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jueves, 5 de octubre de 2023

Autlán participó en el Festival de los Pueblos Nahuas de Jalisco


 Bajo la coordinación del municipio de Tuxpan, las comunidades indígenas nahuas de siete municipios de Jalisco se han estado reuniendo en los últimos meses para organizarse y conseguir metas en común, entre ellas lograr el reconocimiento de su cultura como parte de la identidad jalisciense. La acción culminante de esta serie de reuniones, que se realizaron en los distintos municipios de forma alternada, fue el Festival de los Pueblos Nahuas de Jalisco, que se celebró entre el 3 y el 4 de octubre de 2023 en el Congreso del Estado. Los municipios participantes fueron Tuxpan, Cuautitlán de García Barragán, Villa Purificación, Zapotitlán de Vadillo, La Huerta, Cihuatlán y Autlán de Navarro, que llevaron a exponer a ese recinto algunas de las manifestaciones de su cultura.

El festival comenzó poco después de las 11:00 horas del 3 de octubre, con una rueda de prensa encabezada por el diputado local José María Martínez Martínez, quien estuvo acompañado por representantes de los municipios que participaron. Por Autlán estuvo el agente municipal de Chiquihuitlán, César Medina Casillas. Chiquihuitlán es una comunidad indígena, cuyos representantes han formado parte de este movimiento de los nahuas jaliscienses.

Ese mismo día hubo, en el patio central del Congreso, una exposición y venta de productos de las comunidades nahuas jaliscienses y una exhibición de algunas de sus manifestaciones artísticas: estaban anunciados los ballets folclóricos Coa, de Cuautitlán, y los de los municipios de Villa Purificación y Tuxpan. Este último municipio, uno de los que han conservado mejor su herencia cultural indígena, presentaría también danzas de Zonajeros y de los Xayacates Arribeños de Ceñidor Azul; Cuautitlán llevaría la danza Tonguiches y la Conquista y Zapotitlán la Danza de los Viejos. Purificación presentaría, además, al mariachi tradicional Los Parientes. Aparte de esto, habría una exposición gastronómica, de fotografías, de artesanías y de libros.

El miércoles 4 de octubre a las 11:00 horas en el Museo Histórico del Congreso, el ingeniero Ricardo Fabián Ortiz, regidor del Ayuntamiento de Tuxpan y agricultor, dio una bien sustentada conferencia sobre maíces criollos, en la que enfatizó la necesidad de que los campesinos cultiven este tipo de alimento y defiendan su producción y consumo sobre el de los maíces industriales. Compartió experiencias en la producción y comercialización de maíz criollo, en la negociación con empresas transnacionales y en el intercambio de conocimientos y semillas entre campesinos. Llamó a los agricultores a asumirse como empresarios y a asumir el reto de hacer que sus tierras produzcan y les reporten ganancias financieras, con el objetivo de llegar al bienestar para ellos y sus familias, entendido como el arraigo a su tierra y poder dedicarse a lo que a ellos les gusta, en contraposición con la migración a otros lugares o a otros oficios.

Francisco Sánchez hablando de Tuxpan.


Ya sobre las 12:20 horas comenzó la última actividad de la jornada, un conversatorio entre los cronistas de los siete municipios participantes. Aunque, en realidad, el conversatorio se redujo a la presentación de trabajos sobre Tuxpan y Autlán, cuyos cronistas fueron los únicos que participaron. El primer turno en el uso de la voz fue para Francisco Sánchez, quien acudió en representación del cronista municipal de Tuxpan, Víctor Mendoza Sánchez, y leyó un trabajo en el que se explica el origen del pueblo nahua de Tuxpan; la religión que practicaban antes de la Conquista, con sus manifestaciones, dioses principales y lugares sagrados; una repaso por su historia y organización social en barrios, así como las 81 fiestas que celebran a lo largo del año, sus danzas, vestimenta y comidas tradicionales, todo esto respaldado visualmente con un video sobre algunas de las diferentes danzas de Tuxpan. De esta ponencia pudimos conocer a mayor profundidad la enorme riqueza cultural de ese municipio y la variedad de expresiones de ella.

Guillermo Tovar. Foto de Francisco Sánchez.


Enseguida el cronista de Autlán, Guillermo Tovar Vázquez, expuso el trabajo Algunas generalidades sobre Chiquihuitlán, que comenzó mostrando una fotografía tomada en esa comunidad, en la que aparece en primer plano una casa de adobe, visiblemente antigua, y detrás de ella una construcción moderna en obra negra. Esta fotografía, dijo, es una imagen que representa bien a Chiquihuitlán, una población antigua que se está abriendo cada vez más a la modernidad, merced a la apertura de nuevos caminos. En su trabajo describió el medio geográfico y la figura legal de la comunidad indígena de Chiquihuitlán, que abarca una extensión de casi 14 mil hectáreas, la mayor parte asentada en las montañas de la sierra de Cacoma. El ponente habló también de cómo la cultura indígena en el municipio de Autlán casi se ha perdido por completo, pero enseguida mostró algunos vestigios que se conservan en el territorio de Chiquihuitlán, como petrograbados, yacimientos de figuras de barro y el mismo asentamiento humano, que se encuentra poblado en aparente desorden, con pequeños grupos de casas desperdigados sobre el terreno, al parecer como estaba poblado el Autlán prehispánico. Sin embargo, hay asentamientos modernos a lo largo del camino que comunica a Chiquihuitlán con Autlán y en la nueva carretera a Purificación.

El cronista de Autlán también explicó las principales actividades económicas de la comunidad indígena, como la recolección y venta de pitayas, la fabricación de artículos de palma real y de carbón, y sus fiestas religiosas, entre las que destaca la recepción de la visita de la virgen de Ixtlahuacán, municipio de Unión de Tula, aunque también tienen importancia la fiesta de María Auxiliadora, patrona de Chiquihuitlán, y la ermita de la virgen del Perpetuo Socorro en la orilla del camino a Purificación, construida en su primera época por los arrieros que hacían el camino a la Costa.

