lunes, 29 de diciembre de 2014

La muerte de Alberto Balderas

Alberto Balderas colocando un par de banderillas. Foto SINAFO.

Según don Ernesto Medina Lima, el 4 de febrero de 1940 tuvo lugar la primera corrida formal en Autlán, con matadores de primera línea, ya en la actual plaza de toros. Esa tarde actuaron aquí dos de los toreros mejores y más populares de México: Chucho Solórzano y Alberto Balderas que, según la crónica de don Ernesto, ofrecieron una lidia tan grande que parte del público autlense salió de la plaza "con los ojos húmedos de emoción, las manos rojas y la voz enronquecida".
Ese mismo año, el día 29 de diciembre, hace ya 74 años, Alberto Balderas fallecía en la plaza México a consecuencia de la cornada que le propinó el toro Cobijero, de la temida ganadería de Piedras Negras. Eventualmente, a la plaza de Autlán se le impondría el nombre de este torero, en recuerdo a la tarde que actuó aquí.
Volviendo al triste episodio de su muerte, con motivo de este aniversario compartimos la crónica que de este acontecimiento hiciera el cronista Paco Malgesto, que fue publicada en su libro Armillita. Maestro de maestros en 1949 en la editorial Panorama:

"El 29 de diciembre de 1940 se anunció la alternativa de Andrés Blando; se la daría Alberto Balderas, y fungiría como testigo José González "Carnicerito". Los toros serían de Piedras Negras, la ganadería tantas veces mencionada en esta historia en conexión con derramamientos de sangre.
Contra lo que era natural en su temperamento, esa tarde Alberto llegó a la puerta de cuadrillas esquivando a los amigos, sin dejarse ver, sin querer saludar a nadie. Él, que se perecía por un fotógrafo y un micrófono, no quería hablar, cuando yo le llevé el mío.
En lo particular me dijo: "Esta tarde tengo mucho miedo". No parecía el mismo de otras tardes, en que se mostraba lleno de animosidad, de vida, de bravuconería, ostentoso y alegre.
Estrenaba un terno verde limón y plata, muy bonito.
Cedió el primer toro a Blando, y con el segundo, en que Andrés le devolvió los trastos, estuvo imponente, y acabó por cortarle la oreja, a fuerza de valor, y no sin sacar el terno destrozado, por el muslo izquierdo. Este toro, de nombre "Rayao", iba a ser el último que desorejara el Torero de México.
El tercero de la tarde, para "Carnicerito", era un toro muy antipático, con la cornamenta acucharada, grande, alto de agujas. Se llamaba "Cobijero". Se reparó de la vista en varas y sólo veía de lejos.
Balderas pasó su turno en quites y se metió entre barreras a que le cosieran la taleguilla, mientras platicaba con algunos espectadores de barrera y por lo tanto no observaba la lidia que daba "Cobijero".
Cuando "Carnicerito" se dirigía a pedir permiso a la autoridad, el toro intentó hacer por él; Balderas apresuradamente recogió su capote y salió al tercio a darle un capotazo, citó de largo, "Cobijero" se arrancó muy fuerte, rebozado, y cuando Alberto quiso meterlo en el engaño y desviarlo, el toro, que no lo vio, se quedó con él y lo levantó por la axila, lo sacudió en el aire, se lo echó al lomo y cuando Balderas rodaba hacia adelante, el animal tiró la cabezada y le hundió el pitón en la región del hígado, ahí se encarnizó y destrozó al torero que poco a poco caía a la arena; se levantó, para dirigirse a las tablas, corriendo, con la boca abierta, la mirada perdida y vidriosa, llevándose una mano al costado, y ahí se desplomó en brazos de su cuadrilla. La impresión entre los espectadores que habían visto de cerca la cornada fue tremenda.
El pitón le había destrozado el hígado. Antes de veinte minutos, había fallecido en la enfermería; el público no lo supo sino hasta el final de la corrida; "Carnicerito" mató a "Cobijero" aterrado, porque veía el pitón lleno hasta la cepa de sangre.
El entierro de Balderas, al día siguiente, fue una manifestación de luto sin precedente en México. Centenares de miles de personas acompañaron el féretro, por el paseo de la Reforma, desde la calle de Copenague, en que fue velado, hasta el panteón Moderno. Iba el cuerpo de Alberto en un féretro descubierto, al sol, y bajo los bordados de un capote de paseo."

El momento de la cornada.
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