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| Isaac Fonseca (izq.) y Carlos Efrén Rangel. |
La primera parte de la reunión fue
básicamente una entrevista entre Isaac y Carlos, aunque sin un formato rígido. Es
decir, Carlos sí le hizo algunas preguntas al matador, aunque todo se
desarrolló más como una conversación informal, con fluidez y un intercambio
constante de conceptos. La sesión abrió con la lectura por parte del conductor
de una semblanza de Isaac Fonseca, con datos biográficos y de su carrera
profesional, para pasar enseguida a una como sección de calentamiento, en la
que se habló de generalidades: Fonseca explicó que quiso ser torero por una
afición heredada de su abuelo y que ha desarrollado desde su infancia; encima
de esto, decidió ejercer este oficio al ver el profesionalismo con que se vive
en España. Habló también de asuntos como su afición a las series de Netflix, el
criterio para elegir el color del vestido que va a sacar en un festejo y su
desarrollo profesional en los dos últimos años, que corresponden a la última
vez que vino a Autlán. Sobre esto, dijo que ha depurado su técnica, su estética
y su asentamiento y tiene una mayor intención de poner en alto la tauromaquia.
Más adelante, se trataron temas
algo más escabrosos. El matador dio su opinión sobre el movimiento antitaurino,
del que dijo que es una amenaza para la tauromaquia, pero también una oportunidad
para los aficionados, para tomar con mayor seriedad la defensa de esta tradición
y volverse más activistas. En este sentido, dijo que los aficionados deben
asumir la tarea de enseñar la verdad de la tauromaquia y combatir las
falsedades que generalmente sirven de materia prima a las publicaciones
antitaurinas en redes sociales; las empresas taurinas, en su opinión, deben
tomar parte también en este esfuerzo. Otro tema que se ventiló aquí fue el de
las diversas identidades taurinas, que varían entre países y aún entre regiones
del mismo país: el matador describió cómo se vive una tarde de toros en Pamplona,
donde la mitad del tendido está en plena fiesta, o en Las Ventas, plaza en la
que hay pasajes de absoluto silencio. En México, dijo, hay regiones donde la
tauromaquia está muy ligada a las fiestas patronales, otras, como Autlán,
tienen más relación con la fiesta profana.
A pregunta del conductor, el
torero recordó su faena del pasado 14 de mayo en Madrid, donde toreó a Brigadier,
de la ganadería de Pedraza de Yeltes, con 667 kilos de peso: habló de pasajes
de esa faena, la más importante de su carrera hasta ahora (“que tú le hagas un
inicio explosivo, con los olés de Madrid, que luego lo cuajes por abajo, media
muleta arrastrada…”), pero de la que no tuvo plena conciencia hasta que vio las
imágenes publicadas en la prensa. Esto, porque al estar enfrentándose al toro
su atención está puesta en las características del animal y lo que él debe hacer
con ellas. Recordó su tarde triunfadora en Autlán en el Carnaval de 2024 y su
lesión en la rodilla; en el cartel de este año en el que está incluido, con
toros de Begoña, alternará por primera vez con el español Daniel Luque y será
un cartel que “va a sacar chispas”.
En la última parte de la reunión,
el torero respondió preguntas y comentarios del público, de diversos tópicos: hubo
elogios a su forma de torear y cuestionamientos sobre cómo procesa una mala
tarde (suele no hablar con nadie, pero con el tiempo ha aprendido a salir más
rápido del sentimiento de derrota y volver a tomar los avíos), preguntas sobre
el papel de las redes sociales en la difusión de la tauromaquia y cómo los toreros
jóvenes están activos en ese ámbito y sobre cómo imagina la tauromaquia dentro
de diez años, a lo que respondió que cree que habrá cambios importantes en la
reglamentación, “para que todo mundo esté contento”. Hubo, claro, una variedad
mayor de comentarios y preguntas.
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| Obra de la señora Acela Michel. |



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