jueves, 30 de enero de 2020

Conversciones sobre Autlán 12: Antonio Rojas, la leyenda negra


La noche de este viernes 29 de enero se celebró en el salón de usos múltiples del Museo Regional la duodécima sesión del ciclo Conversaciones sobre Autlán, organizado por el cronista de Autlán, Guillermo Tovar. Con la asistencia de 16 personas, la sesión comenzó a las 19:10 horas. Esta vez la exposición que dio pie a la conversación estuvo a cargo de Carlos Martín Boyzo Nolasco, autlense, vicepresidente de la Asociación de Cronistas Municipales del Estado de Jalisco y cronista de Atemajac de Brizuela. Su tema fue Antonio Rojas. La leyenda negra.
Con un retrato de Antonio Rojas como fondo, proyectado sobre uno de los muros del salón, Carlos Boyzo comenzó la plática con una reflexión sobre el trabajo de los cronistas municipales, que van narrando los acontecimientos que ocurren en su comunidad con una intención literaria, atractiva al lector. Este trabajo constituye una de las fuentes de la Historia, a la que acudirán los historiadores del futuro.
Enseguida, antes de pasar a la historia de Antonio Rojas, el cronista hizo un repaso por los antecedentes de la guerra de Reforma en México, desde la promulgación del Plan de Ayutla hasta los primeros levantamientos en Autlán para oponerse a la Constitución de 1857. La primera manifestación aquí fue la quema de un ejemplar de la Constitución por Santiago Garabito, un personaje de carácter bullanguero que se había levantado en armas en Yahualica en 1858, para pasar enseguida al centro y a la Costa de Jalisco.
Antonio Rojas, siguió explicando Boyzo, se levantó en Tepatitlán en ese año pero a favor de la Constitución luego de que el gobierno de Félix Zuloaga le quitara una propiedad raíz, de las llamadas “de manos muertas”, ubicada en Atoyac, que antes se le había otorgado conforme a las Leyes de Reforma. Como no podía ser de otra forma, el expositor destacó de Rojas su carácter violento y las acciones bárbaras que cometió contra la población civil, incluyendo el asesinato del conservador José María Blancarte luego del triunfo liberal y la consiguiente puesta “fuera de la ley” de Rojas por parte del gobernador Santos Degollado.
Según la información expuesta en esta conversación, Antonio Rojas estuvo activo durante la guerra de Reforma en los Estados del Occidente de México, realizando ataques a Aguascalientes, Teúl y otros lugares, aunque el principal escenario de sus correrías fueron las sierras del Tigre y de Mascota. Su cuartel general habría estado en Autlán, en una finca ubicada sobre la actual calle de Matamoros, frente a la Alameda. Esa casa sería conocida como “el cuartel de Rojas” todavía en la década de 1970. También combatió a los invasores franceses durante la Intervención, enfrascado en una carrera de crueldad en la que ambos bandos recurrían a acciones de saña extrema contra la población civil: quema de pueblos enteros, como Mascota, asesinatos, robos, extorsiones y leva eran el pan de cada día para los habitantes de nuestra región. Boyzo llamó a la carrera de Antonio Rojas “un camino de sangre”.
Sin embargo, una atenuante para los crímenes de Rojas, según dijo el expositor, aunque sin justificar la violencia ejercida sobre los civiles, fue que este personaje fue siempre fiel a un solo bando político y murió con las armas en la mano contra el invasor extranjero: el 28 de enero de 1865 se enfrentó a las fuerzas del francés Alfredo Berthelin, apodado la Avispa, en las cercanías de Unión de Tula, donde fue vencido y muerto.
La historia de Antonio Rojas que nos fue expuesta por Carlos Boyzo, resumida aquí de forma apretada, estuvo salpicada por anécdotas que la hacían aún más interesante y que ayudaban a conocer mejor la personalidad y el contexto en el que vivió este personaje: la saña con que se conducía contra el pueblo de Mascota, patria chica de los militares conservadores de apellido Tovar, al que mandó quemar en una ocasión, sin que se salvara la casa de la familia que le había dado hospedaje; el balazo que recibió en Autlán luego de una insurrección de sus propios hombres y que le causó fuertes y constantes dolores el resto de su vida, que le agriaban aún más el carácter haciendo que decidiera muertes y otros crímenes de forma intempestiva; la promulgación del plan de Zacate Grullo, en el actual pueblo de El Grullo, en el que se amenazaba con la muerte a los civiles que no ayudaran a sus Brigadas Unidas… pero también la crueldad con la que se conducía el francés Berthelin, contraguerrillero que habría llegado a Jalisco con la consigna de hacerse más temible que el mismo Rojas y que también cometió asesinatos y toda clase de abusos contra los civiles.
Luego de la exposición logró entablarse una conversación con los asistentes, en la que se vertieron comentarios que destacaban las características literarias de la personalidad de Rojas, comparaciones entre éste y Pedro Zamora y los matices que hay que tener en cuenta antes de clasificar a un personaje como bueno o malo: en el caso de Rojas, la crueldad de sus enemigos, la invasión militar de un país extranjero y su fidelidad a un mismo bando político serían atenuantes con los que no contó Zamora. Hubo quien recordó, además, la huella que dejó Rojas en el habla popular autlense durante varias generaciones en la expresión Préstamos de Rojas, para referirse a un préstamo monetario de dudosa recuperación.

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