lunes, 11 de mayo de 2015

Violencia

Tienda La Oriental, en la esquina de las calles de Mariano Escobedo y Antonio Borbón.

Publicado originalmente en Letra Fría.

En los últimos años, tal vez a causa del cambio climático, en Autlán se ha vuelto común que, de vez en cuando, la vida cotidiana se trastorne durante unos cuantos días a causa de algún huracán o una simple lluvia con una duración mayor a 24 horas. En esos casos, los autlenses generalmente tomamos la pausa en nuestras rutinas con un ánimo más bien festivo, esperamos a que termine, si es necesario limpiamos (secamos) lo necesario y volvemos a comenzar.
Lo que ya no era común es que nuestra cotidianidad se revolviera a causa de la violencia y el fuego, como nos ocurrió en la infausta jornada del 1 de mayo pasado, ampliamente cubierto por los medios de comunicación locales, nacionales e internacionales. Esta vez la pausa fue bajo un ambiente de miedo, con una calma más que tensa dentro de nuestras casas, buscando información en la televisión o el Internet.
Hasta donde yo sé, una situación semejante, con acciones de violencia dentro del pueblo, no se vivía en Autlán desde hace casi un siglo, específicamente desde la Guerra Cristera.
El cronista don Ernesto Medina Lima escribió que el 21 de octubre de 1928, unos cuantos meses antes de la firma de los acuerdos que marcaron el fin de esa guerra, el pueblo fue atacado por el norte y por el oriente por una columna de alrededor de 600 cristeros bajo el mando de los cabecillas Ibarra, Bouquet y Cueva. La tarde y la noche de ese día se desarrolló una batalla de aproximadamente diez horas por las calles de Autlán que, aunque no logró ser tomada por los atacantes, sí sufrió el saqueo de tiendas (una de ellas, La Oriental, a una cuadra de la presidencia municipal) y casas y el secuestro de seis vecinos conocidos.
Podemos fácilmente imaginar cómo vivieron esa fecha los autlenses, envueltos en un fuego cruzado y sin la más mínima garantía. Solo que aquella era una declarada situación de guerra y la que vivimos actualmente, según el discurso oficial, no lo es.
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