Representantes de Cihuatlán, Tuxpan y Autlán.


jueves, 28 de septiembre de 2023

The Home River Bioblitz 2023. Ciencia ciudadana en El Coajinque


 En el fin de semana del 22 al 24 de septiembre de 2023 se desarrolló la cuarta edición de The Home River Bioblitz, una actividad de ciencia ciudadana en la que grupos organizados recorrieron secciones de los ríos o arroyos de las cercanías de sus domicilios, recolectando imágenes e información de la biodiversidad de esos sitios, pero también de los impactos de la actividad humana que se encuentran en ellos. Esta recolección de datos tuvo lugar, de manera simultánea, en más de 80 cuerpos de agua ubicados en países de los cinco continentes, incluyendo a tres del municipio de Autlán: El Coajinque, Ahuacapán y El Cangrejo.

Para participar en estos recorridos, con tiempo los colectivos organizadores (Amigos del Coajinque y Vigilando Ríos y Arroyos Costa Sur, en el caso de El Coajinque, con la colaboración de investigadores y del gobierno municipal) convocaron abiertamente a participar a toda la comunidad de la región. Los requisitos eran muy sencillos: llevar agua y lonche, ropa y calzado adecuado para una caminata en el campo e instalar en el celular las aplicaciones iNaturalist y Epicollect, en las que se cargarían las imágenes que los participantes obtuvieran de la flora, fauna, hongos y demás formas de vida y de los impactos en las cuencas, como tiraderos de basura y otros desechos, extracción de material, vertimiento de aguas negras y otros. En la semana previa a los recorridos, se puso a disposición de todos una serie de videos de capacitación para el uso de esas aplicaciones y para saber qué hacer y observar en un río: el tipo y calidad de agua, el estado de las riberas, los seres vivos…

Nosotros participamos en el primero de los recorridos, que se realizó en dos secciones del emblemático arroyo El Coajinque. Los participantes, alrededor de 20, nos reunimos en el jardín de la colonia Ejidal el sábado 23, de donde partimos poco después de las 7:15 horas, en varios vehículos, hacia la primera sección que visitaríamos: un tramo del arroyo en su cruce con el libramiento carretero Luis Donaldo Colosio, muy cerca de colonias como Bugambilias, Parotitas y Valle del Vergel. En este tramo, que abarcó unos 200 metros hacia cada lado del puente del libramiento, vimos un ejemplo de lo peor que se puede hallar en el Coajinque: esta sección del arroyo no lleva agua, a excepción de un enorme encharcamiento de aguas negras aguas abajo del puente, al parecer procedente de una fuga del drenaje de una de las colonias vecinas. El olor de esta agua inunda toda la cuenca, dificultando por momentos la respiración; aunque las riberas están pobladas por plantas como higuerilla, pastos, algunos ejemplares de mezquite y un añoso ahuilote que, según nos explicó el experto en botánica José Morales, podría tener entre 80 y 100 años de edad. Las plantas florecen y son visitadas por insectos polinizadores, a pesar del pésimo estado del agua.

Aguas negras en el cauce del Coajinque.


Aguas arriba del puente ya no se ven aguas negras pero sí un charco grande con agua turbia, en una cuenca mucho más ancha de lo que es al pasar el puente. Aquí es notorio el uso del arroyo como camino, al cruzar por aquí personas a pie o en vehículos de dos ruedas, lo cual es lógico puesto que de este lado de la carretera es donde se encuentran las colonias referidas arriba. Otra señal de la cercanía humana es mucho más tangible y se presenta en forma de botellas de refresco, bolsas y otras basuras que se complementan con las pintas que pudimos ver bajo el puente y que nos remiten a uno de los principales problemas de la Humanidad: el amor. Los ruidos de los automóviles que circulan por el libramiento y los olores del puesto de pajaretes que se encuentra a orillas del arroyo son otros impactos humanos perceptibles en este sitio.

Grafitti amoroso.


Aquí, como podemos imaginar, hubo material abundante para la aplicación Epicollect, dedicada a documentar los impactos en las riberas. Basura, construcciones, vertido de aguas negras, cambio en el uso de la ribera son solo algunos de ellos.

Terminamos la poco agradable visita a este tramo suburbano del Coajinque y subimos de nuevo a los vehículos para trasladarnos a otro sitio del mismo arroyo, muy cerca de la carretera a Purificación, poco más arriba de La Casa de Piedra. Imitando, de cierto modo, a Dante, pasamos del Infierno al Cielo en este viaje, pasando por el Purgatorio de las colonias del sur de Autlán.

El sitio que visitamos está a pocos metros de la carretera, aunque es necesario dejar los vehículos a la orilla del camino para acceder al arroyo caminando. Aún así, es evidente que hay visitas de personas, a juzgar por las basuras que, también aquí, pudimos observar a la magnífica sombra de los árboles. En este lugar hay una pequeña represa de la que salen unas mangueras que sirven para llevar agua a lugares cercanos, pertenecientes a la comunidad indígena de Chiquihuitlán. A pesar de estos impactos humanos, la biodiversidad aquí es mucho mayor y, al parecer, se encuentra en buenas condiciones. Pudimos documentar especies como higuera, diversos arácnidos, colomos, peces, mariposas y hasta bambú, una especie exótica.

Buscando macroinvertebrados.


Sin embargo, la mejor noticia la obtuvieron los investigadores que formaban parte del grupo, que buscaron en los sedimentos de una parte del arroyo, que en esta parte lleva agua todo el año, y encontraron cangrejos y otros macroinvertebrados, lo que les hizo concluir que esta sección de la cuenca está medianamente conservada. Ellos también tomaron mediciones de la calidad del agua, valiéndose de medidores multiparamétricos, en distintos puntos del cauce.

