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viernes, 28 de febrero de 2020

Conversaciones sobre Autlán 13: la construcción del camino a Purificación en 1930


Este miércoles 26 de febrero se celebró en el salón de usos múltiples del Museo Regional la 13 sesión de Conversaciones sobre Autlán, organizada por el cronista de la ciudad en colaboración con ese recinto cultural. A la sesión asistieron once personas y comenzó a las 19:15 horas.
El tema de este mes, expuesto por el cronista Guillermo Tovar Vázquez, fue el primer capítulo de la historia de la construcción de una carretera apta para ser transitada por automóviles entre Autlán y Purificación. O, dicho de otra forma, la modernización del camino que desde la Colonia, y seguramente desde antes, comunicaba a los valles de Autlán y Espuchimilco. El tema fue elegido porque precisamente este miércoles se cumplieron 90 años de que el gobierno de Jalisco expidió los nombramientos para los integrantes de la Junta de Caminos de Autlán, presidida por Flavio Fierro, un organismo ciudadano (como lo llamaríamos en nuestros días) que se encargaría de gestionar la construcción de la carretera.
La exposición comenzó con una explicación de la existencia de este camino entre los dos valles y cómo fue usado cotidianamente durante siglos. Incluso se mostró un mapa donde se muestran esta vía y la que sigue la carretera federal 80 hacia la Costa, donde a simple vista se puede notar la diferencia en longitud y en sinuosidad entre ambos caminos. Por el camino directo, se explicó, pasaron personajes como el primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, en 1541 pero también los arrieros que llevaban mercancías de la Costa al centro del Estado, todavía en las primeras décadas del siglo XX. También se habló de los proyectos que existieron a finales del siglo XIX y principios del XX para establecer una ruta de ferrocarril que comunicara al centro del país con algún puerto de la Costa del Pacífico en el litoral jalisciense: todos contemplaban la etapa entre Autlán y Purificación dentro de la vía.
Durante la década de 1920, con la modernización de los vehículos terrestres (el primer automóvil había llegado a Autlán en 1918) se notó la necesidad de modernizar los caminos del municipio. Uno de los más importantes era el que llevaba a Purificación y pronto surgieron personas interesadas en modernizarlo. Uno de ellos fue Flavio Fierro, habitante de Autlán. Pero había también otros motivos para intentarlo: en aquella época se aseguraba que la Costa poseía inmensas riquezas, muy poco explotadas, que estaban aisladas del resto del país. Además, había el temor de que fueran aprovechadas mejor por los habitantes de Colima, que tenían mejor acceso a esa región, que por los mismos jaliscienses.
El caso es que se conformó la Junta de Caminos en 1930, conformada por Flavio Fierro como presidente, Daniel Rueda vicepresidente, Ireneo Barragán tesorero, Jenaro Corona y José Galación Michel secretarios y Serapio Ortega, Salvador Quintero, Eduardo Dávila, Alfonso A. Villaseñor y Luis Villaseñor como vocales, constituida por iniciativa de ciudadanos autlenses, aunque sin recurso alguno, ni financiero ni material ni humano. Pero desde luego sus integrantes comenzaron las gestiones para conseguirlos. A pesar de la intensidad con que buscaron apoyo gubernamental, las primeras herramientas que consiguieron les fueron entregadas apenas el 21 de mayo siguiente.
En la exposición fueron expuestos diversos documentos, publicaciones y fotografías de este momento histórico, en el que vimos cómo se conformó en las mismas fechas en la ciudad de México un Comité de Mejoras del Suroeste de Jalisco, conformado por personas originarias de esta región y presidido por el ex gobernador Daniel Benítez, autlense. Fue otro organismo ciudadano, aunque con mayores influencias en los ámbitos gubernamentales y con mayor capacidad de acción, que pretendía construir una carretera entre Guadalajara y el puerto de Chamela, vía Sayula y Autlán.
Estos organismos estuvieron trabajando con recursos a cuentagotas, siempre insuficientes para un trabajo de esa magnitud. El interés gubernamental aparecería esporádicamente en distintos momentos, en forma de Comisiones de Caminos dependientes del gobierno estatal o federal, que enviaban equipos a inspeccionar los trabajos y solicitaban información a los municipios.
Los trabajos de la carretera se abandonaron temporalmente en distintos momentos y eran retomados poco después, por grupos ciudadanos integrados por distintas personas en cada ocasión. Siempre con las mismas penurias económicas y con avances precarios.
Como el epílogo de este primer episodio de la historia de la construcción de la carretera a Purificación fue presentado un informe del presidente municipal Alfredo Cuéllar, dirigido al secretario general de Gobierno Ignacio Jacobo el 7 de septiembre de 1934, donde le comunica que los trabajos fueron suspendidos y los trabajos se encontraban muy descuidados y con derrumbes.
En ese momento se pierde el rastro documental de esta historia.
Luego de la exposición hubo una sesión de comentarios, donde los asistentes recordaron otros momentos en que los trabajos de la carretera han sido retomados y abandonados y cómo en estos días se ha anunciado el reinicio de los mismos.

