jueves, 26 de junio de 2014

El templo de La Purísima



De los alrededor de veinte templos y capillas que hay en Autlán, el de La Purísima es seguramente el más bello y el único construido en estilo neogótico, obra del ingeniero Félix Araiza.
El pórtico está hecho en su totalidad en piedra, con portada de cantera, mismo material del que están hechos los arcos de todos sus ingresos, que además contienen grabados con motivos vegetales. El retablo principal es también de estilo neogótico y el púlpito es de madera labrada con figuras de los cuatro evangelistas en sus esquinas. También de madera son sus puertas de entrada, en las que se pueden ver grabados los símbolos papales.


Un detalle importante de este templo son sus vitrales, algunos de muy buena manufactura aunque, en el caso de los ubicados en la cúpula, ya incompletos. Estos vitrales ya habían sido reemplazados, según Bertha Alicia Gutiérrez Lugo en el libro Templos del municipio de Autlán de Navarro, por el sacerdote Mariano de Jesús Ahumada en 1948, por encontrarse ya destrozados los originales. Alrededor de la cúpula están los retratos de cuatro papas. En el interior del templo se encuentran varias imágenes, aunque las más importantes son precisamente la de la Purísima Concepción y la de santa Eduwiges. Hay también un confesionario de madera, al parecer en desuso.
El templo ocupa el espacio de la pequeña cuadra que se forma entre las calles de Ramón Corona, Mariano Escobedo y José María Morelos y la plazuela María Mares, que es como se llama el jardín del frente del templo y el pedazo de calle que corre frente a él. El jardín, por cierto, generalmente está bien cuidado e incluye especies como palmeras, ficus, rosales, crotos y otras plantas de ornato.
A pesar de no tener atrio y estar rodeado de calles medianamente transitadas, este templo fue el preferido para celebrar las misas que precedían los eventos sociales de la alta sociedad autlense en las últimas décadas del siglo XX, situación que a venido a menos.


Fue terminado en 1898 y abierto al público a principios del siglo XX pero la mayor parte de su vida ha estado incompleto: los terremotos de junio de 1932 dañaron a tal grado sus torres que hubo necesidad de demolerlas. Aunque los feligreses han trabajado para reconstruirlas, hasta la fecha no se han recuperado por completo, quedando pendiente la conclusión de la torre principal.
Recientemente el templo de La Purísima fue objeto de unos trabajos de remodelación que, entre otras cosas, alteraron los colores originales del interior.
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