miércoles, 19 de abril de 2017

Una semblanza de José Atanasio Monroy



Monroy nació para pintar y lo logró con creces y enorme satisfacción. Nadie es más feliz que aquel que vive haciendo lo que le gusta. José Atanasio Monroy lo hizo.
Gabriel Lima Velásquez

José Atanasio Monroy nació el 19 de abril de 1909, al parecer en el vecino pueblo de Ejutla, aunque desde muy niño ya vivía con su familia en Autlán, específicamente en el barrio de Las Montañas. Aquí se dio su acercamiento a las artes, al de la música como ejecutante de la tuba en la banda municipal y a la plástica en la escuela de la maestra María Mares, y su formación en esta última con la profesora Jesusita Pelayo.
Fue la pintura la actividad por la que el joven Atanasio se decidió y, no encontrando ya en el pueblo los medios para continuar con su formación, partió en 1925 a la ciudad de México, donde se inscribió en la Escuela de Churubusco, dependiente de la prestigiosa Academia de San Carlos, donde fue discípulo de grandes artistas, como Leandro Izaguirre.
Poco después el maestro Atanasio ya tenía su taller, ubicado en las calles de Bucareli, donde comenzó su carrera profesional pintando por encargo y conformando una clientela entre la que se llegaron a contar grandes empresarios como el señor Germán Adalid, cuya colección de obras de Monroy aún existe.
Dueño de un carácter en el que se combinaban la aversión por las actividades sociales y lo que él mismo llamaba misantropía, no le faltaron a lo largo de su vida amigos, clientes y aún admiradores de su obra, quienes lo ayudaron a continuar con su formación y a mantenerse activo profesionalmente: entre los más importantes de estos amigos podemos contar al también autlense Jaime Llamas y al político Marte R. Gómez. Y, hablando de su formación, ésta fue continua desde sus años de estudiante: además de la lectura de biografías de los grandes pintores, solía estudiar a detalle las obras maestras del arte pictórico universal. Para esto, realizó durante su vida cinco viajes a distintos países de Europa, financiados con el producto de su trabajo (al parecer existe una buena cantidad de obras de caballete suyas diseminadas en el Viejo Continente) y con el objetivo de visitar y analizar de primera mano estas obras.
En 1973 el maestro Monroy regresó a establecerse definitivamente en Jalisco, específicamente en la capital del Estado, donde ya antes había residido mientras pintaba el mural de la Escuela Vocacional y otros encargos. En Guadalajara continuó trabajando en obra de caballete, en su mayoría retratos, paisajes de los alrededores de la ciudad y marinas inspiradas en la Costa de Jalisco. En 1990 don Atanasio sufre un ataque de embolia que le paraliza el brazo derecho y que le obliga, en un despliegue de determinación y fuerza de voluntad a “aprender” a pintar con la mano izquierda. En 1992 regresa a Autlán a instancias de sus amigos autlenses y, con ayuda de ellos (de quienes no menciono los nombres para no omitir a alguno, pero que se encontraban (se encuentran) congregados en el Grupo Cultural Autlense), vive sus últimos años, trabajando y enseñando a jóvenes con inquietudes artísticas. Uno de los domicilios en que vivió a su regreso a Autlán, una casa centenaria ubicada en el cruce de las calles de Guadalupe Victoria y Santos Degollado y que fue, además, sede primera de la Escuela de Artes, acaba de ser derribada para convertirla en estacionamiento.
Don Atanasio falleció el 19 de febrero de 2001, internado en el Sanatorio Autlán y bajo los cuidados de su amigo el doctor Nabor de Niz y de la enfermera María de Jesús Gaviño.
Está documentada la existencia de más de cien cuadros de Atanasio Monroy, la mayoría en México pero también en Estados Unidos, Sudamérica y Europa, aunque no es raro que se descubran nuevas piezas: en septiembre de 2008, por ejemplo, se publicó en el primer número de la revista Relatos e Historias en México un retrato ecuestre de Emiliano Zapata exhibido en el Museo Nacional de Historia, que puede verse en la galería virtual de ese museo y cuya existencia se desconocía en Autlán. Pero, a pesar de su abundancia, el trabajo de Monroy no se limitó a la obra de caballete, sino que legó también tres magníficos murales en mismo número de sitios públicos: en 1945 termina el mural La mexicanidad en el Centro Escolar Chapultepec, aquí en Autlán, en el que plasma un resumen de la historia de México desde la época prehispánica hasta las primeras décadas de gobiernos emanados de la Revolución; ese mismo año inicia otro mural en la Escuela Vocacional de Guadalajara (hoy Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías), que no pudo terminar sino hasta 1972 a causa de la inconformidad que generó la obra entre algunos grupos políticos a causa de los conceptos ideológicos que plasmó en ella; y en 1977 realizó el mural Las artes populares en México, en el Parián de Guadalajara, donde pintó algunas manifestaciones de la cultura popular mexicana.

Detalle del mural La Mexicanidad.

Estuvo a punto de realizar un segundo mural en Autlán, específicamente en el cubo de la escalera de la Presidencia Municipal (donde ahora está el retrato del general Paulino Navarro), pero el proyecto fue cancelado, después de haber sido previamente autorizado por el Cabildo, a causa de la fuerte crítica que el maestro Monroy hacía en él al régimen priísta.
En Autlán existe una buena cantidad de ejemplares de lo mejor de su obra, en varias colecciones privadas pero también en lugares donde pueden ser admirados por el público:
* Desde luego, el mural La mexicanidad en el vestíbulo del Centro Escolar Chapultepec.
* El Museo y Centro Regional de las Artes, que cuenta con cuadros de las colecciones del señor Carlos Mardueño, de la familia Adalid de la ciudad de México y de la pinacoteca del Ayuntamiento de Autlán.
* La sacristía de la Parroquia del Divino Salvador, donde se encuentran, aunque no en el mejor estado de conservación, dos de sus mejores cuadros: una Sagrada Familia de 1944 y una Crucifixión firmada en 1943 y que, según don Gabriel Lima, fue expuesta en ese mismo año en la tienda La Oriental (esquina de Escobedo y Borbón), en una exposición de artesanías, repostería y algunas pinturas, dentro del marco de los festejos de los 400 años de la fundación española de Autlán. Realizada en la mejor época de don Atanasio, el cuadro recuerda, en el uso de los claroscuros y en el dramatismo que expresa, a los pintores españoles clásicos que influyeron en don Atanasio.

Crucifixión.

El Centro Universitario de la Costa Sur posee la Pinacoteca José Atanasio Monroy, conformada por las obras ganadoras de las primeras ediciones del premio de pintura que lleva el nombre del maestro Monroy y por algunas piezas de la última etapa de su vida.
En Autlán, una calle del fraccionamiento Valle la Grana, el jardín del barrio de Las Montañas, el centro cultural del Centro Universitario de la Costa Sur y la bienal internacional de pintura que organiza este campus de la Universidad de Guadalajara llevan el nombre de don Atanasio Monroy, el mayor artista plástico que ha surgido de nuestra tierra.
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