Para quienes ya conocían esta sección del arroyo resultó triste encontrar menos agua de la que hay normalmente a estas alturas del año, debido al mal temporal de lluvias que hemos tenido en 2023. Sin embargo, es este un sitio de excepcional belleza, la abundancia de árboles y otras plantas y la presencia del agua y de grandes piedras conforma un ambiente propio para el descanso y el recogimiento, con la frescura, el canto de las aguas, de las chicharras y algunas aves que viven aquí. Por la carretera, tan cercana, todavía circulan pocos vehículos, por lo que sus ruidos no resultan un problema.

Una pileta.


En todo este recorrido contamos con las explicaciones de José Morales, Enya Enríquez, Lanci Amapola Duque y David Escandón, investigadores de distintos temas relacionados con los ríos y arroyos, por lo que resultó, además de divertido, didáctico.

Los registros que tomamos los participantes están en proceso de subirse a las aplicaciones, donde serán analizadas por investigadores de todo el mundo y se formará una base de datos que permita conocer el estado y la evolución a lo largo de los años de la cuenca del Coajinque. Participar en este recorrido nos permitió conocer, además, con mayor profundidad el verdadero valor de este arroyo, fundamental para la identidad de los autlenses.

El viaje terminó, de regreso al jardín de la colonia Ejidal, ya sobre las 12:00 horas.

Para conocer más sobre The Home River Bioblitz, les recomendamos visitar este enlace.

Peces.

Mariposas.


lunes, 25 de julio de 2022

Bitácora de viaje 9: la infancia de Antonio Alatorre

Las ruinas de lo que fue la Escuela Superior para Niños.

La mañana del domingo 24 de julio, en la víspera del centenario del nacimiento de Antonio Alatorre, un grupo de autlenses y visitantes realizamos un recorrido de poco más de una hora entre el atrio de la parroquia del Divino Salvador y el jardín de Las Montañas, para visitar algunos de los lugares más significativos en la vida del eminente filólogo en Autlán. En este recorrido participamos integrantes del Club de Lectura Trashumante, que en julio estamos analizando la novela La migraña (el recorrido es parte integral de este análisis), funcionarios municipales de Cultura y dos visitantes ilustres: el artista Miguel Ventura, viudo de Antonio Alatorre, y el hispanista Ernesto Reséndiz Oikión.

Bajo la guía del cronista de Autlán, Guillermo Tovar, el recorrido comenzó alrededor de las 10:10 horas en el atrio de la parroquia del Divino Salvador y tocó seis puntos sobre las calles de Margarito González Rubio y Antonio Borbón, con duración de poco más de una hora. En cada uno de estos puntos el cronista daba una explicación de lo que hubo en ese sitio y cómo se relaciona con Alatorre y su obra.

En el atrio de la parroquia del Divino Salvador.


La primera estación fue al arranque, en el atrio de la parroquia, donde se explicó que el conjunto arquitectónico compuesto por la parroquia y el curato son parte del núcleo original de la traza moderna de Autlán, sitio donde se asentaron los franciscanos en 1543 para catequizar a los indígenas autlecos, que vivían en barrios separados de lo que ahora es el centro de la ciudad. Además, en este lugar estuvo el cementerio de Autlán, lugar donde en 1706 fue sepultado, en paz con la Iglesia, el curandero Marcos de Monroy, personaje principal del libro El brujo de Autlán, de Alatorre. Puede ser que en algún sitio cercano todavía se encuentren sus restos.

Aquí estuvo El Gran Número 8.


De aquí partimos hacia el norte, para llegar a la esquina donde actualmente se levanta la sucursal del banco BBVA. En ese mismo lugar estuvo, hace un siglo, la tienda El Gran Número 8, de don Gumersindo Alatorre, una de esas tiendas de abarrotes que surtían a los habitantes de Autlán pero también a quienes venían de poblaciones cercanas a llevar su mandado. Don Gumersindo, además, vendía aquí sus famosas tablillas de chocolate, que él mismo preparaba en su casa. La tienda cerró a finales de la década de 1920 y, años después, en ese mismo sitio funcionó la central camionera.

El tercer lugar que visitamos fueron las ruinas de la finca que hace un siglo albergó a la Escuela Superior para Niños, en la esquina de las calles de Antonio Borbón y Mariano Escobedo. En esa finca, que dentro de poco ya no va a existir, dado el estado en que se encuentra, Antonio Alatorre inició su vida académica, a los cuatro años de edad, como alumno de primaria: ahí aprendió lo que se aprende hoy en una escuela de ese nivel, más nociones de astronomía, de física, de electricidad, oficios… pero, sobre todo, contrajo el amor al conocimiento y a las palabras, que no lo abandonaron en toda su vida. En la Escuela Superior para Niños se formaron, además, otros grandes personajes autlenses: Efraín González Luna, Ernesto Medina Lima, Marcelino García Barragán…

En la casa que fue de los Alatorre Chávez.


Siempre hacia el norte, caminamos una cuadra más, para llegar al lugar donde arranca la calle de Ignacio López Rayón. Justamente en la esquina norte de este cruce se conserva, en buenas condiciones, la casa en la que nació Antonio Alatorre, el 25 de julio de 1922. La casa, ya dividida en varias propiedades, mantiene las líneas originales de su fachada, cuya continuidad demuestra que se trataba originalmente de la misma finca. Esta es la casa en la que Antonio Alatorre vivió sus primeros doce años de vida y de la que dejó recuerdos en varios lugares: en La migraña, donde describe el patio central de la casa, en la entrevista con Jean Meyer en la que recuerda algunas de las aventuras que corrió con sus hermanos, entre otros textos. Gracias a la generosidad de la familia Esparza Guzmán, que habita una de las propiedades en que está dividida la casa, pudimos conocer parte del antiguo patio, que conserva instalaciones como un lavadero y una pila, algunas de las bardas de adobe originales, el antiguo mango y, lo más impactante: un jarrón de barro, posiblemente de Tlaquepaque, que tiene escrito el nombre de Celia Alatorre (la hermana mayor de Antonio) y la fecha 26 octubre de 1934. Es decir, pocos meses después de que Antonio saliera de Autlán. El jarrón se conservó sobre una de las paredes de la casa y fue rescatado, completo, hacia 1992.

