sábado, 2 de abril de 2016

Discurso de Salvador M. Lima García en la ceremonia de inauguración del monumento a Paulino Navarro

Estatua de Paulino Navarro en la Alameda de Autlán.


El 26 de diciembre de 1939 se develó en el parque Paulino Navarro, mejor conocido como Alameda, un monumento dedicado al general autlense Paulino Navarro. Aunque todo hace pensar que se trata de la estatua que todavía puede verse frente a la escuela primaria del mismo nombre, las crónicas periodísticas de la época se refieren a él como un busto.
Lo cierto es que ese día se llevaron a cabo festejos que incluyeron la participación de los alumnos de las escuelas de Autlán y personal del 15° regimiento del Ejército en actividades cívicas y deportivas. En la ceremonia de inauguración del monumento fungió como orador principal el profesor Salvador M. Lima García, originario de Autlán y que en esa época se desempeñaba como oficial mayor de la Secretaría de Educación federal. Su discurso fue publicado íntegro en la edición del 28 de diciembre de ese año de El Informador y lo reproducimos aquí para recordar a este distinguido educador en el 62 aniversario de su fallecimiento:

"Si es verdad que no morimos del todo, el espíritu de Paulino Navarro debe estar revoloteando a nuestro alrededor, y con la esperanza de que no esté del todo ausente, saludemos en este bronce al espíritu invisible del joven luchador que pasó por el mundo con la fugacidad de un meteoro y que hoy reaparece en el umbral de la inmortalidad en medio del pueblo autlense a quien tanto amó.
La estatua, airosa forma de perpetuar valores reales, tiene la prestancia singular del relieve; es un simulacro de vida que va por ella con los ojos cerrados: es el tributo eterno a los hombres que se destacan de la masa anónima, que se imponen por raras excelencias, que de cualquier modo se adelantan a los demás y que, automáticamente, exigen un pedestal. Esos hombres, como Paulino Navarro, quedan para siempre cobijados bajo el cielo.
La idea que encarna para el pueblo esta estatua, es la idea trascendente, imperecedera, eterna, de transmitir a la posteridad su figura idea, marcada sobre todo con los fuertes caracteres de la obra sobresaliente que en su vida desarrolló, cuando su corazón latía de entusiasmo.
Venimos a honrar tu memoria desplegando al viento del recuerdo la bandera de tu nombre, ya que el destino implacable no quiso que te honrásemos vivo en el apogeo de tu gloria.
Hay hombres que son, por lo que ideológica y socialmente representan, como cumbres que deben contemplarse a distancia para que la perspectiva del conjunto realce la majestad del paisaje y esfume la pequeñez de los detalles: la recia personalidad de Paulino Navarro fue de esas envergaduras cumbres. La Patria, la Tierruca y el Trabajo fueron preferentemente los surtidores inagotables de su vida.
Tenía un interés elevadísimo por las cosas bellas y por la felicidad de su terruño. Amó muchas cosas que son queridas para nosotros: la Poesía, la Filosofía, los libros y las obras de arte y todo lo que significaba la más alta expresión de cultura que luego quería ansiosamente fuera para enriquecer su Patria Chica. Tales eran los más grandes ideales que decoraban las altas cumbres de su esfuerzo, poseía enormes reservas de heroísmo y siempre hallaba nuevas fuerzas en su resistencia que, en lo más reñido de los combates, lo transfiguraba en un héroe legendario esculpido lo mismo en las Termópilas que en Waterloo o en las mesetas de Anáhuac... Después de un fracaso se sentía más fuerte que nunca, era la viva encarnación del hombre que mira por los demás, sin importarle su propia conservación, si se juega la vida o se aniquila al realizar una alta misión. Por encima de su propia ruina estaba siempre su constante equilibrio interior, no perdía su ecuanimidad ni en las mayores desgracias, ni mucho menos le preocupaba esa curiosidad y angustia torturantes por el fin de la vida que a todos, a las veces, nos flagela; por todo esto también Paulino Navarro fue realmente un hombre superior."
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