Tierra, memoria y son
comenzó a las 20:00 horas ante varios cientos de personas que llenaron el
espacio disponible en el Casino. El ballet se presentó en la pista de baile y
no en el escenario, por lo que la interacción con el público fue mucho más
cercana; el programa consistió en estampas de diversos estados del país, otra
del Día de Muertos y Autlán Costumbrista, una celebración de la
identidad autlense, todas con la participación de los tres grupos de bailarines
que conforman el ballet, con bailarines cuyas edades van desde la infancia
hasta la juventud.
La primera estampa que representó
el ballet fue la de Aguascalientes, con estampas que describen algunas
tradiciones de ese Estado, como los trabajos de bordado, la charrería y las
peleas de gallos, de la cual se escenifica una representación al final de la
estampa. La música y el vestuario, relacionados fuertemente con la charrería y
el mariachi, nos recuerdan el fuerte vínculo entre Aguascalientes y los Altos
de Jalisco.
La estampa de Nayarit consistió en
sones mestizos con mariachi tradicional, cuya música, vestuario de manta y
vestidos amplios remiten al clima y la sociedad costera, con mayor ritmo y velocidad
en los bailes. Esta estampa incluyó la vistosa
suerte de los machetes, ejecutada por bailarines del grupo mayor.
El tercer turno fue para la
estampa de Día de Muertos, en la que abundaron los maquillajes de calaveras y catrinas
entre bailarines que ejecutaron evoluciones sobre música muy diversa: desde el
vals Morir de amor hasta La cucaracha, pasando por las modernas
versiones de la tradición del Día de Muertos, encarnadas en las canciones Recuérdame
y Camino de cempasúchil. Aquí llamaron mucho la atención las ejecuciones
del grupo de niños más pequeños, con trajes de charro y maquillados como
calaveras, además de la participación de la cantante tonayense Mercedes Gálvez
Terríquez, quien interpretó las canciones La llorona, La bruja, Como México
no hay dos y Paloma negra, haciendo gala de buena voz y técnica
vocal y con el apoyo de pistas musicales.
![]() |
| La bendición. |
Enseguida vino la estampa Autlán
Costumbrista, compuesta por el director del ballet, Orlando Israel Ramírez
Ramírez como una evocación de la vida en Autlán a finales de la primera mitad
del siglo XX, basada en crónicas de la época. En ella, los bailarines representan
elementos de la cotidianidad en Autlán en esos tiempos, inmediatamente previos
al crecimiento y modernización de la ciudad: aparecen los pregones de
vendedores de artículos producidos aquí, los pleitos entre barrios, los bailes
elegantes en las casonas del centro y los populares en las barriadas, las serenatas
en el kiosco… pero un lugar importante lo tiene en la estampa la representación
de la bendición de las 9 de la noche, momento en que sonaban en la parroquia
del Divino Salvador tres campanadas que se escuchaban perfectamente en todo Autlán
y que los fieles recibían hincándose o, por lo menos, descubriéndose la cabeza
y volteando hacia la parroquia, interrumpiendo cualquier cosa que estuvieran
haciendo. A pesar de que en esta parte de la representación los bailarines permanecen
inmóviles, es una de las que tienen una mayor fuerza dramática. A lo largo de
la estampa podemos escuchar sones abajeños, mazurkas y otros géneros, con el
apoyo de fotografías de la época proyectadas sobre una pantalla colocada sobre
el escenario.
Al concluir la estampa anterior,
la cantante autlense Rosario Sevilla tuvo una breve intervención para cantar
piezas como Perfidia y Mi eterno amor secreto, quien dio paso a
la última estampa de la noche, que no podía ser otra que Jalisco: sones con mariachi,
incluyendo el emblemático La negra y la espectacular representación de La
culebra.


No hay comentarios:
Publicar un comentario