domingo, 2 de agosto de 2015

Las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado en Autlán

Fachada del asilo, sede de la congregación.

Uno de los primeros asentamientos españoles en Autlán fue el que establecieron los frailes franciscanos en el actual barrio de Las Montañas, donde en 1533 construyeron un hospital para indios con una capilla contigua, en el espacio que actualmente ocupa la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Los franciscanos administraron esos servicios durante más de tres siglos, lapso durante el cual las primitivas construcciones de madera fueron sustituidas por las actuales "de material" que, con restauraciones recientes, aún se encuentran en servicio: la mencionada parroquia y el Asilo para Ancianos, ubicado sobre la calle de Leandro Valle.
En el año de 1900 llegaron a hacerse cargo del hospital los frailes de la Orden del Santísimo Redentor, llamados redentoristas, acontecimiento que quedó registrado en la placa de madera que todavía puede verse en los pasillos del asilo.


Alrededor del año de 1931 esta responsabilidad pasó a la orden de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado, quienes se mantienen al frente de ella. A principios de esta semana platiqué con la madre Beatriz Rubio Núñez, quien cumple 50 años de su consagración y me contó la historia de esta orden religiosa y su trabajo en Autlán.

La orden de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado fue fundada en el año de 1918 por el sacerdote José María Robles Hurtado (quien sería canonizado el 21 de mayo de 2000) en la ciudad de Nochistlán, Zacatecas, donde se encontraba desde dos años antes como párroco. Al fundador de la orden la madre Beatriz lo define como "un enamorado del corazón de Jesús en la eucaristía".
En 1920 José María Robles es trasladado a Tecolotlán, Jalisco, con parte de la recién fundada congregación. A mediados de esa década, ya durante la administración del presidente Plutarco Elías Calles y ante la creciente tensión entre la Iglesia y el gobierno federal, el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, ordena al padre Robles que las Hermanas regresen temporalmente con sus familias. Entre ellas se encontraban Margarita y Francisca Vergara Chávez, parientes de la señora Sara Chávez, madre de don Antonio Alatorre, quien vivía en Autlán y las recibió en su casa. Esto aconteció en el año de 1926, año que se considera el de la llegada de la orden a Autlán.
Los primeros benefactores de la orden en Autlán fueron los sacerdotes Luis Orozco y Mateo Tapia, además de las señoras Benita y Calixta Pelayo, quienes ayudaron a las primeras monjas mientras duró el conflicto religioso. En esta época debían las religiosas mantenerse escondidas y vivían de forma muy precaria, al grado de utilizar hojas de naranjo como cubiertos.

Pasillo principal del asilo.
Ya en 1931 ocupan la finca del actual Asilo de Ancianos, sucediendo a los franciscanos y a los redentoristas en su trabajo de asistencia social. Se hacían cargo de atender a enfermos de todo tipo, incluso de enfermedades mentales, y a ancianos desprotegidos, quienes permanecían dentro de sus instalaciones, a veces de por vida.
Con el tiempo su trabajo integró la atención del hospital, el asilo y el colegio contiguo (actual colegio Tepeyac), que ofrecía hasta cuarto grado de primaria. Ahí comenzó la época de mayor actividad de la orden.

Vista del patio del asilo.

Entre las religiosas de esta orden que destacaron por su trabajo en Autlán, la madre Beatriz recuerda a las monjas Amadita, encargada del asilo por 30 años y quien se encargaba sola de la atención de ancianos y enfermos (incluyendo una paciente con enfermedad mental); Manuela y Maura. En el colegio se distinguió la madre María Leonor Ramos por su espíritu de mejoramiento y crecimiento material y la madre Teresa Santana por su trabajo de difusión cultural, con la organización de conciertos y funciones de teatro que se desarrollaban dentro del colegio.

Una representación del Tepeyac.

En los 97 años de historia de la orden ha habido, según la madre Beatriz, 10 o 12 religiosas autlenses. Actualmente la orden pasa por una crisis vocacional; el espíritu que la anima es de amor y sacrificio, difícil de asimilar para las jóvenes contemporáneas, que tienen más opciones para dedicar su vida. Sin embargo, se sigue viviendo el carisma de la orden y las hermanas de mayor edad son un testimonio de vida que las impulsa a seguir adelante.

Oratorio.


Fuentes:
* Testimonio de la madre Beatriz Rubio Núñez.
* Testimonio de la señora Carmen Rubio.
* Bosquejo histórico de Autlán, de Ernesto Medina Lima.
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