domingo, 9 de noviembre de 2014

Distintos autlanes



Según el libro recopilatorio Autlán del doctor Rubén Villaseñor Bordes, que acaba de ser reeditado y se encuentra disponible en las librerías de Autlán, el 5 de noviembre de 1864, hace 150 años, llegó al pueblo nada menos que el jefe del Ejército del Centro republicano, general José María Arteaga, perseguido por las fuerzas del general francés Félix Douay. Ese mismo día los franceses tomaban la ciudad de Colima.
La llegada de Arteaga, a quien apenas en el pasado mes de julio le había sido otorgado por el presidente Juárez el título de jefe del Ejército del Centro, misma fecha en que había abandonado la gubernatura de Jalisco, solamente tiene una importancia anecdótica: estuvo en Autlán prácticamente de paso, en un momento de la contienda en que los republicanos en Jalisco estaban reducidos a la guerrilla (son los tiempos del plan de la hacienda Zacate Grullo) y los jefes patriotas tenían casi todo el año de 1864 moviéndose constantemente por el sur de Jalisco, hostilizados por los imperialistas.
Sin embargo, el aniversario de su presencia aquí sirve de pretexto para reflexionar sobre los cambios físicos que ha sufrido nuestro pueblo y, sobre todo, los cambios en la vida de los autlenses. Además del crecimiento (hace 150 años Autlán se reducía prácticamente al actual centro, el barrio de Las Montañas y algunas cuadras alrededor de este núcleo), el cambio más drástico en este siglo y medio ha sido en la infraestructura urbana: se levantaron, inauguraron y destruyeron la torrecilla del reloj y el hotel Valencia, se inició (y continúa) la construcción de la catedral, las calles empedradas con su canal en medio fueron sustituidas por calles empedradas o pavimentadas con baches por todos lados…
Los autlenses que vieron a Arteaga vestían en su mayoría con manta y sombrero de soyate, calzaban huaraches y se dedicaban casi todos al campo o a alguna actividad artesanal. Solo poquísimos autlenses podían salir del pueblo a estudiar algo (y menos en esa turbulenta época). Sin embargo, abundaban los músicos profesionales y el arte de Euterpe era muy apreciado entre los habitantes del pueblo. Siendo las comunicaciones tan difíciles, era común que los autlenses salieran muy poco, o nunca lo hicieran, del pueblo y sus alrededores. Sus entretenimientos eran la participación en mentideros y en fiestas religiosas o profanas y se transportaban caminando o en bestia a trabajar.
Los autlenses de 150 años después de la llegada de Arteaga vestimos, la mayoría, con pantalón de mezclilla, camisetas y una infinidad de diseños de tenis, zapatos o huaraches. Hemos seguido la tendencia de todo el mundo occidental y ahora nos dedicamos a oficios o profesiones especializados, muy pocos de ellos relacionados con el campo. Muchos autlenses salen a estudiar a otras ciudades del país, y aún del extranjero, mientras otros tantos jóvenes llegan de lejos a estudiar algo en alguna de las cuatro instituciones que ofrecen estudios superiores y también muchos son los que salen todos los días a otros pueblos o ciudades a atender negocios, visitas o simplemente a “dar la vuelta”. Ahora ya no hay tantos músicos, en proporción a la población total, y nos hemos hecho más amantes del borlote que de la música: basta un buen “sonido” para reproducir cualquier género musical y ambientar todo tipo de reuniones. Muchos de nuestros entretenimientos favoritos están en casa (televisión, internet), pero también nos gusta ir al cine y a bares o restaurantes. Ya muy pocos nos trasladamos caminando, la mayoría usa algún transporte automotor o bicicleta.
El estado de Querétaro, por cierto, lleva el apellido de José María Arteaga en su nombre oficial: Querétaro de Arteaga.
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