viernes, 19 de abril de 2019

Bitácora de viaje 5: Yahualica, en el redondel



Remanso de sosiego cordial, intacto el recio estilo antiguo de los pueblos apartados, dueña de comodidades modernas, la villa de Yahualica brinda su añejo sabor al forastero que busque lugares de descanso no trillados por el turismo vulgar, turismo afecto a las perspectivas teatrales: nada más distinto a este género de atractivo... compararíase su sabor con el de un vino seco, espirituoso, esencial.
Agustín Yáñez

Los Altos y la Costa de Jalisco son las dos regiones jaliscienses más distantes y distintas entre sí: las apartan accidentes geográficos como la distancia y la altitud sobre el nivel del mar, que a su vez provocan diferencias grandes en el clima y el medio, cálido y húmedo en la Costa y frío y reseco en los Altos. En la historia reciente, estas dos regiones estuvieron diferenciadas también por los cacicazgos antagónicos del licenciado J. Jesús González Gallo y del general Marcelino García Barragán, ambos gobernadores de Jalisco en periodos sucesivos y que tuvieron una influencia decisiva en sus regiones, desde Yahualica y Autlán, respectivamente.
El fin de semana entre el 13 y el 14 de abril de 2019 un grupo de veinte autlenses visitamos Yahualica para culminar un taller de lectura de la novela Al filo del agua, de Agustín Yáñez, en la que, según algunos críticos, se retratan elementos de la vida de este pueblo alteño que fueron conocidos por este escritor tapatío durante su infancia y juventud. El taller de lectura se desarrolló entre septiembre y noviembre de 2018 en el Museo y Centro Regional de las Artes, en Autlán. Veinte visitantes de la tierra de Marcelino García Barragán a la de Jesús González Gallo, protagonistas de una rivalidad política que llegó a costar vidas a mediados del siglo XX.
El grupo de autlenses que viajó a Yahualica era bastante heterogéneo: desde niños de menos de nueve años hasta adultos de más de 65, estudiantes, amas de casa, empresarios, funcionarios públicos, comunicadores… todos fuimos recibidos amablemente por Sandra Pérez, secretaria de la dirección de Turismo de Yahualica, y por el profesor Jorge Torres, quienes nos dieron un recorrido guiado por algunos de los lugares más sobresalientes del pueblo, en el que además pudimos darnos cuenta de algunos elementos que aparecen en la novela de Yáñez.
El recorrido hubo de esperar a que nos instaláramos todos en el hotel Toledo, una finca de cantera, como la mayoría de las del centro de Yahualica, cuya fachada tiene alguna similitud con la llamada Casa de los Perros en Guadalajara y en la que pudimos ver, nada más poner un pie en su vestíbulo, uno de los afamados incendios que se instalan al inicio de la festividad de la Semana Santa. Al punto recordamos los incendios descritos por Agustín Yáñez en su novela.
Ya sobre la una de la tarde nos reunimos de nuevo en la Presidencia Municipal, donde comenzó el recorrido por Yahualica. En el cubo de la escalera de este señorial edificio nos detuvimos para contemplar el mural Alma de cantera, pintado en acrílico sobre madera por Anastacio Mercado Martínez y cuyos 60 m2 cubren las cuatro paredes. El artista retrató en este mural un panorama urbano del pueblo, a través de algunos de los edificios del centro; algunas de sus actividades principales, como la cantería, y a sus personajes más distinguidos, dedicando un espacio mayor a los más destacados: en un lugar aparte retrató a Jesús González Gallo, en otro a Agustín Yáñez y al músico Higinio Ruvalcaba y, en la pared principal, pintó una procesión del Señor del Encino entrando por la “calle derecha”, encabezada por el cardenal Juan Sandoval Íñiguez y otros personajes yahualicenses. Aquí el profesor Jorge Torres nos dio una explicación del mural y de la vida y obra de algunos de estos personajes, incluyendo una versión del nacimiento de Agustín Yáñez según la cual no habría nacido en Guadalajara sino en un lugar conocido como El Refugio, en el camino de Yahualica a la capital de Jalisco, a donde huía su familia. Oímos también la historia de Francisco Tenamaxtle, líder indígena que combatió a los españoles en los primeros años de la Colonia.

Detalle del mural Alma de cantera.