El jarrón de Celia.


Cruzando la calle de Borbón desde la casa que fue de los Alatorre está la llamada Casa de la Iglesia, una construcción moderna que se levantó donde hace 100 años vivía la maestra María Mares y en la que el niño Antonio pasaba tardes enteras leyendo los libros de su maestra, que además le prodigaba un cariño maternal. Según la entrevista con Jean Meyer, hasta allá tuvieron que ir a recogerlo de su casa en varias ocasiones porque se quedaba dormido.

En el jardín de Las Montañas.


El recorrido terminó en el jardín Atanasio Monroy, mejor conocido como jardín de Las Montañas, centro neurálgico del barrio de Las Montañas, el más antiguo y de mayor tradición en Autlán. En las actividades sociales de este barrio, entre las que se cuentan grupos de teatro, coros y las que corresponden al calendario litúrgico, la familia Alatorre participaba activamente: la señora Sara Chávez llegó a proporcionar obras de teatro de su biblioteca a algunos de los grupos, por ejemplo. Según explicó el cronista, en el lugar donde ahora están la parroquia y el hospital de Las Montañas ha habido hospital de indios y capilla desde el siglo XVI, conectado con el convento franciscano por la calle de Borbón, que podría ser la más antigua de Autlán.

Luego de terminar el recorrido y con la presencia de unas 20 personas (para entonces ya se habían unido al grupo los integrantes del colectivo Bestiario), comenzó una plática con el título Antonio y La migraña, en la que Miguel Ventura y Ernesto Reséndiz explicaron algunos detalles de la novela de Alatorre y de cómo fue publicada.

Escuchando a Miguel y a Enrique.


Miguel nos compartió recuerdos y comentarios personales sobre su vida con Antonio, que nos permitieron conocer su forma de pensar y parte de su personalidad. Explicó cómo, al salir del Seminario, Alatorre tenía una cierta necesidad de “entrar en el mundo”, de adoptar actitudes y costumbres de moda en la sociedad. De esta forma comenzó a fumar, a beber whisky (aprender a fumar y a beber alcohol “le costó un huevo y medio”), y a experimentar con LSD. En esta etapa se aficionó a la mariguana, de la que durante muchos años fumaba constantemente e, incluso, llegó a tener un plantío particular en su propia casa. En palabras de Miguel, Alatorre llegó a creer que la mariguana le ayudaba a vencer el bloqueo creativo que sufrió durante algún tiempo, aunque cuando el médico le prohibió fumar se dio cuenta de que no la necesitaba para nada. Antonio Alatorre también habría experimentado con otras drogas, como peyote y hongos; las visiones relacionadas con ellas estarían relacionadas con las descripciones que hace en La migraña de la “amiba” que tiene en un ojo y del chorro de luz que anuncia el acceso de migraña. A propósito de esta novela, entre las carpetas con documentos que dejó Alatorre al morir, encontró el manuscrito de La migraña, mismo que entregó a sus hijos para que ellos lo publicaran.

De Ernesto Reséndiz supimos detalles como las modificaciones que se hicieron al manuscrito original en la publicación: se eliminó la fecha 1 de mayo de 1973 con la que comenzaba la novela y se añadió un párrafo al final, redactado por los hijos de Alatorre. Estos cambios, dijo, son indebidos desde el punto de vista filológico, puesto que debe respetarse el manuscrito que dejó el autor. La novela, dijo, está escrita para que, desde la ficción, podamos ver la realidad del autor. La calificó también como una “novela de formación”, un género que existe desde el siglo XIX para mostrar cómo un personaje nace, crece, se educa y tiene un trayecto vital.

Ernesto compartió algunas claves y opiniones de La migraña que pueden resultar útiles para quien se adentra en su lectura: algunos guiños a obra de autores como san Juan de la Cruz, un desdoblamiento del autor y el personaje a la manera del cuento Borges y yo y una influencia de Proust en la meticulosidad de la descripción y el detalle. Hay, también, a juicio de Ernesto, una mirada homoerótica en el pasaje de la secundaria de General Anaya y un reflejo de su afición al cine en las “películas” que produce en sus sueños.

Se trató, en resumen, de dos recorridos: uno físico, por los lugares en los que el niño Antonio Alatorre se formó, y otro mental, por los recuerdos y experiencias del Antonio adulto y por su obra más personal.

martes, 24 de mayo de 2022

20 años después del homenaje a Antonio Alatorre en la Casa Universitaria



El viernes 24 de mayo de 2002 el Centro Universitario de la Costa Sur rindió un homenaje al filólogo autlense Antonio Alatorre en la Casa Universitaria. Esa noche, a partir de las ocho, el autor de Los 1,001 años de la lengua española presentó en el patio central de la Casa su libro El brujo de Autlán, cuya primera edición acababa de ser publicada unos meses antes por la editorial Aldus; algunos ejemplares estuvieron a la venta.
Ante una casa abarrotada don Antonio recordó su infancia en Autlán, relató su encuentro fortuito en el Archivo General de la Nación con el expediente del proceso que la Santa Inquisición le siguió al autlense Marcos de Monroy por el delito de brujería y los maravillosos testimonios que en él encontró y esbozó a las personas que rindieron esos testimonios como personajes literarios. Toda esta información fue la materia prima para El brujo de Autlán.
Luego de la presentación, en la que Alatorre expresó su aversión a las corbatas, cuyo uso consideró absurdo en un clima como el de Autlán, el homenajeado develó la placa en la que consta que la Casa Universitaria desde ese día lleva su nombre. Esa placa actualmente se encuentra en resguardo en la biblioteca del Centro Universitario de la Costa Sur, que también lleva el nombre de don Antonio.

La placa que develada hace 20 años, ahora en una vitrina de la biblioteca Antonio Alatorre.

