor ruso.
Preludio al Te Deum de
Marc Antoine Charpentier.
Marcha eslava, de Peter
Tchaikovski.
Hornpipe, de Música Acuática de Haendel.
Finlandia, de Jean Sibelius.
Escenas de ballet, de Robert Bennet Brown.
Obertura mexicana, con
fragmentos de piezas tradicionales mexicanas, como La cucaracha o Las chiapanecas.
La cumparsita, de Gerardo Matos Rodríguez, con arreglos de
Armando Pedraza.
Trepak, de Peter Tchaikovski.
Sueño despierto, de Armando Pedraza.
Viva Autlán, de Clemente Amaya, con arreglos de Armando Pedraza.
Terminado el concierto y luego de que la directora del BTA, maestra Rosaura Yazmín Sánchez Jiménez, entregara una constancia a la orquesta por su participación en la semana cultural, el cronista de Autlán, Guillermo Tovar Vázquez, dio por clausurados los trabajos de la XVII Semana Cultural del BTA a las 10:59 horas.
Un panorama de la danza folclórica mexicana en la XXIX Semana Cultural Universitaria
El grupo presentó cinco estampas
de bailes folclóricos de diversas regiones de México, utilizando una pista
musical y aprovechando la pantalla del fondo del escenario para exhibir ahí escenas
que complementaran cada una de las estampas. En la velada participó también el
grupo Hilos de Plata, integrado por siete bailarines ancianos que interpretaron
algunas de las estampas.
La primera estampa fue la del Estado
de Puebla, quizás la más vistosa de todas gracias a la pieza Quetzales, en la
que los bailarines recuerdan la majestuosidad y los movimientos de esta ave
mesoamericana. Luego de esta pieza y de Espuelas de Amozoc vinieron Chinas
mexicanas y Chinacos, estas últimas a cargo del grupo Hilos de Plata.
La estampa de Jalisco Ranchero
fue la segunda en el programa, integrada por los sones El pasacalles, El
autlense y El caporal, en los que los bailarines utilizaron trajes campiranos
de faena, utilizando como fondo una fotografía de las ruinas de una hacienda.
El grupo Hilos de Plata se hizo
cargo, por completo, de la estampa de la Costa de Nayarit. Con música de banda
sinaloense, estos entusiastas bailarines interpretaron Mi lindo Nayarit, De Mazatlán
a Acaponeta y El toro mambo, que no dejó de traer recuerdos del Carnaval de
Autlán.
La estampa Jalisco Contemporáneo
fue la que más duró, con un total de siete piezas, entre sones tradicionales y
canciones modernas. Comenzó con el conocidísimo son de La negra, para continuar
con Las alazanas, El jalisciense, El nuevo jarabe jalisciense, El maracumbé, El
perico loro y Los machetes, en los que fueron alternando con el grupo Hilos de
Plata. Aquí la iconografía fue mucho más cercana al estereotipo de lo
jalisciense: trajes de charro en los bailarines, una fotografía de un campo de
agave como fondo y el arranque con La negra, una de las piezas musicales más
reconocidas de la música popular mexicana.
Una parte del público creímos que
con la estampa jalisciense rubricaría su presentación el ballet Aotlitlán, como
es costumbre en los grupos folclóricos de la región. Sin embargo, todavía
faltaba el plato fuere de la noche: al ritmo del Huapango de José Pablo Moncayo
la totalidad de los bailarines interpretaron la estampa que llamaron Retablo Mexicano,
un recorrido por cuadros dancísticos folclóricos de distintos lugares del país:
comienza con danzas de tipo prehispánico, incluida la representación de un
combate a macuahuitl, para continuar con piezas de Nuevo León, el Sureste,
Jalisco y otros lugares de México.