De este punto nos trasladamos al salón de Cabildo, en el que nos fue mostrada una galería de retratos de todos los presidentes municipales de Yahualica, presidida por un retrato en gran formato de Jesús González Gallo. De este personaje nos fueron narradas algunas anécdotas sobre su influencia en el desarrollo urbano y económico del pueblo, para enseguida, aprovechando la espléndida vista que se tiene del centro de Yahualica desde la ventana de este salón, el profesor Torres nos dio una explicación de algunos de sus principales elementos urbanísticos: la omnipresente cantera, extraída de los cerros cercanos y trabajada aquí mismo por maestros que conservan el conocimiento del oficio desde generaciones, la construcción de la parroquia, las particularidades de la plaza principal, cuyo kiosco original se perdió hace décadas (como pasó con el de Autlán hace más o menos el mismo tiempo), la estatua de González Gallo que mira de frente a la Presidencia, la tienda La Flor de Mayo, que es mencionada en Al filo del agua, el sitio donde fue preso el ahora santo Román Adame, atado a uno de los pilares del portal… en fin, una plática sustanciosa y amplia, perfecta como introducción para conocer el pueblo.

Afuera del mercado.

Luego de recorrer la Presidencia salimos de ella por la puerta que da a la calle de Manuel Ávila Camacho, para de ahí caminar unos metros y conocer el mercado municipal “viejo”, que guarda una cierta semejanza con el mercado Benito Juárez de Autlán destruido en 1956. Es notable el orden y limpieza de este mercado, cuyos comercios se encuentran organizados en islas, donde se pueden encontrar artículos típicos de Yahualica, como los infaltables chiles y salsas picantes, artículos de talabartería, comidas como la birria de borrego o de res, mariscos, loncherías, tacos, entre otros. También se pueden adquirir dulces y panes tradicionales de aquí, como las famosas chorreadas. En la parte exterior del mercado se encuentran las carnicerías y otros comercios. El orden de que hablé antes se nota en la uniformidad de la imagen de los puestos: en los del exterior incluso los letreros son todos iguales y en los internos, aunque cada puesto tiene su propia imagen, evitan en ella las estridencias y el mal gusto.

Dentro del mercado.

Y la limpieza es notoria en todo el centro del pueblo: es sorprendente (por lo menos para un autlense) la mínima cantidad de comerciantes ambulantes, lo que permite admirar el bien cuidado jardín, los detalles de las construcciones y el paisaje urbano en general. Esto lo notamos en el recorrido que por este lugar hicimos luego de salir del mercado, siempre bajo la guía del profesor Torres, quien nos mostró el sitio donde estuvo preso Román Adame, donde a manera de recuerdo permanecen unos aros de hierro sujetos al pilar; la parroquia de San Miguel Arcángel, que presentaba las imágenes cubiertas con paños morados a manera de luto (el día anterior había sido Viernes de Dolores) y donde pudimos ver el lugar donde se encuentran los restos de los padres de Agustín Yáñez y los del señor Luis Fabián, constructor de la parroquia. Este templo contiene algunos monumentos dedicados a personajes de Yahualica: el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, al canónigo Ignacio Íñiguez Delgadillo y al evangelizador fray Miguel de Bolonia, junto con uno, en cantera, al Señor del Encino.

Parroquia de San Miguel Arcángel en Domingo de Ramos.

Luego salimos del centro para conocer el campo deportivo de La Calavera, que hasta el año 1965 fue el panteón municipal y que conserva su pórtico del siglo XIX, coronado por una calavera, cómo no, de cantera (de ahí su nombre, que trascendió a todo el barrio). Dentro del campo deportivo, que es una cancha de futbol de pasto sintético, se encuentra un monumento a san Román Adame, levantado en el sitio exacto donde fue fusilado. Un par de frases de este personaje, dichas en sus últimos momentos de vida, están inscritas a los lados de la entrada.
Acelerando un poco el paso, conocimos el templo del barrio de La Cantera y la plaza de toros Jalisco, con capacidad para alrededor de 5 mil personas, para pasar enseguida a la glorieta de las Mujeres Enlutadas, un monumento a la novela Al filo del agua hecho en su aniversario 50 y ubicado en la entrada a Yahualica desde Mexticacán. Labrado en cantera, el monumento es una reproducción del grabado que aparece en la portada de la novela de Agustín Yáñez. El profesor Torres nos explicó cómo este monumento había estado antes en otros sitios, entre ellos la explanada afuera de la plaza de toros, pero que a la gente no le gustaba. Por eso se decidió colocarla en este lugar, sin tener siquiera la glorieta o algún elemento de protección, que le fueron colocados posteriormente. En este monumento los integrantes del grupo nos tomamos una buena cantidad de fotografías, fue como el momento culminante del taller de lectura.