La Casa Universitaria Antonio Alatorre Chávez es un centro cultural que depende del Centro Universitario de la Costa Sur y está ubicada en el centro de Autlán. Fue construida durante los años 70 del siglo XIX por los hermanos Pedro y Pablo Didapp como Hotel Turco y en el siglo XX ya funcionaba como pensión, con el nombre de Pensión Corona, regentado por la señora Victoria Corona, conocida como "la Güera". Luego de ser adquirida en 1996 por la Universidad de Guadalajara, esta institución la rehabilitó y remodeló para destinarla a su nuevo uso. Entre 2012 y 2018 la casa estuvo cerrada al público mientras se ejecutaban en ella trabajos de rehabilitación y, en octubre de este último año fue nuevamente abierta al público.

Actualmente la Casa Universitaria Antonio Alatorre cuenta con salas de exposición para muestras artísticas temporales, una sucursal de la librería Carlos Fuentes, sala de cine y dos foros para actividades culturales o artísticas. Además, aquí se encuentra la sede de la pinacoteca José Atanasio Monroy del centro universitario.

Por esta casa, ya como centro cultural, han pasado personajes como el ya mencionado Antonio Alatorre, los escritores Dante Medina, Alfredo Ortega y Juan Manuel Gómez Sandoval, quienes han presentado aquí sus libros; el doctor Jesús Galindo Trejo, arqueoastrónomo de la UNAM, para dar una conferencia sobre su especialidad; el fotógrafo taurino Emilio Méndez para exponer su obra, que ha estado también en plazas taurinas de América y Europa; el escultor queretano Arturo Castro… han expuesto en estas salas artistas plásticos autlenses como Pedro Amador y Everardo Jiménez, y muchos años se expusieron aquí las obras seleccionadas del premio de pintura Atanasio Monroy. En la Casa Universitaria se celebró el fin de semana pasada la V Semana Cultural Ernesto Medina Lima del Capítulo Costa Sur de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco.

martes, 4 de agosto de 2020

El barrio del Campamento




El Campamento es un barrio del sur de Autlán, vecino del Coajinque, de la colonia Guadalupe y, un poco más lejos, también de la Alameda. Del origen de su nombre hay dos versiones: don Ernesto Medina Lima cuenta en Calles y barrios de Autlán que se debe al recuerdo de un campamento de ingenieros topógrafos que se instaló a orillas del Coajinque, por la margen derecha, cerca de lo que ahora es el término de la calle de Nicolás Bravo, cuando pasaron por aquí haciendo los trabajos preliminares para el tendido de la vía del tren Aguascalientes-Chamela, en los primeros años del siglo XX. La otra, que nos narró don Candelario Godínez, vecino del barrio desde la década de 1950, dice que donde ahora es el Mercadito había antes unos cuartos, conocidos como “cuartos de Barragán”, que albergaban a un campamento de soldados. Las dos versiones coinciden en que de uno de esos dos campamentos tomaría su nombre una tienda de abarrotes que estaba en la esquina de las calles de Javier Mina y de Santos Degollado, que cundiría con el tiempo a todo el barrio. Cualquiera que sea su origen, el nombre del Campamento para el barrio se ha ido sustituyendo, poco a poco, por el del Mercadito.




La ceiba que señorea al centro del Mercadito.


Y esto no es extraño: el Mercadito es uno de los dos sitios públicos que constituyen los polos de actividad social del barrio y que revisten importancia para todo el pueblo. Su nombre oficial es Mercado Nicolás Bravo y fue construido durante la década de 1970. Consta de cuatro instalaciones principales: el llamado propiamente Mercadito, que es un espacio cerrado en cuyo interior se encuentran puestos para venta de frutas y verduras y para loncherías, mientras que en su exterior funcionan carnicerías, misceláneas y tortillería; el mercado de abastos, mejor conocido como “las bodegas”, hacia el poniente, donde se venden al mayoreo y menudeo productos agrícolas de la región; la explanada de la parte norte, rodeada de puestos de diversos giros, desde estética hasta abarrotes, pasando por venta de hierbas medicinales, y que fue construida para alojar a los comerciantes que antes estuvieron en lo que ahora es la plaza Mission; y el pequeño jardín, presidido por una enorme ceiba. En estos últimos espacios se celebraban, en décadas pasadas, bailes populares con música en vivo, en los que había que pagar por el derecho de entrar a la pista de baile, que se encontraba cerrada con una cinta o mecate. También se vendían cervezas, refrescos y otros productos para refrescar el cuerpo de los bailadores.

Las bodegas

La explanada del Mercadito.

Estos bailes populares, junto con venta de cena, kermesses, rifas y donaciones, fueron los medios que utilizaron los habitantes del barrio para financiar la construcción del templo del Señor de la Misericordia, el otro de sus espacios públicos importantes. Su construcción fue iniciada, según Bertha Alicia Gutiérrez Lugo, por los sacerdotes Carlos Hernández y Albino Navarro, lo que causó que durante muchos años a este templo se le conociera como “del padre Albino”. Su construcción y culto comenzó en 1978, por dos principales razones: la falta de un templo en las cercanías del barrio y la devoción que existía entre los vecinos hacia la imagen del Señor de la Misericordia de Unión de Tula, la famosa imagen del mezquite, que visitaba algunas casas de aquí en cierta época del año. El grupo de Vasallos, representado por el señor Arturo Gómez Lepe, consiguió el permiso del obispo Maclovio Vázquez Silos de mandar a hacer su propia imagen, que se encargó a Michoacán y es la que actualmente se encuentra en el templo. El estilo del templo es sobrio, con una sola nave dedicada al culto, rodeada de un portal y con un solo campanario. En el interior de la nave se contaba originalmente con unos terminados de madera en los pilares, que hacían juego con las imágenes de la Pasión colocadas en las paredes. Sin embargo, los terminados de los pilares ya fueron retirados hace algunos años.