Ofreció la Orquesta Sinfónica ECOS Autlán un concierto en la XXIX Semana Cultural Universitaria
El programa del concierto comenzó
con la Canción del botero del Volga, para continuar con el preludio del Te
Deum de Marc Antoine Charpentier y una serie de composiciones de grandes autores
de óperas: la Marcha eslava de Tchaikovski, Hornpipe de Haendel y
Finlandia, de Sibelius. La segunda parte del concierto traería Escenas
de ballet, de Robert Bennett Brown, Obertura mexicana, un popurrí de
piezas tradicionales mexicanas de los siglos XIX y XX; un arreglo de La
cumparsita, de Gerardo Matos Rodríguez, realizado por Armando Pedraza; Trepak,
de Tchaikovski; Sueño despierto, de Armando Pedraza, y Viva Autlán,
la marcha de Clemente Amaya. La acústica del Aula Magna hace innecesario el uso
de un equipo de sonido para magnificar el volumen de la orquesta, así lo
entendieron y ejecutaron los organizadores y el director, afortunadamente.
Piano, pintura, voz y danza en la XVII Semana Cultural del BTA
El concierto comenzó con Aire,
de José Mercé, con arreglos para piano del mismo intérprete, a la que siguieron
Blue y Tráfico, del concierto Alcantarillas, compuesto por
Jorge Martínez. Greensleeves, una canción del folclor inglés, con
arreglos para piano y melódica, fue la última pieza que Jorge interpretó en
solitario, para dar paso a Posesión, en la que el pianista estuvo
acompañado por la bailarina clásica Diana Laura García. La última
interpretación fue Go forward, de Jorge Martínez y Papy Mutuwa Zafaniya,
con Laura Meillón en la voz.
lunes, 30 de octubre de 2023
Un conversatorio sobre historia musical de Autlán con el profesor Jaime Gabino Gómez
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| De izq. a der.: Yazmín Sánchez, Jesús Medina y Jaime Gómez. |
La conversación fluyó alrededor
de la historia del maestro Gabino, miembro de una dinastía musical que se
remonta un par de generaciones atrás. Contó cómo su abuelo, don Salvador Gómez,
ingresó en 1908 a la banda municipal tocando el saxor, mismo instrumento que
años después tocaría en esa misma banda el futuro pintor Atanasio Monroy; don Salvador
fue compañero de Clemente Amaya, ambos dirigidos por don Feliciano García. En esta
época, contó el maestro Gabino, los músicos salían a tocar a las fiestas de los
pueblos de la región, a pie o en bestias, acompañados de mujeres que les
preparaban la comida y, en no pocas ocasiones, armados para protegerse de los
asaltantes o de los clientes que se negaran a pagar por sus servicios.
El padre del maestro Gabino,
profesor Jaime Gómez Vázquez, también fue músico en la Banda Autlán, bajo la
dirección del profesor Jesús Martínez Guzmán, para tomar la dirección de la
banda en la década de 1950. El maestro Gabino ingresó en su infancia a esta
misma banda, donde fue dirigido por su padre y cuya dirección tomó a la muerte
de éste, en 1995. Pero por la carrera profesional de Jaime Gabino Gómez han
pasado también otros momentos, ajenos a la banda: el grupo Los Yokis, primer
grupo musical autlense en grabar un LP, con la empresa Sonodisco, la dirección
de orquestas en el escenario del Teatro Degollado, la enseñanza de la música en
la Escuela de Artes Municipal y las tardes de toros en la plaza Alberto Balderas,
reproduciendo y celebrando parte de la identidad autlense.
Presentó Roxana Flores su libro Lectura Quimérica
Los comentarios sobre la obra
corrieron a cargo de Jorge Isaac Martínez Corona, quien como pianista y
guitarrista ha ofrecido conciertos en este mismo recinto anteriormente. Él leyó
un texto sobre la dualidad entre los “normales” y los “otros”, los anormales,
los paranormales, los que no brillan en la normalidad, seres y cosas que viven en
la otredad, arrumbados en los rincones oscuros. En este sentido, en Lectura
Quimérica Roxana comparte historias que reivindican las almas que transitan
en la oscuridad. Jorge también recordó la infancia de la autora, quien es su
prima, cuando ella jugaba con las palabras, alargando los adjetivos; dijo que
ella sabe que la oscuridad trae seres elegantes y que hace a un lado su imagen
de niña grande para narrar historias de seres de esos seres de la oscuridad.
