Yo no sé si, en opinión
de los que saben, podamos hablar de una tradición cuentística autlense.
Existen, claro, grandes exponentes de este género literario que han hecho
permanecer en el tiempo conceptos y formas de ver el mundo desde Autlán: Juan
Manuel Gómez Sandoval y José Francisco Cobián son de los más conocidos, aunque no
los únicos.
El último libro de
cuentos publicado en nuestro pueblo y, hasta donde sé, el primero en difundirse
digitalmente, es Jóvenes 2.0, una
recopilación de 46 cuentos escritos e ilustrados por alumnos de la Secundaria
Autlán, bajo la coordinación de sus profesores Martha Verónica Sandoval Rangel
y Carlos Efrén Rangel García. Con la relación entre los jóvenes y la tecnología
como hilo conductor, los autores de estos cuentos entregan un revelador retrato
de las preocupaciones, temores, esperanzas y motivos de alegría de los integrantes
de la ahora llamada Generación Z, en
el afán etiquetador de nuestra sociedad.
Y no, no se trata de una
colección de ejemplos del nihilismo y la falta de compromiso que se endilga
como seña de identidad a esta generación de nacidos en el tercer milenio: en la
lectura de Jóvenes 2.0 podemos
encontrar lo mismo alegatos en contra de la absorción casi absoluta del interés
de los jóvenes por los gadgets (a lo
que califican literalmente como un vicio) que la posibilidad de que el
desarrollo tecnológico nos lleve a mejorar nuestra calidad de vida. Hay varios
textos que se pueden clasificar como buenos ejemplos de antiutopía, en los que
la evolución de la tecnología lleva a situaciones de esclavitud o, de plano,
destrucción de la Humanidad; advertencias sobre los peligros de la red de redes;
descripciones de aparatos fantásticos (llama la atención la recurrencia de
menciones a una máquina del tiempo); una comparación detallada entre una forma
de vida pretecnológica y nuestra sociedad hiperconectada y hasta historias de
éxito personal debidas al talento para la tecnología. Podemos encontrar, además,
acercamientos a estilos tan distintos como la novela romántica del siglo XIX y
el gore, entre otros.
Los temas que tratan
estos estudiantes de secundaria y la forma en que los abordan sí son dignos de
atención, pero también lo es la calidad de algunos de los trabajos: podemos
encontrar cuentos que muestran un talento natural para la mera narración pero
también para la creación literaria formal, con un amplio arsenal lingüístico y
la capacidad para mantener la atención del lector a lo largo del texto y dejarlo
listo para asestarle el golpe final y noquearlo sin remedio. Bien llevados,
estos autores pueden convertirse en una brillante realidad para las letras
autlenses en un futuro a corto plazo.
De modo que, si se me
permitiera hablar de una tradición cuentística autlense, Jóvenes 2.0 podría ser el preámbulo de la necesaria inyección de
vitalidad que necesitaría para mantenerse viva y actualizada.
Que así sea…
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