jueves, 30 de enero de 2020

Conversciones sobre Autlán 12: Antonio Rojas, la leyenda negra


La noche de este viernes 29 de enero se celebró en el salón de usos múltiples del Museo Regional la duodécima sesión del ciclo Conversaciones sobre Autlán, organizado por el cronista de Autlán, Guillermo Tovar. Con la asistencia de 16 personas, la sesión comenzó a las 19:10 horas. Esta vez la exposición que dio pie a la conversación estuvo a cargo de Carlos Martín Boyzo Nolasco, autlense, vicepresidente de la Asociación de Cronistas Municipales del Estado de Jalisco y cronista de Atemajac de Brizuela. Su tema fue Antonio Rojas. La leyenda negra.
Con un retrato de Antonio Rojas como fondo, proyectado sobre uno de los muros del salón, Carlos Boyzo comenzó la plática con una reflexión sobre el trabajo de los cronistas municipales, que van narrando los acontecimientos que ocurren en su comunidad con una intención literaria, atractiva al lector. Este trabajo constituye una de las fuentes de la Historia, a la que acudirán los historiadores del futuro.
Enseguida, antes de pasar a la historia de Antonio Rojas, el cronista hizo un repaso por los antecedentes de la guerra de Reforma en México, desde la promulgación del Plan de Ayutla hasta los primeros levantamientos en Autlán para oponerse a la Constitución de 1857. La primera manifestación aquí fue la quema de un ejemplar de la Constitución por Santiago Garabito, un personaje de carácter bullanguero que se había levantado en armas en Yahualica en 1858, para pasar enseguida al centro y a la Costa de Jalisco.
Antonio Rojas, siguió explicando Boyzo, se levantó en Tepatitlán en ese año pero a favor de la Constitución luego de que el gobierno de Félix Zuloaga le quitara una propiedad raíz, de las llamadas “de manos muertas”, ubicada en Atoyac, que antes se le había otorgado conforme a las Leyes de Reforma. Como no podía ser de otra forma, el expositor destacó de Rojas su carácter violento y las acciones bárbaras que cometió contra la población civil, incluyendo el asesinato del conservador José María Blancarte luego del triunfo liberal y la consiguiente puesta “fuera de la ley” de Rojas por parte del gobernador Santos Degollado.
Según la información expuesta en esta conversación, Antonio Rojas estuvo activo durante la guerra de Reforma en los Estados del Occidente de México, realizando ataques a Aguascalientes, Teúl y otros lugares, aunque el principal escenario de sus correrías fueron las sierras del Tigre y de Mascota. Su cuartel general habría estado en Autlán, en una finca ubicada sobre la actual calle de Matamoros, frente a la Alameda. Esa casa sería conocida como “el cuartel de Rojas” todavía en la década de 1970. También combatió a los invasores franceses durante la Intervención, enfrascado en una carrera de crueldad en la que ambos bandos recurrían a acciones de saña extrema contra la población civil: quema de pueblos enteros, como Mascota, asesinatos, robos, extorsiones y leva eran el pan de cada día para los habitantes de nuestra región. Boyzo llamó a la carrera de Antonio Rojas “un camino de sangre”.
Sin embargo, una atenuante para los crímenes de Rojas, según dijo el expositor, aunque sin justificar la violencia ejercida sobre los civiles, fue que este personaje fue siempre fiel a un solo bando político y murió con las armas en la mano contra el invasor extranjero: el 28 de enero de 1865 se enfrentó a las fuerzas del francés Alfredo Berthelin, apodado la Avispa, en las cercanías de Unión de Tula, donde fue vencido y muerto.
La historia de Antonio Rojas que nos fue expuesta por Carlos Boyzo, resumida aquí de forma apretada, estuvo salpicada por anécdotas que la hacían aún más interesante y que ayudaban a conocer mejor la personalidad y el contexto en el que vivió este personaje: la saña con que se conducía contra el pueblo de Mascota, patria chica de los militares conservadores de apellido Tovar, al que mandó quemar en una ocasión, sin que se salvara la casa de la familia que le había dado hospedaje; el balazo que recibió en Autlán luego de una insurrección de sus propios hombres y que le causó fuertes y constantes dolores el resto de su vida, que le agriaban aún más el carácter haciendo que decidiera muertes y otros crímenes de forma intempestiva; la promulgación del plan de Zacate Grullo, en el actual pueblo de El Grullo, en el que se amenazaba con la muerte a los civiles que no ayudaran a sus Brigadas Unidas… pero también la crueldad con la que se conducía el francés Berthelin, contraguerrillero que habría llegado a Jalisco con la consigna de hacerse más temible que el mismo Rojas y que también cometió asesinatos y toda clase de abusos contra los civiles.
Luego de la exposición logró entablarse una conversación con los asistentes, en la que se vertieron comentarios que destacaban las características literarias de la personalidad de Rojas, comparaciones entre éste y Pedro Zamora y los matices que hay que tener en cuenta antes de clasificar a un personaje como bueno o malo: en el caso de Rojas, la crueldad de sus enemigos, la invasión militar de un país extranjero y su fidelidad a un mismo bando político serían atenuantes con los que no contó Zamora. Hubo quien recordó, además, la huella que dejó Rojas en el habla popular autlense durante varias generaciones en la expresión Préstamos de Rojas, para referirse a un préstamo monetario de dudosa recuperación.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Conversaciones sobre Autlán 11: La historia del siglo XX

Mural La historia del siglo XX (fragmento). Foto de Museo CJV.

La tarde del miércoles 27 de noviembre se celebró en el salón de usos múltiples del Museo Regional la undécima sesión de Conversaciones sobre Autlán, actividad organizada por el cronista municipal el último miércoles de cada mes para que alguien que ha conocido de primera mano algún acontecimiento de la microhistoria del pueblo o que, en su defecto, lo ha investigado, cuente lo que sabe al respecto al público y se entable una conversación sobre ese tema. La sesión de noviembre, que fue la última del año, comenzó a las 19:10 horas y tuvo una asistencia de 16 personas.
En esta ocasión el tema de la conversación fue el mural La historia del siglo XX, pintado por don Atanasio Monroy en la Escuela Vocacional de la Universidad de Guadalajara, actual Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías, e inaugurado por el rector de la Universidad el 26 de noviembre de 1973. La exposición estuvo a cargo del maestro Jesús Medina García, académico del CUCSur y uno de los promotores del premio de pintura Atanasio Monroy, que publicó su primera convocatoria en 1999.
El maestro Medina contó a grandes rasgos la historia de este mural, que Monroy comenzó a pintar en 1946, al año siguiente de que terminó el mural La Mexicanidad, del Centro Escolar Chapultepec, contratado por la Universidad de Guadalajara. Don Atanasio puso manos a la obra inmediatamente y realizó avances importantes en el mural, pero tuvo que dejarlo en 1947, por dos razones fundamentales: la defenestración del general Marcelino García Barragán como gobernador de Jalisco en febrero de ese año y la consecuente falta de pagos por el nuevo gobierno, encabezado por Jesús González Gallo, enemigo político de García Barragán; la segunda razón fueron las amenazas y ataques de grupos conservadores ofendidos por algunos elementos del mural, como algunos desnudos y la representación de personajes ataviados como sacerdotes representando la avaricia y la hipocresía.
Orillado por esta situación, don Atanasio regresa a la ciudad de México, donde establece un taller. Enterado del caso de Monroy, nos narró el maestro Medina, el muralista Diego Rivera publicó un manifiesto de apoyo al muralismo y, en específico, a Monroy, publicado en la revista Hoy. Este manifiesto está referido en diversas fuentes (Gabriel Lima Velásquez y entrevistas con el mismo Monroy) pero no se ha podido localizar algún ejemplar de la revista donde aparezca este documento. Según la narración del maestro Medina, el original de este manifiesto fue destruido por Monroy en un vuelo a España, aconsejado por su compañero de viaje, quien le advirtió que la dictadura franquista podría tomar represalias contra él por llevar un documento firmado por un comunista como Rivera.
Luego de 26 años, algunos viajes de Monroy a Europa y una evolución artística personal, el autor del mural es invitado por la Universidad para acudir a terminarlo, lo que se verifica en 1973, año de su inauguración. Es el segundo mural de los tres que pintó Monroy y el más "subversivo", con mayor carga de crítica social. Muestra algunos momentos vergonzosos de la historia del siglo XX: podemos ver referencias a la guerra de Vietnam, al nazismo, a las hambrunas y a la hegemonía cultural de los Estados Unidos en el mundo entero. Don Atanasio critica al movimiento hippie y a la decadencia generalizada de la sociedad, que retrata como un grupo de personas consumiendo toda clase de drogas mientras una pareja de jóvenes los mira con recelo.
El maestro Medina terminó resaltando la relación entre la Universidad y Atanasio Monroy, que se remonta a la década de 1940 y que tuvo otro episodio cuando el pintor otorgó el permiso para que la UdeG usara su nombre en el premio de pintura, ahora bienal Atanasio Monroy.
Hubo al final una sesión de preguntas y comentarios, donde se habló de la posibilidad de que Monroy se hubiera autorretratado en uno de los integrantes de la pareja de jóvenes que comenté arriba y sobre cómo los pintores suelen retratar, inconscientemente, a personas conocidas por ellos en su obra. El maestro Medina dijo que no sería nada raro que Monroy se hubiera autorretratado en el mural.

jueves, 31 de octubre de 2019

Conversaciones sobre Autlán 10: recordando al profesor Fausto Maldonado Vargas

De izq. a der.: Guillermo Tovar, Margarita Soltero, José Luis Araiza, María Luisa Medina.