La autora, en su turno, explicó
que escribe desde que estudiaba la licenciatura en Letras Hispánicas en la
Universidad, aunque originalmente no tenía la intención de publicar un libro. Antes
de decidir publicar Lectura Quimérica participó en talleres y dio sus
cuentos a leer a personas que los pudieran corregir, como su editora Nadia
Arce. Sobre su proceso de escritura, dijo que a veces la asaltan ideas que debe
anotar inmediatamente para no perderlas, en cualquier papel que tenga a la
mano. Para terminar su intervención, Roxana leyó un fragmento del cuento Ecos
del pasado.
Entre grabado, sones y chibuku: una plática con Cornelio García en la biblioteca Antonio Alatorre
La plática tenía como tema
principal una exposición sobre la carrera profesional de don Cornelio en el ámbito
del grabado, aunque a lo largo de la conversación se fueron abordando otros
asuntos. Entre los hilos con que se fue tejiendo la plática mencionaremos la
narración de cómo don Cornelio se comenzó a interesar por las artes plásticas,
mediante la observación de elementos cotidianos de San Buenaventura en los años
de su infancia: los dibujos bucólicos pintados en las tazas de peltre que se
usaban en su casa y el dibujo de una palmera verde en un pizarrón negro que hizo
una de sus maestras de la primaria, en los que comenzó a tomar conciencia de
las proporciones y el juego de colores. También conocimos detalles sobre su
carrera en el grabado y, en general, en las artes plásticas: en 1961 recibió su
primer pago por esta actividad, que sumó 45 dólares y unos pinceles en un
concurso estudiantil de cartel que acabó por determinar su futuro profesional;
en 1963 empezó a estudiar en la Academia de San Carlos, luego de una decisión
difícil en la que descartó otra profesión que le interesaba, la actuación.
En la proyección pudimos ver
imágenes de su archivo que ilustraban su trabajo como grabador, como fotografías
de sus talleres y de algunos de sus colegas, invitaciones a exposiciones
individuales y colectivas, la Academia de San Carlos… pero no solo sobre esto
giró la plática, sino que también se abordaron las muchas vivencias de Cornelio
García alrededor del mundo: los años que vivió en Zambia dando clases de guitarra,
donde aprendió las costumbres y la gastronomía de ese país, incluyendo el
chibuku, una bebida parecida al tejuino; sus viajes mochileros por Europa, la
grabación de la película De tripas corazón, donde compartió créditos con
un Gael García de 14 años, los cambios que ocurren en los pueblos en pocos
años, que los vuelven casi irreconocibles para los hijos ausentes y algunas
consideraciones sobre el arte y sus fuentes, la evolución de los museos y su infancia
en el campo entre Tenamaxtlán y Tecolotlán.
jueves, 26 de octubre de 2023
Presentó Inés Vachez el libro Arquitectura de remesas en el CUCSur
La autora comenzó su exposición
con una reflexión sobre la arquitectura, como una expresión de lo que somos o
de lo que queremos ser. Su libro es el resultado de un trabajo de investigación
realizado en la población de Vista Hermosa, municipio de Tamazula de Gordiano,
que se ha transformado de forma acelerada desde la década de 1950 y que se
desarrolló a partir de la ex hacienda El Cortijo, que sufrió una explosión
demográfica desde principios del siglo XX, con la tecnificación de la
producción de azúcar que ahí se realizaba. La bonanza terminó con el reparto de
tierras, apareciendo con esto el fenómeno de la migración masiva al norte, que
trajo una contracción de su población hasta en dos tercios de la que tenía en
sus buenos tiempos, aunque, paradójicamente, la superficie del pueblo creció.
Los norteños, es decir, los
habitantes del pueblo que habían emigrado al norte, se vuelven proveedores del
pueblo, financiando infraestructura pública pero también la construcción de sus
propias casas. En esta actividad, la autora encuentra fenómenos como el
mimetismo, consistente en tratar de parecerse a una figura de prosperidad o
autoridad, copiando elementos de edificios públicos de los Estados Unidos o de
la ex hacienda en las nuevas construcciones. De este mimetismo y de la mezcla
de elementos tradicionales, como pilas o espacios para sentarse por las tardes
afuera de la casa, con otros traídos del norte, como los clósets grandes o las
cocinas integrales.
En opinión de Inés Vachez, no solo
debería documentarse lo que las instituciones consideran valioso o digno de
conservarse, sino también deben estudiarse las corrientes nuevas, como es el
caso de lo que ella llama arquitectura de remesas.