Preparando los ramos.

El resto de la tarde del sábado y la mañana del domingo fueron para conocer, cada quien por su cuenta, lo que quisiera del pueblo. Hubo quien salió a hacer compras, quien salió a tomar un café o algo más fuerte a alguno de los negocios especializados que se encuentran alrededor de la plaza y que ofrecen mesas al aire libre, quien fue a misa, quien compró ramos de palma, de laurel o de manzanilla de los que estaban a la venta afuera del templo parroquial… todos, a nuestro modo y entender, encontramos algo del sentido de la vida de Yahualica y de cómo se convirtió en inspiración para una de las obras mayores de las letras jaliscienses.

Vista de la plaza principal de Yahualica.

jueves, 11 de abril de 2019

Presentaron "Yo no quiero ir en tren" en la Casa Universitaria

De izquierda a derecha: Alfredo Ortega y Jesús Medina.

Pasaron más de siete años para que el patio central de la Casa Universitaria Antonio Alatorre, un espacio que ofrece las características ideales de espacio, comodidad y acústica para actividades de grupos pequeños y medianos, como las presentaciones de libros, albergara un acontecimiento de este tipo. La tarde de este jueves 11 de abril el escritor autlense Alfredo Ortega presentó aquí la segunda edición de su cuento infantil Yo no quiero ir en tren ante unas 50 personas, entre las que se encontraba un grupo completo de estudiantes de la Escuela Preparatoria Regional de Autlán. Curiosamente el último libro que se había presentado en esta Casa había sido La Bruja, del mismo autor, en diciembre de 2011, antes de que el recinto fuera inhabilitado por presentar problemas estructurales.
Fue a las 19:05 horas cuando el profesor Jesús Medina, comentarista del libro, tomó la palabra para hablar de la calidad estética de esta segunda edición, que calificó de pulcra. Recordó que el ilustrador del libro, Roberto Pulido, ganó el segundo lugar del premio de pintura José Atanasio Monroy 1999 con la obra El cielo guarda sus secretos, que se encuentra expuesta en la Casa Universitaria junto con otras piezas ganadoras de diferentes ediciones del premio.
Dijo que es inevitable, cuando uno lee alguna obra literaria, no encontrar relación entre lo que se narra en ella y las historias y recuerdos propios; él encontró los suyos en la evocación de su abuelo y de su padre, quienes fueron trabajadores de ferrocarriles, y en algunas experiencias como viajero de tren, que procedió a contar. Del maestro Alfredo Ortega, aseguró que tiene oficio de escritor, fruto de años de pensar, escribir y corregir. "Ya tiene su propio estilo literario y eso, señores, no es fácil", fue la frase con la que se despidió.
Enseguida el autor del libro contó el origen de los personajes de su cuento, presentando "en vivo" a uno de ellos: un polluelo de cóndor de peluche, que aparece en un lugar importante dentro de la trama. Habló también del derecho a la nostalgia que tienen quienes viajaron en tren y cuyos buenos recuerdos no podrán tener las nuevas generaciones, luego de la desaparición del servicio de pasajeros en México, y del derecho de los niños a la fantasía, a vivir y soñar conforme a ella. Estos dos derechos están presentes en su obra. Por último, antes de recibir y responder algunos comentarios de los asistentes, el maestro Alfredo Ortega leyó el capítulo Atacan los villistas
Alfredo Ortega cuenta con un merecido y creciente prestigio como cuentista.

miércoles, 10 de abril de 2019

Nomenclatura urbana 13: calle de Emiliano Zapata



El crecimiento del pueblo de Autlán en las últimas décadas se ha dado con mayor notoriedad hacia el norte, lo que ha hecho que el barrio de Los Arquitos, antes separado de la ciudad, ya forme parte integral de la misma. Hacia el sur, por mucho tiempo el límite fueron las colonias de la ribera derecha del Coajinque, con poco crecimiento más allá de sus últimas calles.
Sin embargo, de manera silenciosa y lenta, pero constante, la ladera sur del cerro Colorado, en las inmediaciones del sitio conocido como Las Bateas, ha ido urbanizándose. Este proceso ha llegado incluso a la formación de modestas y cansonas callejuelas que serpentean entre el tepetate del cerro. Una de ellas lleva el nombre del caudillo morelense Emiliano Zapata y, con el pretexto del centenario luctuoso de este personaje señero del panteón cívico mexicano, fuimos a recorrerla.

Arranque de la calle de Zapata hacia el sur.

