lunes, 16 de febrero de 2026

Entre rock y sombreros terminó el Carnaval Alternativo 2026


 En alguna entrevista, Juan José Arreola afirmó que de la única vez que había asistido a un concierto de rock se había quedado con la impresión de que vivió una Noche de Walpurgis, fiesta tradicional del norte de Europa en la que hay desenfreno, fuego, música y juerga. Fue precisamente con rock en varios de sus matices que se vivió la segunda y última jornada del Carnaval Alternativo 2026 en la Alameda, en la que actuaron bandas locales y foráneas, en un ambiente festivo y una erupción de energía. La actividad comenzó a las 18:40 horas y asistieron varios cientos de personas, cantidad difícil de precisar ante la amplitud del espacio y el hecho de que el número fue creciendo paulatinamente conforme pasaban las cinco horas que duró la jornada.

Kortlivad


El grupo abridor fue Kortlivad, de Autlán, integrado por dos guitarras y bajo eléctrico, batería y voz, es decir, la instrumentación clásica de una banda de rock. Ellos ofrecieron un repertorio de composiciones propias, de rock duro con reminiscencias metaleras, siendo en este aspecto una excepción en el panorama de bandas locales. Entre su programa figuraron piezas como Free soul, Lamento, Martirio, Far away, Penitencia y Edén, que pueden encontrarse en las plataformas de streamening; todavía les tocó presentarse con luz del sol y con un público escaso y algo frío, lo que no fue pretexto para que la banda ofreciera un concierto de muy buena calidad.

The Ticús.


De El Grullo vino The Ticús, un trío (guitarra, bajo, sintetizadores y voz) que también ofrece música propia y algunos covers, en un estilo post punk, experimental, con largos pasajes instrumentales y letras llenas de metáforas, a veces cantadas y otras más bien recitadas, con títulos como Oda a las sombras o Desaparecer. Con ellos ya había un público más numeroso y animado, aunque pocos eran los que se reunían ante el escenario y todavía había una buena cantidad en los puestos del tianguis cultural que rodeaban la cancha de voleibol frente al escenario.

Banda Forajida.


La Banda Forajida, que llegó desde Atoyac, trajo lo que ellos mismos llaman rock ranchero, que complementan con una facha vaquera que incluye sombrero tejano. Con una alineación de bajo, guitarra eléctrica, guitarra electroacústica, batería y voz, estos vaqueros rocanroleros efectivamente combinan la base del rock con un ritmo y letras efectivamente rancheros y títulos como Canción cursi, Alejandra, Arreando la mula o Perra vida.

Above the blue.


Con Above the blue, banda tapatía que ya había estado en Autlán hace algunos años para participar en el Festival RockAutlán, comenzaron las primeras manifestaciones de slam, protagonizadas no solo por los viejos lobos de mar sino también por una criatura de un par de años de edad moviéndose según veía hacer a los que se empezaban a alocar. Es una buena banda, de un sonido metalero logrado con dos guitarras, batería y voz. Ellos ofrecieron un set de nueve canciones y la respectiva introducción, entre las que estuvieron Veneno, The sky is falling y Destino sin camino, con la que cerraron la noche y dejaron el escenario para la banda estelar...

Thell Barrio.


... que no fue otra que Thell Barrio, del barrio tapatío de Santa Margarita, con veinte años de experiencia a cuestas que se notaron en su presentación, de aproximadamente una hora, iniciando justo a las 22:27 horas. El grupo recibió a un público no solo ya prendido sino también expectante por escuchar a una de las bandas principales en la escena de este género, lo que se manifestó con fuertes pasajes de slam. Es una banda metalera, de sonido áspero, pesado, y con letras críticas que reflejan los problemas de la vida cotidiana en la ciudad. De las 16 canciones que presentaron, muchas fueron coreadas por el público, integrado por una gama amplia de edades, desde adolescentes hasta gente que ya está pensando en el mejor procedimiento para obtener una buena pensión: Póngase trucha loco, Honor y gloria, Perros de la calle, fueron de las más coreadas, aunque fue con Caer, la última de la noche, con la que se vio una mayor manifestación de energía. Para presentarse en Autlán, Thell Barrio alineó con dos guitarras, bajo, batería, percusiones menores y voz.

Un momento curioso que pocos notaron, atentos como estaban al escenario, fue la llegada de varios soldados, elementos de la Guardia Nacional y de la policía municipal a la Alameda cuando promediaba la presentación de Thell Barrio, quienes se fueron colocando alrededor de la cancha de voleibol y se mantuvieron ahí durante unos minutos, hasta que se replegaron a la cancha de futbol que está frente a la escuela Paulino Navarro y, a poco, se marcharon. Esto no fue impedimento para que el vocalista estimulara a sus oyentes a brincar con la frase de “El que no brinque es un puto policía”.

En las dos jornadas del Carnaval Alternativo se instalaron alrededor de la cancha de voleibol algunos puestos de venta de artículos diversos, anunciado como Tianguis Cultural. Ahí se podían encontrar artesanías, como piezas de marroquinería de Silvestre Díaz, artículos de crochet, velas aromáticas y reproducciones de dibujos de Alexis Landín, del colectivo Capos, convertidos en separadores de libros, calcomanías y posters. Pero también había peluches, camisetas, figuras de Lego, prendedores, libros, ponche traído desde Comala, churros, cerveza artesanal, joyería, sopas instantáneas, bebidas preparadas, entre otros artículos. Uno de los puestos ofrecía, incluso, una actividad que llamó la atención de varias personas: vendían bolsas de manta y dejaban que las personas las pintaran como quisieran, proporcionándoles las pinturas y pinceles necesarios, de donde salieron dibujos interesantes.

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