La creación del mundo según los wirraritari en la XXIX Semana Cultural Universitaria
Esta exposición está integrada
por 21 retablos en gran formato, realizados mediante una técnica consistente en
aplicar hilo cristal de distintos colores sobre una placa de cera, formando las
figuras que el artista utiliza para enviar su mensaje. La colocación de este
hilo no es, como podríamos imaginar, mediante tejido o cosido, sino aplicado
con la uña directamente sobre la cera. Los retablos están montados en las paredes
del vestíbulo y en las mamparas del centro de éste y conforman una secuencia
narrativa, aunque no están colocados en un orden de principio a fin, sino que
el espectador tiene que comenzar en un sitio y regresar o trasladarse a otros
puntos de la exposición para seguir la historia.
La creación del mundo
cuenta los mitos de la creación del mundo, de la Humanidad y del sol según la
mitología wirrárika, de manera gráfica mediante la observación de los retablos
pero también con el apoyo de las fichas técnicas de cada pieza, que contienen
fragmentos de la tradición oral de esta etnia del norte de Jalisco.
Esta exposición fue iniciada por
José Benítez, quien solamente alcanzó a terminar nueve retablos, el resto los
realizó su hijo Fidencio Benítez en 2023. Don José realizó también la obra La
semilla del mundo, que se encuentra expuesta en la estación Juárez del tren
ligero de Guadalajara. La creación del mundo comenzó una gira de
exposiciones en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud el 1 de
septiembre pasado, saliendo así por primera vez del Centro Universitario del Norte,
que es su sede. Antes de llegar a Autlán estuvo en el museo Casa Agustín
Rivera, de Lagos de Moreno, como parte del Festival Cultural Otoño en Lagos.
miércoles, 25 de octubre de 2023
Palabras, trazos, formas y luces. Una mañana de domingo en el jardín de El Grullo
A lo largo de cuatro horas, escritores y cronistas de El Grullo y Autlán, aunque también de otros lugares, presentaron novedades de su obra en un ambiente muy propicio: estaba a nuestra disposición la benigna sombra de los árboles y palmeras del jardín, el ambiente de alegría de un domingo otoñal y la exhibición y venta de libros y de la obra de artistas plásticos, además de la música que salía de un reproductor de discos de vinilo que un espontáneo llevó para amenizar el momento: circularon por nuestros oídos las notas sincopadas del jazz, ritmos tropicales, rock y otros géneros. Para el calor semi costeño, que no respeta la llegada del otoño, había manera de conseguir cerveza de raíz o tejuino, bebidas grullenses por excelencia, sin alejarse demasiado del rejuego literario.
El programa comenzó con la presentación del libro Misa de Alba, de Engel Islas, una recopilación de 15 cuentos ilustrados por Marisol de la Torre y prologados por Ángeles Rodríguez Castillo. Según explicó el autor, originario de Yahualica pero avecindado en Guadalajara, sus cuentos ocurren en un pueblo imaginario y recogen elementos de la tradición oral que comparten muchos pueblos jaliscienses.
A esta presentación siguieron un
par de intervenciones de Néstor Santos, el coordinador de la sección literaria
de la Intervención. En la primera leyó un texto sobre los antecedentes, nacimiento
y organización del primer Collage cultural de El Grullo, en el año 1998, una
reacción de la juventud grullense ante la falta de espacios para la expresión
artística contracultural; en la segunda se transformó en Tithor Cuentacuentero
para narrar tres cuentos sobre comida.
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| Solo se puede jugar. |
A lo largo de la mañana se
presentaron también los libros Solo se puede jugar, de Néstor Daniel
Santos Figueroa e ilustrado por Michel Enrique Pérez Robles, una historia para
niños de 1 a 98 años que muestra el punto de vista de lo que debería ser una
jornada cotidiana desde el punto de vista infantil; Amarme, aceptar y soltar,
de Julio César Ramos, sobre la superación de heridas y malos momentos en la
vida de una persona, y Lectura quimérica, de María Roxana Flores Corona,
catorce cuentos de terror cuya autora dijo esperar que dejen una marca en el
lector, ya sea que le gusten, le perturben o le asusten.
