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| Guillermo Tovar y José Luis Ortiz en la presentación de La Cristiada. |
La primera parte se desarrolló en
el Museo Regional donde, a partir de las 11:15 horas, se llevó a cabo la
presentación del libro La Cristiada, a cien años de distancia, del
cronista José Luis Ortiz García, originario de Tonaya y quien es, entre otras
cosas, socio de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de
Jalisco y del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Guadalajara. La presentación
se desarrolló con una asistencia muy pobre, que no pasó de unas 10 personas
hacia el final de la sesión; comenzó con una intervención del cronista de
Autlán, Guillermo Tovar, quien además de presentar al autor del libro hizo algunos
comentarios sobre la importancia de reflexionar sobre la Guerra Cristera a un
siglo de su inicio y sobre la dificultad que existe todavía ahora de abordar
este asunto sin apasionamientos, vestigio de su naturaleza de guerra
fratricida. Comentó también algunas de las acciones que ocurrieron en Autlán
durante esos aciagos años, como la batalla de El Chante de octubre de 1927 y el
ataque cristero a la ciudad en octubre de 1928, además de algunos personajes
que tuvieron algún papel en ellas: el capitán Arnulfo R. Díaz, muerto durante
la batalla de El Chante y sepultado en el Panteón de los Dolores, el sacerdote
Luis Orozco, asesinado por los federales, entre otros. Para Tovar, quienes
realmente llevaron el peso de la guerra fueron, como siempre, los civiles,
víctimas de todo tipo de violencias por ambos bandos.
José Luis Ortiz comenzó su
intervención explicando que la primera Cristiada, en la que nació el grito de ¡Viva
Cristo Rey!, ocurrió ya en el siglo XIX, durante la República Restaurada. El
discurso del autor del libro consistió en un recorrido por la historia de la
Cristiada, refiriendo el desencuentro entre el arzobispo de Guadalajara,
Francisco Orozco y Jiménez, y el gobernador José López Portillo, las
restricciones al clero derivadas de la conocida como Ley Calles y el asesinato
de Álvaro Obregón por José de León Toral, pero también se detuvo en mencionar
los nombres y principales acciones de líderes como Anacleto González Flores,
Miguel Gómez Loza, Victoriano Ramírez, José Reyes Vega, Aristeo Pedroza y el
mismo Orozco y Jiménez.
Un dato interesante de la
exposición de Ortiz García fue la afirmación de que la primera acción de la Guerra
Cristera, en contraposición con otras versiones, fue en Chalchihuites,
Zacatecas, a cargo de Pedro Quintanar. El autor conceptualizó la Guerra Cristera
como una lucha desigual entre un ejército profesional y un grupo de rancheros
mal armados, mal comidos, mal vestidos y, sobre todo, mal dirigidos, que desembocó
en un fin que no fue el fin: los famosos arreglos entre el gobierno federal y
los obispos, arreglos que Ortiz calificó de “muy tontos”, que dejaron en la
indefensión a los líderes cristeros quienes, desarmados, fueron asesinados
sistemáticamente en los siguientes años.
José Luis Ortiz tuvo espacio para
responder algunos comentarios del público, en el sentido de la existencia de un
documento con los arreglos, del que dijo que sí existe. Aún quedaron algunos
minutos para responder a más comentarios en corto y para autografiar algunos libros.
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| Érick Cisneros al piano. |
Luego de algunos minutos para
reacondicionar el espacio, ocurrió la segunda actividad del día, que fue el
debut del joven pianista Érick Guadalupe Cisneros Murillo, alumno del profesor
Jaime Gabino Gómez durante los dos últimos años, con quien llegó sin saber
absolutamente nada de piano. Érick interpretó un repertorio de diez piezas:
Matrimonio de amor
Reloj
Love Story
La nave del olvido
River flows in you
Passacaglia
Nuvole Bianche
Interstellar
Für Elise
A mi manera
El maestro Gabino explicó que con
este recital concluyó la preparación inicial que le dio a Érick, quien pasará a
manos del maestro Mauricio Allera Malo para continuar perfeccionándose.
Horas después, a las 18:00, y en
el templo de la Divina Providencia, conocido como “del padre Albino”, cerró la
jornada con un concierto de la Orquesta Sinfónica del Núcleo ECOS Autlán,
dirigida por el profesor Armando Emmanuel Pedraza Guerra. El concierto se
desarrolló ante unas 150 personas y con unas condiciones acústicas muy buenas,
gracias a la arquitectura del lugar, con el siguiente programa:
Fiesta Rumba
Marcha Eslava
Horn Pipe
Pomp and circumstance
Escena de ballet
Sueño despierto
Trepak
La cumparsita
Fuera de programa y ante la
insistencia del público, la orquesta concluyó su presentación con la cumbia Nunca
es suficiente, que fue premiada con una ovación de pie.



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