viernes, 27 de noviembre de 2015

Para la presentación del segundo tomo de Autlán de la Grana al Manganeso


Texto leído en la presentación del segundo tomo del libro Autlán de la Grana al Manganeso, de Ignacio Gómez Zepeda:

En la presentación del primer tomo de esta historia de Autlán de la Grana al Manganeso comentábamos algunas de las nociones básicas del concepto de microhistoria, disciplina en la que se inscribe este trabajo, cuya segunda parte presentamos hoy.
Comentábamos también algunas generalidades de esta obra, destacando su utilidad como obra de consulta, en la que podemos encontrar datos "duros", como los nombres de todas las autoridades civiles y militares de la historia de Autlán, de sus hacendados y encomenderos y de las familias que lo han poblado a lo largo de casi 500 años.
Eso fue en cuanto a los datos secos, fríos, estadísticos... que están presentes también en este segundo volumen, ahora enriquecidos con los incluidos en el capítulo IV, dedicado a las visitas y censos realizados en Autlán por diversas autoridades virreinales y mexicanas. Pero no es esta faceta de la obra la que quisiera comentar hoy sino la otra, la más cálida, literaria, cercana a uno de los elementos más valiosos de la microhistoria: el rescate de las voces de los testigos de los hechos y de los acontecimientos que, siendo importantes y trascendentes para la población, no son tomados en cuenta por la Historia con mayúscula.
Nos enteramos en este segundo tomo, sí, de los antecedentes de algunas de las familias más antiguas del pueblo, sabemos con exactitud quiénes eran los propietarios y comerciantes de sus diversas épocas históricas, con una prolijidad que nos permite saber cuánto poseían y aun cuánto pagaban por concepto de impuestos algunos de ellos. Pero, por otro lado, nos enteramos, por ejemplo, de las correrías de Pedro Zamora y sus secuaces (incluyendo pasajes enteros redactados en forma de diálogo), palpamos el ambiente social de la Revolución, nos enteramos de "chismes", como algunos de los crímenes más sonados en nuestro pueblo en diversas épocas.
También podemos conocer, en el capítulo VI, unas semblanzas breves de personajes destacados de Autlán en diversas actividades, uno de los principales motivos de orgullo de los autlenses: están los famosos y reconocidos, como el filólogo Antonio Alatorre y el guitarrista Carlos Santana, los personajes con nombre de calle como José María Casillas y Jaime Llamas García pero también otros menos conocidos pero de méritos más que suficientes para ser acreedores al agradecimiento de los autlenses: está la maestra Francisca García Mancilla, "Pachita", el industrial Agustín Mardueño, los Gómez, dueños de la hacienda de Ahuacapán en el virreinato, el encomendero Hernán Ruiz de la Peña y, ya en la historia reciente, el investigador chanteco Alfredo Radillo González, el pintor Gabriel Lima Velásquez y el empresario Carlos Valencia Pelayo.
Todo esto aderezado con profusión de fotografías de diversas épocas, en las que podemos ver la evolución de nuestra sociedad... lo dije en la presentación del primer tomo y lo repito ahora: esta obra complementa adecuadamente la de por sí amplia bibliografía histórica de Autlán.
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