Aparte de las presentaciones de
libros, hubo quien se apuntó para leer textos que no han sido publicados. Del Club
de Lectura Trashumante, de Autlán, Guillermo Tovar leyó El último viaje de
Marcos de Monroy y Miriam Vaca La herencia de Ana de Contreras, dos
textos que resultaron del taller de lectura del libro El brujo de Autlán,
de Antonio Alatorre, realizado entre mayo y junio de 2023. La joven autlense
Joceline Ileana Flores Vargas leyó su cuento Vacío, que trajo recuerdos
de los noviazgos en los que los padres no aceptan al futuro yerno.
Una parte de la jornada se dedicó
a leer crónica. Tres participantes del Club de Lectura con Sabor Autlense, que
se desarrolló en la Casa Universitaria Antonio Alatorre, del Centro
Universitario de la Costa Sur, leyeron crónicas que escribieron sobre el tema general
de “Lo que más me gusta de vivir en Autlán y El Grullo”. Estos textos son los
primeros que estos cronistas escriben y fue la primera vez que los dieron a
conocer a un público: Claudia Liliana Vargas Casillas leyó Lo que más me
gusta de vivir en Autlán, un recuerdo de la vida en este lugar en la década
de 1980, mencionando personas, costumbres y ambientes que ya no existen; Martha
Patricia Pérez Robles compartió Te vas a hacer globera, una historia de
su adaptación a la vida en El Grullo a partir de su matrimonio con un grullense
(la autora es de Autlán) y una celebración de las diferencias entre los dos pueblos,
y Rubén Figueroa Zepeda recordó las calles y paisajes de los años 1960 en El
Grullo a través de pasajes de la vida de su abuelo y su trabajo como productor
de alfalfa en su texto El nino Félix y la alfalfa. Tres nuevas y ágiles plumas
que debutan en el apasionante oficio de la crónica.
El punto final de este programa
literario lo puso el poeta autlense Luis Rangel García, quien leyó sus textos Alas
de caña y grana, Llama y Un andar cualquiera, que forman parte de su
primer poemario, ya en vías de ser publicado. Luis también estuvo en el jardín desde
temprano para dar un taller de poesía.
En el jardín, a lo largo de toda
la jornada, estuvieron exponiendo las librerías Mundo del Niño y Carlos Fuentes
Autlán, también hubo una mesa para exhibir y vender libros de autores locales:
ahí vimos las obras presentadas esa mañana pero también de Salvador y de Jesús Negrete
Naranjo y de otros autores. Jóvenes artistas plásticos, entre ellos los de los
colectivos La Caverna y Oxiuss, estuvieron exponiendo, creando y vendiendo su
obra, en forma de cuadros, separadores de libros o calcomanías, no faltó un
puesto en el que se ofrecían en intercambio discos de vinilo, plantas, revistas
y otros artículos.
Afuera de la antigua presidencia
se instalaron unos toldos en los que pintores, dibujantes y modelistas
realizaron una exposición de su obra, de gran diversidad. Ahí vimos a los
autlenses ACE y Armida Maldonado, a Alexis Landín, una intervención sobre una
guitarra de Nora Pérez, entre otros.
martes, 24 de octubre de 2023
En sesión solemne de Ayuntamiento reconocieron al fundador y al presidente de la Compañía Minera Autlán
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| El presidente municipal de Autlán con los representantes de la compañía y de don Enrique Madero y ex trabajadores de la mina. |
Luego del protocolo de apertura y
de los puntos iniciales del orden del día, Pedro Rivero dio un mensaje de
agradecimiento a nombre de la empresa, en el que afirmó que en el municipio de
Autlán nació la minería mexicana, debido a que aquí comenzó sus operaciones la
Compañía Minera Autlán, la primera dirigida y operada por personal mexicano. Actualmente,
dijo, la empresa tiene alrededor de dos mil empleados y actividades en México y
España, exportando sus productos a 30 países. La planta de España fue el motivo
para que contara una anécdota: mientras le buscaban un nombre luego de haberla
adquirido, un trabajador de esa planta les sugirió que le dejaran el nombre de
Autlán, que en euskera significa “trabajo”. Para terminar, Rivero dijo que actualmente
se hacen trabajos de investigación para determinar la viabilidad de que reinicien
las actividades en la mina de San Francisco, aunque en la actualidad no es
costeable.