La calle de Emiliano Zapata inicia en el entronque con la de Mariano Otero, subiendo por esta última desde la de Tabachines, que es paralela a la carretera a la Costa. La de Zapata arranca hacia el sur rodeando la ladera del cerro, de manera que al lado izquierdo no encontramos ninguna casa pero sí alcanzamos a ver el tejado del famoso restaurante campestre La Cabaña y la majestuosa copa de una parota que está plantada en su estacionamiento. Del lado derecho los constructores han tenido que emparejar el terreno para fincar, puesto que el terreno tiene una inclinación importante. No hallamos aquí florituras arquitectónicas ni algo que se le parezca: las casas han sido construidas pensando más en solucionar los problemas que plantean lo empinado y duro del terreno que en crear belleza.

La parota de La Cabaña.


Una rampa para entrar a casa.

Pero la prueba de que la falta de adornos en la construcción de las casas no se debe a la falta de gusto o a la dejadez la aportan los jardines que algunos vecinos han improvisado al pie de las escaleras de sus casas (las entradas están elevadas con respecto al nivel de la calle) o en sus patios traseros, algunos visibles desde la calle. Y tampoco es que haga mucha falta agregarle algo a la belleza implícita en la vista que se goza desde esta calle hacia la sierra de Manantlán y hacia las lejanas alturas que limitan, viendo desde aquí hacia el oriente, el llano rulfiano.

Vista hacia la sierra de Manantlán.

Al terminar la curva que esta vía describe alrededor del cerro llegamos a un punto en que pierde, de hecho, la categoría de calle y se convierte en poco más que una brecha cerril, con peñascos que impiden la circulación de cualquier vehículo de más de dos ruedas. En este punto cruza una escalinata que lleva desde el nivel del suelo hasta la parte alta del cerro, amplia y con escalones muy cómodos y pintados de distintos colores. La calle de Emiliano Zapata, en cambio, comienza aquí a bajar hacia las Bateas y, poco más delante del cruce con la escalinata vuelve otra vez a parecer calle, con casas ya a ambos lados. Por fin, termina en su cruce con la calle de Flores Magón.

Asperezas de la calle de Zapata.

Escalinata hacia la parte alta del cerro.

Emiliano Zapata es una calle eminentemente habitacional, solamente encontramos un par de modestas tiendas de abarrotes. Su arbolado es muy variado, yendo desde los frutales como nances, almendros y órganos pitayeros, éstos últimos remontados unos metros hacia arriba del cerro, hasta algunos árboles de ornato. También hallamos, cultivados por los vecinos, desde rosales hasta calabazas, junto con huizaches y mezquites.






Una virtud de esta calle, además de la imponente vista, es el ambiente: la temprana hora a que se oculta el sol detrás del cerro y el viento vespertino que baja de la parte alta del cerro Colorado generan un frescor envidiable por los habitantes del centro de Autlán en las épocas calientes del año, junto con la tranquilidad que permiten el casi nulo tránsito de automóviles y la poca población.

Una terraza para disfrutar la fresca.

Emiliano Zapata fue uno de los principales caudillos de la etapa histórica conocida como Revolución Mexicana. Su movimiento, de base campesina, fue el principal impulso del agrarismo en México, que alcanzó su mayor desarrollo con los gobiernos revolucionarios de mediados del siglo XX. Fue asesinado el 10 de abril de 1919 en la hacienda de Chinameca, Morelos.

Extremo sur de la calle de Emiliano Zapata.

domingo, 7 de abril de 2019

"Del montaje al embalaje y viceversa"


La mañana de este sábado 6 de abril sesionó en el salón de usos múltiples del Museo Regional el capítulo Costa Sur de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, con Martha Florentina Corona Santana como anfitriona. Con la asistencia de unas 12 personas, a partir de las 11:45 horas Martha comenzó la exposición del tema Del montaje al embalaje y vicerversa, en el que conocimos todo el trabajo que conlleva y lo que se tiene que cuidar al momento de organizar una exposición de pintura.
Al inicio de la conferencia la anfitriona definió el concepto de exposición, que no es otra cosa que una forma de comunicación en que se complementan el trabajo del artista al crear la obra con el de la curaduría. Explicó también los tipos de exposición que podemos encontrar, por su temporalidad, contenido, tema, etc., y el concepto de museografía, que es el trabajo de diseñar, planificar y coordinar una exposición.
Aprendimos también sobre el manejo de la obra en todos los momentos del ciclo de una exposición, comenzando por su descarga del vehículo que la transporta, la documentación y registro del estado en que se recibe, la distribución de la obra en la sala de exposición y su montaje. Cada uno de estos pasos tiene elementos que deben tomarse en cuenta: el uso de herramientas y equipo adecuados, tomar las medidas para la forma en que se montará la obra, el discurso de la exposición, la iluminación y colores de fondo, así como los materiales correctos para embalar los diferentes tipos de piezas.

