jueves, 10 de septiembre de 2020

Un comentario sobre José Guadalupe y los independentistas autlenses


 
De José Guadalupe sabemos muy poco. Tan poco que no conocemos ni siquiera su apellido. Sabemos, eso sí, que por su calidad étnica era considerado indio; que fue originario de Autlán y que estuvo casado con una mujer de nombre María Rafaela, a quien dejó libre de matrimonio cuando falleció, hoy hace 209 años. Porque, entre las pocas cosas que sí sabemos de José Guadalupe, y de fuente digna de crédito (nada menos que los libros de defunciones que obran en el archivo de la parroquia del Divino Salvador) es que el 10 de septiembre de 1811, por la mañana, fue pasado por las armas del Rey de España, es decir, fue fusilado, por el delito de insurgente. También conocemos un dato más, no poco interesante: que fue sepultado en el cementerio parroquial de Autlán, que hace dos siglos estuvo ubicado en el atrio de la parroquia, o sea que sus restos puede ser que estén todavía enterrados en algún punto del centro histórico, alrededor de la manzana frontera a la fachada principal de la parroquia del Divino Salvador. Esto, si es que no han sido exhumados en una de tantas obras de infraestructura que se han ejecutado en el centro de Autlán. 
También sabemos que José Guadalupe, como casi todos los de su raza, era pobre, puesto que fue sepultado de limosna, que era la categoría más baja posible. Su cuerpo no descendió a la tierra en un ataúd sino, en el mejor de los casos, envuelto en un petate. El registro de su nacimiento dice que ni él ni su compañero José Casildo, originario de Tenamaxtlán aunque avecindado en Purificación y que fue ajusticiado junto con José Guadalupe, dieron razón de su edad exacta (solo dice que eran adultos) ni de los nombres de sus padres. 
Tampoco tenemos noticia de su ocupación antes de unirse a la tropa (o a la chusma, según las autoridades virreinales) de Ignacio Sandoval: puede ser, y esto es pura especulación, que fuera peón del campo, ocupado en el cultivo del maíz o de cualquiera de los muchos frutos que da la tierra del valle, incluso es posible que hubiera estado dedicado a la crianza de cochinilla para la producción de grana. Menos podemos tener una idea clara de qué lo animó a sumarse a la fuerza insurgente. 
Pero hay algo que sí podemos tener claro: José Guadalupe y sus compañeros reúnen las características de un héroe cívico, por más que su alcance sea netamente local: el valor para haberse levantado contra un sistema social injusto, aún desde su propia vulnerabilidad; el haber dado la vida combatiendo a ese sistema, a pesar de sus propios miedos y debilidades; y, en fin, su extracción popular, lo que permite que su figura sea adoptada fácilmente por la mayoría. Y, aunque ya quedaron lejos los tiempos en que la identidad nacional tenía que ser creada, recurriendo entre otras cosas a la adopción de héroes nacionales, en Autlán tenemos la oportunidad de adoptar la figura de estos independentistas como un elemento aglutinante, que nos una más allá de cualquier división, resentimiento o diferencia, partidista o personal, para celebrar nuestra identidad.Una última cosa: el fallecimiento de José Guadalupe y de José Casildo no estuvo exento de una cierta ironía: al día siguiente de su fusilamiento entró por segunda ocasión a Autlán el cabecilla Ignacio Sandoval, que seguramente los habría liberado.

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