viernes, 28 de septiembre de 2012

Artes y oficios 3: Jorge Ramos, tejuinero



El tejuino es una bebida refrescante hecha a base de maíz, muy apreciada en Autlán y otros pueblos de la región debido a su clima caluroso. Por eso los tejuineros suelen ser personajes muy bien vistos. Jorge Ramos es uno de ellos, con quince años de experiencia en la preparación y la venta de este antiguo y tonificante brebaje.
Jorge ya tiene muchos años vendiendo tejuino junto a la Plaza Cívica, en la entrada del callejón que comunica este espacio con la calle Clemente Amaya. Ahí es posible encontrarlo diario a partir de las 11 de la mañana y hasta más o menos las 4 de la tarde. Aunque de hecho su jornada comienza mucho antes: se levanta siempre muy temprano para preparar la masa de maíz pura, sin otros ingredientes (como maseca), misma que pone a cocer en una olla vaporera para preparar la base del tejuino. En este proceso utiliza otros ingredientes, como azúcar, piloncillo y agua, con lo que queda listo el tejuino "del día", sin más fermentación que la del transcurso de la mañana y la que le da el fuego. Pero no es todo lo que Jorge prepara temprano. También dice que se prepara mentalmente para darle una buena cara y servicio a sus clientes y amigos.


Ya con sus ingredientes listos, empuja su pulcro carrito de madera hasta la Plaza Cívica, a tiempo para ofrecer tejuino a los estudiantes que salen del CUCSur y del Centro Escolar Chapultepec a mediodía. En este lugar ya es el único tejuinero, de varios que había hace unos años, debido a la baja de la demanda que desencadenó la mudanza de la prepa a sus nuevas instalaciones. No obstante, Jorge es optimista, no siente que las populares neverías y expendios de aguas frescas sean competencia para él y su proudcto, que "es único" y "forma parte de la cultura del pueblo y no dejará de venderse", como comenta demostrando el conocimiento de su negocio.
Jorge Ramos se siente contento con su oficio, que considera digno y apreciado por los autlenses, cosa que nota en el hecho de tener clientes que mantiene desde que fueron niños hasta ahora que ya son papás. Él se siente útil, que aprovecha un don que le dio Dios para dar el servicio de refrescar a la gente en el, a veces, inclemente clima de Autlán.
En sus 15 años de carrera solamente recuerda un incidente negativo, que fue cuando una directora del Centro Escolar pidió al Ayuntamiento retirar a los vendedores instalados en la plaza, aunque esta situación fue pasajera porque Jorge cuenta con la licencia y el permiso correspondiente para vender tejuino en ese lugar. En cambio, lleva una excelente relación con los estudiantes de la zona (sus principales clientes) y con los papás de estos, que incluso utilizan su carrito como punto de referencia para encontrarse con sus hijos.
Jorge dice que les vendía tejuinos a personajes como la Güera Oregel o altos funcionarios del Ayuntamiento de Autlán cuando eran estudiantes y que de vez en cuando regresan a hacerle consumo. Jorge Ramos no es solamente un comerciante, es depositario de un conocimiento ancestral y de parte importante de la cultura autlense, además de proveedor de una de las mayores delicias de nuestra gastronomía.


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