viernes, 5 de abril de 2019

Rindieron homenaje al maestro Everardo Jiménez


La tarde de este viernes 5 de abril en la biblioteca municipal Paulino Navarro se le rindió un emotivo y concurrido homenaje al pintor autlense Everardo Jiménez, quien falleció el pasado 17 de marzo. Con la asistencia de unas 80 personas, entre familiares, alumnos, ex alumnos y amigos de Everardo, la ceremonia comenzó a las 17:15 horas.
Rocío Toscano Canales, encargada de la biblioteca, explicó al iniciar la ceremonia cómo se lleva a cabo ahí la actividad Color Esperanza, en la que Everardo participó activamente. Se trata de un taller de lectura con niños en el que los participantes, al terminar de leer un texto, realizaban un dibujo o pintura acerca de lo que entendieron de él.

José Alfredo Jiménez.
Enseguida el también pintor José Alfredo Jiménez, sobrino de Everardo, leyó una biografía de éste último, que terminó reflexionando sobre el papel del artista en nuestra sociedad. "Mantengamos vivo el legado de Everardo, el maestro pintor", dijo para cerrar su intervención.
Por su parte Esdras López Mundo, directivo de la Escuela de Artes municipal, donde Everardo dio clases de pintura los últimos años, hizo un recuerdo de este pintor como compañero de trabajo, para dar paso a Cynthia Quintero, una de las alumnas de Everardo, quien leyó un texto, emotivo y poético, donde evocó a su maestro, de quien dijo que aprendió pintura pero también ética, honestidad, a escuchar buena música y a buscar la dignificación del artista y su obra. Lo imagina, dijo, departiendo con el Greco, oyendo en vivo a María Callas y recorriendo el llano de Juan Rulfo.

La rondalla municipal.

Por último la rondalla municipal cantó en honor a Everardo Color Esperanza, para dar paso a un alumno de saxofón de la Escuela de Artes quien interpretó Ave María.
En la biblioteca estuvieron expuestos, mientras se desarrollaba la ceremonia, diez cuadros de Everardo realizados en diferentes momentos y en diversas técnicas, incluyendo uno que quedó inconcluso. Vimos también un autorretrato (que ilustra este texto), algunos de los integrantes de la exposición Silentes, retratos y paisajes, entre otros.
Everardo Jiménez dio clases de pintura en la Escuela de Artes municipal y en su taller La Chirimoya. En Autlán expuso de forma individual en la Casa Universitaria, el Museo Regional y el centro cultural José Atanasio Monroy del CUCSur. Sus alumnos formaron el grupo Los Autlecos y han realizado algunas exposiciones colectivas.

jueves, 28 de marzo de 2019

Tercera sesión de Conversaciones sobre Autlán

Foto de Ángel González.