Este miércoles 30 de octubre se llevó a cabo en el salón de usos múltiples del Museo Regional la décima sesión de Conversaciones sobre Autlán, espacio organizado por el cronista municipal para rescatar y difundir la memoria colectiva. Esta vez el tema de la conversación fue el profesor Fausto Maldonado Vargas, quien tuvo una dilatada carrera en el magisterio en las actuales regiones Costa Sur y Sierra de Amula, como profesor, inspector y director de diversos planteles. La sesión inició a las 19:05 horas y reunió a unas 60 personas, la mitad de ellos alumnos de la Unidad 143 de la Universidad Pedagógica Nacional, con sede en Autlán, fundada por el profesor Maldonado.
Para comenzar la sesión el cronista de Autlán, Guillermo Tovar Vázquez, leyó una semblanza curricular del profesor Fausto Maldonado, en la que mencionó que consiguió el certificado de primaria hasta los 20 años de edad, comenzando inmediatamente su carrera en el magisterio que lo llevó a dar clases de primaria en Cuzalapa, Melaque y Autlán, para luego pasar a ser supervisor de las zonas de Purificación y Unión de Tula, director de la primaria Amado Nervo, de Autlán, de la Escuela Normal para Educadoras de Unión de Tula y de la Unidad 143 de la UPN en Autlán, de la que fue fundador. También mencionó algunos de los reconocimientos que recibió este profesor en diferentes momentos de su vida, otorgados por los municipios de Autlán y de Unión de Tula, por el gobierno federal (la medalla Ignacio Manuel Altamirano) y por las instituciones a las que sirvió.
Enseguida dio inicio un panel en el que participaron el mismo cronista y los profesores Margarita Soltero, María Luisa Medina Vera y José Luis Araiza, en ese orden, todos ellos compañeros y/o alumnos del profesor Fausto Maldonado, quienes compartieron recuerdos y aspectos de su personalidad:
* La profesora Margarita Soltero, quien comenzó a trabajar en 1966 en la primaria Amado Nervo, recordó cómo eran los servicios educativos en Autlán en esa época, mucho más precarios que ahora en cuanto a recursos físicos pero con programas más completos y profesores más comprometidos, lo que permitía que los alumnos de primaria egresaran con más elementos para enfrentarse a la vida y aprender un oficio. Sobre el profesor Maldonado, quien fue su director en esa escuela, recordó que fue un jefe enérgico pero abierto a escuchar las opiniones de sus profesores, dijo que él le ayudó a poner los pies en la tierra conociendo la realidad del magisterio cuando estaba recién egresada de la normal. Para ejemplificar la integridad del maestro Maldonado narró la anécdota de cuando, tocándole ser maestra de una de sus hijas, que tenía un promedio bajo, el maestro le indicó que la hiciera repetir el año para que se regularizara, a pesar de que tenía el poder para hacer que aprobara.
* La profesora María Luisa Medina Vera recordó cuando, también recién egresada, le tocó dar clases en una comunidad apartada del municipio de Purificación, siendo el maestro Maldonado su supervisor. Dijo que, a pesar de la lejanía y la dificultad para llegar a ese lugar, Maldonado nunca dejaba de hacer sus visitas y supervisión cuando debía hacerlo, haciendo revisiones estrictas del trabajo de los profesores. Ella además fue su alumna de secundaria en el Colegio de la Concepción, hoy Instituto Autlense;  afirmó que en esa época el maestro Maldonado la inspiró a dedicarse al magisterio por la forma en que se conducía durante sus clases y por su personalidad.
* El profesor José Luis Araiza fue compañero de Maldonado en la naciente Unidad 143 de la UPN, a finales de la década de 1970, cuando comenzó sus trabajos en una casa de la calle de Corona Araiza. Él comenzó su testimonio explicando cómo la UPN nació como un instituto para que los profesores en activo pudieran tomar cursos de actualización se convirtió en una universidad en la que los bachilleres pueden cursar una licenciatura y comenzar una carrera en la docencia. Narró cómo eran los trabajos en aquellos primeros años del instituto en Autlán, cuyas clases se daban en la entonces Secundaria Morelos, hoy Secundaria Autlán, los sábados, y los profesores tenían que llevarse trabajo a casa para desarrollar durante la semana, aparte de las planeaciones y demás tareas de su plaza laboral. Las oficinas de este instituto estuvieron por la calle de Corona Araiza, entre Nicolás Bravo y Gómez Farías, donde actualmente funciona un gimnasio. El profesor Araiza contó cómo por 1980 se consiguió del Ayuntamiento el terreno donde ahora se encuentran las instalaciones de la UPN y, una vez teniendo el terreno, la SEP hizo la construcción del edificio, el primero con el que contó la Universidad en Jalisco. El profesor Maldonado fue director de esta unidad entre 1981 y 1982; el profesor Araiza lo recordó como el mejor director que ha tenido la institución, puesto que tuvo la capacidad para organizar el trabajo académico y orientar los esfuerzos de su equipo. Dijo que tuvo la apertura para escuchar y aplicar sugerencias de sus compañeros en reuniones periódicas que calificó de democráticas, donde todos podían opinar y ser escuchados. Recordó una anécdota de los primeros años del actual edificio de la UPN, cuando había un extenso terreno sin construir en el que se levantaba mucho pasto en época de lluvias, para ponerle un remedio a esta situación el profesor Maldonado consiguió una vaca, a la que bautizó Luna, para que se comiera ese pasto y, de paso, les diera algo de leche.

Luego de esta conversación algunas personas que asistieron hicieron algunos comentarios: el profesor Fausto Nava recordó los primeros años de la UPN en su sede de Corona Araiza y el profesor Mario Michel lo recordó en sus primeros años de trabajo en Cuzalapa, donde él vivió su infancia, y donde Maldonado se convirtió en un líder de la comunidad.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Conversaciones sobre Autlán 9: a 50 años de la llegada de los primeros trabajadores del ingenio Melchor Ocampo

