sábado, 1 de noviembre de 2014

La celebración autlense de los muertos


Históricamente en Autlán el día de muertos no ha tenido la relevancia de otras festividades, como la de la virgen del Rosario en octubre o el Carnaval. Aunque la mayoría de los autlenses visitan el día 2 de noviembre las tumbas de sus seres queridos, formando verdaderos tumultos dentro y fuera de los cementerios, las actividades que se realizaban en torno a esta celebración han sido bastante modestas, hasta hace algunos años.
En Autlán el día de muertos no tuvo la vistosidad y el misticismo que ha tenido tradicionalmente en lugares más al centro del país, como Pátzcuaro o Míxquic. Según personas que vivieron aquí a mediados del siglo XX, los autlenses acostumbraban hacer el 2 de noviembre una rutina como esta: visitar en familia (si algún integrante no podía asistir no había problema) la tumba donde reposaran los restos de sus parientes, para limpiarla a fondo (llevaban algunos artículos de limpieza), rezar algo a la memoria de los difuntos y colocar una corona o flores. Si el horario coincidía, se quedaban a oír la misa que se decía en el mismo panteón. No se colocaban ofrendas, como comida, juguetes u otros objetos, ni se construían altares de muerto o algo parecido. Poco más o menos, en eso ha consistido tradicionalmente la celebración del día de muertos autlense. Esta rutina la armamos con lo que nos contaron 15 personas con un rango de edades de 50 a 83 años, que vivieron en Autlán en las décadas de mediados del siglo XX.
Si acudimos a los cronistas "serios", encontramos que la austeridad de la celebración del día de muertos en Autlán parece confirmarse: ni don Ernesto Medina Lima en Crónicas de Autlán... o en Bosquejo histórico de Autlán, ni don Ramón Rubín en El valle de Autlán y tampoco Francisco Enríquez Lizaola en Color Grana le dedican ni una sola línea a esta festividad, mientras que sí describen, con más o menos detalle, fiestas como el Carnaval, la de la virgen del Rosario, la Cuaresma, el 12 de diciembre, las posadas y hasta las fiestas patronales de algunos templos del pueblo. Ni siquiera en el texto La evolución de la sociedad en Autlán, incluido en el libro Crónicas de Autlán..., donde narra de manera prolija la vida cotidiana del pueblo en el siglo XX, menciona don Ernesto al día de muertos.
Sin embargo, a partir de la década de 1980 se empezaron a integrar elementos nuevos a esta celebración, importados del centro del país principalmente por las autoridades educativas: comenzaron a construirse los primeros altares de muerto en algunas escuelas de nivel básico, casi siempre dedicados a personajes autlenses, como la maestra Francisca García Mancilla, a quien se le dedicó un altar en la escuela que fundó y dirigió por muchos años (la 20 de Noviembre, que oficialmente lleva el nombre de la maestra) al año siguiente de su fallecimiento.
La introducción de estos elementos, que hasta entonces había sido más bien un proceso lento, se aceleró con la apertura en 1994 del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur). Entre sus actividades de promoción cultural, este campus de la Universidad de Guadalajara incluyó la organización de la Semana de la Muerte, con eventos académicos y artísticos entre los que estaban la construcción de altares de muerto, concursos de calaveras literarias y otros.

Altar dedicado a Antonio Alatorre en la Semana de la Muerte 2010. Casa Universitaria.

Después del CUCSur organizaron actividades similares el Ayuntamiento, la preparatoria regional, la UPN y algunas escuelas de nivel básico, lo que ha permitido que la forma de celebrar estas fechas sea actualmente más variada y con más vida (si se me permite la expresión) que como lo fueron tradicionalmente en Autlán: ya es una costumbre que las instituciones que mencioné arriba armen de manera conjunta programas abundantes en conciertos, piezas teatrales y talleres de manualidades, en los que casi nunca faltan los dos personajes principales: la catrina de José Guadalupe Posada (con todas las variaciones que la imaginación pueda concebir) y los altares de muerto.
Pero lo más significativo no son las actividades oficiales, sino lo que los autlenses de a pie vamos integrando a nuestra vida cotidiana: aunque todavía son una apabullante mayoría las familias que celebran el día de muertos como se hacía antes, poco a poco van siendo más los hogares donde, por ejemplo, se construyen altares de muerto dedicados a sus antepasados.

Catrinas en la Alameda. Festival de la Muerte 2014.
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