miércoles, 17 de diciembre de 2008

El Callejón del Vicio

Una vez más vuelve a subirse a la palestra del debate, de la discusión, del desacuerdo, el asunto del "Callejón del Vicio"; la autorización de su instalación por la calle Obregón no solo generó controversia en el mismo Cabildo, sino que sirvió de motivo para que terciara la Comisión de Derechos Humanos, emitiendo una serie de recomendaciones, que en resumidas cuentas concluían en que su instalación violentaba los derechos de los vecinos afectados; qué bueno el interés de dicha comisión por erguirse en defensores de unas personas, pero qué malo que no sopesen todo lo que está atrás y todos los elementos que llevaron al Ayuntamiento a tomar la decisión de autorizar una vez más la colocación del famoso callejón en el próximo Carnaval 2009.
Mucho se ha discutido si el callejón representa ya una tradición o no lo es, si es conveniente o no lo es, si es parte o no lo es del atractivo de nuestras fiestas y si su probable reubicación afectaría o no el desarrollo de los festejos y si efectivamente afecta o no afecta a los vecinos.
Para poder determinar en principio si el callejón se ha convertido en una tradición, veamos primero lo que significa dicha palabra (del latín traditio, onis). Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc. hecha de generación en generación. Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos. Decía un notable historiador que es la forma más sencilla de comunicar o transmitir los valores y las manifestaciones culturales y artísticas en el correr del tiempo, que es también la manera más sencilla y directa de hacer la Historia. La tradición, por ser Historia viviente y comunal, tiene una dimensión humana, una dimensión social, una dimensión geográfica y otra temporal, y sobre todas estas cualidades, la virtud de amalgamar al hombre presente con su pasado y con su terruño. Es el hilo que teje la malla de generaciones y que da sentido, color, sabor, perfil, carácter cultural y fisonomía social.
De tal forma que en este rubro podemos concluir que el callejón no alcanza estas dimensiones como para considerarlo todavía una tradición, como tradición se pueden considerar los toros de once, las corridas formales, la farola, entre otras; pero sí podemos catalogar al callejón del vicio como una costumbre pues, aunque es una práctica social poco arraigada, se distingue porque cuenta con aprobación social.
Este es el real fundamento: "la aprobación social", que lleva a su autorización pese a la oposición de personas, y con mucha razón la de algunos vecinos; pero oponerse a ello es como el que se opone (disculpando las proporciones de comparación) a la celebración de desfiles o peregrinaciones o al cierre de calles del centro por los festejos navideños, y en ellos puede existir sustentos legales que respaldan sus inconformidades, pero al final de cuentas lo que debe sopesar en el ánimo de toda autoridad es que su decisión debe partir de la generalidad hacia la particularidad, buscando con ello el beneficio mayoritario y en la medida de lo posible afectar lo menos posible a la particularidad.
Bien lo decía la gente cuando en el primer año de gobierno municipal de Carlos Meillón lo intentó cambiar, ubicándolo en el interior del salón Mutualista, medida que tuvo que rectificar al siguiente año ante el descontento popular y las airadas protestas que recibió; bien decía la gente "el callejón llegó para quedarse", y es cierto, sin preverlo como tal, fue la misma gente quien creó ese lugar, fue la misma gente quien tomó la decisión de apropiarse de ese espacio y convertirlo en el anexo de los festejos del Carnaval, ya se vio que aún retirándose los puestos la gente reconoció el lugar y en él se quedaban estacionados conviviendo; de tal forma que lo que ha hecho la autoridad es solamente otorgar permisos, regular el uso, vigilar, cuidar y garantizar la seguridad, de tal forma que si el callejón es el resultado de una aprobación social, es la misma gente quien lo habrá de retirar, cuando ya no cubra sus expectativas, cuando encuentre otras mejores opciones o simplemente lo considere pasado de moda, de tal forma que esgrimir cuestiones legales, o recomendaciones para su reubicación es simplemente "predicar en el desierto", a no ser que exista en el futuro próximo una autoridad que se eche el trompo a la uña y por decreto quiera obligar a cambiar una costumbre, con la consabida y predecible manifestación popular que sin duda nadie quisiera soportar; por el momento el gobierno municipal actual ya definió su postura y tendremos callejón el próximo Carnaval en el mismo lugar.
Es cierto, y ello nadie lo duda, la serie de molestias que ocasiona a los vecinos particulares e instituciones que se ubican en el tramo de la calle Obregón, por Juárez y Bárcenas; por un lado existen vecinos conscientes de que el vivir cerca de la plaza de toros conlleva molestias y dificultades, y más en el periodo de Carnaval, y lo único que exigen es respeto y atención a sus demandas, muchas de ellas mínimas y no imposibles de cumplimentar; aunque también existen quienes quisieran hasta que se suspendiera el Carnaval y no aceptan ni la más mínima molestia; el cumplimentarlas más que difícil resulta imposible de atender.
La autoridad municipal debe jugar un papel esencial en la atención a las demandas de los vecinos afectados, existen los medios y los recursos (y que con justicia merecen) para compenarlos ampliamente de las molestias que se les causa; respecto a las instituciones la programación, reubicación y hasta el rediseño de las instalaciones del callejón pueden ser elementos que permitan su funcionamiento. La higiene, la seguridad, el orden, el respeto a los bienes y la generación de mínimas molestias son acciones que por ningún motivo debe descuidar la autoridad, antes que eso debe acrecentarlas en demasía.
En resumen el establecimiento del llamado callejón del vicio debe ser el resultado de voluntades, en la que todos los interesados deben ceder su parte y, antes que convertirse en un problema, se debe ver como un atractivo más y como una forma de convivencia de propios y extraños. Por lo pronto, como dice la raza: "ahi nos vemos en el callejón".
Autor: Horacio Saray Meza
Publicado originalmente en el semanario Costeño el 5 de diciembre de 2008.
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