Luego de un mensaje de bienvenida
de la directora del recinto, Armida Briceida Maldonado Rubio, dio inicio la
conferencia con el comentario de que el toro de lidia es un animal único en el
planeta y que en México ha evolucionado de forma distinta al que se encuentra
en España, siendo el único país de Latinoamérica que tiene sus propios encastes
de ganado bravo. Estos vienen de cuatro haciendas fundacionales, que el
cronista explicó de forma detallada de la siguiente manera:
Atenco, que se considera fundada
en 1522 y está ubicada en Tenango del Valle, Estado de México. Fue la casa de
Ponciano Díaz, el primer torero mexicano, y de ella se desprenden las
ganaderías de Santín, Celia Barbabosa y San Diego de los Padres.
Piedras Negras, de 1874, ubicada
en Tetla, Tlaxcala, emblemática en México y de la que se derivan La Laguna, De
Haro, Zotoluca y Rancho Seco.
San Mateo, ganadería madre de la
mayoría de las ganaderías mexicanas, fundada en 1899 y ubicada en Valle de Guadalupe,
en los Altos de Jalisco, con once vacas y dos sementales importados de España. Sus
fundadores fueron Antonio y José Julián Llaguno y su propietario actual es
Ignacio García Villaseñor, el primero de ellos tenía la política férrea de no
vender jamás vacas de su ganadería, sino únicamente toros para ser lidiados,
con la intención de preservar la genética. Su hijo José Julián, a la muerte de
don Antonio, canceló esta política y comenzó a vender vacas y sementales, con
lo que se considera que “abrió la llave de la bravura”, permitiendo que en
otros lugares del país se reprodujeran animales con las características de esta
ganadería. Se considera la casa de toreros como Lorenzo Garza y Luis Castro, “el
Soldado”.
La Punta, fundada en 1918 por
Francisco García Granados, también está en los Altos, en el municipio de Lagos
de Moreno. Inició con una importación de toros de la ganadería española de
Parladé y se considera la casa de Silverio Pérez, Fermín Espinosa, Chucho Solórzano
y Carlos Arruza.
El conferencista explicó que
originalmente las ganaderías mexicanas tenían ganado criollo, del que fueron
seleccionando los ejemplares que más “braveaban”, es decir, que se mostraban más
agresivos con los vaqueros o con otros toros. Esta selección se fue enriqueciendo
con la importación de ganado de casta español, generalmente sobrante de
corridas traídas de España. Entre 1946 y 1996 existió una veda del gobierno
mexicano para la importación de toros de España, lo que, junto con las
características de la geografía y la alimentación americanas, permitió que aquí
se desarrollaran animales con características propias. Terminado el veto, las
ganaderías de Barralva y Rancho Seco hicieron importaciones fuertes de vacas de
las fincas españolas de Atanasio Fernández y de Murube, respectivamente,
enriqueciendo la genética brava en nuestro país.
Con la preservación de la genética
de una ganadería a lo largo de las generaciones, se va creando un encaste, del
que se pueden derivar otras ganaderías que, aunque realicen mezclas con ganado
de otra procedencia, conservan características de su encaste original. De estos
encastes, el ponente mencionó el de Santa Coloma, presente en las ganaderías de
Los Encinos, Rancho Seco, San Martín y San José; Domecq, que se encuentra en
las de Mimiahuapam, José Julián Llaguno y Jaral de Peñas.

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