sábado, 11 de julio de 2015

El Día del Minero. Testimonio de dos ex trabajadores de la Minera Autlán

Estandarte de la sección 193 del Sindicato de Mineros, correspondiente a Autlán.
En la ciudad, el dinero circula de una bolsa a otra, pero no deja de ser el mismo dinero, nosotros los mineros convertimos en dinero algo inesperado, acercamos DINERO NUEVO al capital tangible del país, incrementando así sus recursos.
Editorial de Informina. Julio de 1968.

Desde el año de 1929 se estableció en México el 11 de julio como el Día del Minero, para conmemorar la fundación del Sindicato Minero y para servir como fecha de celebración para los trabajadores de esta industria, la más importante del país en alguna época.
Como es bien sabido, Autlán vivió un renacimiento económico con el establecimiento de la Compañía Minera Autlán, a principios de los años 1950, que se encargó de explotar los yacimientos de manganeso del cerro de San Francisco, al norte del municipio. La empresa llegó a emplear a alrededor de 600 trabajadores, afiliados a la sección 193 del Sindicato de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana. Para recordar cómo celebraban estos trabajadores el Día del Minero y cómo era su rutina de trabajo, entrevistamos a los señores Javier Mardueño Soltero, laboratorista, y José Santos Vázquez Gómez, obrero.
El 11 de julio era, entonces, un día festivo para los mineros autlenses. El sindicato se encargaba de organizar el festejo respectivo, que incluía un desfile por las principales calles del pueblo, en un ambiente festivo al estilo de las farolas carnavaleras. También había comida para los trabajadores, bailes a los que llegaron a venir grupos como Mike Laure y sus Cometas, además de encuentros deportivos, especialmente de futbol y beisbol, deporte este último del que la minera tenía un equipo de buena calidad, integrado por sus trabajadores. Las actividades deportivas se realizaban donde ahora se encuentra la Plaza Cívica, en el caso del futbol, y en los actuales terrenos del CUCSur, en el caso del rey de los deportes.
El caso de la selección de beisbol de la Minera Autlán es interesante: aunque sus jugadores no eran profesionales (eran todos obreros de la mina), llegaron a sostener encuentros, en Autlán o de visita, con equipos importantes de Guadalajara y de México, siempre desempeñándose dignamente en el diamante. Algunos de sus integrantes llegaron a recibir ofertas de equipos profesionales, aunque no se sabe de alguno que hubiera trascendido en este deporte. Era también curiosa la enorme afición a este deporte que había entre los mineros, teniendo cada departamento su propio equipo, de entre los que se elegía a los jugadores que conformarían la selección.

Equipo de beisbol de Talleres en la cancha del barrio 8 de Julio.
La Compañía Minera Autlán al parecer fue la primera empresa establecida en Autlán que aplicaba al pie de la letra lo establecido en la Ley Federal del Trabajo en cuanto a prestaciones y seguridad en el trabajo, y la primera en tener una organización "científica", tendiente a maximizar los tiempos, traslados y demás elementos del trabajo de sus obreros. Así, sus trabajadores laboraban una jornada de 8 horas ganando un salario superior al mínimo legal y con diversas prestaciones, algo poco antes visto por los autlenses.
La rutina de un obrero, además, era muy precisa: los del turno matutino, por ejemplo, debían estar antes de las 6:30 hrs. en la calle Pedro Moreno, frente al Mercado, para tomar el autobús que los llevaría a su lugar de trabajo, a donde llegaban aproximadamente media hora antes del inicio de su jornada. Al llegar, con ropa de calle (no se les permitía abordar el autobús con la ropa sucia), tomaban su ropa de trabajo de una canastilla especial que cada uno tenía, se cambiaban y depositaban en esa misma canastilla la ropa con la que llegaban. Checaban su llegada en la tarjeta correspondiente e ingresaban a su puesto, donde ya los esperaba el trabajador que terminaba su horario. Este último no podía abandonar el puesto mientras no llegara su relevo, por eso debían llegar con varios minutos de anticipación para tener tiempo de cambiarse de ropa. El obrero recién llegado a su turno debía cumplir con sus ocho horas de trabajo y esperar a su relevo del siguiente horario, al salir volvía a ponerse su ropa de calle para regresar a casa en el autobús de la empresa. A muy grandes rasgos, este era el modo de trabajo de los obreros de la mina, en cada uno de sus distintos departamentos.
La operación normal de la mina estaba dividida en departamentos especializados: desde el propio trabajo de la mina, como perforación y extracción de mineral, hasta la contabilidad, pasando por seguridad, talleres de mantenimiento, laboratorio, relaciones industriales, transporte y otros. En su momento la minera editó incluso una revista, titulada Informina, muy bien presentada, en la que se difundían particularidades de la empresa, como historia, personajes destacados, estados financieros, editoriales, novedades, etc.

Portada de Informina de julio de 1968. Cortesía de don Javier Mardueño.
El impacto de la minera en Autlán fue muy trascendente, en especial en el ámbito económico. Significó una fuerte inyección de dinero circulante en el pueblo y la región, mediante el pago de salarios y el consumo de artículos primarios y, por un tiempo, por la contratación de transportistas para llevar el mineral al puerto de Manzanillo. En esos días Autlán conoció un crecimiento económico que hizo proliferar negocios como talleres mecánicos y refaccionarias, para atender las nuevas necesidades. El aumento en el circulante incluso hizo subir los precios de los productos y servicios, en especial de la canasta básica, situación que también fue atendida por la minera al abrir una tienda departamental en la que podían surtirse sus empleados a precios menores a los del comercio general. En esa tienda, situada en la calle de José Corona Araiza, a media cuadra del jardín Constitución, donde ahora funciona una tienda de ropa, se podían encontrar desde alimentos hasta electrodomésticos, pasando por juguetes, muebles y otros productos.
Al parecer, la presencia de la minera no dejó una huella en la cultura popular autlense, quizás por haber permanecido relativamente pocos años. A diferencia de otras ciudades mineras, no hay aquí rastros de esta actividad en el lenguaje, las costumbres o algún otro aspecto de nuestra vida cotidiana, a excepción de algunos objetos, como lámparas o cascos, que en algunas casas se pueden ver como objetos de ornato.
Según don Javier Mardueño, quien fuera jefe de laboratorio de la Compañía Minera Autlán cuando sus operaciones principales ya se desarrollaban en el estado de Hidalgo, el cerro de San Francisco aún guarda reservas de manganeso aunque, en el estado actual de la técnica, no es costeable su explotación. Si se descubriera un método que la hiciera costeable, podría verse un resurgimiento de la minería en Autlán.
Por lo pronto, nos queda solamente el recuerdo de una actividad industrial, la primera a gran escala en el pueblo, que ayudó a crecer la economía de Autlán en un momento crítico de su historia.
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