martes, 26 de marzo de 2013

El chacuaco


En un terreno ubicado sobre la calle de Gómez Farías, entre Felipe Uribe y Donato Guerra, hay un gran chacuaco o chimenea de varias decenas de metros de altura y que puede verse casi desde cualquier parte de Autlán. Esto lo convierte en un buen punto de referencia y en un elemento característico del paisaje del pueblo.
Aunque no hay prácticamente ninguna referencia bibliográfica sobre este lugar, en la memoria de los viejos autlenses todavía permanece el recuerdo del origen y utilidad de este chacuaco. Según algunos de ellos, en este terreno, que ocupaba la mayor parte de la cuadra, funcionó a mediados del siglo XX un trapiche donde se fabricaban productos derivados de la caña, como alcohol, piloncillo, cachaza, alfeñique y miel de caña. La materia prima era traída desde la costa, específicamente de Casimiro Castillo y sus alrededores, en camiones de redilas que traían colgando unas cadenas de la parte trasera, que se usaban para facilitar la descarga de las cañas.
Todavía en los años 50 y 60 las personas acudían al trapiche a comprar lo que ahí se producía, sin intermediarios. La instalación incluía, además del área de molienda y producción, la casa del administrador, que daba a la calle Guadalupe Victoria y de la que todavía pueden verse ruinas. El trapiche era propiedad de don Luis Velázquez y durante muchos años fue administrado por el señor Juan Blake. Uno de los detalles más recordados por los viejos es el silbato que sonaba aquí todos los días en punto de las doce horas y que se oía en prácticamente todo el pueblo.
Este trapiche sirvió para surtir al pueblo y los alrededores de los derivados de la caña en los años que pasaron entre el colapso de la hacienda de Ahuacapán y la instalación del ingenio Melchor Ocampo. Actualmente, el terreno se encuentra fraccionado y en la sección donde quedó el chacuaco funciona un taller mecánico.


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