La señora Margarita Madero dio
otro mensaje de agradecimiento, a nombre de su padre. Este mensaje consistió en
la lectura de una carta dictada por el mismo Enrique Madero, en el que recuerda
cuando fue a conocer la carretera a Manzanillo, el camino por el que debía
salir el mineral para exportación. En palabras del ingeniero Madero, la empresa
conformó una gran familia.
El último mensaje fue del
presidente municipal, quien recordó el tabulador de las acciones de la Bolsa
Mexicana de Valores que veía publicado en el periódico El Occidental durante su
infancia y en el que le llamaba la atención ver impreso el nombre de Autlán. Su
padre le explicó en esos años que se trataba de una empresa que había sido
constituida aquí décadas atrás y que había sido un impulso para el crecimiento
de la región. Autlán, dijo, es una ciudad llamada a ser referente y ejemplo
para la región, pero es necesario que todos trabajemos en equipo para
restablecer la limpieza y el orden luego de las afectaciones que hemos sufrido
en días recientes.
Margarita Madero y Pedro Rivero recibieron
de manos del presidente los reconocimientos dirigidos a los señores Enrique
Madero Bracho y José Antonio Rivero Larrea, respectivamente, el primero por haber
fundado la Compañía Minera Autlán en 1953 y el segundo por haber mantenido el
nombre de nuestra población en la empresa y, con esto, permitir que sea
conocido en todo el mundo.
Panel de experiencias entre ex mineros en la Casa Universitaria
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| De izq. a der.: Guillermo Tovar, Andrés Salmerón, Ricardo Esparza y Guadalupe Romero. |
Los panelistas fueron el señor
Andrés Salmerón Sánchez, quien fuera obrero durante aproximadamente diez años; el
ingeniero Ricardo Esparza Contreras, uno de los responsables de la carga de
mineral en el puerto de Manzanillo y de la seguridad industrial, y el señor
José Guadalupe Romero Ponce, encargado de pagar la nómina. Todos ellos trabajaron
en las instalaciones del cerro de San Francisco y conocieron bien la forma de
trabajo y de vida de los mineros en Autlán.
El panel fue moderado por el
cronista de Autlán, Guillermo Tovar Vázquez, y estuvo dividido en tres rondas,
en cada una de las cuales los panelistas respondían alguna pregunta sobre el
tema de esa ronda, desde el punto de vista del departamento de la empresa en el
que trabajaron. La primera fue sobre la rutina de trabajo de un trabajador de
la mina de San Francisco, la segunda sobre la vida en Autlán en los años de la
mina y la tercera sobre los aportes de la Compañía Minera Autlán al desarrollo
de la región.
En la primera ronda, don Andrés
recordó la peligrosidad del trabajo en el tiro de la mina y cómo la extracción
se dividía en distintas etapas dentro del tiro, como frentes, cortes o “chiflones”,
para llevar el mineral hacia el exterior con el uso escrepas que lo colocaban
en un cañón, de donde era arrastrado a unas tolvas y de donde, a su vez, caía a
unos carritos para llevarlo a la superficie. El trabajo bajo tierra era pesado
y se perdía la noción del tiempo porque no se sabía la hora que estaba transcurriendo,
puesto que no se podía portar reloj. No faltó, desde luego, el buen recuerdo de
sus compañeros y directivos: “todavía sueño que trabajo en la mina”, afirmó.
El ingeniero Esparza recordó su
llegada al pueblo para trabajar en la mina, luego de rechazar un contrato con
la American Steel para ligarse a la Compañía Minera Autlán, una empresa nueva
dirigida por inversionistas e ingenieros mexicanos. Su primera impresión de
Autlán fue triste, recordó, puesto que el pueblo estaba oscuro; su primer
hospedaje fue precisamente en la Pensión Corona, que con el tiempo se
convertiría en la Casa Universitaria. En su primer día de trabajo el ingeniero
José Zozaya le recomendó que aprendiera el trabajo de los obreros, para que
ellos a su vez lo respetaran: así, empezó a trabajar por las tardes, al
terminar su turno, como obrero, perforista, ademador y haciendo otras tareas
básicas, con lo que conoció todos los procesos de la mina. Sin embargo, su
primer puesto fue de jefe de seguridad, con una experiencia previa de dos años
en minas de Guanajuato, desde donde logró salvar vidas al entrenar a los obreros
para prevenir accidentes y actuar cuando ocurría alguno.
