sábado, 25 de abril de 2015

El arte en Autlán a mediados del siglo XX. Testimonio de las señoras Dolores y Esperanza Martínez

La entrada al Teatro Mutualista, hoy Cinerama Autlán. Foto tomada del libro Autlán. Photo Album, de Arturo Valencia.
Es sabido que antes de 1935, año en que se puso en servicio la carretera que lleva directamente de Autlán a Guadalajara, la comunicación entre esta región y la capital del Estado y el centro del país era bastante difícil, siendo necesarios días enteros para hacer el viaje que en nuestros días toma apenas poco más de dos horas.
De este modo, Autlán tuvo un desarrollo económico y social muy singular, con menos influencia externa que otros lugares mejor comunicados y sin los servicios educativos y de infraestructura que gozamos los autlenses en la actualidad.
Para conocer la vida cultural de esos últimos años de aislamiento y primeros de apertura de las comunicaciones en Autlán, que don Ernesto Medina Lima esboza en algunas de sus obras, me entrevisté esta semana con las hermanas Dolores y Esperanza Martínez Guzmán, de 95 años, quienes participaron activamente en la escena artística local en las décadas de 1930 y 1940.
Según su testimonio, que me fue expuesto con tanta amabilidad como lucidez, existió durante los años 30 un cine, llamado Aurora, en la calle de Guadalupe Victoria, a cuadra y media del mercado. En este cine, propiedad de don Jesús Meda, además de proyectar películas, llegaron a presentarse compañías teatrales foráneas, como la de Pablo Garza y la compañía Bárcenas y Sortillón, traídas a Autlán por vecinos amantes del teatro, como los señores Felipe Uribe y Flavio Fierro. El trabajo de estas compañías, admirado por las hermanas Martínez y sus amistades, les dejó también la inquietud de realizar ellas mismas representaciones teatrales.
De esta manera comenzaron a ensayar en su casa del barrio de Las Montañas, que aún habitan, dirigidas por don Felipe Uribe, a quien la señora Dolores describe como "un gran señor", y su hija Rosario, todos los días a las 7 de la tarde. Al pequeño grupo teatral que se formó, don Felipe les enseñó a actuar y les asignaba los papeles que les corresponderían en cada obra. Con él representaron obras como Fuego en el cielo, Yo la maté y otras, que llegaron a rebasar el número de veinte, escogidas de libros que les prestaba la señora Sara Chávez, madre del ilustre Antonio Alatorre y vecina de la familia Martínez.
Este grupo se presentó en el mencionado cine Aurora con Consecuencias del lujo, registrando un lleno total que obligó a repetir la obra en otras fechas, con un costo de entrada máximo de 1 peso. Doña Dolores refiere que su público era generalmente de gente con cierta cultura, que conocía y tenía gusto previo por el arte. Este grupo no se formalizó y no tuvo nunca un nombre ni intervención gubernamental alguna. Entre sus integrantes las entrevistadas recordaron a Benita Pelayo, Magdalena Pelayo, Elvira Joya, Refugio y Dolores Ramírez, Jesús Zárate.
Según sus recuerdos, no tuvieron nunca algún tipo de traba o censura para sus presentaciones: su padre fue socio de la Sociedad Mutualista y les conseguía el Teatro Mutualista para realizarlas. También era sencillo conseguir vestuario: entre las familias que tenían vestidos de gala para las fiestas del Carnaval, por ejemplo, obtuvieron lo necesario para María Estuardo.
Esta última obra también la presentaron en El Grullo, en un espacio al aire libre por la calle Urbano Rosales, donde eran esperadas con gran expectativa.
Además de las obras de teatro, el grupo de las señoras Martínez presentaban "cuadros plásticos", consistentes en la ejecución de una pieza musical, junto con una especie de alegoría de la misma: en uno de ellos las integrantes del grupo, ataviadas como romanas y acompañadas por el piano de don Moisés Casillas "cantaban", con la boca cerrada, imitando los violines de la Serenata de Toselli, en una técnica que aprendieron con el señor Eufrosino Hernández, padre del también ilustre don Hermilio. Para estos cuadros, las cantantes eran dispuestas en diferentes sitios del escenario, también caracterizado con elementos romanos, donde debían permanecer inmóviles mientras duraba su actuación. También fueron presentados en el Teatro Mutualista y se representaban en ocasiones especiales.

Las señoras Esperanza (izq.) y Dolores Martínez en el corredor de su casa.

Las señoras Dolores y Esperanza también eran habituales cantoras en servicios religiosos, en un coro dirigido por don Eufrosino Hernández, de donde recuerdan piezas como las Pontificales, Te Deum y otros; además de diseñar ropa y enseñar costura a jóvenes, una vez que dejaron el teatro y el canto.
En la entrevista la señora Dolores recordó la gran variedad de "posadas" que se cantaban en Autlán en su época, algunas de gran dificultad y calidad estética. Lamentaron que actualmente las posadas se limiten a la pieza que comienza con En el nombre del cielo..., mientras que en la época que comentamos se cantaban muchas otras. Recordó Las lejanas provincias, como zarzuela, y algunos versos de De largas jornadas:

"De largas jornadas
rendidos llegamos
así lo imploramos
para descansar."


La actividad del grupo de las hermanas Martínez era parte de un ambiente del que formaban parte grandes músicos y artistas plásticos: su hermano Jesús tuvo un grupo de jazz y fue director de la Banda Autlán y de la Orquesta Sinfónica de Autlán, en las que dirigió a músicos autlenses y grullenses como José Santana, José Velasco, Adán Corona, Julio Rosales, Jaime Gómez y otros. Era común escuchar a estos grupos en cualquier época, en lugares como el kiosco y el Teatro Mutualista. Su padre fue artista plástico, el último que ejerció el oficio de "dorar" los templos en nuestra región y cuya obra puede admirarse todavía en el templo de La Purísima.
Este testimonio, de dos de sus protagonistas, nos da una idea de la importancia de la actividad artística en el Autlán de aquella época.
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