Desde finales de la década de 1970 se instaló en el Mercadito la terminal de los minibuses que conectan Autlán con El Grullo y algunas agencias y delegaciones, que en aquellos tiempos administraba don Juan Huitrón. La terminal todavía funciona ahí, lo que, junto con la febril actividad de las bodegas, mantienen al barrio del Campamento, o del Mercadito, como uno de los polos de actividad comercial en Autlán.


miércoles, 29 de julio de 2020

Un paseo por el Coajinque




El arroyo El Coajinque es uno de los sitios más representativos de Autlán, fue por muchos años el límite del pueblo hacia el sur y la corriente de agua más cercana, aunque la mayor parte del año no corre agua por su cauce. Su continua resequedad se debe a las tierras porosas que componen su cuenca desde que baja de las montañas del poniente del valle. Por esas tierras arenosas se filtra el agua en días u horas hacia el subsuelo, evitando que corra por el arroyo pero permitiendo, en cambio, que se alimenten los mantos freáticos que proporcionan a Autlán el agua potable de que depende su población.


El Coajinque, cuyo nombre significa en náhuatl algo así como serpiente que se oculta o que se esconde, se alimenta de los cauces de otros arroyos más pequeños, como El Cajete y El Cristiano, y de otros escurrimientos de menor importancia que bajan del cerro Colorado o de las alturas pertenecientes a la comunidad indígena de Chiquihuitlán, así como de las aguas pluviales que corren hacia el sur, sin ser aprovechadas, por las calles de Autlán. A su vez, sirve de afluente al río Ayuquila, con el que se encuentra varios kilómetros al este, en el límite con el municipio de El Grullo. Por cierto, antes de llegar a su desembocadura, el curso original del Coajinque fue modificado hace algunos años mediante un canal, en las feraces tierras centrales del valle. 
La importancia que ha tenido el Coajinque para los autlenses se expresa en la cultura popular: los llanos del Coajinque, que estaban en los terrenos que ahora ocupan las colonias Ejidal, Camichines, Echeverría y anexas, fueron un espacio dedicado al ocio y la diversión por los autlenses de finales del siglo XIX y principios del XX. Según don Ernesto Medina Lima, ahí acudían personas de todas las clases sociales a disfrutar días de campo, presenciar partidos de beisbol, escuchar conciertos de bandas musicales, dar un paseo o asistir a verbenas populares, a veces como parte de festividades mayores, como las Fiestas Patrias, pero otras veces solo por el gusto de disfrutar en familia una tarde dominical. También era concurrido el lugar conocido como la sabinera por la abundancia de árboles de sabino, que se encuentra a las orillas del arroyo antes de llegar a su cruce con el camino viejo a Ahuacapán, en las cercanías de donde ahora está el fraccionamiento Villas Taurinas. En ese lugar se conservan todavía algunos sabinos, aunque es cuestión de tiempo para que la ciudad se lo trague. 




Actualmente algunos tramos del Coajinque conservan su vocación de esparcimiento: en la parte alta del cauce, ya en las estribaciones de las montañas donde nace el arroyo, hay agua casi todo el año, en unas espléndidas piletas naturales rodeadas de frondosos e imponentes árboles que crean un ambiente fresco. También existe el espacio conocido como Paseo del Coajinque, que comprende las márgenes del arroyo entre las calles de Francisco González Bocanegra y de Guadalupe Victoria, en el que, además de los únicos tres puentes que lo cruzan, se cuenta con un camino arbolado al que muchos acuden a correr, caminar o simplemente pasar la tarde a la sombra de las parotas, guamúchiles, primaveras y otras especies, disfrutando del famoso viento que baja todas las tardes desde el poniente a refrescar el valle. Allí hay modo de comprar elotes cocidos y otras golosinas para amenizar el rato, aunque hay quien prefiere llevar sus propias bebidas y botanas, cuyas envolturas y envases suelen quedar como constancia vergonzosa de su estancia. 
En contraste, al trasponer la calle de Guadalupe Victoria, el Coajinque sirve como vertedero de las aguas negras de Autlán, de basura en tiraderos clandestinos y de la que dejan sus visitantes, entre otros desechos, que corren sin tratamiento alguno hasta el río Ayuquila. 


El Coajinque ha tenido también sus momentos trágicos: por su cauce han corrido y lo han desbordado las aguas que han traído, en exceso, los huracanes Lily y Jova, en 1971 y 2011, respectivamente, que han causado serios daños en los barrios vecinos, en especial en los de su margen izquierda, que han sufrido graves inundaciones: de esto pueden dar fe los vecinos de la colonia Guadalupe y el antiguo barrio que lleva el nombre del arroyo. Este barrio, por cierto, abarcaba el rumbo de las calles de Santos Degollado, Reforma, Manuel Doblado, Libertad y aledañas, aunque sus límites, como los de todos los barrios, eran imprecisos. Sus habitantes, sobre todo niños y jóvenes, señoreaban sobre ese territorio y "tenían guerra" con sus vecinos, que a veces se manifestaba en batallas campales a pedradas en las inmediaciones del puente de Guadalupe Victoria. Esta guerra era, en cierta forma, amistosa: cuando alguno de los combatientes resultaba con una pedrada más o menos seria terminaba la batalla y todos acudían a auxiliarlo. Otro pasatiempo de los habitantes más jóvenes de este barrio y los vecinos era colgarse del mencionado puente con las manos y luego soltarse para caer dentro del arroyo; en la temporada correspondiente también subían al cerro Colorado a recolectar pitayas, guamúchiles y otros frutos de la tierra.

El puente de González Bocanegra luego del paso de Jova.