Foto de Andrés Ramírez Pelayo.
La tarde de este miércoles 25 de septiembre se celebró en el Museo Regional la novena sesión de Conversaciones sobre Autlán, organizado por el cronista municipal. Con la asistencia de 12 personas, la sesión comenzó a las 19:05 horas.
Esta vez la conversación estuvo dedicada a recordar la llegada a Autlán del primer grupo de trabajadores del ingenio Melchor Ocampo, lo que tuvo lugar el 5 de octubre de 1969. Para comentar este acontecimiento, junto con todo lo que ocurrió alrededor a él, estuvo el señor Leonides Flores Orduñez, quien formó parte de aquel grupo de trabajadores y desde entonces vive en Autlán.
Para comenzar la conversación el cronista Guillermo Tovar Vázquez hizo algunos comentarios sobre el ingenio Melchor Ocampo y su impacto en el ámbito económico, al permitir un repunte en la economía de la región justo después de que la minera Autlán mudara sus operaciones al Estado de Hidalgo; en el ámbito social al propiciar la llegada de personas de otras regiones, con costumbres y formas de pensar distintas a las de los locales y en el ámbito ambiental, con los problemas inherentes al monocultivo, a la cosecha de la caña mediante la quema y a accidentes como el derrame de melaza al río Ayuquila en marzo de 1998. El ingenio, la única industria regional de importancia, ha influido, para bien y para mal, en la forma de vida de los habitantes del valle, por lo que es importante recordar sus inicios, dijo.
El señor Leonides hizo enseguida una narración, en forma de diálogo con el cronista, de cómo los trabajadores de aquel primer grupo llegaron a Autlán: dijo que son originarios de Usmajac, en el municipio de Sayula, Jalisco, donde trabajaron originalmente en un ingenio que abrió en ese lugar el señor Julio de la Peña con la ayuda del general Manuel Ávila Camacho, presidente de la República que estuvo casado con una sayulense. Ese ingenio, cuya zafra de prueba fue en 1945, tuvo problemas para abastecerse de caña por la renuencia de los agricultores de aquella región para sembrar esta planta, por lo que su dueño decidió venderlo. Luego de una venta fallida al cacique de La Resolana (Casimiro Castillo), quien murió asesinado antes de que la transacción se concretara, el ingenio fue por fin vendido a un industrial del Estado de Veracruz, quien lo instaló en la población de El Quilate, en el municipio de Martínez de la Torre. En ese lugar permanecieron 12 años, hasta 1969, con un breve lapso de unos meses en que fueron trasladados al ingenio de Tuxtepec, Oaxaca.
El ingenio de El Quilate, llamado Libertad, también pasó por problemas que lo obligaron a detener sus operaciones durante varios meses, en los que los trabajadores estuvieron cobrando su sueldo sin trabajar. El líder sindical José María Martínez (a quien don Leonides llama "el compañero Chema") los ayudó a trasladarse a Autlán para trabajar en el nuevo ingenio Melchor Ocampo, que se instaló aquí en 1969, a donde llegan el 5 de octubre. Previamente, el 26 de septiembre se levantó el acta constitutiva de la Sección 13 del Sindicato Azucarero, lo que les daba una certeza laboral.
Llegaron a Autlán 113 trabajadores, la gran mayoría de ellos jaliscienses, de Usmajac, y algunos veracruzanos, de Martínez de la Torre. Sus primeros trabajos fueron el acondicionamiento de las casas de la colonia Guadalupe, donde se asentaron, que habían sido construidas por la minera Autlán en la década anterior para sus trabajadores. Las casas eran muy rústicas, con camas de cemento, por lo que hubo que remodelarlas. Luego de esto comenzaron a trabajar en la capacitación de personal autlense para el manejo de los equipos y maquinarias del ingenio, porque la gente de aquí no tenía experiencia en eso. Por cierto, el ingenio, dijo don Leonides, fue montado con tecnología vanguardista, originaria de Francia, que incluía innovaciones que ellos mismos, que ya tenían experiencia en la industria, apenas conocieron aquí.
El exponente comentó que la gente de Autlán los recibió bien, a pesar de no conocerlos y de tener costumbres diferentes, por lo que se integraron fácilmente a la sociedad de aquí. Entre las diferencias con su forma de vida en Veracruz mencionó la de que aquí ya tuvieron necesidad de comprar frutas y verduras, productos que en el Golfo les eran regalados por los productores.
Hubo algunas cosas en las que los trabajadores sindicalizados aportaron al desarrollo de Autlán, don Leonides ejemplificó esto con el apoyo económico que dieron para que la preparatoria de Aurlán se convirtiera en dependencia directa de la Universidad de Guadalajara, para lo que la institución le pedía a Autlán un millón de pesos, de los que el sindicato aportó la mayor parte, con un fondo procedente de sus ahorros para educación. Esto permitió que la prepa de Autlán fuera la primera dependencia de la Universidad fuera de Guadalajara.
Al final hubo algunos comentarios y preguntas del público, sobre las huelgas o paros que le hubiera tocado conocer a don Leonides (quien respondió que en 45 años de trabajo no conoció alguna), accidentes laborales o ambientales (de los que sí refirió algunos, en los que incluso hubo fallecimientos) y sobre cómo los autlenses de hace 50 años se asustaban con la maquinaria del nuevo ingenio.

jueves, 29 de agosto de 2019

Conversaciones sobre Autlán 8: el impacto del CUCSur en Autlán, a 25 años de su creación

Alfredo Castañeda y Jesús Medina durante la exposición. Foto de Martha Corona.

La tarde de este miércoles 28 de agosto se celebró en el salón de usos múltiples del Museo Regional la octava sesión del ciclo Conversaciones sobre Autlán, organizadas por el cronista municipal con el apoyo de ese recinto cultural, con el objetivo de abrir un espacio para conocer los acontecimientos históricos del pueblo de voz de quienes los vivieron. Con la asistencia de 44 personas, la sesión comenzó a las 19:05 horas.
Siendo este mes de agosto el aniversario 25 de la creación del Centro Universitario de la Costa Sur, por dictamen del Consejo General Universitario de 5 de agosto de 1994, la conversación se desarrolló bajo el tema Red Universitaria. El CUCSur en la región, y estuvo a cargo del doctor Alfredo Castañeda Palomera y del maestro Jesús Donaciano Medina García, ambos académicos fundadores de este centro de estudios.
El maestro Medina fue el primero en tomar la palabra, para dar una explicación de la cobertura de la red universitaria, creada en la década de 1990: mostró mapas de la ubicación de los centros temáticos de la Zona Metropolitana de Guadalajara y de los centros regionales, explicando las diferencias entre los dos tipos de centros y las características de los centros regionales, según la vocación y la identidad de la región en la que se encuentran. Sobre los centros temáticos dijo que los hay que cuentan con una población estudiantil superior a 16,000 alumnos, mayor que la de algunas universidades estatales; explicó también que la educación que brinda la Universidad de Guadalajara, al ser de carácter público, debe reunir las características de laicidad, gratuidad y cumplir con un mínimo de calidad, determinado por instancias evaluadoras.
Enseguida el maestro Medina hizo un repaso por la historia de México en las etapas de la Colonia, la República y el periodo posrevolucionario, explicando el papel que desempeñó la Universidad en cada una de ellas, así como los altibajos en su propia historia ligados a los vaivenes políticos de cada periodo, para pasar a la creación de la red universitaria, con la intención de llevar la educación universitaria a todo el territorio estatal.
Continuó exponiendo parte de la visión del CUCSur para el periodo 2013-2016, en el que se tomó en cuenta los grandes ejes del Gobierno Federal 2012-2018, en los que se mencionaba la búsqueda de un México en paz, próspero e incluyente, con una educación de calidad y que sea factor de estabilidad en un mundo convulso. Luego mostró un cuadro con los nombres de los coordinadores ejecutivos que tuvo el campus desde 1993 hasta la creación del CUCSur (Adolfo Espinoza de los Monteros Cárdenas del 1 de enero de 1993 al 30 de abril de 1994 y José Negrete Naranjo del 1 de mayo al 4 de agosto de 1994) y de todos sus rectores, desde Negrete Naranjo hasta Lilia Victoria Oliver Sánchez, la actual rectora, dando algunos datos relevantes, como el único rector que cubrió dos periodos completos (Enrique Javier Solórzano Carrillo), la única rectora y otros. Por último mencionó algunas de las obras de infraestructura que se han realizado a lo largo de la historia del CUCSur y las que se encuentran en proceso, como la del predio de Las Anonas.
El maestro Medina se despidió reflexionando sobre los ámbitos en los que ha impactado el CUCSur: en el rescate arquitectónico con la remodelación de la Pensión Corona, ahora Casa Universitaria, la modificación del paisaje urbano, en la formación académica de los habitantes de la región, en la generación de conocimiento, especialmente del conocimiento de nuestra región, en la promoción de la cultura, con el premio de pintura Atanasio Monroy y la publicación de discos de compositores de la región y de libros y revistas y en el desarrollo económico de la región. Dijo que "ha contribuido al conocimiento de la región para tratar de aportar soluciones a las problemáticas".
El doctor Alfredo Castañeda habló, en su turno, de su tesis doctoral de 2015 por la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que analizó precisamente el impacto del Centro Universitario de la Costa Sur en el municipio de Autlán en los ámbitos social, cultural y económico. Sobre este último rubro dijo que la comunidad universitaria representa, a números actualizados a 2019, un total aproximado de 440 millones de pesos al año en Autlán, entre el gasto que realizan estudiantes (291 millones) y trabajadores académicos (28 millones), administrativos (23.5 millones), mandos medios y superiores (13.75 millones), gasto operativo (22.5 millones) y adquisición de activos (61 millones). Esta derrama ha sido fundamental para la activación de la economía regional. En el CUCSur trabajan 370 profesores y 140 trabajadores administrativos y tiene una población estudiantil de 4,200 alumnos, el 35% de ellos autlenses. Estos datos los obtuvo, dijo, entrevistando a 100 alumnos, 25 académicos, 25 administrativos, 20 directivos y 26 egresados del CUCSur.
En una segunda parte de su exposición el doctor Castañeda expuso parte de un trabajo realizado junto con las doctoras Araceli Ramírez Meda y Gracia Patricia Michel Vázquez y la maestra Angélica Leonor Sandoval Gómez que incluye algunos datos relevantes de la historia del centro universitario: el campus fue fundado en septiembre de 1980 como Escuela de Agricultura de la Universidad de Guadalajara, en 1991 se constituyó en módulo de la Facultad de Ciencias Económico Administrativas con sede en Lagos de Moreno, impartiendo las licenciaturas en Contaduría Pública y Administración de Empresas, para 1993 se comenzaron a impartir también las licenciaturas en Derecho y Turismo. El 5 de agosto de 1994 se crea el Centro Universitario de la Costa Sur, gracias a la gestión de académicos y líderes autlenses, que no se conformaron con que este centro de estudios fuera un módulo del Centro Universitario del Sur, que se había creado en mayo de 1994.
Por último expuso una foto panorámica del CUCSur tomada en 1994 y otra de 2019, donde pudimos notar el crecimiento en la infraestructura del centro. 
Por último reflexionó que el Centro Universitario de la Costa Sur tiene una contribución que va más allá de la formación de recursos humanos, también ha permitido acercar los servicios educativos superiores a personas que, de no ser por esto, no hubieran podido acceder a ellos.

