La ponente explicó que la
alimentación intuitiva es un concepto introducido en 1995 dentro del campo de
estudio de la Nutrición, que se basa en la percepción de los propios sentidos
más que en un régimen estricto: el paciente debe atender a su propia sensación
de hambre o saciedad, aunque cuidando de no usar la comida como una forma de
enfrentar sentimientos como el estrés o la ansiedad. En nuestros días, el
concepto ha cobrado relevancia en un contexto de presión social por alcanzar el
ideal de cuerpo perfecto, a través de las redes sociales y los medios masivos
de comunicación, que en muchos casos ha llevado a dietas extremas y sin fundamento
y a trastornos emocionales.
Maelvy expuso diez principios que
tiene el concepto de alimentación intuitiva, explicando cada uno de ellos: se
recomienda rechazar la mentalidad de dieta, en el sentido de régimen estricto a
seguir; honrar tu hambre, es decir, no comer con culpa y disfrutar de la comida;
hacer las paces con la comida sin satanizar alimentos; retar a la policía de
los alimentos, que puede ser la propia familia, las redes sociales y uno mismo;
aprender a sentir el propio nivel de saciedad, descubrir el factor de
satisfacción, afrontar las emociones sin usar la comida, respetar el propio
cuerpo, ejercitarse y sentir la diferencia (sin relacionar el ejercicio con la
baja de peso) y honrar a la salud con una nutrición suave.
Ya para terminar la exposición,
la ponente explicó algunas diferencias entre el hambre física y el hambre
emocional, la primera de ellas se manifiesta con síntomas como debilidad y
necesidad de cualquier alimento, mientras que la segunda tiene que ver con
antojos y reacciones a ciertas emociones. Es esa hambre emocional la que en
ocasiones propicia una forma no saludable de alimentarse y puede estar influida
también por factores externos, como la publicidad, la convivencia y hasta el
olor de ciertos alimentos.

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