viernes, 10 de noviembre de 2017

Un testimonio de la contracultura de los 60 en el CUCSur



El amor es la única manera de vivir.


En punto del mediodía de este viernes debajo de la pérgola mayor del centro cultural José Atanasio Monroy del CUCSur el músico Sergio Negrete ofreció un concierto-conferencia titulado "La contracultura: vivencias, testimonios y canciones" ante unos 30 asistentes, la mayoría alumnos del centro universitario.
Antes de que Sergio tomara la palabra el maestro Jesús Medina, coordinador de Extensión del CUCSur explicó que este concierto forma parte de la agenda cultural que organiza ese centro de estudios, con la finalidad de que la comunidad universitaria y el público en general puedan confrontar diferentes expresiones culturales.
Enseguida y durante más o menos una hora y media Sergio Negrete contó sus experiencias durante el movimiento cultural de mediados del siglo XX en México: su participación en una comuna jipiteca, el contacto de ésta con el sacerdote Enrique Marroquín en "La azotea cósmica" de Guadalajara y la "conversión" que experimentó este personaje al conocer la forma de vida de este grupo, al grado de convertirse él mismo en un jipiteca.
Negrete habló también sobre la necesidad que sentían los jóvenes de esa época de "romper el molde" y poder expresar su individualidad en aspectos tan (aparentemente) inocentes como la indumentaria o el uso de accesorios o de cabello largo, así como de la correspondiente represión de que fueron objeto por amplios sectores de la sociedad y de los gobiernos. Contó sobre los movimientos de los rebeldes sin causa, de los existencialistas y de los llamados runaways (jóvenes que huían de sus casas para no ser reclutados por el ejército estadounidense durante la guerra de Vietnam), que en poco tiempo evolucionaron en hippies. En México tendrían un movimiento correspondiente (los jipitecas), del que Sergio Negrete formó parte y dentro del cual participó en manifestaciones a favor de la paz y sufrió golpes y cárcel por parte de la policía.
Narró también el contexto en el que se celebró el festival de Avándaro y cómo desencadenó la represión del rock por la autoridad y su censura en todos los medios de comunicación, para resurgir tiempo después en los llamados hoyos fonkis. Sergio Negrete también llegó a tocar en estos lugares semiclandestinos, junto con el legendario grupo progresivo Nahuatl. También habló ampliamente sobre su experiencia en la sierra de Oaxaca, a donde peregrinó junto con otros jóvenes en busca de una forma de vida distinta a la de la ciudad. Allí encontró que debía mantenerse en armonía con el medio para poder adaptarse, así como a despreciar lo material.
En la última parte de su plática habló sobre la necesidad de que vivamos con amor, es decir, sin guardar rencores u odios hacia otros, aún hacia los que nos han hecho el mal.
Intercaladas dentro de su plática, Sergio Negrete interpretó con acompañamiento de guitarra electroacústica y teclados, canciones como Lo que todos necesitan es amor, Tonchi Merino, Qué lindo es saber que alguien te ama, entre otras, para despedirse con No es fácil cuando estás solo.
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