miércoles, 31 de julio de 2019

Conversaciones sobre Autlán 7: la vida en Autlán durante la época minera

De izquierda a derecha: J. Guadalupe Romero, Guillermo Tovar, Javier Mardueño, Andrés Salmerón.

Este miércoles 31 de julio se celebró en el salón de usos múltiples del Museo Regional la séptima sesión de Conversaciones sobre Autlán, organizada por la crónica municipal y el personal de ese recinto. Con la asistencia de 14 personas, la sesión comenzó a las 19:10 horas.
El tema de esta conversación fue el día del minero y la época minera en Autlán y en ella recordamos algunos aspectos de la vida en el pueblo y la región mientras trabajó aquí la Compañía Minera Autlán. Esta vez la conversación no se limitó a la exposición de un tema por una persona sino que se desarrolló en una especie de panel, moderado por el cronista municipal Guillermo Tovar y en el que participaron cinco ex trabajadores de la mina: Javier Mardueño Soltero del laboratorio químico, Casimiro Blanco y Andrés Salmerón Sánchez trabajadores de extracción, y Javier Fuentes Bernal y J. Guadalupe Romero, trabajadores administrativos. Los señores Mardueño, Salmerón y Romero Tuvieron cada uno un turno para participar en cada una de las tres rondas en que se organizó la plática: una sobre la rutina, la problemática y la forma de vida de los trabajadores mineros, otra sobre la influencia de la mina en la vida cotidiana autlense y la última sobre cómo se celebraba en Autlán el 11 de julio, día del minero. Los señores Blanco y Fuentes dieron al final una opinión resumida sobre los tres temas.
Sobre la forma de trabajo de los mineros el señor Guadalupe Romero explicó cómo se realizaba el cálculo de la nómina semanal de alrededor de 500 trabajadores, de varias categorías y, por lo tanto, de sueldos distintos, sin otra herramienta que una sumadora y lo necesario para escribir. Además, había que "ensobretar" el dinero de cada uno de los trabajadores para tener listo el pago al término de la semana. El señor Mardueño nos habló sobre la división del trabajo de la mina en varios departamentos, según el trabajo que se realizara, desde el administrativo hasta la extracción, pasando por enfermería, generación de energía y otros. También nos contó sobre las rutinas de trabajo de los mineros, que eran recogidos en el centro de Autlán por el transporte que los llevaría a la mina, allá se ponían su ropa de trabajo y comenzaban su jornada. Al terminarla se aseaban y se volvían a poner su ropa de paisano para volver al pueblo. Por último, el señor Salmerón nos habló de su trabajo como ademador, es decir, encargado de apuntalar y asegurar los túneles que se iban abriendo, para que quedaran seguros. Nos dijo que el trabajo dentro de la mina era muy peligroso por el riesgo de derrumbes y de contraer enfermedades por la aspiración de gases y polvos, pero que la empresa procuraba mantener las instalaciones seguras.
Sobre la influencia de la mina en la vida cotidiana de Autlán, el señor Romero nos dijo que la empresa propició un aumento en la cantidad de dinero circulante en la región y en su desarrollo mediante la introducción y financiamiento de servicios como la energía eléctrica de mayor capacidad, el teléfono y la pavimentación de la carretera a Manzanillo. El señor Mardueño habló de la llegada de profesionistas de diversas disciplinas, que aportaron al desarrollo social de Autlán trabajando como maestros de la escuela preparatoria del doctor Villalobos y de la proliferación de negocios de giros nuevos o no muy comunes en el pueblo, como refaccionarias y talleres mecánicos, que obedecían a las necesidades de la empresa. El señor Salmerón enfatizó el intercambio cultural entre los trabajadores que llegaron de otras regiones del país y los habitantes de Autlán, trayendo comidas, costumbres e ideas distintas y llevándose otro tanto de aquí. Algunos de ellos se casaron con autlenses y se quedaron a vivir en Autlán.
En la última ronda los tres ex mineros coincidieron en recordar que el día del minero se celebraba con comidas, bailes y encuentros deportivos, de futbol y beisbol, organizados por el sindicato minero y la empresa, además de un desfile por las principales calles de Autlán. Las comidas y bailes se celebraban en el Casino Autlense y, en sus mejores épocas, llegaron a venir artistas de moda, como Mike Laure y sus Cometas. Según el señor Salmerón, en los primeros años las actividades se llevaban a cabo en el jardín Hidalgo, cuando en éste no había más que los prados, sin monumentos ni árboles. Don Javier Mardueño recordó que las actividades de este día no eran compartidas por el pueblo en general sino que se limitaba a los trabajadores y sus familias.
Al final el señor Javier Fuentes, ex trabajador administrativo de la Compañía Minera Autlán, expuso que la empresa cuenta con alrededor de veinte empresas subsidiarias, dedicadas a producir o prestar servicios a la empresa principal, en México o el extranjero. El señor Casimiro Blanco, originario de San Luis Potosí pero avecindado en Autlán, recordó cómo fue invitado por otros mineros potosinos que llegaron a trabajar en aquí antes que él y cómo fue su adaptación a su nueva tierra.
Al término del panel se abrió un espacio de preguntas y comentarios del público, que giraron en torno a algunos recuerdos de la mina en sus instalaciones del Estado de Hidalgo y a preguntas sobre los riesgos de trabajo que enfrentaban los trabajadores en Autlán.

