martes, 19 de agosto de 2014

Pedro Rosas "el Autlán"


Pedro Rosas Quezada, el Autlán, es un torero autlense nacido el 23 de febrero de 1938 quien, en su vejez, es dueño de una enorme cantidad de recuerdos que le ha dejado una vida novelesca. Sobrino de un músico de la banda Autlán, su afición a los toros nació desde su infancia, en la entonces nueva plaza Alberto Balderas a la que podía entrar sin pagar gracias a este parentesco. Ahí, afirma haber visto torear a Joaquín Rodríguez Cagancho y a un joven Jorge Carrillo Chavalillo.
Fue tal su afición, que desde niño decidió dedicarse a los toros. Persiguiendo este destino, marcha a la ciudad de México a mediados de los años 1950, a casa de unos familiares suyos, entre los que estaba su hermano mayor. Éste, quizás con buenas intenciones, lo obliga a regresar a Autlán, mas el joven Pedro, ya estando en la terminal de los autobuses Tres Estrellas de Oro decide quedarse en la capital aún sin el consentimiento de su familia, lo que lo obliga a vivir en la calle. Así estuvo un par de meses, por el rumbo de Niño Perdido (vaya ironía) y Garibaldi, desempeñando pequeños trabajos o de plano pidiendo un taco en los negocios de comida para subsistir.
El infortunio templó su carácter, preparándolo para las penurias que viviría en los siguientes años, ahora como chonero o torero semiprofesional. Una vez que logró conectarse con el mundillo de los toros comenzó a lidiar, junto con algunos jóvenes compañeros de profesión, en pequeños pueblos de los alrededores de la capital, casi siempre ganado criollo o cebú. Así, debutó en 1958 en Real del Monte, Hidalgo, toreó su primer ganado de casta en Zacatlán, Puebla y se vistió de luces por primera vez en Atotonilco el Alto, Hidalgo. Siguió su carrera de chonero en los estados de Michoacán, Guerrero, Veracruz, Morelos, Querétaro y los estados citados anteriormente.

En Tiríndaro, Michoacán. El Autlán es el primero desde la izquierda.

El Autlán recuerda momentos muy gratos de su carrera como torero, como el ambiente de camaradería que vivió en el parque Balbuena, donde entrenaban los toreros como él en la ciudad de México, y donde también lo hacían futbolistas y boxeadores semiprofesionales. También recuerda las casi apoteósicas bienvenidas de que eran objeto él y sus compañeros en algunos pueblos en los que se presentaban, donde los llegaban a agasajar con bandas de música, danzantes y toda clase de honores. Uno de estos lugares era Zacapu, Michoacán, donde los "pajones", como llamaban los capitalinos a los habitantes de las rancherías, salían a recibirlos a la carretera a caballo, con música. En la ciudad de México, donde residía, conoció e hizo amistad con personajes como Javier Solís, el boxeador Mantequilla Nápoles y otros.
Pero no todo fue alegría: recuerda las grandes penurias que en ocasiones sufría para trasladarse a los pueblos donde había ferias y para conseguir la oportunidad de torear en ellas, siempre con el bolsillo casi vacío. Le tocó también sufrir la muerte en el desempeño de su oficio de amigos cercanos, como el Negro Aviña, también chonero, muerto por un toro en Tepalzingo, Morelos, un par de días después de que, junto con el Autlán y otros compañeros, había festejado su cumpleaños.


Terminó su carrera a los 33 años, al pasarse de la edad para debutar como novillero. A partir de entonces desempeñó diversos oficios, entre ellos el de mesero, en el que duró más de quince años en una importante cadena de hoteles, y montó algunos negocios por su cuenta. Regresó a Autlán hace un par de décadas.

La Escuela Taurina: Es imposible pensar en Pedro Rosas el Autlán sin tener en cuenta su trabajo como instructor en la Escuela Taurina de Autlán, en la que trabajó desde su fundación en 2006 hasta hace pocos días, en que renunció por motivos de salud. Esta escuela nació a iniciativa del ingeniero Francisco Espinoza, secretario del Ayuntamiento en funciones en aquel año.
En los primeros años de la escuela, con apoyo del Ayuntamiento, el maestro Pedro y los alumnos viajaban constantemente a Querétaro, Aguascalientes y a las sedes de otras escuelas taurinas, donde tenían la oportunidad de practicar. De hecho, la escuela de Autlán forma parte de la Federación de Escuelas Taurinas, inscrita por el Autlán en la ciudad de Querétaro, donde además contactó a novilleros como Michelito Lagravere y Paola Sanromán para que se presentaran en Autlán.
En la Escuela Taurina de Autlán se formó Eduardo Ortega, quien debutó como novillero, y otros jóvenes que han cortado orejas en Colima, alternando con alumnos de la escuela taurina de Guadalajara, como Óscar Rosas y Alejandro Tapia, el Loco de la Quinta.

Con los primeros alumnos de la Escuela Taurina de Autlán.
Desde poco tiempo después de su apertura, el apoyo oficial para la escuela ha ido desapareciendo, al grado de que actualmente se limita a pagar el combustible por el traslado a otras ciudades. Ya ni siquiera en los últimos Carnavales se ha abierto un espacio para que los alumnos se presenten en su plaza; el maestro Pedro refiere que los organizadores ya no han querido saber de festivales taurinos: en este último Carnaval ya ni siquiera desfilaron en el Entierro del Mal Humor. Comparado con otras ciudades de tradición taurina, como Aguascalientes, donde los alumnos de la escuela taurina incluso pueden entrar gratis a las corridas, la situación de la escuela autlense es precaria.
Aunque afirma que para cualquier ciudad taurina es motivo de orgullo tener una escuela de este tipo, también cree que la tradición en Autlán se está perdiendo, desplazada por el jaripeo y la cultura y mercantilización que lo rodean. El Autlán cree que si las autoridades y el patronato organizador del Carnaval no rescatan la tradición de las charlotadas, en la que los jóvenes vivían de cerca el toreo, y no se apoya debidamente a la escuela taurina (en la que ya había tres novilleros listos para debutar, que tuvieron que dedicarse a trabajar en otra cosa), la tradición en Autlán se va a perder definitivamente y la presunción de tener aquí el mejor Carnaval taurino del mundo va a ser cada vez más hueca.
Termino este artículo con una de las últimas frases que me dijo el maestro Pedro Rosas cuando platicamos: "Los antitaurinos no van a poder contra la tauromaquia, la afición la van a acabar los que han abusado constantemente del público."
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