sábado, 9 de junio de 2018

Nomenclatura urbana 3: La calle de Primo Verdad


En el sitio preciso donde arranca la subida sur hacia la capilla del Cerrito, la más directa pero también la más empinada, arranca también la calle de Primo Verdad (o Lic. Verdad, como aclara el único letrero que informa el nombre de la calle). Es una de las vías en las que se agrupa la creciente población del cerrito, conformada en el sitio que se le rebanó a esta estribación de la sierra de Cacoma para obtener materiales para la construcción de la carretera federal 80.

El arranque de la calle. En la cima del cerro puede verse el campanario de la capilla.

La calle de Primo Verdad es breve y sinuosa. La primera de sus curvas es altamente reveladora de la condición física de quien la recorre: es un empinado pero breve envión que, si no está uno acostumbrado a estas asperezas, no puede evitar coronarlo “resollando gordo”. La recompensa a este esfuerzo llega pronto, al descubrir las interesantes vistas del centro y el sur de Autlán, no tan buenas como las que se tienen unos metros más arriba en el cerro pero para nada desdeñables. Mientras uno sube en esta curva llama también la atención el paredón de piedra que quedó cuando se hizo la operación de rebanar el cerro que comenté arriba. En las inmediaciones de este paredón está practicada una pequeña hoquedad que contiene una imagen de bulto de la virgen de Guadalupe, innegable patrona de este lugar.

Una vista del paredón.

Viendo hacia el cerro Colorado.

La virgen de Guadalupe.

Conforme uno avanza por esta calle es imposible dejar de notar las soluciones de ingeniería que los dueños de las fincas que la conforman encontraron para construirlas en estas condiciones cerriles: soportadas por paredes de piedra, las que tenemos hacia la derecha, para arriba del cerro, cuentan con escaleras más o menos altas para llegar a la puerta de entrada, mientras que las de la izquierda, hacia abajo, tienen su entrada prácticamente en la azotea.



Una tarde en Primo Verdad.

Aunque a pocos metros de la primera curva hay otra que continúa subiendo a la capilla, a partir de esta vuelta la calle ya no se llama Primo Verdad. La vía que conserva este nombre a partir de la curva es un breve callejón, que sigue hacia el poniente y que está completamente cerrado a los lados por las altas paredes de las casas. A unos cincuenta metros de la segunda curva termina también el callejón, que se transforma en una vereda que bordea la falta del cerro y sigue por la orilla de los campos de agave hacia el rumbo de la colonia La Grana.

El último tramo de la calle de Primo Verdad, convertida en callejón...

... y convertida en vereda.

La calle de Primo Verdad es casi completamente habitacional, a excepción de un negocio de chácharas que se encuentra justo a su arranque, en la esquina con López Rayón, y un taller que está adosado al paredón, en la primera curva. Debido a la calidad del suelo, compuesto de piedra casi pelada, no hay mucha vegetación: solo pude ver un par de guajes y un guamúchil, eso sí, de buen tamaño. Sin embargo, contra la pared que sostiene una de las casas que están en la “acera” de arriba los vecinos encontraron la forma de crear un pequeño pero bonito jardín, con nopales, pasto y hasta un arbolito de pistache.


Francisco Primo de Verdad y Ramos fue un abogado novohispano, nacido en una hacienda de la jurisdicción de Aguascalientes el 9 de junio de 1760. Fue síndico procurador del Ayuntamiento de la ciudad de México cuando ocurrió la invasión napoleónica a España en 1808 y, desde ese cargo, propuso al virrey José de Iturrigaray que se formara un gobierno provisional en Nueva España, cuya soberanía residiera en el pueblo a falta del rey Fernando VII, preso por los franceses. Esto provocó la reacción de los peninsulares que habitaban en la capital, quienes depusieron al virrey y encarcelaron a Primo de Verdad en la cárcel del Arzobispado, donde murió el 4 de octubre de 1808.

El otro extremo de la calle.

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