martes, 4 de agosto de 2020

El barrio del Campamento




El Campamento es un barrio del sur de Autlán, vecino del Coajinque, de la colonia Guadalupe y, un poco más lejos, también de la Alameda. Del origen de su nombre hay dos versiones: don Ernesto Medina Lima cuenta en Calles y barrios de Autlán que se debe al recuerdo de un campamento de ingenieros topógrafos que se instaló a orillas del Coajinque, por la margen derecha, cerca de lo que ahora es el término de la calle de Nicolás Bravo, cuando pasaron por aquí haciendo los trabajos preliminares para el tendido de la vía del tren Aguascalientes-Chamela, en los primeros años del siglo XX. La otra, que nos narró don Candelario Godínez, vecino del barrio desde la década de 1950, dice que donde ahora es el Mercadito había antes unos cuartos, conocidos como “cuartos de Barragán”, que albergaban a un campamento de soldados. Las dos versiones coinciden en que de uno de esos dos campamentos tomaría su nombre una tienda de abarrotes que estaba en la esquina de las calles de Javier Mina y de Santos Degollado, que cundiría con el tiempo a todo el barrio. Cualquiera que sea su origen, el nombre del Campamento para el barrio se ha ido sustituyendo, poco a poco, por el del Mercadito.




La ceiba que señorea al centro del Mercadito.


Y esto no es extraño: el Mercadito es uno de los dos sitios públicos que constituyen los polos de actividad social del barrio y que revisten importancia para todo el pueblo. Su nombre oficial es Mercado Nicolás Bravo y fue construido durante la década de 1970. Consta de cuatro instalaciones principales: el llamado propiamente Mercadito, que es un espacio cerrado en cuyo interior se encuentran puestos para venta de frutas y verduras y para loncherías, mientras que en su exterior funcionan carnicerías, misceláneas y tortillería; el mercado de abastos, mejor conocido como “las bodegas”, hacia el poniente, donde se venden al mayoreo y menudeo productos agrícolas de la región; la explanada de la parte norte, rodeada de puestos de diversos giros, desde estética hasta abarrotes, pasando por venta de hierbas medicinales, y que fue construida para alojar a los comerciantes que antes estuvieron en lo que ahora es la plaza Mission; y el pequeño jardín, presidido por una enorme ceiba. En estos últimos espacios se celebraban, en décadas pasadas, bailes populares con música en vivo, en los que había que pagar por el derecho de entrar a la pista de baile, que se encontraba cerrada con una cinta o mecate. También se vendían cervezas, refrescos y otros productos para refrescar el cuerpo de los bailadores.

Las bodegas

La explanada del Mercadito.

Estos bailes populares, junto con venta de cena, kermesses, rifas y donaciones, fueron los medios que utilizaron los habitantes del barrio para financiar la construcción del templo del Señor de la Misericordia, el otro de sus espacios públicos importantes. Su construcción fue iniciada, según Bertha Alicia Gutiérrez Lugo, por los sacerdotes Carlos Hernández y Albino Navarro, lo que causó que durante muchos años a este templo se le conociera como “del padre Albino”. Su construcción y culto comenzó en 1978, por dos principales razones: la falta de un templo en las cercanías del barrio y la devoción que existía entre los vecinos hacia la imagen del Señor de la Misericordia de Unión de Tula, la famosa imagen del mezquite, que visitaba algunas casas de aquí en cierta época del año. El grupo de Vasallos, representado por el señor Arturo Gómez Lepe, consiguió el permiso del obispo Maclovio Vázquez Silos de mandar a hacer su propia imagen, que se encargó a Michoacán y es la que actualmente se encuentra en el templo. El estilo del templo es sobrio, con una sola nave dedicada al culto, rodeada de un portal y con un solo campanario. En el interior de la nave se contaba originalmente con unos terminados de madera en los pilares, que hacían juego con las imágenes de la Pasión colocadas en las paredes. Sin embargo, los terminados de los pilares ya fueron retirados hace algunos años.


Desde finales de la década de 1970 se instaló en el Mercadito la terminal de los minibuses que conectan Autlán con El Grullo y algunas agencias y delegaciones, que en aquellos tiempos administraba don Juan Huitrón. La terminal todavía funciona ahí, lo que, junto con la febril actividad de las bodegas, mantienen al barrio del Campamento, o del Mercadito, como uno de los polos de actividad comercial en Autlán.


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