lunes, 8 de abril de 2013

El acueducto de Ayutita y los Arquitos

Los ahora desaparecidos arquitos. Foto de José Solórzano.

En sus Crónicas de Autlán de la Grana don Ernesto Medina Lima nos cuenta los trabajos que los autlenses de siglos pasados hicieron para abastecerse de agua durante todo el año, ante la ausencia de fuentes importantes dentro del pueblo. Uno de los trabajos de más envergadura, tanto por su importancia como obra de ingeniería como por la gran inversión que necesitó, fue el acueducto que traía el agua desde el arroyo de Ayutita.

El mismo terreno, ya sin arcos.

Este acueducto, siempre según don Ernesto, se empezó a construir desde el siglo XVIII, incluso con apoyo de la autoridad real, quedando en funciones en el año de 1787. Con el uso y la falta de mantenimiento, este primer acueducto tuvo que ser reemplazado, esta vez por uno financiado por el benefactor Antonio Borbón, que quedó terminado en los años 50 del siglo XIX. Hay que recordar que para entonces, las casas autlenses tenían que abrir pozos para sacar agua del subsuelo o comprarla con aguadores, no existía una red de agua potable ni algo que se le pareciera. Con este acueducto, que llevaba el agua a distintos puntos de Autlán, como la Media Pila o la pila del Agua Fría, el abasto de agua para los habitantes del pueblo mejoró bastante.
Fue tal la importancia de esta obra hidráulica, que quedó grabada en la cultura popular en forma de nombres de barrios: además de los de la Media Pila o el Agua Fría, esta forma de traer agua a Autlán le dejó su nombre a uno de los barrios más tradicionales del pueblo, el barrio de Los Arquitos. Y es que, al llegar el acueducto a lo que hoy es el norte de Autlán, tenía que pasar por una ligera hondonada, que hubiera atorado el flujo del agua, que bajaba desde Ayutita por gravedad. Para solucionar esto, los ingenieros construyeron unos arcos para que sobre ellos pasara el canal con el agua. Así, al usarlos la gente como referencia, fueron imponiéndole su nombre a este barrio.
Estos arquitos, que pueden verse en la primera foto de esta entrada, sobrevivieron por muchos años en el terreno que con el tiempo vino a quedar casi en la esquina de las calles de Lázaro Cárdenas y Capaya. Esa foto fue lograda hace pocos años por nuestro amigo José Solórzano. Antes de llegar a los arcos, el agua pasaba por un tanque de almacenamiento, que hasta hace unos treinta años todavía tenía agua limpia, que era usada incluso por los niños del barrio para bañarse.

El primer tanque.

Esta mañana visité junto con José los restos de esta importante obra, solamente para encontrarnos con la triste noticia de que los arcos fueron borrados hace un par de semanas por la maquinaria que está trabajando en ese terreno, al parecer con la intención de urbanizarlo. El terreno fue aplanado, ya desapareció la hondonada y con ella los arcos y una importantísima parte de la historia de Autlán.
Contiguo a este terreno hay otro, donde tiene su vivienda don Donato Rodríguez, quien amablemente nos habló sobre lo que queda del acueducto. Él dice tener cuarenta años viviendo aquí y que, cuando llegó, el agua todavía corría por el canal y era aprovechable. Con el tiempo y el desconocimiento de su importancia, el canal ha ido cortándose en diferentes puntos y desde hace muchos años el agua ya no llega hasta aquí.
Don Donato también nos mostró algunas particularidades de estas ruinas. Nos enseñó, por ejemplo, el pedazo de la placa de cemento que aún sobrevive en el tanque de almacenamiento y donde se puede leer lo siguiente (se respeta la grafía original): "... que isieron este tanque que es para sus amigos-se acabo el 4 de enero 1949 la targia de la agua se acabo 1727. que mando acer la Sra Josefa bivo (?) Miguel chico y Moisés Fierro-que lo aprecia. VIVA Aleman." Al leer esta placa, cuya foto aparece abajo, se puede conocer la fecha en que se construyó el tanque, quiénes lo mandaron hacer y, lo más interesante, que se reconoce el año de 1727 como el año en que quedó terminado el acueducto, o targia. Además, claro, un viva para el presidente Miguel Alemán.
La placa del primer tanque.

Unos metros hacia el norte, siguiendo las ruinas del acueducto, llegamos a otro tanque, éste un poco más pequeño y, aparentemente, todavía utilizable. De construcción tan recia como el anterior, en una de sus esquinas tiene una inscripción sobre el cemento con la leyenda "M. C. C. 1967", que podría ser su fecha de construcción. Y, si en 1967 (hace apenas 46 años), se decidió construir un tanque como este, es porque todavía se seguía utilizando el agua de Ayutita por este acueducto.

El segundo tanque.

Inscripción en el segundo tanque.

El canal, o lo que queda de él, sigue hacia el norte sirviendo como línea divisoria del actual fraccionamiento Castellón y las fincas que están sobre la calle Capaya y el camino a Ayutita. Al llegar al límite de este fraccionamiento se puede ver que el acueducto sigue todavía hacia el norte; queda pendiente una excursión para seguirlo y descubrir hasta dónde llega.

El acueducto, hacia el norte.

Los históricos arcos ya no existen, quedaron dentro de una propiedad privada y nadie le podía impedir a los dueños hacer con ellos lo que quisieran. Sin embargo, queda la idea de que pudo intentarse algo para preservarlos o, por lo menos, hacer saber a los autlenses su importancia como reliquias históricas. Si no se hizo con los arcos, que era lo que más huella dejó en la cultura del pueblo, deberíamos hacerlo con lo que queda de esta obra, que tanto costó a nuestros antepasados y que tan injustamente hemos olvidado.


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