Este miércoles 27 de marzo en el salón de música del Museo Regional se llevó a cabo la tercera sesión de las Conversaciones sobre Autlán, una actividad organizada por el cronista municipal para conocer y discutir temas de historia y cultura de Autlán escuchando a quienes vivieron y conocieron de primera mano a personajes y acontecimientos históricos. Esta tercera sesión comenzó a las 19:05 horas y tuvo una asistencia de 17 personas.
En la sesión de este mes el mismo cronista, Guillermo Tovar Vázquez, presentó su trabajo Ignacio Cárdenas Ochoa, un maestro revolucionario, en el que expuso la trayectoria profesional de este profesor desde 1928 hasta antes de llegar a Autlán en 1938 para hacerse cargo de la dirección de la Escuela Secundaria por Cooperación No. 12, la primera que existió en nuestra región y que actualmente lleva el nombre del maestro Manuel López Cotilla.
El cronista explicó el contexto político y social de la década de 1920, en la que el régimen revolucionario se consolidaba mediante la fundación de instituciones como la Secretaría de Educación Pública y la modificación de dinámicas sociales mediante el combate a los vicios, como el alcoholismo y el fanatismo religioso. En estos años el maestro Cárdenas egresó de la escuela normal, por lo que desde los inicios de su carrera estuvo involucrado en la operación de los programas oficiales de combate a los vicios y de mejora de la calidad de vida de las poblaciones rurales.
En Guadalajara, donde trabajó el profesor Cárdenas hasta antes de llegar a Autlán, realizó una profusa y variada actividad en las artes, el deporte, la política, la labor social y el desempeño de su profesión, actividades que continuaría una vez que llegó a nuestro pueblo. Entre lo más relevante están su participación en la primera de las misiones culturales enviadas por el gobierno federal a zonas rurales jaliscienses, el 17 de julio de 1929, su actuación como secretario del comité encargado de organizar la campaña antialcohólica ese mismo año y en la formación de sindicatos de maestros de izquierda en la década de 1930, de álgida confrontación política en Jalisco. Además, claro, de la promoción de actividades deportivas y artísticas, por las que es muy bien recordado en Autlán.
En la sesión estuvieron presentes personas que lo conocieron de cerca, como su hijo Ignacio Cárdenas Velázquez, el médico Nabor de Niz Domínguez, quien fuera su alumno y quien lo atendiera profesionalmente en sus últimos días, y el señor Gabriel Lima Velásquez. Además, asistieron el señor Fausto Nava González y el ingeniero Ignacio Gómez Zepeda, cronista de El Grullo, entre otros. Todos ellos compartieron recuerdos y opiniones sobre el trabajo y la personalidad del maestro Ignacio Cárdenas, lo que contribuyó a conocer más a fondo a este personaje, que se convirtió en uno de los líderes autlenses de mediados del siglo XX, y a rescatar y difundir la memoria histórica de Autlán.
Las Conversaciones sobre Autlán se celebran el último miércoles de cada mes en el Museo Regional.

domingo, 24 de marzo de 2019

Nomenclatura urbana 12: calle de Ignacio Zaragoza




Ignacio Zaragoza y Benito Juárez, personajes emblemáticos del combate al invasor francés, prestan sus nombres a uno de los ejes de calles más largos de Autlán: comienza en las inmediaciones del barrio de Las Montañas, con mayor precisión en el barrio de Las Tres Piedras (cuyo nombre se sebe al de una tienda de abarrotes que hace mucho funcionó aquí), sitio antiguo y tradicional donde con el nombre de Zaragoza hace bocacalle con la calle de Ignacio Aldama, y termina 19 cuadras al sur, en el cruce con la calle de Carlos Arruza en el fraccionamiento Villas Taurinas, que está cumpliendo apenas seis años de estar habitado. Un tramo largo en distancia y en tiempo. Y, al parecer, esta concordancia en los nombres no es algo nuevo: según un plano de 1885 al que tuve acceso, anteriormente llevaban los nombres de Mezcala y de Encarnación Rosas, respectivamente, recordando a la lucha por la Independencia que se libró en el lago de Chapala.

Inicio de Ignacio Zaragoza hacia el sur.

Pero solo las primeras tres cuadras, entre Ignacio Aldama y Miguel Hidalgo, llevan el nombre de Ignacio Zaragoza. Tres cuadras en la parte vieja de Autlán, habitada desde los inicios de la historia del pueblo, lo que se nota en la arquitectura de algunas de las fincas que encontramos al recorrerla y de las que encontramos ejemplos notables casi en cada uno de los cruces de esta calle: justo al arranque, en la esquina oriente, encontramos una construcción utilizada como comercio y que cuenta con el mostrador de madera típico de las tiendas de abarrotes de principios del siglo XX. Su fachada, aunque ya modificada parcialmente en la puerta de la esquina, presenta unos remates de barro ya incompletos, entre los arcos invertidos que conforman su parte superior.


Una larga cuadra adelante, en la esquina noreste de su cruce con Nezahualcoyotl, está una de las fincas más antiguas y famosas de Autlán aún en uso: la famosa Casa Vieja donde funciona actualmente una talabartería y que en otros tiempos fue también una tienda de abarrotes. De esta actividad da cuenta el notablemente bien conservado mostrador de madera que muestra la leyenda “Febrero de 1908” en su parte superior.

La Casa Vieja.

Y, por último, en la esquina noreste del cruce con Miguel Hidalgo, está el Instituto Autlense, construcción debida a la generosidad de don José Corona Araiza, de la segunda mitad del siglo XIX. Además de los detalles de su construcción que podemos encontrar en cornisas, ventanas y desagües, es obligado detenernos un rato a escudriñar entre los medianamente conservados bloques de cantera de la fachada y en las losas de su banqueta, algunos de los cuales presentan inscripciones ya casi eliminadas por el paso del tiempo y de los peatones.


