sábado, 3 de septiembre de 2011

La vida inútil de Pito Pérez



Esta noche, en un repleto auditorio Hermilio Hernández, se representó el monólogo La vida inútil de Pito Pérez, basado en la obra homónima de José Rubén Romero y dirigido por el también michoacano Manuel Guízar. Al evento, que comenzó poco después de las 20:00 hrs. asistieron más de 200 personas.

La representación se realizó en dos actos. En el primero, un joven Jesús Pérez Gaona (Pito Pérez) relata el inicio de su infortunada existencia, desde su nacimiento hasta su primer recorrido por los pueblos de Michoacán. Aunque irónico y ácido, en esta primera parte Pito Pérez todavía deja ver algo de esperanza y vitalidad al relatar sus andanzas por varios pueblos y por varios oficios y al describir el lado oscuro de personajes respetables con los que le tocó convivir, como curas, comerciantes y funcionarios públicos. Aquí cuenta cómo desde su primera infancia le fueron negados todos sus derechos: su madre amamantó junto con él a un niño huérfano que al final se crió mejor, su familia prefirió mandar a estudiar a dos de sus hermanos que a él mismo, uno de estos hermanos acabó ganándole a la primera muchacha de la que se había enamorado... así fue como decidió salir a buscar fortuna a otros pueblos.

En la seguna parte nos encontramos a Pito Pérez mucho más viejo y amargado. Terminó su periplo por Michoacán como un teporocho en las calles de Morelia, escarnecido y humillado. Conoce bien, porque la ha observado detenidamente, la hipocresía de la organización social, la avaricia del rico y la falsedad del cura pero también la cobardía y sumisión del pobre. Aquí cuenta su estancia en las cárceles y hospitales de diferentes pueblos, con muy fuertes críticas y cuestionamientos a pilares tan importantes de la identidad mexicana como la iglesia y el régimen posrevolucionario, con toda su democracia y justicia social que, sin embargo, le niega la más mínima dignidad a quien no ocupa uno de los roles previamente establecidos en la sociedad. Pito Pérez se pregunta por qué los fieles del dios que predica el amor no están dispuestos a conceder ni un solo gesto de amabilidad al diablo, que está condenado a cargar con todo el mal del mundo.

Durante el intermedio y en algunos momentos del monólogo, el cantante Ignacio Guízar participó interpretando piezas cuya letra está relacionada de alguna forma con la vida de Pito Pérez, como la muy conocida No soy de aquí ni soy de allá.

El monólogo fue representado y actuado por Manuel Guízar, producido por Roberto Guízar Marín y sonorizado e iluminado por Juan Carlos Betancourt. Como dato curioso, la de hoy fue la representación número 983, faltando 17 para la meta de mil representaciones.

Al final, seguramente motivado por la buena respuesta del público, el presidente municipal se comprometió a traer espectáculos artísticos del nivel de este monólogo por lo menos una vez al mes. Veremos.

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