![]() |
| De izq. a der.: Rigoberto Benavides, Salvador Encarnación, Guillermo Tovar y Jesús Guzmán. |
En el presídium de esta sesión estuvieron
el secretario particular de la alcaldesa de San Gabriel, Rigoberto Benavides
Espíritu, y tres de los coautores del libro: José de Jesús Guzmán Mora y Salvador
Encarnación Jiménez, socios del Capítulo Sur, y Guillermo Tovar Vázquez, del Capítulo
Costa Sur, quienes comentaron el libro. Luego de la lectura de una semblanza de
cada uno de los comentaristas, comenzó la presentación del libro. El primer
turno en el orden de los comentaristas correspondió a Guillermo Tovar, quien
explicó que el proyecto del Mosaico Literario del Sur de Jalisco nació de una
plática informal que ocurrió la noche del 5 de septiembre de 2024 en la Casa
Taller Literario Juan José Arreola, luego de la presentación del libro Cien
años de Antonio Alatorre, entre la coordinadora de ese libro, Andrea
Reynoso Gutiérrez, y el maestro Ricardo Sigala, quienes comentaron lo interesante
que sería escuchar a los grandes escritores de esta región conversar sobre sus
pueblos. Ante la imposibilidad de escuchar una conversación así, comenzó a
desarrollarse la idea de emprender un trabajo de investigación que descubriera los
indicios del paso de estos autores por sus pueblos de escritores como Juan
Rulfo, Juan José Arreola, Guillermo Jiménez, Ramón Rubín, Antonio Alatorre,
entre otros. Así nació el primer volumen de este Mosaico, que contó con
seis ensayos de igual número de autores.
Sobre el segundo volumen, que se presentaba
en esta sesión, Tovar dijo que el enfoque es distinto a su predecesor, porque
aquí ya no se buscó abordar el vínculo de escritores consagrados con sus
pueblos sino dar un primer paso en la difusión de la vida y la obra de
escritores que, teniendo una obra de buena calidad, no han sido suficientemente
estudiados ni difundidos o, en otros casos, están siendo olvidados. Este segundo
volumen consta de diez ensayos, en el que Guillermo Tovar escribe sobre el
poeta autlense Jesús Nava Guevara, nacido a principios del siglo XX y quien
desempeñó a lo largo de su vida diversos puestos burocráticos en municipios de
Jalisco y en Correos de México, desarrollando paralelamente una obra poética
importante, de la que se han publicado solamente algunos ejemplos en periódicos
como El Informador y Unidad, de la Sociedad Mutualista de Empleados, Obreros y
Artesanos de Autlán. Tovar destacó que estos Mosaicos son un trabajo independiente,
que no cuenta con el respaldo de una institución académica o gubernamental,
pero que se ha realizado con rigor académico, que ha permitido que los textos
se publiquen luego de una revisión por pares.
![]() |
| Un rincón de la biblioteca de San Gabriel. |
En su oportunidad, Salvador
Encarnación leyó un texto que preparó para esta presentación, en el que comentó
los textos de los autores del Mosaico que no asistieron a la sesión. Salpicada su
lectura con sabrosas anécdotas sobre algunos de los escritores de los que se
habla en el libro, explicó que en este volumen Didiana Sedano estudia un poema
de Refugio Barragán de Toscano y las diversas ediciones de La hija del
bandido (el comentarista no desaprovechó la oportunidad de presumir un bien
conservado ejemplar de la edición de 1974, con un peculiar autógrafo del
ilustrador Tijelino), que Fernando G. Castolo habla sobre la escritora feminista
Esperanza Valdovinos, quien estuvo activa en Ciudad Guzmán en la década de
1930; que Ricardo Sigala define a Vicente Preciado Zacarías como un sucesor de
Juan José Arreola (cuya familia acostumbraba ir a comprar tortillas en taxi
desde su casa en las alturas de Ciudad Guzmán, como le tocó ver a Encarnación);
que Alfredo Velasco Cisneros se aboca a describir la obra de Alfredo Velasco
Cisneros, uno de los padres culturales de Zapotlán, junto con Guillermo Jiménez…
Salvador Encarnación, por fin, escribe en este Mosaico sobre Francisco González
Guerrero, originario de Gómez Farías, “uno de los escritores más importantes de
México”, a quien su pueblo no le ha hecho justicia con un reconocimiento a su
obra. El también cronista de Zacoalco de Torres terminó su intervención con un
comentario sobre la lectura de Pedro Páramo, que comienza en el
fragmento 37 y que debería leerse en voz alta como un murmullo, puesto que se
trata de una plática entre dos muertos que comparten sepultura.
Jesús Guzmán, el anfitrión,
explicó que aporta al Mosaico un texto sobre el poeta gabrielense Salvador
Escudero, de quien hizo una amplia exposición de su biografía y de su obra. Recordó
cómo, por sugerencia del historiador Gabriel Chávez Morett, descubrió que Escudero
nació en San Gabriel en 1883 y murió en 1946 en la Ciudad de México, perteneció
al Centro Bohemio y trabajó para el gobierno federal durante la presidencia de
Adolfo de la Huerta. También ganó el premio La Flor Natural, que recibió de
manos del presidente Venustiano Carranza, con el poema No escuche quien no
sabe de estas cosas, mismo título que impuso a un libro que publicó tiempo
después. El cronista de San Gabriel habló asimismo sobre la turbulenta vida política
de Escudero, quien tuvo un conflicto electoral con Basilio Vadillo por la gubernatura
de Jalisco, y sobre otros triunfos literarios de nivel nacional que obtuvo años
después.



No hay comentarios:
Publicar un comentario