Como ocurre con casi todos los ríos y arroyos cercanos a asentamientos humanos, el Coajinque sirve de escenario a leyendas y mitos. La historia más conocida es la que intenta explicar por qué corre agua por su lecho tan pocos días al año: dice que eran tantos los crímenes que se cometían en sus riberas (hay versiones que dicen que a las mujeres que acudían a lavar ropa o acarrear agua las violaban y maltrataban simples borrachos y otras que hablan hasta de un asesino serial que empalaba prostitutas) que unos frailes franciscanos, émulos del mago Frestón, le echaron un encantamiento consistente en enterrar, en distintos y secretos puntos de su cauce, tres cruces que mientras no fueran desenterradas, mantendrían al arroyo condenado a secarse periódicamente. Según algunas personas, ya se han desenterrado dos de esas cruces…


viernes, 15 de mayo de 2020

Nomenclatura urbana 18: calle de Isidro Michel López


Encaramado en la ladera oriente del antiguo Citlaltepetl, hoy conocido como Cerrito de la Capilla, el barrio de La Quebradilla tiene varios elementos que lo distinguen del resto del pueblo. Entre ellos se encuentran una inigualable vista de Autlán y de buena parte del valle, que sus vecinos tienen como fondo constante de su vida cotidiana, y la nomenclatura de sus calles, que contribuye a mantener en la memoria los nombres de personajes importantes de la Revolución cuyos hechos van quedando en el olvido, opacados por los de otros que, si bien no tienen un mérito mayor, sí lograron alcanzar altas posiciones de poder. Los nombres de estos últimos están, metafóricamente, en calles del centro del pueblo.

Desde La Quebradilla.

Arranque de Isidro Michel, hacia el noreste.

Entre las calles de La Quebradilla está la que lleva el nombre del capitán autlense Isidro Michel López. Áspera y retorcida como todas sus vecinas, la calle de don Isidro arranca separándose de la del senador mártir Serapio Rendón, una de las principales de todo el cerrito. Su inicio desde este cruce lo constituye una rampa que parte hacia la izquierda, pegándose al contorno del cerro. A lo largo de toda la calle, que luce su empedrado y la urbanización toda en regular estado y carente de banquetas, vamos caminando entre lo que parecerían dos mundos distintos: a la izquierda tenemos el paredón del cerro, poblado por completo de casas a las que hay que entrar subiendo escaleras, útiles para librar las pétreas plataformas elevadas mediante las cuales sus constructores solucionaron el problema del declive. Las entradas de estas casas las vemos hacia arriba, en muchos casos antecedidas por bonitas y frescas terrazas. Por este lado de la calle también se encuentran, de vez en vez, callejones con escalones que llevan a las casas construidas más arriba, lejos de la acera. También está por acá el único cruce que tiene esta calle antes de llegar a su otro extremo: la empinada calle de Francisco Field Jurado, otro senador mártir.


Esquina con Francisco Field Jurado.

Un callejón.

Por el lado derecho, el que daría al voladero, vemos las azoteas de algunas de las casas de la otra acera y las fachadas de algunas otras, a las que se ingresa para enseguida bajar a las habitaciones mediante otras escaleras, éstas interiores, que sirvieron también a los constructores de este lado para solucionar el declive de la ladera. Hay que decir que prácticamente todas las construcciones de esta breve calle aparecen macizas, fuertes, bien construidas y mejor cimentadas en la piedra del cerro. En ciertos casos también vemos soluciones arquitectónicas ingeniosas, como un edificio de departamentos, comunicados por un lado de la finca mediante una escalera de cemento, y también casas hechas en terrenos grandes y con extensos espacios abiertos, que le dan un toque de elegancia al barrio.


Cimientos.

Luego de subir serpenteando suavemente hacia el norte varias decenas de metros, la calle de Isidro Michel llega a su cumbre para descender de forma más rápida, haciendo una curva hacia el oriente, hasta su cruce con la calle Quebradilla, donde termina atravesando un puentecillo que libra una de las corrientes de agua que bajan del cerro.
La calle es breve y perfectamente transitable por vehículos motorizados, con la única dificultad de lo empinado de su extremo norte. Es eminentemente habitacional, a excepción de una tienda de abarrotes.




Sus vecinos tienen buen gusto: algunos han habilitado pequeños jardines en los paredones por los que se sube a sus casas, donde han plantado sábilas y plantas florales; también hay quien mantiene árboles en el sitio que ocuparía la banqueta o en sus patios, de especies que van desde la primavera hasta el nim, pasando por camichines, izotes y mezquites.



No faltan quienes han dado en criar animales en sus azoteas, que en realidad dan al nivel de la calle: pude ver, felices de la vida, a parvadas de gallinas “cosechando sin sembrar”, como dijera Pancho Madrigal, lo mismo que a un aburrido y gordo conejo esperando el día del juicio dentro de una jaula. El espíritu guadalupano del cerro está manifestado también en esta calle: en un nicho colocado justo en la curva hacia el oriente que ya mencioné arriba se encuentra una imagen en cantera de la virgen de Guadalupe, unos tres metros arriba del nivel de la calle.


Isidro Michel López nació en Autlán el 15 de mayo de 1870, hace 150 años. Participó en los clubes antirreeleccionistas que funcionaron en la región alrededor del agitado año 1910, creando en 1911 uno, llamado Club Pro Madero, que lo comisionó a viajar a Ciudad Juárez a entrevistarse con Francisco I. Madero, quien le otorgó el nombramiento de Primer Jefe Revolucionario del Sur de Jalisco. El 25 de mayo de 1911, mismo día en que Porfirio Díaz renunciaba a la Presidencia de la República, Isidro Michel tomó la plaza de Autlán con las armas. En los años siguientes, como capitán primero del ejército regular, defendió a los pueblos de la región de las gavillas de bandoleros que permanecieron activas y ayudó al general Rafael Buelna a perseguir y dejar fuera de combate al bandido Pedro Zamora. Falleció el 6 de abril de 1942 en El Grullo, lugar donde se había instalado definitivamente luego de su baja del ejército.

