jueves, 19 de noviembre de 2015

Una opinión sobre Francisco Espinosa Sánchez

Francisco Espinosa Sánchez (al centro, en la segunda fila) con el Orfeón Proa.
En su columna "Desde mi ladera" del 18 de noviembre de 1992 el cronista tapatío Juan López Jiménez dedicó en el diario El Informador algunos párrafos a recordar al profesor Francisco Espinosa Sánchez, quien fuera fundador y director del Grupo Cultura Proa, con motivo de su fallecimiento ocurrido dos días antes.
Con la intención de conocer un poco más de la personalidad de este personaje, hoy reproducimos aquí ese fragmento de la columna de don Juan López, tomado del muro de Facebook de la señora Guillermina Espinosa, hija de don Francisco:

''...... nunca supuse que esta ladera también llevaría crespón fúnebre, por haber fallecido como ha muerto otro gran tapatío, otro ilustre jalisciense, otro mexicano ejemplar, me refiero al gran maestro de música don Francisco Espinosa Sánchez, para sus amigos Pancho Corcheas.
Pancho perteneció a una de esas viejas familias de la clase media guadalajarense en las que ''el honor es patrimonio del alma y, el alma solo es de Dios''. La familia de Pancho fue de esas en las que no hay otra, que Dios Patria y familia, familia a la que había que formar en el temor de Dios y y el respeto a la ley, no había de otra.
La familia de Pancho fue de esas familias en las que el padre y la madre se preocupaban por la instrucción de sus hijos, pero sobre todo por la educación de los mismos.
Pancho anduvo de la Ceca a la Meca, aprendió solfeo, cantó ópera y música tradicional, menesteres en los que destacó por cómo lo hacía, por dónde lo hacía y por con quiénes lo hacía, pues siempre de los siempres fue maestro, cuando se lo proponía y cuando no se lo proponía.
Fue presidente municipal de Autlán en tiempos bravíos, en tiempos fieros, en tiempos fuertes a los que dominó con la gentileza de su palabra, con la nobleza de su espíritu y con la delicadeza de su música.
Fue diputado, pero de los diputados trabajadores y buenos, de los promotores y de los pocos que nunca medraron con el dolor del modesto ayuntamiento o con el hambre eterna de los agraristas de todos los tiempos.
Fue jefe de Tránsito, oficina de la que ha habido más de un majadero, que ha salido más rico y opulento que el célebre Burro de oro; en cambio Pancho Corcheas salió mas pobre de lo que entró, por tener como siempre tuvo, el caro, carísimo, carisísimo vicio de la honestidad.
Al dejar las cloacas transitadas, Pancho volvió a formar y dirigir coros a la CROC, al IMSS y a donde podía: regresó a la Universidad y a la escuela de música a enseñar el do, re, mi, fa, sol, la, si y a mostrar a la humanidad, que ''hay aves que cruzan el pantano y no se manchan''.
Con la muerte de Pancho Corcheas ha muerto un archivo peripatético de la historia musical y cultural de nuestra tierra; ha muerto un ciudadano honesto, un maestro íntegro, un director coral de primera y un hombre justo; que por justo no creo que le permitirán chamuscarse ni un pelo, sus patronos y abogados, el arpista Rey David y Santa Cecilia, quienes le abrirán las puertas de los siete círculos a los que tanto derecho tiene a ir, Pancho Corcheas".
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