viernes, 27 de marzo de 2026

Literatura para entender el mal. Un encuentro de Liliana Blum con lectores autlenses

De izq. a der.: Marcela García y Liliana Blum.

 La tarde del jueves 26 de marzo, en el patio trasero de la Casa Universitaria se realizó la sesión De cerca con Liliana Blum, un encuentro de esta narradora mexicana con lectores autlenses auspiciado por la librería Carlos Fuentes. La sesión comenzó a las 18:20 horas y se desarrolló ante unas 70 personas, la mayoría estudiantes o trabajadores del Centro Universitario de la Costa Sur y participantes del club de lectura de la biblioteca Antonio Alatorre de ese centro de estudios.

La primera parte de la sesión consistió en una entrevista entre la autora y Marcela García Rojas, quien dirige el mencionado club de lectura. A partir de las respuestas de Liliana Blum a las preguntas de Marcela, pudimos conocer mejor no solo la concepción que la narradora duranguense tiene de la literatura sino su proceso creativo y su visión del mundo. Ella afirmó que escribe “para entender el mal”, concepto con el que se ha sentido en contacto desde la infancia, a partir de los regaños de su papá cuando cometía alguna travesura o algún error (“eres una niña mala”). A propósito de los personajes de sus novelas, que algunas personas califican de perturbadoras, dijo que los monstruos más letales están en la cotidianidad: en la familia, los gobiernos, la calle… en este sentido, dijo que la literatura es una forma de entender el mundo.

Sobre las relaciones de poder en su obra, dijo que un sentimiento muy común en todas las personas es el placer por ejercer el poder y de abusar de él. Refirió su texto Cara de liebre, en el que una mujer se dedica a asesinar hombres que conoce en bares, invirtiendo de esta forma la relación de poder que se vive de forma común, en la que las mujeres sufren de violencia de este tipo.

La autora habló ampliamente de su novela Ráfaga roja, su primera narración histórica, que nació a partir de una propuesta de su editor de “hacer algo” con el personaje de Hannie Schaft, quien formó parte de la resistencia holandesa durante la II Guerra Mundial. De esta obra, contó cómo fue el proceso para que esta novela no pareciera un libro de historia (materia que le parece bastante aburrida): la tuvo que reescribir y reducir su extensión de forma considerable, para quitar la mayor parte de los datos históricos, haciendo la versión definitiva en primera persona, donde Hannie habla con su hermana muerta. Esta segunda versión tiene menos datos históricos pero más emociones y una dimensión más humana.

Para Liliana Blum, sus personajes no se asumen como víctimas, a pesar de sufrir distintos tipos de violencia, sino que hay en ellos una especie de redención. En su obra hay elementos como la aparición del cuerpo femenino como campo de batalla, pero afirma que lo malo que hay en los hombres también lo puede haber en las mujeres. También hablo Liliana sobre su forma de escribir, afirmó que aprendió de sus lecturas de autores como Stephen King que para que el lector no suelte el texto, los personajes deben tener un propósito definido y obstáculos que mantengan el interés en la trama. Para definir su obra con un solo concepto, recurrió a “literatura humana”, porque intenta reflejar en sus textos la complejidad de la personalidad de la gente común.

La segunda parte de la reunión fue un diálogo directo con los lectores, quienes lo mismo leyeron textos preparados para la ocasión que le hicieron preguntas precisas sobre pasajes de su obra o le compartieron su experiencia al leerla: hubo quien se identificó con algún personaje, quien se sintió defraudado por la falta de castigo hacia algún villano y quien simplemente expresó el placer que la lectura le otorgó.

Al terminar, la autora firmó ejemplares de sus libros a los lectores y convivió un rato con ellos, ya sin protocolo.

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