El extremo oriente de la calle de Isidro Michel.

domingo, 10 de mayo de 2020

Por el camino viejo a Ahuacapán


Para trasladarnos de Autlán a Ahuacapán actualmente utilizamos, por comodidad y rapidez, la salida a la Costa por la calle de Guadalupe Victoria y seguimos por la carretera federal 80 hasta pocos metros antes de comenzar a subir hacia la Cumbre. Ahí se encuentra, visible y bien señalado, el crucero que nos lleva a Ahuacapán.
Pero existe otro camino, el viejo, que era usado desde siglos antes de que se abriera la carretera a la Costa. Éste parte actualmente del Periférico, frente a la colonia Las Parotitas, y sigue una trayectoria recta hasta encontrarse con el camino que viene de la ya mencionada carretera federal 80, formando un crucero. De ahí solo resta caminar un tramo más y hace uno la entrada al pueblo de Ahuacapán.

Una sección del muro.

Este camino viejo, como podemos inferir, tiene su historia, de la que quedan aún vestigios físicos. A lo largo de algunos cientos de metros podemos ver, a las orillas del camino, restos del muro de grandes ladrillos que formaba parte del rancho El Terronal, dentro de la hacienda de Ahuacapán en su lindero con el fundo del pueblo de Autlán. En el mejor de los casos el muro ha sido usado como base para construcciones modernas, como tejabanes, en la elemental urbanización que se está desarrollando en ese lugar. En el peor, trozos del muro yacen derribados junto al camino, a donde vienen a recoger ladrillos algunas personas, para reparaciones o construcciones propias. El muro rebasa con holgura los cien años de vida, los ladrillos de que se compone ya son cocidos y no simples adobes. Está coronado a todo lo largo por ladrillos de una forma distinta, semitriangular, con el que se logra dibujar una especie de cresta en lo alto.

Vestigios de una antigua puerta.

También se pueden ver, en algunos puntos, otros restos del rancho, como gruesos pilares o el marco de una gran puerta, por la que ahora entran y salen camiones y tractores hacia los campos de cultivo. Hasta este rancho llegaban, como dije arriba, los límites de la hacienda de Ahuacapán, que a mediados del siglo XIX fueron motivo de un largo litigio entre su propietario, don Pedro Regalado Michel Corona, y el Ayuntamiento de Autlán. De este conflicto se derivó, en 1850, la primera disposición conocida para determinar la antigüedad del pueblo de Autlán y su calidad de pueblo indígena o fundado por españoles.
En el mismo año de 1850 y en el contexto del mencionado pleito, el juez de primera instancia, Jesús Agraz, otorgó a Pedro Michel la legítima propiedad sobre los potreros de Los Terrones y de La Virgen, junto con todos los que estuvieran “como a media legua” al sur del pueblo de Autlán, correspondiente a este rancho de El Terronal.

Un tejabán tomando como base el antiguo muro.

El camino viejo a Ahuacapán, que es todo de terracería, es recorrido en nuestros días, de forma cotidiana, por todo tipo de vehículos relacionados con la actividad agrícola, incluyendo los tráileres de la empacadora Bonanza, que tiene sus imponentes instalaciones en este lugar. Pero esta tierra, hollada ahora por llantas de caucho de bicicleta, moto y otros vehículos, fue en otro tiempo regada con la sangre de gentes arrebatadas de su vida por el remolino de la Revolución.
Por aquí los zamoristas trasladaron a Autlán los cadáveres de los carrancistas, producto de la carnicería que hicieron con ellos en Ahuacapán el 10 de agosto de 1915, en la batalla más cruenta de ese episodio histórico en nuestra región. Los federales, mandados por Simón Cobián, estaban desayunando en la hacienda esa mañana, donde pernoctaron luego del triunfo que sobre el zamorista Domingo Araiza lograron en Autlán el día anterior. En esas les cayó Pedro Zamora con su gente, desbaratándolos por completo. Según Ramón Rubín, Zamora habría mandado traer a la Banda Autlán, dirigida por Feliciano García, para que lo acompañara en su entrada triunfal al pueblo, en un macabro desfile que incluía carretas llenas de los cadáveres de los federales y un burro en el que iba atravesado, desnudo, el cadáver de Cobián.
Por este mismo camino, en mayo de 1918, falleció en circunstancias poco claras el hacendado de Ahuacapán Carlos Valencia. Según una versión oral que se ha conservado desde entonces los de Pedro Zamora lo habrían secuestrado y, previo desollamiento de las plantas de los pies, lo habrían hecho caminar por el camino plagado de piedrecillas hasta causarle la muerte. Su cadáver habría sido abandonado en el camino, previo despojo de todo lo que llevaba de valor, incluyendo la ropa. Según la otra versión, mejor fundamentada, el destacamento militar de Autlán, al mando del capitán Gómez Flores, habría recibido la orden de la autoridad militar del Estado de detener a Valencia por sospechas de estar en contubernio con los bandidos zamoristas. Una escolta de soldados lo habría detenido en la hacienda y, mientras lo trasladaba a Autlán, sufrió el ataque de los alzados para liberar al reo. En la confusión el detenido habría intentado huir y uno de los soldados abrió fuego contra él, dejándolo tendido. Las dos versiones fueron publicadas en El Informador en su momento.
Pero no todo fue sangre y violencia. Por ese camino viejo a Ahuacapán se estableció el vínculo entre la hacienda, ahora pueblo, y Autlán; por ahí vinieron niños a estudiar la primaria a la cabecera municipal y, una vez que hubo, también la secundaria y la prepa. Por ahí circularían los agraristas de Ahuacapán y ranchos circunvecinos a hacer trámites o a llevar sus productos a Autlán y, por fin, no pocos muchachos saldrían de uno u otro pueblo a “noviar” al otro, a riesgo de sufrir corretizas y pedradas de los vecinos de la interfecta.
No pocos de ellos apresurarían el paso en ciertos tramos del camino, temerosos de las apariciones de espantos, producto de todo lo que ocurrió en ese lugar.
El camino viejo a Ahuacapán es perfectamente transitable en la actualidad.


Fuentes:
            * El Informador. Ediciones del 5 y el 8 de junio de 1918.
           * La hacienda de Ahuacapán. Conflictos de límites en 1850, por Ana María de la O Castellanos y Rafael Cosío Amaral. Publicado en la revista Estudios Jaliscienses de febrero de 1994.