domingo, 8 de febrero de 2026

Pasado y presente del toreo en el Palacio del Arte

De izq. a der.: Arturo Vaca, Roberto Vázquez y Jesús Borbón.

 La noche del jueves 5 de febrero se celebró la segunda jornada de la V Semana Cultural Taurina del Recinto Cultural Palacio del Arte, con un panel en el que se discutió sobre la evolución del toreo en nuestro país desde el siglo XIX. La sesión comenzó a las 19:15 horas y tuvo la asistencia de unas 15 personas.

En el panel participaron el cronista taurino Arturo Vaca Granados, el asesor taurino Jesús Borbón Alvarado y el juez de la plaza Alberto Balderas, Roberto Vázquez Medina y llevó como título La fiesta de los toros ayer y ahora. En él, cada uno de los panelistas aportó datos, anécdotas y reflexiones acerca de cómo ha ido cambiando la tauromaquia a lo largo del último siglo y medio, con reflexiones finales sobre su actualidad y futuro. Para facilitar la lectura, en este resumen mencionaremos de manera general lo que se dijo esa noche, obviando el nombre del panelista que hizo la aportación.

En la primera parte de la conversación se hizo un repaso por las principales plazas de toros que hay y que hubo en México y que tuvieron una importancia particular en el desarrollo de la tauromaquia, con la mención de su fecha de fundación y, en su caso, de su demolición o abandono, y de acontecimientos ocurridos en ellas: el porfiriano Toreo de la Condesa, vigente desde 1907 hasta 1946, en la que torearon las primeras grandes figuras mexicanas y donde murió Alberto Balderas en 1940. Con los materiales de esta plaza que quedaron útiles luego de la demolición fue construido el Toreo de Cuatro Caminos, que además de plaza de toros fue usada como centro de espectáculos diversos. El lugar preeminente de la Condesa lo tomó la Plaza México, inaugurada justo 80 años antes de la celebración de este panel.

Otras plazas de toros que fueron comentadas en esta plática fueron El Progreso de Guadalajara, para 14 mil personas, que estuvo en servicio desde 1856 hasta 1979 en el barrio de San Juan de Dios y que algunos de los asistentes alcanzaron a conocer y, desde luego, compartieron sus recuerdos de ella, y su sucesora la Nuevo Progreso, abierta en 1967 en las cercanías del estadio Jalisco para aprovechar la abundante afición a los toros que se manifestaba con llenos absolutos en el Progreso y con personas que se quedaban afuera de la plaza, este es el coso taurino más importante de Jalisco en la actualidad. Los participantes también hablaron de las plazas de Aguascalientes, la San Marcos (1896) y la Monumental (1974), una de las ciudades de mayor arraigo taurino, y la plaza Alberto Balderas de Autlán, desde su época de plaza trashumante hasta la actualidad. De esta, como es lógico, los panelistas hablaron un poco más, compartiendo recuerdos y anécdotas vividas en ella desde su infancia y desempeñando sus trabajos respectivos.

Los ponentes coincidieron en ubicar un parteaguas en la tauromaquia en el inicio del siglo XXI, aunque no muy alentador: en esos años surgieron en mayor cantidad y profusión una serie de otras formas de entretenimiento, como son las redes sociales, los servicios de streaming, los videojuegos en línea y otros, que los panelistas consideran distractores que le han mermado la atención de las generaciones más jóvenes. Pero también se ha extendido la presencia de detractores, como son los diversos movimientos antitaurinos y los que llevan la discutible etiqueta de animalistas, que han aprovechado los medios de difusión masivos y la ignorancia sobre la naturaleza de los toros de lidia y de lo que es un festejo taurino para exigir su prohibición y hacer que la afición venga a menos.

El efecto de estos distractores y detractores, se dijo en el panel, ha coincidido con un cambio en las condiciones en que se organizan las actividades taurinas. Coincidieron los panelistas en recordar que en décadas anteriores era una costumbre que las familias llevaban a los niños a los toros porque era posible pagar los boletos para una familia completa sin tantos sacrificios como en la actualidad, pero también había otros mecanismos para que los niños y jóvenes se mantuvieran en contacto con la tauromaquia, como el regalo de boletos para los mejores alumnos de las escuelas o la costumbre de las “puertas libres”, que consistía en abrir las puertas de la plaza cuando se lidiarían los últimos toros. En resumen, consideran que “ha faltado transmitir la afición” y a Autlán han dejado de venir las grandes figuras del toreo que sí venían en otros tiempos, en parte porque se han aburguesado: ahora es más difícil alcanzar a pagar los honorarios de una figura, que suelen cotizarse en dólares o euros. Todos debemos aportar a la conservación de la fiesta, aunque quienes más deben hacer son los actuantes, es decir, empresas, toreros y autoridades.

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