lunes, 10 de febrero de 2014

Autlán, un pueblo que canta



El 9 de febrero de 1952 el Orfeón Proa, un grupo coral formado por jóvenes autlenses y dirigido por el profesor Francisco Espinoza Sánchez, comenzaba una gira por la ciudad de México con una presentación en el palacio de Bellas Artes. A esta le seguirían otras presentaciones en el Conservatorio Nacional, la XEW y Los Pinos, además de un segundo concierto en Bellas Artes.
Después de una de las veladas en Bellas Artes el periodista catalán Arturo Mori, exiliado en México, se ocupó del Orfeón en su columna Escenario y Platea, que transcribimos enseguida:

Autlán, un pueblo que canta

Una sorpresa fue para nosotros encontrarnos, en el salón Ponce de Bellas Artes, con el Orfeón Proa, improvisación pasmosa del presidente municipal de Autlán, lírico pueblo de la Sierra Madre Occidental, en el Estado de Jalisco. Un presidente municipal, el maestro Francisco Espinoza Sánchez, que, además de ser para sus gentes otro "Alcalde de Zalamea", les enseña a cantar, aunque no entiendan de música. Así logró formar un admirable orfeón de muchachas y jóvenes, y algún varón de edad formal, que produjo en Bellas Artes, al presentarse, el efecto de un milagro.
Autlán es un pueblo que canta: es tierra de músicos y artistas. Allí recuerdan a Rolón hasta las piedras. Y la juventud, como en bandadas de pájaros, se agrupa alrededor del maestro Espinosa, para decir lindezas con ritmo, desde Palestrina, hasta las espontaneidades de la canción popular. El programa era esto: un recorrido histórico de la melodía vocal: Palestrina, Bach, Vittoria, Berchem, Viadana, Offenbach, Uranga, Jiménez y los dulces anónimos que van de boca en boca, y de corazón en corazón.
El maestro Espinosa ha podido arrancar de holganzas inútiles y cantinas perniciosas a hombres y mujeres de Autlán, y las mismas damitas de aquella sociedad provinciana son parte del coro y contribuyen a esa democracia del arte que une, en aquel bello rincón, a todas las clases sociales para cantar al cielo, al paisaje, a la historia, a los tecolotes, a los guacos, y a los niños, para que se duerman.
Fue deliciosa la interpretación del "Ave María", de Schubert, arreglada al coro por Jaime Gómez. De Hermilo Hernández oímos un precioso arreglo de "Alborada", de Uranga, y de "Adiós Mariquita Linda", y de Moisés Alatorre, el arreglo de la canción "El Pájaro Prieto". El propio maestro Miguel Espinosa, como Moisés Casillas, adaptaron al conjunto obras de ambiente popular, que sonaban a tonadas de amanecer.
Pasamos una noche inolvidable. El Salón Ponce estaba totalmente lleno. Baqueiro Foster fue invitado a hablar y lo hizo con su acostumbrada gentileza y gracia de expresión. "En Brujas, la flamenca, dijo, cantan las campanas. En Autlán, la jalisciense, canta todo el pueblo."
La repetición de estos conciertos, en la Hora Nacional y en el mismo Salón Ponce, tenía que ser vivamente deseada. El que oye al Orfeón Proa, una vez, vuelve. Y a muchos les faltará tiempo para volar a Autlán y oírlo en aquella región de cabezas rubias, hispanas, de corridos y villancicos, en tierna hermandad de voces y de sentimientos.


Hasta aquí la columna de Arturo Mori. Evidentemente el Orfeón Proa dejó una buena impresión, propia y de todo el pueblo, en la capital de la República.
Esta información la obtuve en el evento "Recordando al Orfeón Proa", que tuvo lugar en el Museo Regional en mayo pasado y a donde asistieron algunos de los integrantes del orfeón que aún viven en Autlán.
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