Don Guadalupe Romero recordó los
métodos de control de asistencia de los obreros, mediante tarjetas en las que
se anotaba si el trabajador había asistido o no a trabajar, así como el puesto
que había desempeñado, para obtener la cantidad que se le debía pagar a cada uno.
Cuando se tenía el total de la nómina, con sueldos y otros conceptos y
descontando retenciones o descuentos, se mandaba pedir la cantidad al banco
para, enseguida, llenar los sobres de todos los trabajadores hasta llegar al
último sobre, llamado “el sobre de la verdad”: si en éste había alguna
diferencia había que revisar el resto de los sobres (se llenaban cientos en
cada semana) para saber dónde había quedado la diferencia. Al final del mes se
calculaba, además, lo que cada trabajador debía pagar por concepto de Impuesto Sobre
la Renta. Todo esto sin programas de cómputo, todos los cálculos debían hacerse
de forma manual.
En la segunda ronda, don Andrés
Salmerón recordó la celebración del Día del Minero, 11 de julio, con bailes,
comida, torneos deportivos y otras actividades. El ingeniero Esparza recordó que
los trabajadores de la mina que llegaron de fuera se integraron bien a la
comunidad autlense, muchos de ellos encontraron aquí a quienes serían sus
parejas y formaron familias: él mismo se casó con una autlense, recordándola
dijo que la mejor decisión que pudo tomar fue venir a Autlán. En opinión del
señor Romero, todos los sábados muchos de los mineros llegaban a beber cerveza
en una tienda de abarrotes ubicada en el cruce de las calles de Clemente Amaya
e Hidalgo, donde hoy funciona una paletería. Durante el Carnaval la empresa no
suspendía actividades, si algún minero faltaba a su trabajo por salir a
festejar, se le descontaba el día. Sin embargo, sí participaban de las fiestas
carnavalescas en sus días de descanso.
Para la última ronda, don Andrés
recordó algunos cambios en la fisonomía de Autlán en los años de la mina: la
mejora en el alumbrado público, que permitió que el día de los autlenses se
hiciera más largo y se pudieran hacer actividades fuera de casa durante más
horas; el aumento en el dinero circulante en el pueblo gracias a los sueldos de
los trabajadores, que consumían una mayor variedad de productos, todo eso lo resumió
como que los autlenses gozaron de la prosperidad del pueblo. el ingeniero
Esparza recordó la preparatoria de Autlán, que abrió en 1959 y en cuya
plantilla docente participaron varios de los profesionistas que trabajaban en
la mina: enseñaron matemáticas, física, química, biología y otras materias,
aportando de esta forma al desarrollo intelectual de la región. Por su parte
don Lupe Romero habló de cómo los trabajadores de la Compañía Minera Autlán tenían
todas las prestaciones de ley, como el pago de los siete días de la semana, con
uno de descanso; el pago de aguinaldo, vacaciones y liquidación, mismas que los
patrones locales no otorgaban antes. Pero la empresa también ofrecía servicios
como los de la clínica San Francisco o del hospital de Las Montañas, donde
tenía rentadas dos habitaciones para casos especiales, a los que no estaba obligada
por la ley. Esto también lo consideró un aporte al desarrollo del pueblo. El
ingeniero Esparza abundó en este tema recordando cómo la empresa combatió la
incidencia de la enfermedad conocida como manganesismo, una afectación al
sistema nervioso central debida a la inhalación o ingesta de polvo de manganeso:
contrató al médico cubano Peñalver Ballina para analizar la presencia de este
mineral en el cuerpo de los trabajadores, para retirarlos de la actividad en el
tiro si fuera necesario y para atender los casos avanzados que se heredaron de
los anteriores dueños de la mina. Aquí se hizo investigación, prevención y
tratamiento de esta enfermedad.






























