Doña Lola nos contó, con una
fluidez y claridad notables y haciendo gala de una excelente memoria y buena
disposición, que el día que don Atanasio la retrató no hubo clases en el Centro
Escolar, situación que ignoraban ella y sus amigas Lupe Gómez y Rosa Mancilla,
por lo que asistieron a la escuela con normalidad. Al llegar, notaron que no
había niños y, ya dentro de la escuela, les informaron que ese día no había
clases, por lo que regresaron a sus casas. Cuando iban cruzando una cancha de
basquetbol que estaba afuera de la escuela (quizás donde hoy está la prepa o en
la Plaza Cívica, cuyo terreno pertenecía entonces a la Junta de Cultura Física
de Autlán), don Atanasio, quien se encontraba trabajando en el mural, se asomó
a la puerta de la escuela y las llamó. Ellas acudieron y el pintor les explicó
que necesitaba a una niña para pintarla en su obra, escogiendo a la pequeña
Lola.
Don Atanasio le pidió que se
parara sosteniendo un libro en una de sus manos, mientras él la dibujaba en un
cuaderno. Al terminar esta tarea, que doña Lola recuerda que fue muy rápido,
don Atanasio le dio las gracias y le indicó en qué parte del muro la iba a
pintar, diciéndole que cada que fuera a la escuela podría verse pintada ahí. Ella
sirvió de modelo para la niña de vestido rosa que aparece de pie junto a la
maestra María Mares, sosteniendo un libro de portada verde con las letras A B C
y en actitud de poner atención al documento que la profesora tiene en su mano
derecha y que tiene escrito el lema que también aparece en la entrada de la
escuela: “Debes instruirte para servir a tus semejantes, no para explotarlos”. Don
Atanasio le advirtió que la pintaría con tobilleras, prenda que ella no llevaba
ese día, aunque recuerda que el vestido, los zapatos y el peinado con que la
pintó sí son como los que ella tenía en esa ocasión.
Lola Gómez vivía entonces en la
calle de José Antonio Torres, límite sur de la ciudad, y era parte de una
familia de ocho hermanos, de los que viven siete actualmente. Nació el 26 de
marzo de 1933 y le tocó vivir en un Autlán con una cotidianidad muy distinta a
la actual: recuerda que la vida era dura, ella trabajó desde niña sembrando en
unas tierras de la familia Mata para aportar al gasto familiar, además de lavar
ajeno en el arroyo de La Caja. Para cosas que hoy son sencillas, como tener
agua en la casa, exigían trabajo duro, no solo se trataba de abrir la llave. Considera
que la vida es mejor hoy que en esos tiempos.
1 comentario:
Muy buena historia
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