jueves, 27 de junio de 2019

Recordaron a Ramón Rubín en la sexta sesión de Conversaciones sobre Autlán


Este miércoles 26 de junio se celebró en el salón de usos múltiples del Museo Regional la sexta sesión del ciclo Conversaciones sobre Autlán, organizadas por el cronista municipal. Con la asistencia de 23 personas la sesión comenzó a las 19:05 horas.
Esta vez la conversación estuvo dedicada a recordar al escritor Ramón Rubín en la época que vivió en Autlán, entre 1973 y 1995. El doctor Nabor de Niz, quien fue amigo de Rubín, nos narró durante poco más de una hora las costumbres, los trabajos y, sobre todo, las excursiones que don Ramón realizó en Autlán y sus alrededores, a través de las montañas y ríos de la región y de la identidad de los autlenses.
El doctor Nabor comenzó la plática aclarando que se limitaría a hacer un anecdotario de Ramón Rubín en Autlán, tema de por sí bastante rico aunque, antes de eso, dio una breve pero completa semblanza biográfica del escritor, desde su nacimiento en Mazatlán hasta su fallecimiento en Guadalajara en un asilo para ancianos, pasando por sus limitados estudios, que llegaron solo al bachillerato (que hizo en España), y los trabajos que realizó en su juventud, desde marinero hasta cargador y agente viajero, editor de revistas y, por último, empresario zapatero en Guadalajara. También conocimos su historia política: afiliado al Partido Comunista, del que sería expulsado por sus ideas trotzkistas, hizo el viaje en barco a España durante la Guerra Civil para entregar al bando republicano un cargamento de armas, aunque no le fue permitido intervenir con ellas en la mano en defensa de la República, por lo que regresó a México.
El doctor De Niz nos explicó también que Rubín nunca quiso ingresar a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, a pesar de que fue invitado, y que fue un férreo defensor de los lagos de Chapala y de Cajititlán contra los proyectos gubernamentales pero también contra la abulia de los jaliscienses. Esto le causó las consabidas enemistades con políticos, entre ellos el gobernador Agustín Yáñez (de quien Rubín decía que era "confuso, difuso y obtuso"). En los años 1970 regala a sus trabajadores las dos fábricas de zapatos que poseía en Guadalajara (cuya explotación le gustaba, según el doctor Nabor, porque le permitía dedicar tiempo a la literatura) para radicarse en Autlán, luego de su matrimonio con Martha González, oriunda de estas tierras carnavaleras.
En Autlán, nos siguió contando el doctor, participó en el Consejo de Cultura y, por iniciativa suya, se fundó el Grupo Cultural Autlense, para animar la vida cultural del pueblo mediante la exposición de temas relacionados con las artes y la cultura. En el grupo se distinguió como "abogado del diablo", autor de mordaces pero certeras críticas al trabajo de sus compañeros. Gran conocedor de las letras, la geografía y la zoología, sus críticas eran aceptadas.
Supimos también cómo fue que el doctor Nabor conoció a Ramón Rubín: el padre del doctor solía sentarse en un equipal a la entrada de su consultorio y una vez, al llegar el doctor, vio a su padre charlando con un señor desconocido. La plática duraría varias horas y versaría sobre todo tipo de temas, desde cuentos de aparecidos hasta particularidades de la vida en el pueblo. Al día siguiente el visitante volvió a acudir y se presentó con el doctor Nabor: era el escritor Ramón Rubín. Este episodio, que sería el inicio de una larga amistad (Ramón Rubín llegó a ser como parte de la familia), era una muestra de una de las costumbres que observaba el escritor mientras vivió en Autlán: le gustaba abordar a la gente del pueblo en el mercado, en los jardines del centro o en la misma calle para preguntarles aspectos de la vida en Autlán, lo que le servía como materia prima para sus obras. En este contexto, el doctor De Niz nos narró la que él dice que fue la primera lección que le dio Rubín: al preguntarle éste el motivo del nombre de la calle donde estaba el consultorio (José Corona Araiza), el doctor Nabor le dijo que no lo sabía pero que seguramente sería porque ese personaje fue un hombre honesto. Rubín le dijo que no creía que fuera suficiente mérito, puesto que en el mercado sería capaz de encontrar a por lo menos cien personas honestas.
El doctor Nabor describió a Ramón Rubín como un "extraordinario lector", a pesar de la miopía que padeció desde joven, y de ser un autodidacta en varias materias, entre ellas la zoología (de lo que dio clases un semestre en la Universidad), a base de observación y lecturas.
Enseguida el ponente nos narró varias anécdotas sobre excursiones que realizaron juntos él y Rubín a diferentes puntos de los alrededores de Autlán: la presa Cajón de Peñas, donde practicaron la pesca; la búsqueda infructuosa de las fuentes del río Purificación; los petroglifos del Altilte, en la Costa, a los que Rubín y el doctor Trinidad González Gutiérrez (quien estuvo cerca de él hasta sus últimos días) salvaron de desaparecer cuando convencieron al comisariado ejidal de La Huerta de hacer que la empresa marmolera que estaba dinamitando ese cerro se cambiara de sitio; un viaje a Talpa por la sierra de Cacoma; otro a la sierra de Manantlán... de todos ellos Rubín escribió por lo menos un cuento, que publicó en el diario El Informador. Estos cuentos, que publicaba semanalmente, eran ilustrados por Alfonso de Lara Gallardo, de quien el doctor Nabor dice que lograba, basándose solo en las descripciones de Rubín, dibujar las escenas tal y como había sido vividas.
De estas anécdotas conocimos cosas que ninguna semblanza de Rubín describe: su costumbre de llevar sacos de cemento vacíos para dormir durante las excursiones (aunque generalmente tenía que abandonarlos debido a la magra protección que le ofrecían contra los elementos y terminaba refugiándose en una de las casas de campaña de sus compañeros, aunque siempre los llevaba a la siguiente excursión); su constante disposición a participar en estas excursiones y las descripciones exactas que hacía de los sitios que visitaban; la publicación en revistas y periódicos de fotografías de estas excursiones, entre ellas las primeras publicadas del ahora eminente fotoperiodista Bernardo de Niz...
Por último el doctor nos hizo una relación de algunos de los libros publicados por Ramón Rubín, especialmente los escritos en Autlán.
Al final de la exposición la conversación siguió con comentarios sobre la Monografía del Valle de Autlán que, según don Gabriel Lima Velásquez, pretendía ser una especie de enciclopedia de Autlán en la que participarían varios integrantes del Grupo Cultural Autlense con temas de su especialidad pero que, ante la tardanza de estos autores, decidió acometer él mismo la empresa con resultados más modestos; sobre Pedro Zamora. Historia de un violador, que a juicio del doctor Nabor es el peor libro de Rubín y con algunos otros recuerdos de la vida de este eminente escritor en Autlán.
Una conversación sumamente enriquecedora.

jueves, 30 de mayo de 2019

Las pitayas y las familias pitayeras en la quinta sesión de Conversaciones sobre Autlán


La tarde de este miércoles 29 de mayo en el salón de usos múltiples del Museo Regional se celebró la quinta sesión de las Conversaciones sobre Autlán, organizadas por el cronista municipal y que se llevan a cabo el último miércoles de cada mes. En esta ocasión los invitados fueron el doctor Alfredo Castañeda Palomera, investigador del Centro Universitario de la Costa Sur, y los productores pitayeros Jesús Huerta Aréchiga y Dora Olague, de El Corcovado. La sesión comenzó a las 19:15 horas y reunió a 27 personas.
El doctor Castañeda tomó la palabra en primer lugar, para exponer algunas consideraciones sobre la pitaya, fruto al que definió como "un símbolo de los autlenses", comparable a lo que significan el tequila o el traje de charro para México. De esta forma refirió aspectos culturales, como las expresiones que se dicen en Autlán referentes a las pitayas y los usos en la diplomacia de los pueblos prehispánicos, así como el origen de su nombre, que está en las Antillas; nutricionales, al mencionar las virtudes nutricéuticas de algunos elementos del fruto; y botánicos, con la descripción detallada del fruto y de la planta que le da origen: variedades, morfología, formas de reproducción, etc. También mencionó elementos como la zona de distribución de la pitaya, que va del sur de los Estados Unidos hasta Venezuela, con diferentes variedades, la cantidad de pitayas que puede producir un órgano (entre 133 y 355) y cuántas de estas plantas se pueden encontrar en una hectárea, que pueden ser 231. El ponente llamó a los autlenses a sentirnos orgullosos por tener disponible este fruto y a nunca regatear a quienes los venden, así como a comerlas correctamente, haciendo una correcta masticación, para digerirla completamente.
El profesor jubilado Jesús Huerta y su esposa Dora Olague, quienes tienen una huerta de pitayos en El Corcovado, explicaron algunos conocimientos que han adquirido en los años que tienen dedicados a este cultivo: don Jesús afirma que las pitayas están conectadas con el órgano por algo parecido a un cordón umbilical, que en ocasiones dificulta el corte de la fruta; la distancia adecuada entre plantas en una plantación y otros. Don Jesús compartió su opinión acerca de que en nuestra región debería impulsarse el cultivo metódico de plantas como la parota, el guamúchil y las 33 variedades de pitaya, no solo la queretaroensis, que es la más común aquí, para diversificar la agricultura y la alimentación de los autlenses.
Estos señores cultivan en El Corcovado algunas variedades de pitayas traídas de diferentes regiones del país, de las que llevaron algunas muestras, incluyendo una que produce durante la época de lluvias y cuyo fruto puede rebasar los 600 gramos de peso. Don Jesús dijo que siguen en la búsqueda de más variedades que puedan ser producidas aquí. Mencionó que "es hermoso ser pitayero", las dificultades por las que pasan son el esfuerzo durante la cosecha y la falta de un programa oficial de extensionismo y orientación para los productores, que deben aprender de forma empírica los secretos del cultivo de pitayas.
Al final los ponentes respondieron algunas preguntas del público, en el sentido de que se está perdiendo la cantidad de pitayos en la región, debido al uso de las tierras para crianza de ganado, y sobre detalles de la altitud y climas en los que se da este fruto.
El video completo de la conversación se puede consultar aquí:

