La ecóloga del fuego María
Faviola Castillo Navarro, académica del Centro Universitario de la Costa Sur,
presentó la conferencia Más allá de las cenizas: lo que el fuego se lleva y
lo que deja, un tema muy pertinente en este inicio de la temporada de incendios
forestales en nuestra región. La ponencia resultó muy ilustrativa sobre el
verdadero papel del fuego en la vida de los bosques: aunque la percepción generalizada
es que el fuego en un bosque es algo malo, en realidad es parte de su dinámica
y también es necesario para algunos procesos.
La ponente comenzó explicando que
no todo el fuego es igual y que no es lo mismo fuego que incendio. Este último
fenómeno se da cuando el fuego, una reacción que involucra calor, oxígeno y
material combustible, se sale de control y se propaga por las montañas. También
nos presentó algunos números sobre incendios forestales en México: en 2025 hubo
más de mil 500 en Jalisco, afectando más de 83 mil hectáreas, nuestro Estado es
uno de los que más presentan este problema, junto con Chihuahua y Chiapas.
Los incendios forestales son combatidos
por brigadas integradas en muchos casos por voluntarios, algunos de los cuales
han perdido la vida en esta tarea. Sin embargo, existen técnicas para
prevenirlos: una de ellas, que explicó la maestra Faviola, es el llamado fuego
prescrito, una quema de material combustible en un espacio determinado, que
debe hacerse con pleno conocimiento de lo que se está haciendo y con objetivos
precisos, la quema de este material evitará que se den incendios más intensos. Uno
de estos fuegos prescritos fue realizado recientemente en el municipio de
Atenguillo, para prevenir incendios al paso de los peregrinos a Talpa, y la
ponente nos mostró un video de cómo se realizó la quema.
Enseguida, Faviola Castillo
explicó las dos caras de lo que representa el fuego para los bosques. La cara negativa
implica la mortalidad de arbolado que tarda décadas en crecer, con la
consiguiente pérdida de hábitat, contaminación del aire y erosión. Por otro
lado, el fuego en un espacio boscoso permite la liberación de carbono “guardado”
en el suelo (una hectárea puede tener entre 80 y 120 toneladas de este
elemento, 80% del cual se libera en un incendio severo), permitiendo el
reciclaje de este material, alimentando a nuevos árboles.
En palabras de la ponente, luego
de un incendio “la naturaleza reinicia el juego”, permitiendo la germinación de
semillas de algunos pinos, que necesitan el calor para romper su cubierta, la
muerte de árboles grandes permite la entrada de sol y el renacimiento del
pasto, con el que regresan los animales como venados o conejos y, tras ellos,
sus depredadores. Existen plantas, como las salvias, que solo florecen cuando
sus competidoras perecen en un incendio.

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