miércoles, 25 de diciembre de 2013

Fernando Xavier Corona Flores



Reproducimos el siguiente texto, proporcionado por Sylvia H. Corona, sobre el maestro de guitarra Fernando Corona, hijo del guitarrista autlense Agustín Corona Luna:

Semblanza presentada por Guillermo Ramírez Godoy en su libro titulado “La Guitarra Clásica en Guadalajara”, Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, A.C., Promoción Cultural de Jalisco, A.C. 2004. (Capítulo III, Págs. 103-108).

Es un hombre interdisciplinario, a quien la vida no le alcanza para desarrollar sus inquietudes. Su obra principal se encuentra en la enseñanza de la guitarra clásica, labor de sacrificio y entrega en la que continuó la misión de su padre. Como guitarrista sobresalió por sus facultades e intuición, que amalgamó con su formación académica, lo que le permitió desarrollar una visión estética propia de la interpretación musical.
Fernando ingresó en 1965 a la escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, donde comenzó una nueva etapa de la guitarra clásica al afianzar sus ideas de la enseñanza guitarrística con aportaciones técnicas, nuevos efectos y matices que revelan su filosofía de la interpretación.
Nació en Guadalajara, el 30 de mayo de 1927. Era un niño de tres años cuando su familia trasladó su residencia a la ciudad de México, donde su padre, Agustín Corona Luna, que era abogado, ocupó un cargo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En la capital, cuando Fernando tenía seis años, inició su formación musical con su papá, quien lo enseño a tocar la guitarra séptima (de siete cuerdas), con la que lo acompañaba mientras el padre tocaba con la mandolina polkas y valses.
Más tarde, su progenitor lo llevó con los hermanos Alfonso y Gonzalo López Gomina, guitarristas notables, que le enseñaron la técnica de la guitarra sexta y obras escritas para este instrumento, en el que mostró sus notables aptitudes.
La guitarra para él era “un adorno de la persona, no como un modus vivendi, no como profesión” es por eso que estudió lo que era su vocación, la ingeniería civil, sin dejar de estudiar formalmente la guitarra.
A los 33 años, casado y con familia, sufrió un accidente que daño sus manos con varias fracturas, por lo cual no pudo tocar la guitarra por mucho tiempo, pero dado a su tenacidad para volver a ejecutarla por medio de rehabilitación, no pudo recuperar la fuerza que tenía, pero sí recuperó la agilidad de sus dedos y la precisión que necesitaba para comunicar su emotividad característica.
Después de la muerte de su padre, quien había sido profesor de guitarra en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, el rector Hugo Vázquez Reyes lo llamó para ofrecerle la cátedra vacante, y así continuó la estafeta que dejo su padre y continuó su labor.
Fernando es un prestigiado maestro, donde permaneció durante 30 años. Ahora, jubilado de la cátedra universitaria, es el decano de los guitarristas de Guadalajara y continúa con sus inquietudes innovadoras, tanto en el campo de la técnica como en el de la fabricación de guitarras. A él se debe el diseño de la guitarra “ergonómica”.
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