miércoles, 24 de abril de 2019

Recordaron a Atanasio Monroy en la cuarta sesión de Conversaciones sobre Autlán



La tarde de este miércoles 24 de abril en el patio central del Museo y Centro Regional de las Artes se llevó a cabo la cuarta sesión del ciclo Conversaciones sobre Autlán, organizadas por el cronista municipal. La sesión reunió a 18 personas y comenzó a las 19:05 horas.
Esta vez la conversación estuvo dedicada a recordar al pintor autlense Atanasio Monroy, de quien el viernes pasado fue el 110 aniversario de nacimiento, y estuvo a cargo del también pintor Gabriel Lima Velásquez, quien conoció en persona a Monroy en su juventud y es autor del libro Nació para pintar, mismo título que llevó su exposición de hoy.
Basado en este libro, del que leyó pasajes enteros, don Gabriel comenzó hablando sobre la personalidad de Monroy, más bien retraída, que lo mantuvo alejado de la fama. Aseguró que la obra mural de Atanasio Monroy está entre las mejores de México, poniéndola incluso por encima de la de los tres grandes del muralismo mexicano, por lo menos desde el punto de vista anatómico y estético. Analizó enseguida la obra de Monroy dividiéndola en cinco épocas, de las que consideró la mejor la que va de los 30 a los 45 años de edad del pintor, que corresponde a cuando pintó el mural La Mexicanidad y el que se encuentra en el CUCEI, en Guadalajara.
Don Gabriel refirió también sus primeros contactos con la obra de Atanasio Monroy, que se remontan a su infancia: en la biblioteca familiar existía un libro titulado Niños pintores mexicanos, en el que se publicaron imágenes de pinturas hechas por alumnos de la Academia de San Carlos de la Ciudad de México, incluyendo a Atanasio Monroy. Poco después, en 1943, tendría la oportunidad de ver el original de su Crucifixión que se expuso en la tienda La Oriental durante los festejos por el 400 aniversario del establecimiento de los franciscanos en Autlán y que actualmente está en el curato de la parroquia del Divino Salvador.
Don Gabriel intentó que Monroy le enseñara dibujo, aunque lo más que logró fue que el pintor le permitiera visitarlo cuando quisiera en su taller, donde le dio algunos consejos y opiniones sobre las obras maestras de la pintura (don Atanasio despreciaba el arte moderno porque consideraba que era una forma de disfrazar la falta de talento). Fue él quien convenció a don Atanasio de regresar a Autlán luego de sufrir la embolia que le paralizaría el brazo derecho, llegando a vivir en el pueblo en la casa que ocupaba la Escuela de Artes, en la esquina de las calles de Guadalupe Victoria y Santos Degollado, que fue demolida hace tres años para construir ahí un estacionamiento. Atanasio Monroy, dijo, siempre se sintió autlense porque, a pesar de haber nacido en Ejutla, vivió aquí desde su primera infancia.
Al término de la exposición algunos de los asistentes le hicieron preguntas a don Gabriel Lima, en el sentido de cuáles eran los compositores favoritos de don Atanasio y quiénes habían sido sus maestros, además de Jesusita Pelayo en Autlán y Alfredo Ramos Martínez en San Carlos. Don Gabriel dijo que Monroy siempre prefirió la música clásica, que escuchaba en la radio, y que tuvo entre sus maestros a Leandro Izaguirre.
Al final de la sesión el cronista de Autlán, Guillermo Tovar, leyó un texto sobre Atanasio Monroy incluido en el libro Biografía de pintores jaliscienses 1882-1940, de Ixca Farías, donde se le describe como retratista y se señala la influencia de Saturnino Herrán en su obra.

jueves, 28 de marzo de 2019

Tercera sesión de Conversaciones sobre Autlán

Foto de Ángel González.

Este miércoles 27 de marzo en el salón de música del Museo Regional se llevó a cabo la tercera sesión de las Conversaciones sobre Autlán, una actividad organizada por el cronista municipal para conocer y discutir temas de historia y cultura de Autlán escuchando a quienes vivieron y conocieron de primera mano a personajes y acontecimientos históricos. Esta tercera sesión comenzó a las 19:05 horas y tuvo una asistencia de 17 personas.
En la sesión de este mes el mismo cronista, Guillermo Tovar Vázquez, presentó su trabajo Ignacio Cárdenas Ochoa, un maestro revolucionario, en el que expuso la trayectoria profesional de este profesor desde 1928 hasta antes de llegar a Autlán en 1938 para hacerse cargo de la dirección de la Escuela Secundaria por Cooperación No. 12, la primera que existió en nuestra región y que actualmente lleva el nombre del maestro Manuel López Cotilla.
El cronista explicó el contexto político y social de la década de 1920, en la que el régimen revolucionario se consolidaba mediante la fundación de instituciones como la Secretaría de Educación Pública y la modificación de dinámicas sociales mediante el combate a los vicios, como el alcoholismo y el fanatismo religioso. En estos años el maestro Cárdenas egresó de la escuela normal, por lo que desde los inicios de su carrera estuvo involucrado en la operación de los programas oficiales de combate a los vicios y de mejora de la calidad de vida de las poblaciones rurales.
En Guadalajara, donde trabajó el profesor Cárdenas hasta antes de llegar a Autlán, realizó una profusa y variada actividad en las artes, el deporte, la política, la labor social y el desempeño de su profesión, actividades que continuaría una vez que llegó a nuestro pueblo. Entre lo más relevante están su participación en la primera de las misiones culturales enviadas por el gobierno federal a zonas rurales jaliscienses, el 17 de julio de 1929, su actuación como secretario del comité encargado de organizar la campaña antialcohólica ese mismo año y en la formación de sindicatos de maestros de izquierda en la década de 1930, de álgida confrontación política en Jalisco. Además, claro, de la promoción de actividades deportivas y artísticas, por las que es muy bien recordado en Autlán.
En la sesión estuvieron presentes personas que lo conocieron de cerca, como su hijo Ignacio Cárdenas Velázquez, el médico Nabor de Niz Domínguez, quien fuera su alumno y quien lo atendiera profesionalmente en sus últimos días, y el señor Gabriel Lima Velásquez. Además, asistieron el señor Fausto Nava González y el ingeniero Ignacio Gómez Zepeda, cronista de El Grullo, entre otros. Todos ellos compartieron recuerdos y opiniones sobre el trabajo y la personalidad del maestro Ignacio Cárdenas, lo que contribuyó a conocer más a fondo a este personaje, que se convirtió en uno de los líderes autlenses de mediados del siglo XX, y a rescatar y difundir la memoria histórica de Autlán.
Las Conversaciones sobre Autlán se celebran el último miércoles de cada mes en el Museo Regional.

jueves, 28 de febrero de 2019

Charlas y remembranzas taurinas en el Museo Regional

Güicho Santana.

