miércoles, 15 de diciembre de 2010

Navidades en el exilio



Por Sonia Véjar


No es que haga falta una reseña comparativa entre la Navidad anglosajona y la Navidad mexicana, eso es algo que ya está muy dicho y que todos conocemos desde hace muchos años gracias a todos los medios de comunicación y a toooodos los familiares que la mayoría tenemos en los Estados Unidos.
Si bien es cierto que en México fácilmente se adoptaron las tradiciones del país vecino, también lo es que ahora encontramos Nacimientos en muchas casas, lo cual nos da una Navidad "similar" a la que vivíamos en nuestro país, por lo menos en imagen.
He pasado las últimas tres Navidades en el exilio y nada tienen que ver con mis Navidades en México y con todas las celebraciones que en las escuelas, barrios, iglesias y municipios se realizan. Honestamente lejos estan de parecerse.
Sin duda alguna se satura la televisión y la radio de "villancicos", las calles de faroles y de ese peculiar aroma a "diciembre" y que tal vez lo que más queremos el día 26 es desmontar el ornamento navideño y que terminen las posadas.
Debo confesar que cuando nos encontramos en una excesivamente comercializada Navidad donde comprar y regalar son el fin principal se exrañan tanto nuestras tradiciones y, aunque mentiría si dijera que las múltiples luces que adornan las casas sin importar el área en que se encuentren no son bellísimas, que las decoraciones de los centros comerciales no son impresionantes, los arbolitos elegantes y el aroma a nuevo bastante tentador... sin embargo faltan las posadas, la emoción del intercambio o el "amigo secreto" en la escuela o trabajo... el reunirte no solo con los miembros de tu casa sino con toda tu familia... falta la verdadera Navidad!!!!!!!
Culturalmente me gusta más la Navidad de mi tierra....emocionalmente me gusta más la Navidad de mi tierra... en fin, solo me llegó con la nostalgia, la necesidad de estar donde me gusta estar ---sobretodo por estas fechas---.
Quienes me leen podrán cansarse de tanto "villancico", pedir posada, piñatas por todos lados, pero tenemos una cultura digna de valorarse y lo ideal es hacerlo cuando estamos en casa. Disfrutemos de nuestras tradiciones, de su colorido y a la vez de su sencillez... al final de cuentas solo es una vez al año y no esperarnos a extrañar cuando estamos en el exilio.
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