viernes, 26 de junio de 2009

La basura y el otro...

Cuando veo a las personas tirar la basura en la calle, ya sea desde la ventanilla de un auto en marcha, por la puerta de su casa o en el sitio donde hacía un rato estaban sentadas, siempre me pregunto: ¿por qué razón lo hacen? Y las respuestas a esta pregunta pueden ser múltiples; talvez son maleducados, o no tienen educación alguna, o en su casa no les inculcaron principios y valores, o son egoístas y majaderos. Pero también es posible que ninguna de estas sea la razón verdadera, talvez no hay una sola razón verdadera para dicha conducta.
Pero al mirar a una persona decente tirando una bolsa de papitas por la ventanilla de su coche, a unos jóvenes aventando latas de cerveza en la vía pública y a los niños regando las envolturas de golosinas por donde pasan, no puedo dejar de pensar en la idea de "el otro". El otro es el ajeno a mi, el que no soy yo, y por ser distinto de mí me causa temor o desconfianza, o al menos no despierta mi simpatía. Y esa "ajenidad" está en relación contraria a mi sentido de identidad y de pertenencia a algo, a una familia, a una institución, a una comunidad, sociedad o país. Yo defiendo lo que es mío, y de ser necesario con mi propia vida, pero lo que es ajeno no me despierta ninguna motivación, ningún interés, no me siento responsable de los otros.
Si yo compro un objeto o un bien cualquiera, adquiero un derecho sobre el mismo, se convierte en mi propiedad, y yo puedo decidir libremente lo quehago con dicho artículo. Esto es igualmente cierto si yo adquiero un rancho, una casa, un automóvil, un refresco o un paquete de chicles o cigarros, soy el propietario y responsable del mismo, también puedo regalárselo a alguien o tirarlo a la basura, con lo cual estoy transmitiendo la propiedad del mismo, pero también la responsabilidad adquirida.
En el mundo industrializado en que vivimos, cada vez es más difícil adquirir bienen de consumo que no vengan anvasados y empaquetados, particularmente los alimentos. Los envases son más sofisticados, mejor decorados y hechos de materiales distintos, y no es poco frecuente que un envase resulte más costoso que el producto que contiene. Además de ello las reglas de la sociedad de consumo y la búsqueda de la comodidad hacen que todo sea desechable, los envases retornables están en vías de extinción. Pero los envases caros y sofisticados se convierten de manera casi inmediata en basura, basura que hay que desechar.
Así que cuando yo compro un refresco o una golosina, adquiero también un poco de basura, basura de la cual soy propietario, pero también soy responsable, es decir, que la manera de eliminar dicha basura y el modo en que ésta llegue finalmente al basurero municipal, o no llegue nunca a él, es de mi entera responsabilidad. Y si yo la llevo a un bote de basura o a un contenedor municipal estoy cumpliendo de manera correcta con la responsabilidad adquirida al comprar mi refrigerio.
El problema entonces, no es simplemente que yo tire mi basura en la calle, o la deje abandonada en la jardinera de un parque, pues lo que en realidad estoy haciendo es transferirle a alguien más mi responsabilidad, estoy forzando a otro a que asuma una obligación que es esencialmente mía. Y aquí resurge la figura del "otro", que puede ser mi vecino, que tiene que recoger la mierda de mi perro, o el jardinero municipal que tiene que andar recolectando las botellas y envolturas regadas por los paseantes, o el ciudadano consciente que se toma la molestia de recoger la envoltura del piso y llevarla a un bote de basura. Es el "otro" que se ve obligado a realizar la tarea que era mi responsabilidad, mi obligación, el otro que al final de cuentas a mi me importa un bledo. Cada vez que yo tiro basura en la vía pública, que se supone es de todos, estoy declarando que la calle no es mía, que me es ajena, que pertenece a otros y es de otros la obligación de limpiar lo que yo estoy ensuciando.
En el fondo de esta actitud, yace un desprecio esencial hacia los demás, una distancia enorme entre mi yo y el de las otras personas que comparten mi espacio, una ruptura con las reglas básicas que hacen posible la convivencia y que construyen a las comunidades humanas. Es la falta de respeto hacia los demás, de los cuales yo me siento distinto y superior, de quienes me siento ajeno, distante, porque ellos son "los otros".
Autor: Mtro. Alfredo Tomás Ojeda Ortega
Secretario Académico del CUCSur
Texto publicado en Gaceta CUCSur en la sección Opinión en Línea.
Publicar un comentario