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| De izq. a der.: Marcela García y Liliana Blum. |
La primera parte de la sesión
consistió en una entrevista entre la autora y Marcela García Rojas, quien
dirige el mencionado club de lectura. A partir de las respuestas de Liliana
Blum a las preguntas de Marcela, pudimos conocer mejor no solo la concepción
que la narradora duranguense tiene de la literatura sino su proceso creativo y
su visión del mundo. Ella afirmó que escribe “para entender el mal”, concepto con
el que se ha sentido en contacto desde la infancia, a partir de los regaños de
su papá cuando cometía alguna travesura o algún error (“eres una niña mala”). A
propósito de los personajes de sus novelas, que algunas personas califican de
perturbadoras, dijo que los monstruos más letales están en la cotidianidad: en
la familia, los gobiernos, la calle… en este sentido, dijo que la literatura es
una forma de entender el mundo.
Sobre las relaciones de poder en
su obra, dijo que un sentimiento muy común en todas las personas es el placer
por ejercer el poder y de abusar de él. Refirió su texto Cara de liebre,
en el que una mujer se dedica a asesinar hombres que conoce en bares, invirtiendo
de esta forma la relación de poder que se vive de forma común, en la que las
mujeres sufren de violencia de este tipo.
La autora habló ampliamente de su
novela Ráfaga roja, su primera narración histórica, que nació a partir
de una propuesta de su editor de “hacer algo” con el personaje de Hannie Schaft,
quien formó parte de la resistencia holandesa durante la II Guerra Mundial. De esta
obra, contó cómo fue el proceso para que esta novela no pareciera un libro de
historia (materia que le parece bastante aburrida): la tuvo que reescribir y
reducir su extensión de forma considerable, para quitar la mayor parte de los
datos históricos, haciendo la versión definitiva en primera persona, donde Hannie
habla con su hermana muerta. Esta segunda versión tiene menos datos históricos
pero más emociones y una dimensión más humana.
Para Liliana Blum, sus personajes
no se asumen como víctimas, a pesar de sufrir distintos tipos de violencia,
sino que hay en ellos una especie de redención. En su obra hay elementos como
la aparición del cuerpo femenino como campo de batalla, pero afirma que lo malo
que hay en los hombres también lo puede haber en las mujeres. También hablo
Liliana sobre su forma de escribir, afirmó que aprendió de sus lecturas de
autores como Stephen King que para que el lector no suelte el texto, los
personajes deben tener un propósito definido y obstáculos que mantengan el
interés en la trama. Para definir su obra con un solo concepto, recurrió a “literatura
humana”, porque intenta reflejar en sus textos la complejidad de la personalidad
de la gente común.
La segunda parte de la reunión
fue un diálogo directo con los lectores, quienes lo mismo leyeron textos
preparados para la ocasión que le hicieron preguntas precisas sobre pasajes de
su obra o le compartieron su experiencia al leerla: hubo quien se identificó
con algún personaje, quien se sintió defraudado por la falta de castigo hacia
algún villano y quien simplemente expresó el placer que la lectura le otorgó.

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