Detalle de la esquina del Instituto Autlense.

Pero no solo estos ejemplos notables son dignos de apreciarse al recorrer la calle de Zaragoza. Sus tres cuadras conservan casas de arquitectura típica de la región, algunas de ellas remodeladas recientemente respetando su esencia. Conforme nos acercamos al centro vamos encontrando también ejemplos de arquitectura modernista, en la que abundan las líneas rectas y los cubos y, sin falta, encontramos espacio para los automóviles, ausente en las casas antiguas.


Además del Instituto Autlense hay otros sitios en la calle de Zaragoza con valor histórico: contraesquina de la ya mencionada Casa Vieja se encuentran las antiguas instalaciones de la clínica San Francisco, construida por la Compañía Minera Autlán en la década de 1950 para el servicio médico de su personal y que ahora sirven como guardería. Un poco más hacia el sur, por la acera oriente, está la antigua casa de don Jaime Llamas García, uno de los líderes sociales autlenses de mediados del siglo XX, en cuya sala pueden verse, a través de las rejas de sus ventanas, un par de cuadros de la mejor época de José Atanasio Monroy. Además, en el número 23 de esta calle nació el 2 de febrero de 1931 el eminente músico y compositor Hermilio Hernández, según consta en su acta de nacimiento.

Antigua clínica San Francisco.

El arbolado de la calle es muy escaso, hallamos apenas algunos cítricos afuera de la Casa Vieja y unos ejemplares de ficus en la esquina del frente, más algunos almendros en la última cuadra. Sin embargo, la altura de la mayoría de las fincas, mucho mayor al uso actual, suple de alguna manera la sombra que podría dar un arbolado abundante y sano. La calle es mayormente habitacional en su primera cuadra, en la que encontramos algunos negocios de comida (un restaurante de mariscos, una pizzería, una hamburguesería, una cenaduría) y se va volviendo comercial conforme avanzamos al sur: en la segunda cuadra encontramos algunos talleres, de torno y automovilísticos, y en la última hallamos gran variedad de giros, que van desde una lavandería hasta un despacho de arquitectos, pasando por las oficinas de una compañía de cable y dos negocios de bastante fama en Autlán y la región: el restaurante-bar Arena, que conoció su época de auge en la década de 1990 aunque aún se mantiene vigente, y la tradicional panadería Franco.
El trazo de la calle de Ignacio Zaragoza es irregular, como todos los de este lado del pueblo, por lo que para recorrerla hay que zigzaguear constantemente. Y, si vamos a hacerlo, es recomendable que sea caminando, para poder estar en condiciones de percibir los resabios del ambiente provinciano que permite el entorno de esta calle, breve aunque llena de cosas qué ver.








Ignacio Zaragoza fue un militar mexicano del bando liberal, nacido en el territorio del actual Estado de Texas el 24 de marzo de 1829. Aunque estuvo presente en hechos de armas tan importantes como la batalla de Calpulalpan, es recordado sobre todo por haber obtenido el triunfo en la batalla del 5 de mayo de 1862 en la ciudad de Puebla, donde rechazó a las tropas francesas y mexicanas imperialistas comandadas por el general Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez. La frase que inicia el mensaje con que informó de este triunfo al general Miguel Blanco, ministro de Guerra y Marina, ha pasado a la historia de México como uno de sus momentos más notables, aunque ligeramente modificada. En el documento original dice: “Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria”.


Extremo de la calle de Zaragoza, hacia el norte.

sábado, 23 de marzo de 2019

Concierto de piano y voz en el Aula Magna


La noche de este viernes 22 de marzo en el Aula Magna del CUCSur el barítono español Luis Alberto Fernández Llaneza y el pianista autlense Porfirio Preciado Villaseñor ofrecieron un magnífico concierto de música popular hispanoamericana, organizado por el Ayuntamiento de Autlán con el apoyo de diversos patrocinadores. Con una asistencia de alrededor de 180 personas, el concierto comenzó a las 20:15 horas, aunque desde minutos antes de las 20:00 el joven saxofonista Emmanuel Parra ya estaba interpretando algunas canciones, con el acompañamiento de pistas grabadas.
El programa del concierto estuvo dividido en una primera parte de música española y una segunda de compositores latinoamericanos. El maestro Fernández Llaneza, antes de cantar cada pieza, daba una breve explicación sobre la vida y obra de su autor y sobre el contexto en que fue compuesta. Este fue el repertorio:

