La investigadora Martha
Florentina Corona Santana presentó en esta sesión el trabajo titulado Exvotos:
historia entre lo humano y lo divino, en el que explora los significados y
usos de esta manifestación de la religiosidad popular, así como sus orígenes y
las formas en que se ha reproducido y conservado en México a lo largo del
tiempo. La exposición comenzó con una definición del término exvoto, que son
piezas que expresan un voto o agradecimiento por un favor recibido de una
deidad. Según la ponente, esta costumbre tiene su origen en la cultura griega
clásica, de la que se han encontrado piezas que representan piernas u otras
partes del cuerpo talladas en mármol, aunque no se sabe si manifiestan
agradecimientos o promesas por favores recibidos de los dioses. Piezas semejantes
se han encontrado en yacimientos de la cultura romana.
Enseguida se nos explicó que los
retablos aparecieron tardíamente en el mundo de los exvotos, los más antiguos
que se conocen datan de la Edad Media tardía, procedentes de Italia. Los españoles
trajeron esta tradición a América en el siglo XVI y, un siglo después, comienza
a configurarse como la conocemos en la actualidad; en el siglo XVIII se
producían exvotos realizados por pintores profesionales, cuyo costo elevado los
hacía exclusivos para las clases altas. Para la centuria de 1800 se comienza a
popularizar su producción y, ya para el siglo XX, se vuelve una práctica
extendida, que cae en decadencia hacia la década de 1960.
Según el autor Cano Monroy,
citado por la ponente, “la fridamanía rescató al exvoto”, en referencia a que
la producción de este tipo de piezas por la pintora Frida Kahlo ayudó a
revalorarlas y contribuyó a una reapropiación de la tradición. En cuanto a los
autores de exvotos, Martha Corona dijo que generalmente no se les acredita su
autoría, aunque se conocen los nombres de algunos de ellos, que la ponente compartió
con el público, junto con imágenes de algunos exvotos representativos de las
distintas épocas de esta tradición: vimos el más antiguo conocido, que data de
1651 y se encuentra en la iglesia de Santa María Tulantongo, en Texcoco, junto
con algunos que agradecen a diversos santos o vírgenes los favores recibidos,
que van desde una curación hasta la emancipación de una esposa de su marido
violento, guantes de box de por medio.
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