Este miércoles 27 de febrero a partir de las 19:20 horas, con la asistencia de unas 15 personas, se llevó a cabo en el patio central del Museo Regional la segunda sesión de las Conversaciones sobre Autlán organizadas por el cronista municipal de Autlán. Esta vez el título de la conversación fue Charlas y remembranzas taurinas, a cargo del señor José Luis Santana Cobián y del ex matador de toros Alfonso Hernández, el Algabeño.
Fue don Güicho Santana, aficionado taurino de muchos años, apoderado del matador Jorge Maravilla, integrante del comité de la plaza Alberto Balderas, entre otras actividades, quien abrió la conversación, compartiendo algunas anécdotas que vivió mientras desempeñó trabajos relacionados con la tauromaquia: nos contó sobre María Cobián, la primera torera surgida de la región (originaria del municipio de Juchitlán), y sobre lo que le tocó padecer en sus visitas a diferentes ganaderías: fríos, hambre y más situaciones derivadas de la proverbial tacañería de los ganaderos, poco acostumbrados a desprenderse de los recursos que consideran necesarios para alimentar a su familia. A estas ganaderías acudió para comprar ganado que se lidiaría en Autlán.
Don Güicho recordó también la redacción del reglamento para las corridas de toros en Autlán, hecha en 1985 por la peña taurina de Autlán y que se encuentra vigente y prácticamente sin modificación alguna. Aunque su redacción fue realizada en 1985, con la colaboración de la Benemérita Sociedad Mutualista de Empleados, Obreros y Artesanos, fue hasta la administración municipal encabezada por Francisco Julián Íñiguez (1992-1994) la que publicó y puso en vigor este reglamento.
A sus anécdotas el señor Santana acompañó con reflexiones sobre la actualidad de la fiesta brava en Autlán: criticó la falta de respeto del público a quienes están en el ruedo con gritos y lanzando objetos, aunque reconoció que esta situación ha mejorado con respecto a décadas anteriores, cuando los picadores eran agredidos incluso con botellas. Dijo que él grita en la plaza solo para decir olé, cuando no le gusta alguna faena simplemente lo registra en los apuntes que toma de cada festejo al que asiste.
Mencionó también que la tauromaquia es una fiesta de vida y muerte, a donde el toro va también a matar; recordó en este momento a los señores Pancho Villafaña y Ramón Mariscal, trabajadores de la plaza Alberto Balderas que fallecieron en cumplimiento de su deber, atacados por toros. Por último, opinó que es una lástima que la plaza de toros se maneje políticamente y se ponga a manejarla, en lugar de a un taurino, a alguien que solo quiere aparecer en la foto.
A pregunta expresa del público dijo que al torero de a pie que mejor ha visto en Autlán es Enrique Ponce, mientras que de los de a caballo ha sido Pablo Hermoso de Mendoza.

Güicho Santana y el Algabeño.

En la segunda parte de la sesión el ex matador Alfonso Hernández el Algabeño dio una plática sobre la época romántica del toreo, que le tocó vivir de lleno: comenzó su carrera en 1972 como chonero, una clase de torero que se presentaba en plazas de rancherías y toreaba ganado cebú, para ganarse apenas unos pesos para comer. Dijo que hizo temporadas por nuestra región desde esa época, en Autlán, El Grullo, Casimiro Castillo, Cuautitlán y Purificación, lugar donde conoció a la única mujer que amó. Ahí toreó, actuando como sobresaliente, un cebú frente al matador Curro Rivera, haciéndole la suerte del milagro, que propició que lo sacaran de la plaza La Morena en hombros. El mismo Curro le daría la alternativa años después y le expresó que fue la alternativa que con mayor orgullo había dado. El Algabeño llamó a los taurinos a luchar por recuperar la parte romántica del toreo y a propiciar las condiciones para que los jóvenes puedan mostrarse ante el público.
En la plática con los presentes se criticó de forma unánime la escasez de festejos dirigidos a los niños y en los que los alumnos de la Escuela Taurina de Autlán puedan presentarse ante su propio público. También se habló sobre la falta de información para que puedan ilustrarse sobre tauromaquia quienes quieran hacerlo.
Al final el Algabeño cantó algunas canciones, acompañado por su guitarra y con una muy apreciable voz. Con esto terminó una velada taurina enriquecedora y útil para el conocimiento de uno de los aspectos de nuestra identidad.

jueves, 31 de enero de 2019

Primera sesión de Conversaciones sobre Autlán en el Museo Regional





La noche de este miércoles 30 de enero se celebró en el taller de música del Museo Regional la primera sesión del ciclo Conversaciones sobre Autlán, organizado por el cronista municipal. La sesión comenzó a las 19:10 horas y tuvo una asistencia de alrededor de 20 personas.
El regidor Juan Luis Garay Puente, presidente de la comisión de Archivo y Crónica Municipal del Ayuntamiento de Autlán, dio un mensaje de bienvenida en el que habló de la importancia de abrir espacios para la difusión de la historia. Enseguida el cronista municipal, Guillermo Tovar Vázquez, explicó que estas Conversaciones sobre Autlán tienen el objetivo de abrir un espacio desde el que se pueda divulgar el conocimiento de la historia y la cultura de Autlán que se encuentra en la memoria de las personas que vivieron o conocieron de primera mano a personas o acontecimientos históricos, o bien, que han realizado investigaciones sobre estos temas.
En esta primera sesión la directora del Museo, Martha Florentina Corona Santana, presentó la conferencia De paso por la Plaza del Comercio, en la que hizo un repaso por la historia del espacio que actualmente conocemos como jardín Constitución y en la que conocimos los diferentes nombres, fisonomías y usos que ese lugar ha tenido. Martha comenzó su exposición con una explicación de la distribución física del centro de Autlán en la segunda mitad del siglo XIX, con la existencia de una plaza de armas, la plaza de toros en el lugar del actual mercado y una plaza del comercio, espacio abierto que hacía las funciones de un mercado o tianguis, donde ahora está el jardín Constitución.
A partir de ahí, explicó el desarrollo de esta zona de Autlán, con la construcción de los portales que comenzó en 1874, la apertura de escuelas y la prestación de otros servicios por parte de la autoridad y, en el caso de la plaza del comercio, la decisión de cambiar su ubicación a la plaza de toros (actual Mercado Juárez), donde se construiría un mercado en forma y la construcción ahí de un espacio de esparcimiento que llevaría el nombre de Luis C. Curiel. Esta decisión fue tomada en 1899 y para el año siguiente el Ayuntamiento autoriza el presupuesto para que el herrero autlense don Agustín Mardueño construya ahí un kiosco, que se inauguró en 1903.
Este jardín, antigua plaza del comercio, llevó los nombres oficiales de Luis C. Curiel, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero y el actual de Constitución. Su kiosco original fue sustituido en 1960 por uno de mármol y en la administración municipal 1983-85 se colocó el actual.
Luego de la exposición de Martha se abrió un nutrido espacio de preguntas y comentarios, donde los presentes hicieron cuestionamientos a la expositora sobre el proceso que realizó para obtener los datos que compartió, sobre precisiones de algunos de esos datos y, lo más interesante, reflexiones sobre la forma en que ha cambiado el espacio público y la imagen urbana autlense.
Las Conversaciones sobre Autlán se celebrarán el último miércoles de cada mes, con invitados que expondrán distintos temas sobre historia y cultura autlense.