* Adiós querida, de García Monte.
* Canto gitano, de Enrique Granados.
* Aquel sombrero de monte, de Fernando Obradors.
* Nana de Sevilla, de Federico García Lorca.
* Sevillanas del siglo XVIII, de Federico García Lorca.
* El sol de Triana, de Sebastián Iradier.
* Preludio de España, de Isaac Albéniz, interpretado solo al piano por el maestro Preciado.
* Milonga de dos hermanos, de Carlos Guastavino, con letra de Jorge Luis Borges.
* Pueblito, mi pueblo, de Carlos Guastavino.
* Cortadera, plumerito, de Carlos Guastavino.
* Te vas, juventud, de Ernesto Lecuona.
* Corazón, de Eduardo Sánchez de Fuentes.
* Rival, de Agustín Lara.
* Uno, de Mariano Mores, interpretado solo al piano.
* Canción del gitano, de la zarzuela La linda tapada, de Francisco Alonso.
* Jota de Perico, de la zarzuela El Guitarrico, de Agustín Pérez Soriano.

Fuera de programa el maestro Fernández Llaneza cantó una pieza popular asturiana a capella, para despedirse con una nueva interpretación de Rival, ya con el acompañamiento del maestro Preciado en el piano. El público, ya en menor número que al inicio del concierto, agradeció a los artistas con un prolongado aplauso.

viernes, 22 de marzo de 2019

Inventario de monumentos 35: La estatua de Paulino Navarro, el recuento de los daños


Hoy hace 80 años, el 22 de marzo de 1939, en Autlán se conformaba un Comité Pro Monumento al General Paulino Navarro, con el objetivo, como su nombre lo indicaba, de erigir un monumento a la memoria de este personaje autlense, de notable carrera militar. La directiva de este comité  estuvo conformada por, entre otros, tres personajes autlenses con nombre de calle: el general Marcelino García Barragán como presidente efectivo, el señor Jaime Llamas García como secretario y la profesora María Mares como tesorera. Nueve meses después, el 26 de diciembre de 1939, se develaba en la Alameda la estatua del general Navarro que todavía permanece en pie.
La estatua está colocada sobre un pedestal de un poco más de dos metros de altura, de dos cuerpos, que a su vez está montado sobre una placa de concreto. El conjunto está rodeado por una cadena que pretende ser de protección, que corre a lo largo del cuadrado que forman cuatro postes metálicos ubicados en sus esquinas.
A ochenta años de la conformación del comité que gestionó su construcción, este monumento luce en un estado lamentable, debido a años de abandono por parte de las autoridades responsables de su mantenimiento y a la falta de cultura y respeto por los bienes públicos de los autlenses. El total de los elementos que lo conforman está urgido de rehabilitación: los postes y la cadena sufren el deterioro debido al tiempo y a la exposición a los elementos. Hace algunas semanas uno de estos postes fue derribado, no sabemos cómo, y fue recolocado a los pocos días.


El pedestal luce vandalizado en sus cuatro costados mediante pintas con aerosol, aún sobre un fondo blanco que se hizo para tapar unas pintas anteriores. Además, en el cuerpo superior aparece desprendida parte de la cornisa, al parecer porque alguien intentó subirse a ella.






La estatua, que desde hace muchos años tiene roto el sable que sostiene con su mano derecha, muestra los daños propios de la intemperie junto con los propios de la estupidez: las manchas de óxido aparecen acompañadas por pintas con aerosol negro en el rostro y en el pecho. Es sorprendente que los vándalos tengan la calma y el tiempo de realizar estas pintas, cuando la estatua está a pocos metros de una de las pocas casetas de la policía municipal que funcionan fuera de la comandancia.



La rehabilitación de este monumento y la eficiente vigilancia de su entorno debe estar dentro de las prioridades de la actual administración municipal, a juzgar por el interés que ha mostrado por la imagen urbana del pueblo, manifestada en la colocación de nuevos monumentos en las glorietas de ingreso a Autlán y en las modificaciones que se han llevado a cabo en el centro, cualquiera que sea la calificación que le demos al resultado de estas intervenciones. La estatua de Paulino Navarro, el personaje cuyo nombre lleva nuestro municipio desde 1939, no es actualmente digna de ser mostrada al turismo y ni siquiera de estar a la vista de los autlenses. De continuar esta situación, el monumento dejará de serlo a la memoria del general Paulino Navarro y pasará a ser un bien ganado monumento a la incuria de los autlenses.


¿Qué opinión tendrían el general García Barragán, don Jaime Llamas y la maestra María Mares del estado en que conservamos la estatua de Paulino Navarro?